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Cultura

14 febrero, 2014

Novela gráfica: un género para descubrir


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Los amantes de las nuevas formas de expresión van a fascinarse con un arte que reúne las letras con las ilustraciones en un combo genial. Te invitamos a descubrir los infinitos mundos de un culto que suma cada vez más fans. Por Astrid Hoffmann.

En 1992, el jurado del prestigioso Pulitzer le dio el Premio Especial en Letras a una obra de un género nunca antes galardonado: la novela gráfica.

¿El Pulitzer a una historieta? ¿Semejante premio a eso que parece un cómic? Más de uno se lo preguntaba con incredulidad. Pronto se popularizó la historia del libro en cuestión: Maus, de Art Spiegelman, narraba en clave autobiográfica la historia del padre del autor –un judío polaco que sobrevivió al Holocausto– utilizando imágenes súper potentes –los nazis personificados por gatos, los judíos por ratones– y una trama impecable. Si bien ya era un libro de culto entre lectores iniciados, el Pulitzer le concedió un lugar privilegiado en el mundillo editorial, y puso el foco sobre un género hasta entonces considerado como “cómics para adolescentes” o, simplemente, “literatura menor”.

Todavía hoy muchos creen que la novela gráfica se remite a historias fantásticas de ciencia ficción como las que se encuentran en los cómics clásicos –plagados de superhéroes y animales fantásticos– o en el manga japonés, pero en la actualidad abarca tantos estilos narrativos como cualquier otro género literario: desde policial, suspenso y erótico hasta no ficción, historia y biografía. En la última década ha tenido un crecimiento comercial fabuloso –ayudado, quizá, por las adaptaciones al cine de grandes títulos como Persepolis, American Splendor o La invención de Hugo Cabret (adaptada por Martin Scorsese y ganadora del Oscar a mejor película)–, al punto que desde hace cuatro años el diario The New York Times incluye en su sección de libros el ranking de novelas gráficas más vendidas en los Estados Unidos. La clave del boom radica, tal vez, en que muchos lectores descubrieron que la novela gráfica podía ofrecerles historias tan interesantes como la literatura tradicional, con el plus de las ilustraciones, que no solo aportan un toque lúdico a la lectura sino que enriquecen la trama (cualquiera que haya leído Persepolis, de Marjane Satrapi, habrá derramado más de una lágrima en cuadros que ni siquiera tienen diálogo: los dibujos transmiten su propio mensaje).

¿Y qué es exactamente la novela gráfica si no es un cómic? Son historias de línea narrativa similar a las novelas literarias, pero ilustradas con viñetas y en general publicadas en formato de libro, más que folletín o revista, como acostumbran publicarse los cómics. Suelen estar pensadas para el público adulto, con historias más largas y más densas que los cómics, muchas veces de temáticas cotidianas o con base autobiográfica, y con uso de recursos cinematográficos como los flashbacks o el narrador con voz en off.

Para trazar una breve historia del género hay que volver a la historieta y al cómic, cuyos orígenes llegan (según algunos especialistas) hasta las primeras pinturas rupestres de las cavernas del Paleolítico: no tenían textos, claro, pero los dibujos seguían una secuencia narrativa lógica. Contaban una historia.

Pero fue en el siglo XIX, y con más fuerza a mediados del XX, cuando empezó a desarrollarse con ímpetu definitivo en diferentes partes del mundo: en Europa y Estados Unidos, con la aparición de las viñetas de humor publicadas en diarios y revistas, y, más tarde, con historietas clásicas como Las aventuras de Tintín, Asterix y Obelix, Superman o Batman; en Japón, el manga, de tradición antigua, se reinventaba en formato de viñetas más parecidas a las de Occidente (cuyo mayor exponente fue Osamu Tezuka, el creador de Astro Boy).

El género novela gráfica en sí se consolidó recién en la última parte del siglo pasado, y su origen es tan inexacto como polémico. Según Paul Gravett –autor de Novelas gráficas: todo lo que necesitas saber–, el rótulo fue acuñado en 1964 como “historia gráfica” por Richard Kyle, crítico de cómics y editor de revistas, y más tarde mutó a “novela gráfica”; otras líneas sostienen que fue el historietista Will Eisner quien lo instaló con su libro Contrato con Dios, en 1978. Como sea, desde que se impuso, el rótulo fue criticado por muchos en el ambiente literario, por considerarlo una mera estrategia comercial para venderle historietas a un segmento del público que tradicionalmente no las consumía. Según Gravett, en cambio, la nueva etiqueta fue necesaria para romper con el preconcepto de que este género se limitaba a obras apuntadas solo a chicos y jóvenes.

Sea por el Pulitzer de Maus o por el impulso del cine, hoy el género ya está lo suficientemente instalado como para tener su propia estantería en más de una librería, y hasta existen editoriales especializadas en el rubro o con buena parte de su catálogo abocado a este.

En la Argentina, Ediciones de la Flor, que desde sus inicios publicó historietas y textos de los humoristas gráficos más destacados del país –Quino, Nik, Liniers, Alberto Montt– lanzó una colección con adaptaciones a novela gráfica de clásicos literarios como El extranjero, de Albert Camus; Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, y La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Mientras tanto, la editorial Común, fundada por el dibujante Liniers y su mujer, Angie del Campo, ha publicado una serie de títulos de novela gráfica locales –como Dora, de Ignacio Minaverry, la historia de una espía amateur de los años sesenta– e internacionales –la exitosísima Jerusalén, crónicas desde Tierra Santa, de Guy Delisle, o la más “sudaca” Virus tropical, de Power Paola–. Además, algunas librerías especializadas en cómics e historietas han incorporado a sus catálogos títulos de novelas gráficas, como La Revistería (www.larevisteriacomics.com) o Moebius, una tienda donde suelen presentar libros y montar exposiciones de ilustradores (Bulnes 658, Almagro). Vale la pena darse una vuelta por ambas, para husmear entre ejemplares únicos.

