Sophia - Despliega el Alma

Psicología

14 junio, 2013

Poner las ideas en acción


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¡Cuántas veces nos pasa! Empezamos un proyecto y lo dejamos a mitad de camino. Queremos escribir, cantar, comenzar un deporte, e incluso emprender, y no avanzamos. Nos quedamos fijados en la idea, sin accionar. Hoy más que nunca, necesitamos poner nuestras ideas en movimiento para salir del molde y diferenciarnos. De eso se trata el siglo XXI, de animarse y salir de las cajas estrechas que nos limitan. En este especial de Sophia te damos pautas para liberarnos de “esa zona de confort” que nos acorrala y transformar nuestra vida en algo renovador. Por Isabel Martinez de Campos. Ilustración de Maite Ortiz.

La audacia de crear

Alos 40 años Marina decidió que era hora de animarse a escribir un libro. Tenía muchas ideas, pero no sabía cómo empezar. Se anotó en un taller literario y junto a su profesora empezó a dar forma a sus ideas. Pero más allá de sus buenas intenciones, cuando llegó el momento de lanzarse a escribir, se bloqueó. No había forma de arrancar. Toda actividad familiar o extra de la vida era motivo suficiente para distraerla. Era como una fuerza que la alejaba. Por más que lo intentaba, se sentía totalmente desconectada de su sueño de escribir.

Preocupada, acudió a una psicóloga. Después de varias sesiones, recordó lo frustrada que se sintió en sexto grado, cuando fue feliz al mostrarle una composición a su maestra y esta le puso un uno. Ese simple episodio la había condicionado de tal manera durante los últimos treinta años que se sentía incapaz e incompetente para escribir. 

A partir de esa toma de conciencia, su vida cambió y Marina empezó a buscar maneras para apoyar su deseo creativo en vez de suprimirlo.

Al igual que Marina, la mayoría de las personas solemos tener patrones  de pensamiento que condicionan nuestras ideas creativas. Vivimos  en una sociedad que en ocasiones valora más lo racional e intelectual que lo intuitivo e irracional. Todas las personas tenemos talentos que vale la pena desplegar, para vivir mejor y potenciar al máximo nuestras capacidades. Pero para ponerlos en acción es fundamental enfocarnos en nuestro objetivo, no distraernos, establecer una disciplina que nos permita dar pasos para llegar adonde queremos.

¿Qué es la creatividad?

Es dar vida a algo que no existía antes o reformular algo que existe de una nueva manera. “Es la buena relación que tenemos con nuestro inconsciente, que es nuestro creativo interior. Cuando estamos alineados y conectados con nosotros mismos, el inconsciente ayuda, tanto a la creatividad artística como a la creatividad del diario vivir. Ser creativo no significa solo ser un artista o un escritor; es también dar forma a un emprendimiento, tener iniciativa, enfrentar desafíos”, explica Virginia Gawell, psicóloga, directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires.

Cuando no expresamos creatividad, engendramos agresividad  y síntomas. William Blake, el poeta y pintor inglés del siglo XVIII, decía: “Quien desea y no obra engendra peste”. Dentro de nosotros hay anhelos y deseos que necesitan salir.

“Conectarse con el inconsciente es un trabajo que dura toda la vida. Se construye, al igual que un buen vínculo con una persona”, explica Gawell. Según Donald Winnicott, psicoanalista, experto en desarrollo infantil, la creatividad puede expresarse a través de un dibujo, un peinado, el cultivo de un jardín, una escultura o una receta de cocina. Para el especialista este impulso está presente también en los bebés. La primera actividad creativa es soñar despierto, después viene el juego por medio del cual los chicos interpretan su universo interior y fantasean un mundo de acuerdo con sus deseos.

“A la hora de crear, es fundamental confiar en el proceso creativo, dejar que las ideas fluyan. Un escritor se sienta con la página en blanco y confía en que desde adentro va a salir algo interesante. En esa instancia inconsciente hay que dejar que las ideas salgan a la luz, sin juicios de valor. El crítico, aquel que corrige y modifica palabras, debe aparecer una vez que todas las ideas hayan salido afuera”, comenta Virginia Gawell, quien también se dedica a la tarea de escribir.

En el lado izquierdo de nuestro cerebro se encuentra nuestra parte crítica. A veces, ocupa tanto espacio que necesita de nuestro niño interior, que reside en nuestro hemisferio derecho, para desbloquearla. “El peligro para la creatividad es la crítica prematura. Cuando uno escribe, cuando uno pinta, cuando pensamos algo nuevo, necesitamos que las ideas salgan de modo automático. Si criticamos aquello que surge, estamos  interfiriendo con el proceso del inconsciente, con la pasión del hemisferio cerebral izquierdo. Hacer eso es como interrumpir a un niño que está jugando. Nuestro crítico interior, aquel que viene del mundo consciente, debe aparecer más tarde, quizás uno o dos días después. Es aquel que dice: ‘Ayer estaba enamoradísima de esto que escribí y ahora me doy cuenta de que acá repetí tres veces una palabra, que ese verbo es inconveniente’. Ese crítico tiene un papel necesario, pero posterior”, afirma la psicóloga.

