Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

22 mayo, 2019

Poner en valor lo que de verdad importa

En nuestro último newsletter invitamos a participar de una consigna: contarnos qué cosas son las que tienen más valor. Acababa de terminar el Hot Sale, ¿qué mejor oportunidad para pensar en todo eso que no se puede comprar con dinero y sin embargo es tan pero tan valioso? ¡Gracias por compartirnos textos bellos e inspiradores!


Eso que no se puede comprar

Lo valioso para mí (les hablo desde mi lugar de madre de dos hijas y abuela de dos niños), son casi todas son cosas que no se pueden comprar con dinero: las mañanas soleadas, caminar por el parque escuchando a nuestra madre naturaleza, ver cómo crece una planta, brota y florece. Recibir un llamado de una amiga querida y lejana, pasar una tarde con Fran, mi nieto de 6 años, dibujando y armando una ciudad con cajitas de remedios vacías, leer una novela, dormir una siestita al sol del otoño, compartir una rica comida (si es posible casera), hacer mermeladas y regalarlas a los más golosos, ver una peli… Todo eso valorando enormemente tener buena salud, relaciones sinceras que hacen sonreír el corazón, amigos a quién prestar atención y que prestan atención, y viviendo el presente siendo y haciendo lo mejor que puedo. Claro que me encanta viajar, comprarme zapatos o una ropa linda, pero eso no es lo más importante.

Alicia Sellarés

Amores y pan de miga

¡Hola! Soy una mujer de casi 73 jóvenes años, ja… Hace rato que las semanas de Hot Sale no tienen, para mí, ninguna importancia. Recuerdo haber leído hace mucho acerca de un científico, no recuerdo su nombre lamentablemente. Él decía que cada tanto le gustaba recorrer algún centro comercial para darse cuenta de lo afortunado que era por ver todas las cosas que había allí, ¡y que él no necesitaba! Hace un mes regresé de Alemania, pasé allí una temporada con mi hijo y su familia (en realidad pasé con ellos todo el invierno), con una maleta que no llegaba a pesar veinte kilos. Llevé de aquí los consabidos alfajores y golosinas que la memoria emotiva de mi amada nuera reclama en cada viaje: siempre me da las gracias entusiasmada y, con el correr de los días, suele confesar «Antes tenían otro sabor«. Este año, mi nieta mayor, una adorable joven de 20, me pidió algo insólito: «Abuela, por favor, ¿me traés pan de miga, para que papá me prepare unos sandwiches como los que comí allá la última vez que estuvimos?«. Y allá se fue la abuela con su valija cargada de golosinas, café de Bonafide y… ¡pan de miga! Como el aeropuerto de Zurich es enorme, desde hace unos años (tres, para ser más precisa) dejando la coquetería de lado, pido asistencia. Así paseo «velozmente» por el free shop, abordo de un confortable autito eléctrico. Una manera inteligente de evitar las tentaciones, especialmente los perfumes, que siempre han sido mi debilidad. Una debilidad que, con los años, ha ido perdiendo vigor y que afortunadamente me permite poner el foco en lo que de verdad me calienta el alma, como esta anécdota que acabo de relatar. Rescato el maravilloso valor de las cosas sencillas, esos pequeños objetos que traigo, livianos, curiosos, que aquí no se ven o no se conocen; pequeñeces que a mis afectos les dice de mi parte, «Estuve pensando en vos y elegí esto especialmente«. Y esas son las cosas que me hacen realmente feliz…

Elba Valente

Estar, amar, sentir

Me lo repito cada mañana: lo importante es que estoy en este mundo, que amo y me aman, que siento, que me divierto, que disfruto… Lo que más valoro son las cosas chiquitas, esas que en verdad son las más grandes de todas, las que me hacen mejor, más humana, las que no se venden ni se compran en ninguna parte. Una canción, algo calentito, una tarde de otoño, la nariz fría, los besos, el cielo lleno de estrellas, mi gata Lulú, ayudar a alguien que lo necesita, caramelos de dulce de leche. Como dice la canción: «¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!».

