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Salud

29 septiembre, 2016

¿Por qué necesitamos una medicina diferente?

Durante años la medicina fue cosa de hombres. Ahora, llegó el momento de abrir los ojos y el debate: ¿cómo hacer para que la medicina nos respete como pacientes y, más importante, como mujeres? Un nuevo paradigma se abre camino entre los médicos a la espera de salir por fin a la luz. Vale la pena escucharlos. Por María Eugenia Sidoti.


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Florencia Rolandi, la médica argentina que trabaja para cuidar el corazón de las mujeres.

La medicina se enfrenta a su mayor desafío: dejar atrás siglos desoyendo el cuerpo de las mujeres. No será cuestión de cambiar de estetoscopio sino, más bien, de agudizar el oído. Pero aunque las condiciones están dadas, todavía queda un largo camino por recorrer.

Históricamente, el alma femenina quedó en la sala de espera, afuera de los consultorios médicos. Entonces, tras años y años enfermándonos del útero, de las mamas, del corazón, apareció el signo de alerta. ¿Acaso nos estábamos enfermando por el simple hecho de ser mujeres?

De pronto, frente a la sensación de angustia provocada por un ataque al corazón, una mujer escuchaba en la sala de emergencia: “Lo suyo es la cabeza, señora”, el diagnóstico, y un ansiolítico, la prescripción. Pero no estábamos locas. No más que una cultura emperrada en acallarnos.

La médica norteamericana Christiane Northrup, pionera en la búsqueda de una conexión entre el saber médico y el cuerpo de las mujeres, abrió el juego al plantear que el bienestar de la mujer no podía disociarse de la vida cotidiana, de la cultura machista y del papel que, por ende, terminábamos desempeñando en la sociedad. A nosotras nos dolía algo más, no solo el cuerpo.

En el mismo sentido, pero en nuestro país, la doctora Florencia Rolandi –médica cardióloga, coordinadora del programa “Corazón y Mujer” de la Fundación Cardiológica Argentina y nuestra mujer de tapa– dice: “Es probable que existan condiciones propias de las mujeres que aumenten el riesgo de enfermar y que los médicos no las conozcamos. Las enfermedades cardiovasculares han sido estudiadas durante siglos en los varones y extrapolar la evidencia de los hombres al cuerpo de las mujeres puede ser un error. Seguimos estando subrepresentadas en los estudios de investigación y es algo que tenemos que cambiar”.

Florencia Rolandi estudió Medicina (UBA) y se formó como cardióloga en la Sociedad Argentina de Cardiología. Realizó una maestría en Efectividad Clínica (UBA-HIBA-Harvard). Fue docente. Trabaja en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Es coautora del libro Medicina familiar y práctica ambulatoria y de artículos publicados en revistas científicas de acá y del mundo. Desde 2005, promueve la salud y la prevención de las enfermedades cardiovasculares en la mujer.

La reciente conferencia TED que dio en Buenos Aires se llamó “El corazón de una mujer puede romperse en serio”. Nada de romanticismo. Realidad pura y dura que ella se encarga de comunicar con urgencia, pero sin alarmar: “Cada once minutos muere en un nuestro país una mujer por causas cardiovasculares. Eso quiere decir que una de cada tres mujeres muere de enfermedad cardiovascular en la Argentina”, explica, y señala que en la actualidad se trata del mayor índice de mortalidad de mujeres en este punto del mapa, más alta incluso que en varones, y duplicando las muertes provocadas por el conjunto de todos los tipos de cáncer (por poner un ejemplo: de cáncer de mama –el más letal entre nosotras– muere una mujer cada una hora media). Las cifras son del Ministerio de Salud de la Nación. La pregunta es una necesidad de todas: ¿qué nos está rompiendo el corazón, el útero, las mamas?

Una mujer, una médica

Ella, que lleva en el guardapolvo blanco bordado “Dra. Rolandi”, pide a sus interlocutores que le digan Flor, que la llamen por teléfono, que le manden un mail. Que no se queden con dudas acerca de lo que les está pasando y lo que sienten. Empatía médica, que le dicen.

Del mismo modo, no solo está dispuesta a hacerles frente a los flashes de las fotos, sino también a todas las preguntas sobre salud que inevitablemente van surgiendo entre las tomas. “¿Es normal que a veces me duela el pecho cuando ya no doy más?”, suelta alguien.

