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Hijos

13 agosto, 2011

Mi hijo no tiene amigos, ¿por qué?


Hay chicos a los que les cuesta vincularse y eso los llena de angustia y temor. ¿Qué podemos hacer los padres para que puedan relacionarse bien? Por Silvina Reusmann.

“Santiago siempre fue un poco tímido, pero hasta que cumplió 8 no creímos que fuera un problema. Nosotros tampoco estamos llenos de amigos, somos más familieros, muy tranquilos. Tal vez por eso tardamos en darnos cuenta de que a Santi le costaba tener amigos; lo que para nosotros no era un conflicto, para él era una situación que le generaba mucha angustia. Una tarde, llegó del colegio muy triste porque se había peleado con su mejor amigo. Yo le dije que no importaba, que ya se le iba a pasar, pero él me dijo algo que me shockeó: ‘¡Es mi único amigo; ahora no tengo ninguno!’. Me quería morir, no podía creer que fuera así, pero con el correr de los días me dí cuenta de que Santi lo estaba pasando verdaderamente mal y yo no sabía cómo ayudarlo. Le propuse empezar fútbol, ya que algunos de sus compañeros iban, pero no quiso. Empezamos a salir más, pero siempre éramos nosotros cuatro. Santi tiene una hermanita a la que le lleva cinco años; la distancia es mucha a esta edad. Yo le inventaba programas y le decía que invitara algún amigo, pero él no quería; decía que nadie quería venir a casa. Fueron tiempos muy duros para él, porque lo sufría día tras día en el colegio, y también para nosotros, porque no sabíamos cómo ayudarlo. Ahora, en perspectiva, me doy cuenta de que no era algo que nos pasaba sólo a nosotros; pero cuando ves a tu hijo sufrir, sólo podés pensar que hiciste todo mal”, recuerda Josefina, de 46 años, madre de Santiago, que ya tiene 11, y de Isabel, de 8.

Que nuestro hijo no tenga amigos es una situación que nos angustia y desconcierta. No sabemos qué hacer. ¿Es mejor darle tiempo? ¿Tenemos que intervenir? ¿Lo entretenemos nosotros? ¿Cómo levantamos su autoestima? ¿Salimos a “buscarle” compañeritos de juego? Desde Sophia quisimos entender por qué a algunos chicos les pasa esto, qué sienten y de qué manera, como padres, podemos ayudarlos. Por eso, consultamos a distintos especialistas que nos fueron mostrando cómo guiar a nuestros hijos en este proceso.

Para empezar, la psicopedagoga Valeria Fontanals, máster en Educación en Harvard y fundadora del proyecto “Valores y Fortalezas”, advirtió que no hay que confundir los tantos: una cosa es que sean tranquilos y que tengan pocos amigos y otra, que no tengan ninguno. Hoy está muy valorado el modelo de chico lleno de actividades, muy sociable, híper conectado y todo el tiempo en acción. Por eso, algunos padres llegan a creer que su hijo tiene un problema si no suscribe a este modelo, cuando en realidad hay chicos que son menos activos que otros.

En segundo lugar, hay que saber que los chicos no se vuelven retraídos de un día para el otro, sino que es un proceso; por eso, es importante observar desde su nacimiento cómo se desenvuelven en la casa, con los hermanos y, más adelante, en la escuela. “Ante la duda, lo mejor es consultar con un especialista para descartar problemas neurológicos o una fobia social –explica la psicóloga Judith Altman–. Cuando son más chiquitos, habrá que ver si responde a un saludo, si da vuelta la cabeza cuando alguien llega o cómo interactúa con los otros”. Una vez descartados los trastornos de ansiedad y los temas médicos, el camino empieza a clarificarse.

Todos los especialistas coinciden en que frente a un chico retraído que está pasando por un momento difícil es tan importante no forzarlo a que haga algo que no quiere como también no sobreprotegerlo. “Hay que encontrar un punto intermedio donde se evite el drama sin minimizar la angustia, contener al chico y darle importancia a lo que está contando –explicó Fontanas–. Podemos decirle: ‘Qué lástima que Juan no quiso venir; entiendo que estés triste’. Pero no decirle: ‘Bueno, igual Juan no vale la pena porque no es tan bueno’ o ‘Hagamos una salida nosotros dos, que lo vamos a pasar mucho mejor’. No hay que dar el tema por terminado porque, al intentar sobreproteger a ese chico que lo está pasando mal, lo estamos perjudicando”.

