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Mitología

14 junio, 2014

Perséfone y Démeter


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La mitología hoy. La mitología es algo vivo, un modo de aproximación a las inquietudes más profundas de la humanidad. Es un proceso siempre abierto y actual; un acontecimiento sagrado en continua reelaboración. Por Laura Ponce*

 

Según la mitología griega, Démeter era la diosa de la fertilidad y el trigo. Hija de Rea y Cronos, era hermana de Zeus, pero eso no impidió que cayera presa de sus encantos. De hecho, del romance entre los dos nació Perséfone, a quien Démeter adoraba.

Perséfone era una criatura de gran belleza y, por haber estado siempre al cuidado de su madre, también muy cauta e inocente.

Su tío Hades, hermano de Zeus y dios de los Infiernos, se enamoró perdidamente de ella y un día la raptó. Como sabía que la joven paseaba por un sendero recogiendo flores, su estrategia fue hacer aparecer el más hermoso de los lirios en el camino. Así, en el momento en que ella se inclinó para tomarlo, la tierra se abrió. Fue entonces cuando Hades emergió de la grieta, tomó a Perséfone y se la llevó.

Se dice que el rapto contó con la complicidad del padre de la joven, Zeus, pero sin el conocimiento de su madre, que, devastada por la pérdida, inició largos y tristes viajes para tratar de encontrarla. Durante ese lapso, mientras la madre deambulaba con desesperación, la tierra se volvió estéril.

Entonces, los granjeros suplicaron a Zeus que intercediera, ya que las cosechas se perdían y los rebaños pasaban hambre. El rey de los dioses pensó que quizás el rapto había sido una mala idea desde un principio y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero eso ya no era posible. La joven era ahora su consorte, la diosa del Infierno, y tentada por él, había comido un grano de granada de su mesa. Probar incluso el más mínimo bocado del algo que hubiera crecido en el Tártaro implicaba no poder abandonarlo jamás.

En la búsqueda de un punto medio, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines más profundos, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra junto a su madre, siempre que Démeter volviera al Olimpo y prometiera cumplir su función germinadora.

De ahí el mítico origen de los cambios estacionales, la alternancia entre invierno y verano: en la época en que Perséfone permanece en el Infierno, la tierra se enfría y empobrece debido a la tristeza de su madre; pero, cuando la joven regresa, todo reverdece, prospera, y las flores renacen para darle la bienvenida.

A nosotras, mujeres modernas, esto nos lleva a pensar en lo cíclico y a reflexionar sobre los procesos naturales de la vida, el crecimiento y la búsqueda del propio destino, sin que por ello tengamos que cortar los lazos de nuestro afecto. Esa es la promesa con la que entramos al invierno, sabiendo que la primavera nos está esperando más allá. 

*Escritora, especialista en mitología y ciencia ficción.

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