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Blog: Desde Madrid

14 agosto, 2015

El delicado asunto del souvenir

¿Qué traemos (y regalamos) de aquellos viajes en los que nos gustaría estirar un rato más la permanencia? Una hoja de ruta para aprender a comprar buenos recuerdos.

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Volvió mi hijo mayor de Irlanda -se había ido a un campamento de verano todo el mes de julio, las delicias de estar en el hot spot– y su valija estaba llena de recuerdos del viaje. Se me hizo un nudo en la garganta cuando vi los regalos que le trajo a sus hermanos, alucinantes, pensados, cariñosos y casi me olvido de lo que se pelean el resto de los días. El buzo de Dublin, la oveja Bah bah Black Sheep, la ovalada verde, la cruz gaélica. Todo, pretendiendo mantener por más tiempo el intercambio con ese lugar que lo sorprendió, recordar Irlanda y la experiencia vivida.

Entonces pensé en que hay que trabajar el tema de los souvenirs en este blog. Porque a todos nos pasa que queremos traernos una parte de nuestro viaje a casa. Y resulta siempre útil que alguien haga el estudio de mercado antes. O nos de alguna idea, aunque sea.

Las imágenes típicas de la ciudad, las que están en cada resquicio del casco histórico y que, de tanto verlas, ya te parece que las necesitás, no quedan cool en la biblioteca de tu casa. Solamente rescato los abanicos, que podés llevar en la cartera y son tan lindos acá en España (¡me compré uno hace poco en el mercado de Sotogrande que es un fuego!), porque claramente son preferibles a tirarse aire con toda clase de papeles y revistas que es lo que solía hacer yo.

Pienso también que hay que salir del típico perfume del free shop -cada vez más caros, por otra parte-, las remeras de H&M (u otras marcas que no hay en Argentina), o cualquier recuerdo internacional que suele incluir las carteras truchas que se venden en la calle, porque todo eso no califica como recuerdo de viaje y por tanto no logra el efecto evocación que estamos persiguiendo.

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A mí, por ejemplo, me gusta llevar comida. Los platos típicos, que tantas satisfacciones nos dan en vacaciones, tienen la propiedad de alargarlas si los seguimos disfrutando en casa. Hay que tener en cuenta las restricciones sanitarias que existan en Argentina porque no querrás tirar todas tus compras en Ezeiza. Entre lágrimas y risas, una amiga que pretendió exportar todas las delicias locales a Buenos Aires, me contó cómo le tiraban los jamones de bellota y embutidos ibéricos en la aduana (como si fueran desperdicios, aunque estaban envasados al vacío). Por eso, son muy practicas las latas, frascos y los dulces. Sobre todo los turrones y, en especial, los de Vicens, que me encantan.

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Frente al Mercado de San Miguel, un must para el turista en Madrid, esta La Chinata, que ofrece los derivados más divertidos y sofisticados de otro emblema español: las aceitunas. Además de aceite de oliva extra virgen en envases lindísimos, tienen unas pastas de muerte (aclaro, porque ya estoy española, que eso es algo bueno y que, si incluso es buenísimo, “te mueres de la muerte”) para la picada, chocolates que podrían tener carozo de lo iguales que son a las aceitunas, mermeladas de gustos diferentes, como la cebolla o la zanahoria, y además toda clase de cremas y productos de cosmética que son un deleite.

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Hay un local muy original que recoge este concepto y tambien está ubicado en la zona turística: España en lata. Tienen todos los platos tradicionales por región y en latas super vistosas. De verdad, es meterte España y su riqueza regional y gastronómica en la valija. Miren la página web, que es lindísima: www.españaenlata.es

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Termino con la comida ya, pero no sin antes contarles que pueden encontrar todo junto (la fabulosa sal de Ibiza, más aceites y, ya que estamos, productos de todos los rincones del mundo) en el último piso del Corte Inglés de Callao. Este lugar merece una visita por si solo, por ese mirador maravilloso que indica los monumentos en sus cristales y desde el que se ven los tejados más lindos de Madrid.

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Apenas bajando hacia Sol, en la calle Postigo de San Martín, está la librería mágica de la ciudad, La Central. Ahí podrás comprar libros para vos, para tus amigos, para tu familia y un montón de cositas especiales que no son libros. Yo fui el otro día con mis chicos a elegir los libros para el verano y me vine con unas joyitas ilustradas, además de objetos super originales, como una nave espacial de hojalata. Los empleados saben de libros y el bar es alucinante. Se merecen que una se tiente y gaste un poco de más.

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Pero La Central no es barato ni tiene ofertas. Si el peso no es obstáculo y querés aprovechar para llenar tu casa de belleza, revisa los libros de oferta en VIPS. Esta cadena de tiendas más restaurantes tiene ediciones de arte, arquitectura, viajes, decoración y muchos temas más, espectaculares y a precios muy razonables. Hay un VIPS frente a la Fuente de Neptuno, que queda muy a mano.

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Ahí enfrente -y no debería pasar este dato, que es tan valioso, pero ya lo mencioné el año pasado y el público se renueva y además, como voy camino a París, ando generosa-, en la Tienda del Botánico, venden los calendarios más lindos del mundo. Ya me compré el de 2016 porque se agotan pronto, normalmente se pueden encontrar desde fin de julio hasta febrero: vuelan. Este año no lleva las ilustraciones botánicas de Celestino Mutis, sino reproducciones de grabados de la obra Plantae Selectae, que se encuentra en la Biblioteca del Real Jardín Botánico y fue realizada en el siglo XVIII por los alemanes Christoph Jakob Trew y Georg Dionysius Ehret. Podés enmarcar cuatro láminas que trae en papel de excelente calidad, es un regalazo. En esa tienda, para jardineras o amantes de las plantas, hay muy linda vajilla del estilo de la de Portmeirion y unos paraguas super divertidos.

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Esas cosas me llevaría yo de Madrid. Aunque, como dicen los españoles, “para gustos están los colores”.

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