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Sophia - Despliega el Alma

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Blog: Desde Miami

23 diciembre, 2015

Esas emociones que afloran en las Fiestas…

¿Qué queremos sentir, qué queremos pensar, qué queremos que nos pase cuando sabemos que se cierra un ciclo, pero que otro se abre a su vez? Hoy, una lista de buenas intenciones. Una invitación a llenarnos de nuevos y lindos deseos. ¡Felicidades!

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Sentarse a escribir qué ideas nos dejó el año, o cuáles fueron aquellas que necesitamos salir a buscar.

Buscar el tiempo de priorizarnos. Como decía Tolstoi:  “hay que escribir por lo menos veinte líneas al día”. Frenar el día para pensar nuestra vida. ¿Qué quiero más en mi vida? ¿Qué quiero menos?

Animarnos a cuidarnos. Especialmente en esos días difíciles en donde necesitamos hacerlo más, no menos. Qué raro que esos días que más necesitamos mimarnos, son los que más nos enojamos con nosotros mismos, ¿no?

Mirar esas noches de desvelo como oportunidades de crecimiento. No pelearlas. No resistirlas. En la soledad, en el silencio exterior,  hay enseñanzas acompañándonos. Escribirlas. Internalizarlas. Compartirlas.

Perder el miedo. Cansada de tenerle miedo al miedo. ¿Y si lo abrazo? ¿Qué hacía mi mama? Me prendía la luz y mostraba que no tenía que tenerle miedo a la oscuridad. Aprender a ser mi propia madre. Aprender a estar en la oscuridad, en la sombra, sabiendo que puedo prender la luz, que la luz siempre,  al final, disuelve la oscuridad.

Acariciarnos. Con compasión. Ya somos “madres suficientemente buenas” como dijo el reconocido pediatra Donald Winnicott. Sentir placer por verlos crecer independientes de nosotros. Saber que podemos influenciarlos, pero que no nos pertenecen, que son de la vida, como decía Kahlil Gibran. Podría ser un regalo a ellos, el invertir en nosotras mientras acompañamos y guiamos que aprendan a amar su vida, la vida.

Jugar. Está permitido jugar. ¿Hace cuánto tiempo dejé de jugar? ¿Cuándo se puso tan seria la vida que dejé de tomarme en serio el reírme fuerte cada día? Muchas veces me despierta mi hija diciéndome: “¡Mami, levántate que tenemos que ir a jugar!”.

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Sentir el sol. Mirar la luna. Cuántas horas adentro, cuántas horas detrás de computadoras. Demasiadas. Siempre sentí que el mar, el agua, era un regalo de Dios para calmar el espíritu inquieto. Más horas de agua por favor. Más horas de viento. Gracias por el regalo de la naturaleza.

Sabernos unidos. Como leí por ahí: “Nada humano me es ajeno”. Estamos todos entrelazados. Uno va eligiendo, y seguimos siendo todos humanos, hermanos. Sostenernos. Repararnos. Ayudarnos.

Cortar el espiral del odio. No seguir sembrándolo. Como decía Malala: “Si queremos cortar el terrorismo, debemos traer educación de calidad para cortar con la mentalidad terrorista y el odio”.

Contemplar muy detenidamente a los que tenemos al lado. ¿Será que son los que nos muestran las grandes lecciones que todavía nos falta aprender en nuestra vida? Gracias hija por la fuerza arrolladora de tu alegría y esa capacidad de estar bien. El gran poder de la alegría.

Observar la mente y aprender a darle menos importancia, mientras igual intento abrazarla. ¿Realmente me voy a dejar llevar por el pensamiento del día? Como hablamos con mi amigo Rafael, aunque los pensamientos se sienten como reales, son humo. Ver el humo. Seguir adelante. Como los asnos que les tapan al costado de los ojos, para que cuando suben el monte no se asusten de ver el precipicio y sigan caminando. Seguir. No tengo tiempo para dejarme llevar por el pensamiento de turno. Hay una vida que vivir y un mundo al que intentar contribuir en algo. Algo.

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Besar al recién nacido. Darle la bienvenida al mundo. Bienvenido hijito.

Recordar quiénes nos inspiran, para no achicar nuestro año, nuestro mundo. Para seguir aprendiendo. Para poner perspectiva.

Ir adentro. Saber que ahí ya están gran parte de las respuestas. Eso sí que es milagroso. Tan milagroso como saber que estamos sostenidos por la vida, por el amor de los demás y por nuestro creador.

Hacer balances de fin de año. ¿Por qué no? Sí, es verdad que todos los hacemos y ponemos intenciones que no sabemos si vamos a cumplir el año próximo. Pero, ¿quién nos quita la posibilidad de soñar, de proyectarnos mejor, de tener deseos? ¿Quién nos quita ese tiempo para ver todo lo que si tenemos en nuestra vida? ¿Qué nos deja este año en el corazón y en la mente? ¿Qué queremos que nos deje el próximo año?

Festejar, celebrar nuestra vida. Aplaudirla de pie. Rezarla. Agradecerla. Tener presente que es finita. Y que como leí por ahí: “Vinimos a ser felices. No te distraigas”.

Le agregaría que, si nos distraemos, porque eso es lo que hacemos los seres humanos una y otra vez cada día, en estas fiestas y en este año que comienza, nos demos bien fuerte la mano para volver a redireccionarnos juntos.

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¡Felices Fiestas querida lectora! Gracias por estar. Me encantaría que me compartas qué balance, enseñanza o idea te dejó este año que se termina y cuáles son tus deseos para el año próximo. Te abrazo. ¡Hasta la próxima!

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