Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

Blog: Esa sutil armonía

20 abril, 2017

Casarse casi a los 50

"Hace un mes me casé por primera vez y, si bien me di cuenta que lucir espléndida ese día cuesta un poquito más que a los 30, también comprendí que la verdadera belleza está en disfrutar de cada instante", dice Karina. Crónica de una boda en la era de la madurez.

 

Blanca, radiante… ¡y tan feliz!  ¿Qué importa la edad?

Apenas escribí el título de este post me corrió un escalofrío por la espalda. ¿Yo estoy más cerca de los 50 que de los 40? Bue, sobre la crisis de la edad hablaremos en otro momento, porque ahora lo más importante es que me casé por primera vez a mis casi 50.

No sé si me hubiese gustado casarme más joven. Creo que dar el sí a estas alturas tiene sus ventajas: invitás solo a las personas que querés, nadie va por compromiso, los padres no se meten para nada en la organización y la fiesta termina temprano, porque sino al otro día nadie se levanta digno y sin achaques.

La despedida de soltera se transformó en amenas cenas con amigas, con buen vino y mucha charla (nada que una no haga cada tanto, pero esta vez tuvieron un plus), no hay ligas (porque no es cuestión de andar mostrando las piernas con celulitis), no tirás el ramo (porque las amigas que están solteras no quieren pasar por tal grado de exposición) y por sobre todas las cosas –después de muchos años de relación e independencia económica− dar el SI es un gran acto de amor.

Se conocieron de chicos. Se reencontraron a los 40. ¡Y hace un mes se casaron!

Con cada una de tus amigas compartís momentos inolvidables −solo posibles con ellas sin ponerte colorada− como probarte el típico vestido voluptuoso de novia, sólo por el hecho de jugar a ser una princesa de Disney, o entrar a la casa más top de Recoleta y ver cómo te queda un vestido que triplica el presupuesto de toda la fiesta. Como tus prioridades con la edad cambian, elegís el vestido que te queda súper cómodo, da con tu estilo y por sobre todo con el presupuesto que manejás.

Pero (siempre hay un pero a esta edad) es muy difícil lucir impecable. Porque la nieve del tiempo no solo platea tu sien: si encima no dormiste la noche anterior porque estás pasada de revoluciones, ¡los surcos del rostro se acentúan mucho más! Entonces acudís a todo lo que está a tu alcance: mascarillas descongestivas o directamente poner tu rostro dentro del freezer, vaciarte un frasco de agua termal, cremas hidratantes en litros y, obvio, dos capas de base de maquillaje.

Para no lucir hinchada (porque a esta edad hasta dos pasas de uvas te inflaman), suprimís todas las harinas un mes antes, tomás tres litros de agua y te vas todos los días a spinning. Hasta que que te das cuenta que a esta edad lo mejor es relajarte y te decís para vos misma: “De última, me compro una faja reductora y ya está”.

Pero por sobre todo te das cuenta de que estás feliz, muy feliz y que cuando uno se siente así, siempre está radiante. Y es así como te sentís la novia más hermosa y perfecta del mundo. Feliz por el hombre que, a estas alturas, te propone atravesar juntos uno de los momentos más hermosos de la vida. Feliz porque no te ponés rabiosa de que al novio le de lo mismo que pongas flores carísimas o yuyos para decorar. Feliz de que tus amigos se repartan las tareas para abaratar costos. Feliz de estar en ese camino donde el amor que te rodea es lo que en verdad cuenta y de comprender que en eso radica la verdadera belleza.

Así se siente casarse casi a los 50.

Dos almas unidas en un mismo anhelo: andar de la mano, crecer juntos.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()