¿Qué pasa cuando nos bloqueamos?

Cuando las ideas creativas no fluyen, una salida adecuada es dejar por un rato lo que estamos haciendo y pasar a la parte motriz, distraerse con alguna actividad que involucre el cuerpo, como caminar, limpiar la casa, correr.

“Los sueños también a veces son un buen recurso para destrabar un proceso creativo. Cuando dormimos, la parte más primaria del cerebro compensa todo lo que estuvimos creando. Lo ordena, lo procesa y elabora algo nuevo con lo que podemos contar cuando nos despertamos. Muchos inventores –no digo que siempre sea así– han podido resolver problemas en sueños. La teoría de la relatividad nació en un sueño de Einstein, donde ordenó una serie de factores que había dejado inconclusa antes de dormir”, relata Gawell.

A la hora de surgir bloqueos, muchas veces las personas damos demasiada identidad a esa traba. El oficio, la disciplina, el no acobardarse son las formas adecuadas para salir. “En mi experiencia terapéutica observo que aquellos que tienen la disciplina de la creación, aquellos que se sientan a trabajar  todos los días y no esperan el gran momento de la musa inspiradora son los que más producen”, concluye Virginia Gawell.

Cuando comenzamos un emprendimiento, cuando creamos algo, la confianza en nuestras propias capacidades es fundamental. Necesitamos confiar que de nosotros va a salir algo que va a ser útil al mundo y a los demás. Esa confianza se basa en el tiempo, en ese convencimiento de que, a lo largo de los años, nuestro  inconsciente nos dio siempre respuestas creativas.

Hay una frase que reza: “Toda creación implica un 1% de inspiración y un 99% de transpiración”. Una parte del problema es cómo lograr dejar salir ese 1% de creatividad, que aquí presentamos, pero en las próximas páginas nos lanzaremos a descubrir cómo seguir adelante con el 99% de trabajo arduo que nos lleva poner en acción nuestras ideas.

Liberemos los bloqueos

La resistencia es la crítica interna, aquella que dice: “No valés”, “No servís”, “Estás haciendo todo mal”, “No tenés talento”. Según Solange Furcada, publicitaria, docente en la Fundación de Altos Estudios de Ciencia Comerciales, para liberarnos de las resistencias, es necesario lo siguiente:

Dejar atrás los bloqueos culturales 

Muchas veces nos aferramos a las formas y profundizamos dentro de ciertos límites establecidos o de parámetros culturalmente aceptados. Creemos que tendremos éxito si cumplimos con ciertas pautas prefijadas, resolviendo correctamente cada paso y siguiendo los caminos más evidentes. Salir del molde conocido, liberarnos de prejuicios, abrirnos a nuevas ideas, escuchar a otros que piensan distinto que nosotros nos liberará de esas estructuras que tanta seguridad nos dan pero no nos permiten cambiar.

Lidiar con los bloqueos emocionales

El miedo al riesgo anula la creatividad. Los temores, la vergüenza, la inhibición nos llevan a tener un pensamiento más analítico para desechar toda idea que no tenga una base sólida en que apoyarnos, un pensamiento más estructurado que nos “garantiza” mayor confianza y seguridad. Tenemos miedo de hacer el ridículo. Ansiamos ser amados, elegidos y admirados; actuamos por y para los demás olvidándonos de nuestra esencia, porque tenemos miedo de dejar de pertenecer a un grupo que piensa de determinada manera.

La exigencia nos paraliza al punto de anularnos. Y así, casi sin darnos cuenta, encontramos siempre la perfecta excusa para posponer la búsqueda creativa y esperamos hasta el hartazgo para tomar acción frente a una necesidad imperiosa que a gritos nos pide un cambio.

¿Cómo es la personalidad creativa?

Tiene fluidez

Se refiere a la cantidad de ideas que surgen y se desarrollan.

Es flexible

Puede pasar de un tema a otro.

Es sensible

Registra lo que sucede, está abierta, actúa desde el sentir.

Tiene capacidad de observación

Está atenta a lo que sucede a su alrededor.

Es original

Cuanto más se ejercita la creatividad, más se desarrolla.

(Fuente: Solange Furcada, publicitaria).

ETIQUETAS creatividad emprendedores

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