Es evidente que estamos frente a un género en expansión que reclama su lugar entre todos los demás de la literatura: la revancha histórica de un género vapuleado por años.

Algunas virtudes de la novela gráfica

  • Combina imagen y palabra, creando un lenguaje súper rico y potente, casi cinematográfico.
  • Por tener ilustraciones y más diálogos que la novela tipo, se lee con mayor facilidad que un libro de puro texto.
  • Suele estar separada en capítulos que encierran diferentes historias, por lo que puede leerse de a tramos (ideal para tener en la mesa de luz).
  • Puede ser una buena manera de aproximarse a sucesos históricos desde perspectivas más personales y con un lenguaje accesible (como Persepolis, que echa algo de luz sobre la revolución islámica, o Maus, que muestra los lados más cruentos del nazismo).
  • Es una excelente alternativa para releer novelas clásicas desde otro formato, en una suerte de remake literario que incorpora ilustraciones.

Algunos títulos para iniciarse en el género

Persepolis

Marjane Satrapi – Norma

Una obra maestra de la novela gráfica, llevada al cine en 2007. Condensa con destreza memorias –la infancia y juventud de Satrapi en su Irán natal– con historia política –la revolución islámica de 1979, los enfrentamientos armados con Irak– y social –la opresión de la mujer, la censura cultural, el fanatismo religioso–, a través de ilustraciones fuera de serie.

Jerusalén. Crónicas desde Tierra Santa

Guy Delisle – Editorial Común

Delisle pasó un año en Jerusalén acompañando a su mujer –miembro de Médicos sin Fronteras– y decidió narrar sus andanzas e impresiones en esta obra repleta de situaciones de violencia, de absurdo e incluso de humor. “Hay cosas que solo he entendido al estar en Jerusalén. Y cuando descubro algo nuevo tengo la debilidad de creer que es interesante compartirlo”, ha dicho el autor.

Maus

Art Spiegelman – Emecé Editores

Para narrar el trágico paso de su padre por los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Spiegelman apuesta a un recurso audaz: reemplazar a los seres humanos por animales. Un relato épico de resistencia, tan atroz como conmovedor.

Habibi

Craig Thompson – Pantheon Books

Un autor de renombre en el género (el mismo de Blankets, un suceso editorial) se reinventa con esta historia que combina romance con choques culturales y religiosos: dos huérfanos que logran escapar de la esclavitud en Oriente Medio y se embarcan en una travesía extraordinaria.

Buddah

Ozamu Tezuka – Vertical Editions

En una saga de ocho volúmenes, el maestro japonés Tezuka narra la increíble historia del príncipe Siddhartha (más conocido como Buda) mediante dibujos dinámicos y un guión que refleja con acierto las enseñanzas de este monje, con breves pero muy atinados toques de humor.

Mocha Dick

Francisco Ortega y Gonzalo Martínez – Norma

Con ilustraciones de estilo hiperrealista, está basada en la misma leyenda de aquella ballena que inspiró a Herman Melville a escribir su famosísima novela Moby Dick, pero incorporando elementos del mito mapuche de Trempulcahue y algunas otras licencias creativas de estos autores chilenos.

El Arte

Juanjo Sáez – Editorial Común

Sáez reflexiona sobre qué es el arte mediante diálogos imaginarios con su madre, haciendo un recorrido por su propia trayectoria de vida y la historia del arte, por lo que, además de ser una delicia visual, el libro resulta sumamente instructivo.

Una apuesta local

Por Angie del Campo y Ricardo “Liniers” Siri, de editorial Común (www.laeditorialcomun.com)

La novela gráfica es una forma narrativa adaptada al mundo de la información veloz, pero puede transmitir efectivamente historias emocionales, y está dando lugar a un nuevo tipo de periodismo, más original.

Desde la editorial Común apostamos a este género porque vimos que en los últimos veinte años dio un salto cualitativo grande, dejando atrás la aventura y el humor, temas exclusivos hasta ese momento. Hoy los artistas tienen la libertad narrativa que ya tenían el cine y la literatura; se demostró que la historieta es un medio para contar cualquier tipo de historia.

Además, descubrimos que había un vacío en la Argentina, con artistas locales trabajando y publicando afuera, y, a la vez, novelas gráficas extranjeras que no llegaban al país. Cuando descubrimos El Arte, del español Juanjo Sáez, nos enamoramos, ¡empezamos con todo esto solo para publicarlo a él!

En la editorial tratamos de elegir libros de alta calidad narrativa pensando en un público lector que no necesariamente es fanático de las historietas. Es muy difícil llegar a la gente porque todavía muchos no saben ni entienden bien qué es una novela gráfica, y los libros se catalogan mal en las librerías. Pero lentamente se va formando un espacio gracias al esfuerzo de un montón de artistas y a emprendimientos editoriales más chicos.

Algo interesante en el mundo de la novela gráfica es la inclusión reciente de las mujeres como autoras y consumidoras. En un club que hace largo tiempo que pertenecía a los hombres y a sus obsesiones, es refrescante leer un poco sobre las obsesiones de las mujeres.

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