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Blog: Desde Miami

6 agosto, 2014

El hombre de las burbujas

"Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)" 

El principito   “Si logro sacarle una sonrisa a un chico o a un adulto, yo ya me siento realizado”.  Con estas palabras Alan Pasternak me contó por qué desde hace 21 años se dedica a soplar burbujas en distintas zonas de Miami. Lo conocimos un domingo de mucho calor (como sabrán acá estamos en pleno verano), en una zona residencial al Sur de Miami llamada Pinecrest. Habíamos ido a pasear con mi mamá, que estaba de visita, y mi hija Jazmín a Pinecrest Garden Market, la feria de frutas y verduras orgánicas y responsablemente cultivadas que se hace todos los domingos. Es increíble cómo en estos mercados se encuentran tantas frutas exóticas de la Florida, como la riquísima starfruit, el mamey, o algunas variaciones del mango… En la entrada del mercado ahí estaba él, solo, parado debajo de un árbol para protegerse del sol, con una gran sonrisa y jugando con sus burbujas. Ese es uno de sus lugares preferidos. El Pinecrest Garden Market, donde este entrañable personaje de Miami,  Alan, se para cada domingo.     Alan es norteamericano, de Nueva York, y tiene 77 años. Está casado desde hace 51 años con una mujer llamada Linda y tienen 3 hijos. Trabajó gran parte de su vida en el IRS, el ente que se ocupa de la recaudación impositiva en los Estados Unidos. Está retirado desde 1998 y desde ese entonces recorre las calles de Miami vendiendo o regalando su creación: la “Bubble Wand”,  una varita con la que hace burbujas. Alan tiene una única intención: a través de las burbujas, hacer feliz a alguien. Este hombre se hace tiempo para los demás. Muchas veces siento que en realidad todos tenemos tiempo, aunque vivamos con la sensación contraria. El asunto es a qué decidimos darle prioridad. Cuando le pregunté a Alan si lo podía entrevistar me dijo: “My time is your time” lo que significa: “Mi tiempo es tu tiempo”. ¿Quién contesta esto en una sociedad que cada vez va más rápido? “Salgo a soplar burbujas cada vez que mi mujer me da permiso”, me confesó con sonrisa cómplice. La verdadera historia es que este hombre sale todos los días a conectarse con gente en la calles o en el medio del tráfico. Las burbujas son su gran excusa para lograrlo. No se queda encerrado en su casa, ni en su edad, ni en su situación. Sale a encontrase con el otro y a intentar generarle una alegría.   Las burbujas son como la gente.  Cada una tiene una forma diferente. No hay una que sea igual a la otra. En el momento que la burbuja cobra vida es muy difícil no maravillarse de lo linda que es, independientemente de su forma. Lo mismo con la gente en nuestro camino, cada una tiene una belleza irrepetible. Alan no vende siempre las bubble wands. Muchas veces las regala a algún niño. Me cuenta que los padres no entienden o piensan que es una trampa para vendérselas…y se ofrecen a pagarle.  Él dice que hay que saber aceptar regalos. De la misma manera que a veces le preguntan si él anima fiestas de cumpleaños y cuánto cobra. Los padres se sorprenden cuando responde que va a los cumpleaños porque disfruta de ver la reacción de los niños cuando soplan burbujas. Cuando está cerca de los chicos juega y se siente joven devuelta. Y si de paso hace un poquito feliz a un chico, su objetivo está cumplido. ¿De qué herramientas disponemos para tratar de contribuir a que este sea un mundo más feliz? Alan ya lo sabe: es por medio de soltar sus burbujas en el cielo y que haya alguien que se alegre al verlas pasar.   Para más información: Página web de Alan: www.miamibubbleman.com El mercado orgánico de Pinecrest Gardens: www.pinecrest-fl.gov/index.aspx?page=424

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