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Sociedad

1 agosto, 2018

“Ninguna mujer desea realmente abortar”

Lo dijo ayer en el Senado Carolina De la Fuente, licenciada en psicología y logoterapeuta, especializada en el estudio de las consecuencias del aborto y expresó, además, que vivir la experiencia del aborto deja huellas a nivel físico y también emocional.


En el día de ayer, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Carolina De la Fuente brindó en el Senado una contundente exposición al referirse a las consecuencias que debe afrontar una mujer que toma la decisión de abortar. Huellas que no solo se hacen visibles en el cuerpo, sino fundamentalmente en el alma: “El aborto va a dejar marcas siempre, independientemente de las creencias de la mujer, del convencimiento de su decisión o del contexto legal en el que se realice”, expresó.

Formada con una discípula del psiquiatra y psicólogo clínico canadiense Philip Ney (reconocido mundialmente por sus extensas investigaciones sobre los efectos del aborto), y coautora del libro Ser mujer. Aborto: saber y decidir, la licenciada De la Fuente eligió compartir los resultados de su trabajo de años acompañando a mujeres que han pasado por esta experiencia a la que calificó como “traumática en todos los casos”.

Al respecto, su reflexión es que el aborto niega una verdad, una realidad. “Niega la existencia de un hijo. Y como toda verdad, cuanto más intentemos negarla, con más fuerza tratará de imponerse. La existencia de ese hijo en el cuerpo y en el inconsciente de la madre deja una huella, una marca. Y es ese registro biológico y emocional el que se va a encargar, en el caso de producirse un aborto, de sacar a la luz esa verdad en algún momento de la vida y a través de variados síntomas”, sostuvo frente a los senadores e invitados presentes durante una de las jornadas clave del plenario.

Según manifestó, las consecuencias psicológicas radican en el hecho de que, para abortar, la mujer necesita negar el vínculo que la une a su hijo en gestación mediante mecanismos de defensa. “Estos mecanismos son la deshumanización, la negación y la racionalización. La mujer necesita poder desconectarse emocionalmente, negar que se trate de un hijo y deshumanizarlo, es decir cosificarlo, verlo como un coágulo, como un conjunto de células o de tejidos porque de otro modo no podría abortar”.

A su entender, nadie quiere realmente exponerse a semejante vivencia. “Ninguna mujer desea realmente abortar. El aborto atenta contra su naturaleza, contra sus instintos más profundos –considera la psicóloga y explica que cuando una mujer elige hacerlo, es porque está dividida interiormente−. Desde lo racional puede afirmar que no lo quiere tener, no viéndolo como un hijo, pero desde lo inconsciente, lo instintivo y lo corporal está involucrada con el desarrollo de ese hijo, aunque no lo sepa”.

“La mujer necesita poder desconectarse emocionalmente, negar que se trate de un hijo y deshumanizarlo, es decir cosificarlo, verlo como un coágulo, como un conjunto de células o de tejidos porque de otro modo no podría abortar”.

Es que desde el momento de la concepción se dispara el proceso de embarazo, aunque la participación de la mujer todavía no sea consciente . “Su cuerpo reconoce inmediatamente la llegada del hijo y se prepara para recibirlo. Lo anida y sujeta a través de la placenta. Lo alimenta y le pasa oxígeno a través del cordón umbilical. Y entre ambos se da un continuo intercambio a nivel hormonal y sanguíneo. Por ser el embarazo un proceso psicofísico, todo lo que ocurre a nivel biológico tiene un correlato emocional. Es decir: al compás de estos cambios físicos se va entretejiendo a nivel inconsciente entre madre e hijo un vínculo, una conexión, un lazo emocional único”, en palabras de De la Fuente.

De acuerdo a su experiencia, el carácter traumático del aborto siempre acaba haciéndose visible en algún momento de la vida. “Porque hubo muerte hay dolor”, resume y afirma que “para llorar a ese hijo, que sería la forma más sana de elaborar la pérdida, la mujer tiene primero que rehumanizarlo y resulta desgarrador el momento en el que toma consciencia de que eso que se sacó era su hijo”. No transitar el duelo, dice, hace que tarde o temprano aparezcan distintos síntomas como depresión, apatía, cansancio, desgano, insomnio, tristeza y ganas de llorar; o bien dolores abdominales y menstruales, que ponen en evidencia que esa zona del cuerpo ha quedado vulnerable.

Un camino doloroso

“Cuando la mujer aborta hay dolor y hay culpa, porque la muerte del hijo fue causada por ella misma. En los casos más graves, puede incluso llevar a un intento de suicidio. La culpa puede manifestarse a través de una baja autoestima o, por el contrario, con una alta autoestima con claros signos de omnipotencia”, destaca.

La especialista dice que, aunque no lo haga consciente, esa mujer siempre va a querer recuperar aquello que perdió.  “La ira es la respuesta instintiva que se activa siempre que hay una pérdida y da la energía necesaria para recuperar aquello que perdimos, sin distinguir si esa pérdida es temporal o permanente. Hay irritabilidad, bronca y enojo, y suele descargarse a través de episodios de rabia hacia situaciones o personas que nada tienen que ver con su verdadero origen”. Asimismo, comparte que la agresividad es otra de las conductas más comunes entre quienes pasan por la experiencia. “Las consecuencias del aborto pueden manifestarse inmediatamente después del aborto, o mantenerse apartadas de la consciencia y aparecer, quizás, muchos años más tarde”.

Sin embargo, uno de los estados recurrentes  más penosos que atraviesa la mujer luego de realizarse un aborto es el “síntoma del aniversario”, que es la intensificación de síntomas en momentos particulares: “Coinciden con la fecha en que se produjo el aborto y la fecha en la que habría podido nacer el hijo”, expresa la licenciada y reconoce que pueden aparecer síntomas obsesivos, a través de recuerdos y pensamientos recurrentes que tienen que ver con la situación traumática del aborto. “Esos recuerdos pueden expresar fobias de distintos tipos y comportamientos evitativos con embarazadas, bebés y médicos. Y porque la muerte fue abrupta, se produce un desequilibrio en el nivel del biorritmo, generando posibles trastornos en la alimentación, en la sexualidad y en el sueño”.

Por esa razón, De la Fuente se pronunció ayer en contra del proyecto, aunque reconoció que sin embargo existe un acuerdo tácito entre las dos posturas existentes en cuanto a su legalización: “El punto en común es la genuina preocupación por la mujer que se encuentra ante un embarazo no deseado. Pero si toman verdadera consciencia del efecto y las consecuencias que tiene el aborto, se van a dar cuenta que con esta propuesta no se está ayudando en absoluto, sino todo lo contrario: se la está conduciendo y condicionando a una existencia con mucho dolor. El registro de la existencia de ese hijo y de la muerte de ese hijo tarde o temprano se impone y para cuando la mujer tome consciencia de lo que hizo ese hijo ya no va a estar. Cuando esto ocurra, me pregunto: ¿el Estado qué respuesta le va a dar?”, concluyó su discurso.

Mirá la charla completa:

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