Entonces, en medio de este backstage, aparecen de repente las cuestiones más hondas de la existencia. Vivir al límite entre la casa, los hijos, el marido, la profesión. La posibilidad de enfermar y de morir. “Las mujeres requieren un enfoque distinto al de los varones. Ni mejor ni peor. Nuestro cuerpo y nuestro corazón se comportan de manera diferente y por eso necesitan herramientas de diagnóstico, tratamiento y prevención específicas. Un hombre con diabetes tiene dos veces más chances de sufrir un infarto, pero en una mujer con diabetes esas posibilidades se duplican. Otro factor diferencial es el estrés: el hombre lo tiene puesto en el desarrollo laboral. Las mujeres, en cambio, lo tenemos en el hecho de desarrollar múltiples tareas en las que queremos destacarnos. Entonces, se trata de un estrés multifacético, en el que participan trabajo, marido, hijos, padres, amigos… Tenemos la pretensión de ser las mejores profesionales, madres y esposas. Sentimos la presión de estar lindas y mostrarnos felices”, explica. Una presión que hace explotar los cuerpos, se ve.

Todas escuchamos atentas: nos interesa aquello que esa médica tiene para decirnos y en su voz da la impresión de que la medicina, cuando se acerca, puede darnos un abrazo sin perder autoridad científica. “Siento que mi deber es salir del consultorio y del hospital para ir a buscarlas a todas. Yo no quiero encerrarme en unidad coronaria ni atender solo a quien puede pagar la consulta”, confiesa, y reconoce que a la hora de evaluar lo que nos pasa, todavía hay puntos suspensivos.

En proceso de sanar

El cuerpo de las mujeres continúa buscando interlocutores válidos, dentro y fuera suyo. ¿Quién va a escuchar esos latidos? En su libro En el límite, el médico uruguayo Walter Dresel narra su propia experiencia tras sufrir un infarto en 2010 y haber vivido sin escuchar lo que su propio cuerpo tenía para decirle. “Atravesar esa situación me permitió analizar muy profundamente el valor de la vida. Hay que conectarse con las emociones. Una vez vino una paciente y cuando le pregunté cómo estaba su vida, se largó a llorar. Ella no necesitaba un medicamento, sino que alguien la escuchara y la acompañara. Mi tarea es ir en profundidad: la función médica debe ser acompañar al paciente en su crecimiento personal”, comparte Dresel, quien siendo varón decidió desoír los mandatos de la medicina machista.

En el mismo sentido va El cuidado del alma en la medicina (Urano), escrito por el psicoterapeuta norteamericano Thomas Moore, quien afirma: “La enfermedad es ante todo una experiencia del alma y del espíritu que se manifiesta a través del cuerpo”, y a lo largo de las páginas ofrece un recorrido tan científico como espiritual. “A algunas personas la palabra ‘sanación’ les plantea un problema porque les parece cursi, mística y pedante, pero yo no la uso en ese sentido. Simplemente me estoy refiriendo a la finalidad de todos los trabajadores del campo de la salud de curar las enfermedades, las heridas, aliviar el dolor, rehabilitar y dar consuelo”, resume. Décadas atrás, La enfermedad como camino, ese clásico sobre salud y emociones, fue precursor a la hora de hablar de esta nueva medicina que hoy nos promete una nueva forma de ver y de ser vistas. En su texto, los alemanes Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, señalaban: “Después de tantas reflexiones y consideraciones dirigidas a comprender el mensaje de los síntomas, el enfermo se pregunta: ‘Y ahora que ya sé todas estas cosas, ¿qué tengo que hacer para curarme?’. Nuestra respuesta es siempre la misma: ‘¡Abrir los ojos!’”. Es decir, escuchar el alma.

A fines del siglo XIX y principios del XX algunas mujeres argentinas fueron a la universidad para abrir los ojos de la comunidad médica. Cecilia Grierson (la primera médica del país), Elvira Rawson, Julieta Lanteri y Alicia Moreau vivieron en carne propia el peso del paradigma patriarcal de una salud diagnosticada y sentida por varones. Pero en el afán de ayudar a otras mujeres a sanar allanaron un camino de obstáculos y prejuicios. Hoy, con buenos ojos (y abiertos de par en par) verían que la mayoría de las aspirantes a médicas son mujeres en las universidades de Buenos Aires (65%), Rosario (70%) y La Plata (56%). “El futuro de la medicina estará en manos femeninas. La entrada de la mujer a las ciencias médicas ha terminado por darle un carácter humanitario, de afecto en la atención y el cuidado del paciente”, dejó como último legado Alfredo Buzzi, el reconocido cardiólogo y exdecano de la Facultad de Medicina de la UBA. Sin embargo, las mujeres solo son mayoría en espacios como la enfermería, la pediatría y la ginecología, mientras que las especialidades quirúrgicas y de alta tecnologización siguen teniendo prevalencia masculina, según consta en el último informe del Observatorio de Equidad de Género de Buenos Aires.

