Invierno 2017

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

Salud

11 Julio, 2017

Narda Lepes: “A los chicos hay que enseñarles que la novedad es buena”

La cocinera, que acaba de publicar un libro dedicado a ayudar a padres y madres a mejorar la alimentación de sus hijos, aboga porque los niños tengan una dieta amplia. Habló con Sophia y nos dio consejos y recetas para combatir el miedo a lo nuevo.


La habrás visto en televisión, de viaje por mercados exóticos y alucinantes de Vietnam, Japón o Camboya. Tal vez de jurado en algún reality de cocineros. Habrás leído, quizás, alguna de sus columnas gastronómicas en diarios y revistas. A lo mejor, incluso, hayas comido algo hecho por ella en restaurantes como La Corte o Morizono. Hasta ahora, sin embargo, Narda Lepes no se había mostrado en su múltiple rol de madre, comunicadora y cocinera, una versión que revela en Ñam Ñam, su cuarto libro, editado recientemente por Planeta, desde donde intenta combatir el frustrante problema de muchos padres y madres: el “No quiero” de los chicos. “No quiero comer esto”, “Tampoco esto”, “Mucho menos esto otro”. De nombre extraño, pero viejo como la humedad, la neofobia o el miedo a lo nuevo –en este caso, alimentos– es uno de los flancos que Narda intenta atacar para evitar ese diálogo insoportable que empieza con padres que dicen “Comé”, sigue con chicos que dicen “No quiero, no me gusta”, y termina nuevamente con padres que, ya abatidos, dicen “¿Cómo sabés que no te gusta si nunca lo probaste?”.

Portada: así luce la tapa de Ñam Ñam, el nuevo libro de Narda Lepes (Planeta, 2017).

“La neofobia es una alarma que actúa como protección para que no comamos la primera fruta roja que encontremos en el valle, pues podría ser venenosa… Pero eso pasaba cuando todavía éramos cazadores-recolectores. Hoy, con el mundo como está, ese sistema preventivo sólo nos juega en contra.  Debemos intervenir, hackear nuestro sistema, para que lo nuevo sea bueno, para que los chicos acepten la novedad, la sorpresa, para ampliar su dieta. ¿Cómo lo hacemos? Con la repetición y el ejemplo. Que nos vean comer cosas diferentes siempre. Que probar esté bien y sea seguro. Que la variedad sea la regla. Para que algo nos guste se necesita activar otro sistema, el de la costumbre: en los chicos, son necesarias entre cinco y diez veces de exposición a algo nuevo”, escribe Narda.

Muffins salados de berenjenas

Para la mezcla: 250 ml de leche; 200 g de manteca derretida; 4 huevos; 400 g de harina; 1 cda. de polvo para hornear; 1 cda. de bicarbonato de sodio; 1 pizca de sal y otra de pimienta; 1 cda. de azúcar rubia; 2 berenjenas cortadas en daditos; Hojitas de tomillo; Hojitas de orégano; 1 cdita. de cúrcuma; 1 cdita. de canela en polvo; 1 cdita. de curry en polvo; 10 tomates cherry asados al horno con hierbas o 1 cda. de pasas de uva rubias; 1 puñado de castañas de cajú picadas; 100 g de queso feta, 1 cda. de semillas de sésamo; 1cda. de semillas de girasol;
aceite de oliva; sal .

Para la masa: mezclamos por un lado la leche, la manteca y los huevos. Agregamos el resto de los ingredientes.

Para el relleno: salteamos, con un poquito de sal, aceite de oliva, las berenjenas con las hierbas, la cúrcuma, la canela y el curry hasta que estén doradas. Las dejamos enfriar y las agregamos a la mezcla anterior junto con los tomates, el queso y las castañas de cajú. Rellenamos los moldes de muffins. Terminamos con las semillas. Cocinamos en el horno a 180° C hasta que estén cocidos. Estarán listas cuando al insertar un palillo, salga limpio.

Inspirada en los avatares de ser mamá de Leia, hoy de seis años, la cocinera volvió a las bateas de las librerías con una guía práctica para ayudar a los padres y madres en la alimentación de sus hijos, una misión no menor que determina la salud de los niños. “Si no queremos que los chicos coman algo, está en nosotros que no forme parte de la oferta durante los primeros años”, sigue Narda, y agrega, párrafos más adelante: “La preferencia por ciertos alimentos o sabores está condicionada por nuestros primeros meses de vida. Si comemos salado cuando somos bebés, nos va a gustar lo salado, muy salado, durante toda la vida, lo que puede llegar a crear riesgos de hipertensión una vez adultos”.

Con ese estilo descontracturado y sin eufemismos del que es dueña, Narda habló con Sophia durante el encuentro Negocios Sustentables, organizado por la firma Unilever, y compartió pistas para hacer de la hora de comer un momento agradable, con espacio para el juego, la exploración y la creatividad.

–¿Cómo surgió la idea de escribir para los padres?