María Mercedes Muñiz

El cariño, ese valor

El cariño, la contención, el respeto y la dedicación es lo más importante y valioso que una persona puede ofrecer y regalar a otra. Lo material va y viene: la moneda es redonda pero el cariño, los buenos recuerdos, quedan para siempre.

Gabriela Marina Gladstein

Cambiar el foco

Para mí, que atravesé un cáncer años atrás, todo lo que vivo hoy es un enorme regalo: despertar a mis hijas, peinarlas, desayunar juntas (la menor desarrolló un raro talento: ¡toma la leche dormida!), llevarlas al colegio, charlar, reírnos hasta que duele la panza, leerles un cuento a la noche y rezar juntas… Y también poder ir por esta vida de la mano de mi marido, ese compañero amoroso y valiente que nunca me soltó y me apretó todavía más fuerte en los momentos dolorosos. Antes de saber que estaba enferma vivía preocupándome por tantas pavadas… ¡Si hasta me pesaba no poder cambiar el auto por un modelo más nuevo! Después, todo cobró una dimensión nueva y hasta me atrevería a decir que mágica. Por eso, a quienes estén pasando por lo que yo pasé (o no, no siempre hace falta enfermar para poder ver), les deseo que aprendan a contemplar la vida de una manera totalmente nueva y encuentren el valor de la existencia en cada palabra dicha, en cada caricia, en cada mirada, en cada abrazo…

Elisa Rodríguez

Más encuentro, menos consumo

Dicen que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.Y mi vida se orienta en esa dirección. Las cosas que nos dan más felicidad no cuestan dinero. Disfrutar a los hijos y a los nietos, estar en contacto con la naturaleza, sentir el sol o el viento en la cara. Escribir o pintar, o tomar un café con una amiga. Caminar, escuchar música, leer un libro nuevo o releer uno que nos gustó mucho. Obvio que necesitamos el dinero para vivir, pero no me parece saludable convertirlo en el centro de nuestra vida. El consumismo del momento que nos toca vivir es casi alienante. Y es malo para los niños y los jóvenes darles ese ejemplo. Gracias Sophia por poner estos temas tan actuales en el tapete.

Quequi Marchesi de Marull

Nunca perder la sonrisa

A veces me detengo a mirar a las personas ir y venir por la calle y me preocupa que las veo grises, como perdidas. Por eso pienso que lo más importante es… ¡siempre sonreír! ¿Qué hay más lindo que ver una sonrisa en la cara de alguien? Ese es mi ejercicio diario, antes de salir a correr bient tempranito: me levanto, me miro en el espejo y me regalo una sonrisa de oreja a oreja. La primera es para mí y después ya tengo un montón para todos los demás. ¡La recompensa de andar repartiendo sonrisas por el mundo es enorme!

Sergio López

¿Qué es lo más valioso?

Lo más valioso es apreciar la vida. El aquí y ahora. Con todos sus matices.
Cuando es colorida, disfrutar de ese sol abrasador. Y cuando se cubre de nubes, apreciar y destacar algún rayito de luz que seguramente se filtrará por algún lado. 
Apreciar lo más esencial. La naturaleza, por ejemplo, que siempre nos demuestra que hay distintos estados, distintos ciclos. A veces el ser humano con su falta de aceptación no se deja llevar por ese fluir de cada ciclo, del cual saldrá seguramente aprendiendo algo.
Lo más valioso es darse cuenta de lo que nos rodea. Darse cuenta del poder que cada uno tiene sobre su propia vida. 
Lo más valioso es disfrutar.
Muchos de nosotros hemos sido educados desde la exigencia y el deber. Personalmente, pienso que los límites son sanos. Dosifiquemos entonces. Demos espacio al disfrute. 
Escucho con frecuencia la frase “No tengo tiempo«.  Quizás habría que detenerse a pensar qué es lo valioso. Qué queremos para nuestra vida. Porque está en nuestras propias manos decidirlo. 
Sí. Así es. Para mí lo más valioso es apreciar la vida y disfrutar. 
¡Gracias, amigas de Sophia, por ayudarnos a reflexionar y brindar este espacio para compartir!

Monica Falco

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()