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Mujer y trabajo

15 mayo, 2018

Mujeres que se atrevieron

Ana Viola, Patricia Scheuer y Alexia Keglevich saben que, para llegar hasta lo más alto de los propios anhelos, hay que descubrirse y tomar decisiones que no siempre resultan amables. Conocé sus recorridos e inspirate con sus historias.


“A mediados de 2002 me recibí de médica. En ese momento era mi pasión y la profesión que había elegido para mi futuro. Pero, a la par, con mi familia habíamos empezado a hacer vinos, algo que también me entusiasmaba”, cuenta Ana Viola, Directora de Marketing de Bodega del Fin del Mundo*, quien entonces eligió cambiar el rumbo: “Estaba segura de que todo lo que viniera en el futuro solo podía ser mejor. Y lo fue. Entonces tuve que tomar una decisión importante: unirme al proyecto familiar, a la aventura desconocida de los vinos de la Patagonia, o seguir solo con lo mío”.

Médica de profesión, supo diversificar sus roles y seguir con una tradición bodeguera de pura cepa. Hoy, pone su enorme entusiasmo al servicio de un sueño compartido con toda su familia: hacer de Bodega del Fin del Mundo un espacio lleno de desafíos y de oportunidades. Además, en su rol científico, lleva adelante colectas de sangre y acciones sanitarias concretas para ayudar a diferentes instituciones.

“Me sigo construyendo, siempre haciendo planes para aprender y emprender cosas nuevas. Leer libros, programar. Si fuera por mí, mañana empezaría la carrera de Agronomía. ¡Tengo una curiosidad inagotable!”, explica y, a la hora de dar impulsar a otras mujeres, su consejo es que no busquen ser un diez en todo. “Les diría que se esfuercen, pero que también sepan que los estándares a los que nos sometemos las mujeres a veces son irreales. Y que se sigan formando: siempre hay algo nuevo para aprender”.

Para ella, lo más enriquecedor del trayecto que recorre es tener la posibilidad conocer personas inteligentes y creativas. Gente con capacidad para mover montañas, como dice ella y señala: “Lo que más me gusta es seguir maravillándome con las personas”.

* Bodega del fin del mundo es una de las bodegas fundadoras de WOPA – Wines of Patagonia, pionera en Neuquén.

Cuando tenía apenas 16 años debió lidiar con un duro jefe: su propio padre, quien no dudó en descontarle parte de su sueldo cada vez que llegaba tarde del colegio. “Lo que no te mata te endurece −afirma hoy la empresaria, CEO de Assist Card−. En su momento hubo mucho esfuerzo, sacrificio y pelea. Ahora puedo decir que todo tuvo sentido”, destaca.

Alexia Keglevich es madre de dos hijas y maneja 1500 empleados en cinco continentes. A través de su experiencia, se convirtió en  referente del mercado laboral femenino. “El desafío más grande fue lograr un espacio en un mundo de hombres siendo, además, la hija del dueño”, confiesa esta mujer que debió derribar preconceptos a la hora de andar. “Lo más difícil de ser empresaria es mantener enamorados a los equipos y estar a la vanguardia. Como mujer, a veces es difícil lograr un equilibrio entre la vida profesional y la personal. Algunas veces las prioridades se mezclan y es difícil, pero no imposible”.

Para Alexia, lo más importante es que cada una siga su instinto y haga lo que en verdad ama. “Liderar desde el ejemplo consigue los mejores resultados”, dice y asegura que su motor es contribuir a un mundo mejor, no sólo dentro de la empresa sino también a nivel social. “Lo más enriquecedor para mí ha sido tener la oportunidad de conocer realidades diferentes y poder ayudar a que tengan un mejor pasar”, describe a partir de su participación en la organización Techo, que construye casas para familias en situaciones vulnerables en varios países de Latinoamérica. “Ojalá que, al final del camino, me juzguen por las hijas que dejo en este mundo y no por lo que hice como empresaria”, concluye.

Para ella, la cocina es el ámbito donde se cuecen las grandes ideas de la vida. Creadora de Filo y de clásicos como Gran Bar Danzón, Sucre, Bar Uriarte, Arturito en San Pablo, BASA en Retiro, entre otros (junto a su socio Luis Morandi), Patricia Scheuer sabe muy bien de qué habla cuando de probar y emprender se trata.

Pero su trayecto nunca fue de mano única: librera, cantante y actriz de telenovelas (“Siempre hacía de mala”, recuerda entre risas), trabajó en programas como Teatro como en el Teatro y Rebelde Solitario. Además es mamá, un rol que ha interpretado con el mayor de los gustos, decidida siempre a compartir amor y sabores con sus hijos. De hecho, uno de ellos es Ludovico De Biaggi, uno de los mejores bartenders de la Argentina, a quien supo inspirar con su pasión.

“El teatro y la gastronomía tienen mucho en común porque el restaurante es un escenario y hay que componer un personaje al atender al público”, reflexiona esta mujer todoterreno que trabaja sin descanso, cubriendo los dos turnos de la cocina: mediodía y noche. “Todos nos construimos a nosotros mismos, decidiendo qué hacer en la vida. Algunos con más suerte, otros con menos. Lo importante es poner pasión y esfuerzo a lo que hacemos”.

Enamorada del hacer, considera que tuvo la suerte de transitar caminos donde cada cosa y cada momento eran sumamente importantes. “Siempre elegí espacios compatibles con tener una familia, para que mis hijos pudieran acompañarme”, describe acerca de sus elecciones y afirma que, mientras tanto, la curiosidad la fue guiando.  “Asimismo, creo que la terapia es un gran aprendizaje, un desafío intelectual que acompaña cualquier actividad que uno haga”.

A la hora de impulsar a otras mujeres, Patricia sostiene que no hay mejor manera de crecer en la vida que estudiar, mirar, investigar y recorrer. Y nos comparte su mejor truco: “Hablen con la gente, miren a la gente. Y traten de no copiar”.

 

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