–Soy mamá y Ñam Ñam es un libro de niños. Ya me lo habían pedido y yo decía: ‘No tengo hijos, ¿qué le voy a andar diciendo a la gente qué tiene que hacer si yo lo no hice?’. Cuando tenés hijos, todo el mundo te dice qué hacer, todo el mundo te da consejos sobre si le tenés que poner medias, sobre si no le tenés que poner, si tiene calor, si tiene frío.

–¿Y vos a quién escuchás?

–Yo, a nadie. A todo el mundo le digo: “No escuches a nadie”. Todo el mundo tiene algo para decir y muchas cosas se contradicen. Y creo que hay algo que naturalmente te dice qué es lo que hay que hacer. Hay que escuchar eso, y una manera de hacerlo es no escuchar al resto, porque si no, te volvés loco.

Para su nuevo trabajo editorial, Narda investigó qué dice la Organización Mundial de la Salud sobre la alimentación de los niños y qué dicen los pediatras de países de culturas diversas, como Portugal, Francia, México, Japón, Noruega y Estados Unidos. Como madre, cuenta, ella descubrió que los profesionales no solían compartir los por qué de sus consejos sobre dar o no dar determinados alimentos a los chicos, o por qué vetárselos hasta cumplir ciertas edades.

–¿Qué cosas no explican, por ejemplo?

–Casi ningún medico te dice que no le des fibra a tu bebé hasta los 11 meses porque no la pueden procesar. A los bebés les gusta chupar pedazos de pan, entonces simplemente capaz te dicen: ‘Dale pan blanco’. Y vos decís: ‘Si le puedo dar pan, mejor le doy pan negro, porque alimenta más’, tenemos mejor conceptualizado al pan negro, ¡pero el pan negro tiene fibra!

¿Quién no recurre al postrecito de dulce de leche o chocolate para calmar un berrinche? ¿Cuántos prometen caramelos o gaseosas si los deberes quedan hechos? ¿Quién no usó una salida al local de comidas rápidas como moneda de cambio para ir a la ducha sin resistencias? Ejemplos de prácticas comunes y sin mala intención a la que recurren muchos padres, pero que no colaboran para nada con la salud de los chicos. Según Narda, prohibir comidas no funciona; tampoco usarlas como premio o castigo. La cocinera compartió con Sophia una lista de cosas que se pueden hacer para enriquecer y mejorar la alimentación de los más chicos:

Helados de banana, frambuesa, palta y dulce de leche

Estos helados son superfáciles, pero tenemos que actuar con rapidez. Lo preparamos y lo comen. Si no: chau, helado; hola, crema de banana.  Sólo necesitás tener bananas en el freezer. Muchas bananas. Gotas de limón; frutas rojas; paltas; dulce de leche.

Pelamos y cortamos las bananas en rodajas y rápidamente las ponemos sin encimar en una placa y las congelamos (podemos ponerles un poquito de jugo de limón por encima así se retarda la oxidación y no se nos ponen negras). Una vez congeladas, las guardamos tapadas o en bolsitas. Hacé muchas, y mejor si están demasiado maduras, porque son más dulces. Procesamos las bananas hasta que se haga una crema con textura similar a la del helado. En la misma máquina agregamos y combinamos con el sabor que más nos guste: frambuesas (pueden estar congeladas), dulce de leche o palta, que es una de las mejores combinaciones del mundo. Y llamamos rápido a los chicos para que coman los heladitos.

→Cambiale el gusto a las cosas

Sistemáticamente, desde que tu hijo empieza a comer. Todos los días. Un día, le ponés al puré un cuarto de hoja de albahaca; otro día una pizquita de canela. Otro día dale de chupar una rama de apio; otro día, un hinojo; al siguiente, una zanahoria. A los chicos hay que enseñarles que la novedad de mamá es buena. Vos lo que tenés que romper es la neofobia.

→Poca sal y poca azúcar (y si podés, nada)

→Combiná productos y sabores

Algunas buenas duplas son palta pisada con banana, palta con manzana, banana con pera, pera con zanahoria, manzana con batata, batata con zapallo, zapallo con remolacha. Vas cruzando.

→No le preguntes nunca qué quiere para comer

El mensaje a transmitir es: “Comés lo que hay”.

→Dejalo jugar con la comida

Si tu hijo ve que el momento de relajo y de diversión de un adulto es la comida, ¿por qué no puede ser el suyo también? ¿Con la comida no se juega? La comida no se tira, que es muy distinto a que con la comida no se juega. Comé con él.

→Variá

A los chicos los estimulamos por todos lados, pero no a través del gusto y del olfato: les estimulamos la textura, los sonidos, pero cuando comen, comen una semana lo mismo: fideítos o purecitos.

→Para tomar, agua

¡Un niño toma agua! –reitera–. Eventualmente, puede tomar un jugo natural si la fruta está buenísima, aunque mejor que se la coma. Agua y se acabó. Punto final. La gaseosa para un chico es alcohol. Que le den una gaseosa a un nene de un año, para mí es lo mismo que darle whisky.

(Las recetas que acompañan esta entrevista fueron extraídas del libro Ñam Ñam).

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()