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Sociedad

2 julio, 2018

Matriarca, del norte argentino al mundo

El proyecto nació para unir a comunidades del norte argentino y se dedica a producir arte con los consumidores de aquí y del mundo. "Las creaciones de las artesanas son bienes culturales que refuerzan la identidad argentina y pueden comercializarse en el exterior", dicen los creadores de la marca, que tiene sede en Buenos Aires.


“Tenemos que contar en voz más alta lo que se produce y se comparte entre las artesanas argentinas, porque en cuanto las conocés o ves los videos de estas mujeres tejiendo y trabajando, aparecen las personas y las historias. Queremos lograr que mucha más gente pueda descubrirlas y que la cultura con identidad argentina esté de moda”, dice Luisa Weber, coordinadora general de Matriarca, un colectivo de personas y organizaciones que busca desarrollar sistemas de producción y consumo sustentables.

La comunidad wichi trabaja con el chaguar; las mujeres van al monte, lo recolectan, lo desfibran, lo machacan, luego lo hilan, tiñen y, finalmente, lo utilizan para hacer las prendas. Las mujeres pilará, por su parte, trabajan el carandillo para hacer canastos y bandejas. Las mujeres qomle’ec tejen la lana.

Corría 2013 cuando la ingeniera agrónoma Paula Marra viajó a colaborar con la creación del Parque Biprovincial de Chaco y Formosa en la estancia La Fidelidad, y se interesó por las artesanías y los valores de la comunidad del lugar.  Cinco años después, la directora de Matriarca busca promover y comercializar el arte de ésta y otras comunidades del norte argentino, conectando a los artesanos con el mercado nacional e internacional.

“Paula empezó a dilucidar la necesidad que tenían estos colectivos de difundir el valor cultural que tienen sus producciones y sus materias primas increíbles −cuenta Weber desde una silla artesanal en el showroom de Matriarca, en CABA−. Se fue acercando a las comunidades, hizo su propuesta y soñó con ser parte de un sueño más grande en el que hoy están involucrados el INTA, el INTI y la Secretaría de Producción de las provincias, pero sobre todo las cooperativas de mujeres artesanas como la Comar que preside Norma Rodríguez y que nuclea a doce comunidades de distintos grupos étnicos de Chaco y Formosa”.

En el Gran Chaco Sudamericano Matriarca integra un programa llamado “El futuro está en el Monte” que busca valorizar el monte nativo para que las comunidades más aisladas, puedan desarrollarse y tener una mejora sostenible. Matriarca trabaja en el ámbito de la artesanía, mientras que otros proyectos trabajan sobre la forestación, la ganadería y la apicultura, todos con el fin de promover el desarrollo local.

Alrededor de Weber, en el lugar donde transcurre la charla asoman los animalitos que tejen las mujeres quom lec, el tejido de chaguar de las mujeres wichi, las escarapelas hechas en chaguar y la cestería pilagá, y desde la marca cuentan que en las comunidades impactó el proyecto Samsung que llevó tecnología y ayudó a capacitarse a los habitantes para que puedan mejorar sus redes de comunicación.

“Ahora podemos hacer las reuniones o los acuerdos de precio o tiempos de entrega con las mujeres también por whatsapp o por Skype”, cuenta Weber y recuerda que, en diciembre pasado, Marina Gómez, otra de las integrantes del colectivo, viajó al norte con el diseñador Marcelo Senra para ser parte de una experiencia de capacitación e intercambio; un taller que aportó aires de innovación a la producción de las artesanas y las ayudó a aprender del cuidado en los detalles para poner en valor su arte y algo más: lograr que sus prendas se vean impecables.

“Pero hay que ver todo lo que nos enseñan ellos a nosotros en cada viaje”, aclara y se entusiasma cuando habla de la sabiduría de las mujeres mayores del lugar y cómo las más jóvenes se fueron interesando por la creación de una artesanía con recursos nuevos, que las animan a hacer productos aggiornados al gusto urbano y contemporáneo.

En todas las comunidades, desde Matriarca está el deseo de que las mujeres puedan independizarse y empoderarse para salir de sus rutinas en los hogares, tener un oficio propio y desarrollar su capacidad como artesanas y su capacidad de liderazgo. Además, juntándose se sienten más acompañadas, pueden compartir lo que les pasa con los hijos, los desafíos diarios, y mejorar su producción. “Matriarca busca tender un puente para que el arte de estas mujeres sea valorado y se pueda mostrar y exhibir en su mejor expresión, pero somos una empresa, no una ONG y apostamos al desarrollo comercial de estos productos… Nos gusta cuando alguien viene y nos dice qué lindo, pero sobre todo cuando se toma el tiempo de observar y entender el proceso que conlleva cada pieza o prenda, que los dibujos que aparecen, por ejemplo, se inspiran en los animales y en los elementos del lugar; darles el valor que merecen”.

Con las artesanas, Luisa Weber dice aprender también otros valores: el valor del tiempo, el poder de la escucha y el respeto por los tiempos de la naturaleza que ellos aprecian y veneran, porque su trabajo depende de las bondades del monte, la fauna y el clima local. “Por todo esto nos gustaría que la artesanía tuviera un reconocimiento mayor a nivel local e internacional, y nos alegra saber que el tema se empieza a poner en agenda a nivel gubernamental para darle un lugar de mayor prestigio. Si tomamos los casos de Colombia, Chile, Guatemala o India, ellos lograron proyectar sus productos con identidad al mundo. Sabemos que lo están considerando y que el camino está dado para que se pueda dar a conocer en mayor profundidad y para que el arte argentino, estos productos bellos y útiles para los consumidores urbanos, por fin estén de moda”.

Para más datos:

Matriarca queda en Bonpland 1970, PB 6 Palermo, CABA.  www.matriarca.com.ar. Facebook: Matriarca Instagram: matriarca.artenativo

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