Cuando intentamos convencer a nuestro hijo de que arme un programa, él tiene dos problemas: que en el colegio no tiene amigos y que siente que nos desilusiona y que es un fracaso. Hay un límite muy delgado entre no presionarlo y no apañarlo en conductas evitativas, pero hay que encontrar ese punto intermedio para que poco a poco vaya animándose e intente vincularse con otros chicos, porque si se acostumbra a evitar situaciones sociales, cada vez le va a resultar más difícil desandar el camino.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudarlo? Según Fontanals, si el chico no quiere ir al colegio, no lo invitan ni quiere invitar y no quiere ir a los cumpleaños, es fundamental que no lo fuercen. Tampoco es recomendable intentar convencerlo con el “deber ser”: “Tenés que tener amigos, tenés que ir al cumpleaños, yo sé que vos podés”… porque en ese momento el chico no puede y eso lo va a hacer sentir peor. Lo primero es observarlo, estar atento a sus sentimientos. ¿Él sufre y se siente excluido o somos nosotros como padres los que sentimos que no está siendo lo suficientemente sociable?

¿Cuándo hay un problema?

Durante los años de Jardín, es común que los chicos no quieran separarse de sus papás, que son el centro de su universo y representan la seguridad ante lo desconocido. “Un chico de 2 o 3 años no necesita tener amigos, lo pasa muy bien en su casa, con su mamá o con la señora que lo cuida, jugando a la cocinita, con los autos o pintando
–explica la psicóloga Maritchu Seitún de Chas–, pero a partir de los 5 o 6 años, la situación cambia. En la primaria, lo social cobra otro peso”.

El problema surge cuando el chico se angustia y padece la falta de amigos, cuando le cuesta relacionarse y no encuentra un lugar de pertenencia. Por eso, es importante que los padres les hagamos saber a nuestros hijos que son valiosos más allá del grado de popularidad que tengan; que los queremos, los apoyamos y que nuestro amor es incondicional. “Con esa certeza, el chiquito va a ir al colegio sostenido, porque la mamá y el papá dicen que él vale y esto lo va a parar en otro lugar. Si va al colegio a mendigar amistad y se desespera porque sabe que si no arregla un programa el miércoles, a la mamá le va a empezar a cambiar la cara, se va a angustiar y va a ser peor”, dice Maritchu.

Es muy importante tener en cuenta que los chicos aprenden en un 80% a partir del modelo que tienen en su casa. Según Fontanals, la mayoría de los padres tímidos tienen hijos tímidos; pero más allá de eso, los chicos observan cómo actúan sus papás en el día a día y, así, aprenden e imitan tanto lo bueno como lo malo. Aunque los padres les digan a sus hijos que es bueno tener amigos, si ellos no perciben esa interacción en la casa, no la van a poder reproducir. “Los padres deben preguntarse cómo se relacionan ellos, y si quieren que sus hijos interactúen más con otros chicos, tienen que hacerlo ellos también, mostrarles cómo salen con amigos, que se divierten y que es bueno hacerlo”.

Pero también puede suceder que los padres sí tengan muchos amigos y sus hijos no logren generar vínculos con sus pares. Si es una situación que sólo se circunscribe al colegio, porque el chico tienen sus amigos del barrio o del club, entonces, habrá que trabajar únicamente en aquellos espacios donde existe un conflicto.

En la primaria, los chicos suelen elegir amigos de su mismo sexo, y si nuestro hijo está en una clase con veintiséis compañeros, mitad varones y mitad mujeres, puede ser que entre esos trece no encuentre un amigo. “Por eso, es importante que tenga grupos fuera del colegio, que realice alguna actividad que nos permita ver si no encontró afinidad entre sus pares o si existe otro problema –explica Maritchu–. A veces, hay que tener paciencia, acompañarlo y dejar que la naturaleza actúe, pero hay estar atento: si mi hijo tiene 8 y no sabe andar en bicicleta, me tengo que arremangar y ayudarlo hasta que aprenda. Los chicos tienen sus tiempos, pero entre los 5 y los 11 años lo social tiene que ir desarrollándose”.

Para la psicóloga, también hay otro tema para considerar: “En las casas está la televisión, la Wii, la Play o la computadora… Un chico puede estar semanas enteras sin amigos y sintiendo que lo pasa bien. Es importante que los adultos acotemos eso, que pongamos horarios, para que, justamente, el chico se aburra y elija hacer otra cosa. Eso seguramente lo lleve a invitar amigos. También será más fácil convencerlo de hacer algún deporte, tendrá más ganas de salir y de hacer otras actividades. Estos hábitos hay que instalarlos desde que son chiquitos porque cada año va a ser más difícil”.

