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Sophia - Despliega el Alma

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16 diciembre, 2014

LA RISA, ESE FUEGO ETERNO

"Las chicas" del Ballet transmiten hoy, más allá de toda edad, alegría de vivir. Eso mismo que Elsa Agras expresaba por todas partes.


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A los 90 años, Elsa Agras seguía poniéndose la nariz roja de payaso para descollar dentro de una compañía de clown. Pocos días antes de su partida, estrenó Te lo bailo de taquito, el último espectáculo del Ballet 40/90, el grupo que le permitió enseñar a bailar a mujeres que nunca antes habían pisado un escenario. Coreógrafa, docente y actriz, la artista falleció en 2014. Desde Sophia queremos homenajearla.

Bailar es expresar cosas. Unas lo hacen de una manera y otras de otra. Todas son válidas si, a través del cuerpo, uno dice la verdad”, le contó Elsa Agras a esta revista en 2011, durante una charla que la embarcó en un torbellino de recuerdos. Nacida en Villa Urquiza en 1925, dedicó gran parte de su vida a la danza. Pero fue recién a los 76 que encontró su verdadera vocación: enseñar a bailar a mujeres que nunca habían actuado antes.

Corría el año 1995 y, en un galpón que le prestó un amigo en Palermo, fundó el Ballet 40/90, una compañía de danza que llegó a contar con decenas de integrantes y que estrenó numerosos espectáculos en los últimos años; el más reciente (Te lo bailo de taquito), la noche anterior al fallecimiento de su creadora.

Sobre el escenario, las producciones de este colorido colectivo creativo despiertan entusiasmo, risas y un afán de superación conmovedor. Ya sea interpretando un tango, una habanera, un valsecito criollo o una ronda con música celta, “las chicas” del Ballet transmiten, más allá de toda edad, alegría de vivir. Eso mismo que Elsa Agras expresaba por todas partes.

La coreógrafa, actriz y genial payasa, como la recuerdan sus compañeros de la Compañía de Marcelo Katz, rechazaba, en las entrevistas, el rótulo de “tercera edad”: “Por eso elegimos el nombre 40/90”, decía. “40 es joven, 90 no, y sin embargo todas bailamos juntas. Algunas de las chicas llegan con curiosidad y se entusiasman porque empiezan a descubrir cosas. El ballet también es un lugar de contención, se ayudan entre ellas y algunas fueron dando pasos en sus vidas que no se animaban a dar. Algunas se divorciaron, otras hicieron cambios profundos. Allí se conectan con su ser, y aparece la sensualidad. Para enseñar no solo es importante saber bailar, sino ser capaz de despertar sensaciones”.

Cuando le preguntaban qué era el ballet para ella, decía: “Es alegría y libertad. Una aventura dentro de uno, que se comparte con otros y se comunica en el escenario. Bailar es una disciplina que genera algo vital en quien lo ve. Un canto a la vida”.

Adiós a Elsa Agras, adiós a la mujer que inspiró el documental Elsa y su ballet, que también pudo verse en salas argentinas, bajo la dirección de Darío Doria. Al momento del estreno del film, lúcida y siempre joven, decía: “En los tiempos que corren, hay un menoscabo de la ancianidad. A uno lo van acomodando a ciertas reglas y a mí no me gustan las reglas. Puedo dirigir el ballet pero también sigo aprendiendo. Prefiero aprender”

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