Mirá la entrevista a Florencia Rolandi en TEDX  2016:

Aun así, poco a poco, la visión femenina va introduciendo cambios. Como el estudio de las investigadoras del Hospital General de Massachusetts sobre el impacto cerebral de la meditación observado a través de la resonancia magnética, cuya conclusión fue que meditar tiene efectos biológicos objetivos sobre el cuerpo: produce emociones positivas, reducción del estrés y mejoras en la función inmune. “Hoy tenemos una nueva mirada. La meditación, al reducir el estrés, protege el corazón. Gracias a la ciencia yo empecé a meditar”, cuenta Rolandi, y reconoce que ponerle el cuerpo (y el alma) a la medicina es su procedimiento. “Necesito que las  situaciones me atraviesen. El trabajo, además de ser médica, es ser consecuente”, confiesa, y hace hincapié en otra reciente investigación que demuestra que las personas se preocupan más por la salud de quienes aman que por la propia, y que esa realidad es más común entre las mujeres. “Una de las actividades más estresantes es el cuidado de los enfermos y ese rol es cumplido mayormente por nosotras. Seamos o no médicas y enfermeras, nos hacemos cargo de padres, suegros, familiares discapacitados y, obviamente, de los hijos… Asistir a quienes padecen es, por definición, un rasgo femenino”, sostiene. Solo quedará preguntar, preguntarnos, hacia dónde va esta relación de medicina y mujeres que no es color de rosa, pero cambiará para siempre la forma de ver.

“Tu corazón en serio”

Las redes sociales son aliadas para evitar que los corazones de las mujeres se sigan rompiendo. Seguí a Florencia Rolandi por Facebook (“Tu corazón en serio”) y por Twitter (@FlorRolandi). Sus destacados:

Mujer y diagnóstico

“El margen de error es más alto porque nos formamos con lo que escribieron varones sobre cómo se comportaban los cuerpos de los varones. Yo estudié como ‘síntomas atípicos’ de un infarto lo mismo que años más tarde me describieron tantas mujeres: sensación de angustia, de ahogo o de indigestión. Y en vez de considerarlos síntomas femeninos, nos los presentaban como ‘raros’. Somos menos directas en el relato del dolor y tememos que algo grave nos aleje de casa. ‘¿Cómo va a hacer mi familiar sin mí?’, dicen las cardiópatas”.

Rol de la medicina

“Se debe cambiar la historia de las personas, no el sistema sanitario. Los médicos podemos ayudar, brindar conocimientos, pero el timón lo lleva el paciente. No creo que eso atente contra la idea del ‘Médico’ con mayúscula. Humanizar la profesión es vital para que los pacientes se sienten frente a nosotros con sus miedos y preguntas. La relación no siempre es armónica, pero debemos salir juntos a buscar”.

No más corazones rotos

“Cada uno debe encontrar su por qué y para qué, y llevar una vida alineada con eso. Mi objetivo es que todas las mujeres sepan que deben tener una presión arterial menor a 14.9, un perímetro de cintura menor a 88 centímetros y que el médico debe pesarlas y medir sus niveles de colesterol y de glucosa. Si con esta entrevista podemos prevenir la muerte de al menos una mujer, me voy a sentir feliz. Pero no satisfecha”.

Vivir y morir siendo mujeres

En la Argentina:

  • 1 mujer muere cada 11 minutos a causa de una enfermedad cardiovascular.
  • 1 mujer muere cada 1 hora y media por cáncer de mama.
  • 1 mujer muere cada 30 horas asesinada por violencia sexista.

En el mundo:

  • 1 de cada 3 mujeres es violada o golpeada durante su vida.
  • La histerectomía y la cesárea son las cirugías más realizadas en los Estados Unidos.
  • El síndrome premenstrual, los calambres menstruales y los síntomas de la menopausia son “padecidos” por más del 60 % de todas las mujeres.
  • Más de 160 millones de niñas son abortadas en Asia debido a la preferencia de los padres por tener hijos varones.

Este artículo fue publicado en la edición impresa de la revista Sophia de junio de 2014.

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