Modelo de familia

¿Qué pasa con los hijos únicos? Los especialistas coinciden en que no necesariamente tienen más chances de ser más retraídos, sino que depende de cómo estén motivado. Si pasan su tiempo sólo con sus padres, es probable que el proceso de socialización les cueste, pero si los padres se han ocupado de armarles una red de amigos o de primos, eso no debería suceder.

El modelo de familia que propongan los padres será relevante para entender cómo se mueve el niño socialmente. Tal vez una mamá se desespera porque ella es súper sociable, pero el papá disfruta más de quedarse en casa, leyendo el diario o haciendo zapping. “Hay chicos que necesitan fortalecerse, y otros que saben que están pasando por un momento de ‘bajón social’. Por eso, cuando los papás ponemos a un lado nuestra ansiedad, aparece la genuina preocupación del niño. Cuando él venga y nos diga: ‘Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué nadie me invita?’, ése es el momento en que nos tenemos que sentar, charlar con él y actuar para revertir la situación”, explica Maritchu.

El secreto está en escucharlos, en hablar con ellos. Si no quiere ir al cumple, podemos proponerle acompañarlo, llevarlo y quedarnos hasta que se sienta seguro, observar cómo se desenvuelve, si son los otros chicos los que lo excluyen o si él se aisla. Los papás tienen que estar y darle la seguridad de que va a poder y que ellos van a estar ahí para sostenerlo siempre. Fontanals propone idear planes juntos, guiarlos, pensar a quién invitar, elegir un programa que puedan disfrutar ambos, darle herramientas para que pueda hacerle frente al encuentro, pensar en temas de conversación o en juegos. “A los chicos hay que respetarles los tiempos, pero lo más importante es que ellos no sientan que sus padres se desilusionan porque no tienen amigos”. Sería muy útil contactarse con las mamás de alguno de sus compañeritos para tratar de combinar una salida conjunta o para que juntas puedan colaborar para generar un vínculo entre los chicos.

Algo de esto hicieron los papás de Santiago, que recuerdan cómo continuó su experiencia. “A medida que a Santi se le hacía difícil encontrar otro grupo, se refugiaba cada vez más en la computadora y en nosotros. Entre la culpa y el desconocimiento, lo dejamos. Después de hacer una consulta con una psicóloga, ella nos recomendó que anotáramos a Santi en otras actividades. A regañadientes, aceptó ir a fútbol. Aunque al principio no estaba muy conforme, cuando se dio cuenta de que se divertía y era bastante bueno jugando, empezó a ir más contento. Pasaban las semanas y esperaba que llegara el viernes para jugar. Después de los partidos, nos quedábamos algunos chicos y papás tomando algo en la canchita y eso lo ayudó un montón para acercarse a los compañeros y, con el tiempo, se fue haciendo amigos. Armar un grupo con los chicos de fútbol, sentirse valorado y buscado hizo que se abriera en el colegio y pudiera relacionarse desde otro lugar con sus compañeros. Fue un camino largo, pero valió la pena, porque nos hizo cambiar a todos el ritmo familiar y ahora, superado el conflicto, sabemos que, en caso de que Isabel también se enfrente a lo mismo, vamos a saber cómo actuar y ayudarla”.

Ir probando

Todos coinciden en que no hay fórmulas mágicas. A veces, creemos que si lo cambiamos de colegio, el problema va a desaparecer. Es posible que sí, pero también es probable que nuestro hijo traslade su incapacidad para vincularse de un colegio a otro. Para Altman, si un chico es tímido, sus dificultades lo van a acompañar donde vaya. Sin embargo, si el colegio es el único lugar donde presenta este problema, si ya pasaron algunos años y él no encontró su lugar, tal vez sea conveniente cambiarlo para que tenga una nueva oportunidad de presentarse ante los demás: “Si un chico es de naturaleza tímida o retraída, es importante evaluar muy bien a qué lugares lo llevamos, descartar los espacios muy competitivos y apostar por un lugar donde el foco esté puesto en el intercambio y en los valores de solidaridad”.

Si la situación nos supera y nuestro hijo está muy angustiado, la terapia puede ser un camino. “Es importante que, junto al terapeuta, el niño encuentre un espacio para compartir los temas que lo angustian, que hable y pueda confiar. Hay que darle espacio a la palabra o al dibujo… todo lo que sea expresivo para salir de ese lugar de conflicto”, explica Altman. Lo importante es confiar en que juntos van a encontrar una salida.

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