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Blog: Esa sutil armonía

30 agosto, 2016

Belleza vintage: las chicas solo querían divertirse

En los 80 andábamos así: altos jopos, ojos delineados como en la serie Moisés y siempre descubriendo nuevas técnicas de bajo costo para ponernos "en onda". Hoy Karina nos lleva de viaje al pasado de nuestra belleza, para revivir aquellos viejos (y graciosos) looks que supimos conseguir.

Las mujeres que tenemos más de 40 años podemos decir que hemos sobrevivido a los rituales de belleza de los 80. Con hidalguía, eso sí. Soy una convencida de que, gracias a aquellos desafíos que asumimos por estar a la moda con muy pocos recursos, esta generación está más capacitada para adaptarse y superar cualquier crisis.

¿Creen que exagero? Entonces quizás deban saber que por aquellos años no existían las planchitas para el pelo. Así, las que sufrían por sus rulos rebeldes o por un pelo con frizz, apoyaban su cabeza directamente sobre la tabla de planchar, extendían la cabellera sobre la misma, le colocaban una toalla por encima y ¡se pasaban la plancha caliente!

Por suerte hemos depuesto esas actitudes. De otro modo hoy, a los 40, tendríamos que llamar a un osteópata después de cada peinado. Además, como se usaba tener el flequillo tipo jopo, lo embadurnábamos con jabón para que nos quedara parado. Y a las cejas las peinábamos hacia arriba para hacerlas más gruesas y entonces sí, salíamos a la calle orgullosas.

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Cindy Lauper y Madonna, iconos de nuestros sueños de belleza ochentosa.

Como a las mujeres a temprana edad a veces nos cuesta aceptar la belleza de los atributos dados por la naturaleza, las que teníamos el pelo lacio —como en mi caso— de noche nos hacíamos muchas trencitas con el pelo húmedo al estilo Bo Derek, para soltarlo al otro día y tenerlo frizzé. El efecto me duraba, como mucho, una hora, pero yo igual me sentía Cyndi Lauper.

Otra tendencia de aquella época era tener la cara “bronceada” ¿se acuerdan? Para lograrlo en pleno invierno recurríamos a la “tierra india”, ese polvo que venía en una vasija de barro chica, se aplicaba con una esponja y te hacía quedar… ¡anaranjada! Los ojos se delineaban bien marcados en negro o violeta (rasgados, tipo egipcia) con un delineador en polvo de Jerusalem. No, no creo que procediera de la Tierra Santa, pero se ve que a la industria cosmética de entonces le gustaban los nombres exóticos y a nosotras también nos gustaba imaginar que nuestros secretos de belleza procedían de culturas lejanas.

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Los productos “hit” de la época nos hacían sentir divinas, pero nos dejaban pintarrajeadas.

Desde pequeñas, las rubias fuimos sometidas por nuestras madres, tías y abuelas a todo tipo de tratamientos caseros para mantener nuestras cabelleras doradas: manzanila, limón, agua helada para el brillo y a baños de crema con mayonesa casera para aclarar el pelo. Mi amiga Natalia siempre cuenta que en una época se lo hicieron tantas veces, que el flequillo le quedó casi albino. ¿Hacía falta?

Como verán, el mundo de la cosmética ha evolucionado y nosotras con él. Y por suerte todos esos “trucos” de antaño ahora nos suenan a ideas locas. Pero les confieso que, en el fondo, siento cierta nostalgia por aquellos años que despertaron nuestro lado más creativo.

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Y sí, esta soy yo en plena década del ochenta. ¿No tengo un look muy Linda Evans?

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