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Artes

22 agosto, 2018

Mastercraft: honrar el don

La vuelta a los oficios y al trabajo artesanal es tendencia en el mundo entero. Luján Cambariere, especialista en diseño y artesanía, lleva tiempo investigando un movimiento que prioriza el aprendizaje a través del cuerpo y abre paso a un tipo de inteligencia que se activa cuando las manos entran en movimiento.


Por Agustina Rabaini. Fotos: Victoria Chiopetto con producción de Jorge León. 

“Hacer, del latín facere, quiere decir producir algo, darle el primer ser. Por eso me animo a repetirles mi mantra: ‘Que la inteligencia pase de las manos a la cabeza’. ‘Que nuestro hacer revele nuestra alma'”.

Las palabras de la especialista en diseño y artesanía Luján Cambariere nos invitan a sumergirnos en su segundo libro, Mastercraft (Grijalbo) y vale la pena abrirlo y empezar a recorrer sus páginas para descubrir la dimensión espiritual del trabajo manual a la que hace referencia al hablar, o cómo, en sus propias palabras, “el alma humana se revela en el don de hacer y de ser”. Desde esa manera de estar en el mundo que promueve en cada actividad, lleva tiempo contagiando a otros a poner manos a la obra e incursionar en técnicas y saberes ancestrales. ¿El plus? Una vuelta de tuerca y una puesta en valor de objetos y obras que surgen de su mirada curatorial contemporánea.

“Si pienso en el don de hacer y de ser igual vuelvo hacia atrás y recuerdo a mi abuelo Juan, un gran bandoneonista, el mago del bandoneón, que iba por la vida con una sonrisa y que era tan dichoso con lo que hacía que irradiaba felicidad”, cuenta esta mujer que actualmente dirige el espacio de Ático de Diseño, en Tigre.

“De la quietud nace la inspiración y del movimiento surge la creatividad”.

Meditación activa

“Cuando conectamos con la quietud interna y vamos más allá de nuestras ajetreadas y cansadas mentes, nos dejamos caer literalmente, descansamos en la paz del momento presente. Perdiendo aparentemente el control, del tiempo, las obligaciones, el deber ser, la productividad… llegan la serenidad y el eje. Y curiosamente, o no, uno se vuelve muchísimo más eficaz, asertivo y hasta productivo porque a través de este otro tipo de inteligencia, mente y cuerpo se unen y regeneran.
Es así, que frente a los males que aquejan al mundo moderno, mucho se promociona la meditación para acallar los imperativos de la mente y el ego y escuchar lo esencial. Pero esta práctica no suele ser tan sencilla. Por el contrario, al don de hacer con las manos, se llega de modo absolutamente simple y natural.
Meditación activa se llama en la actualidad a esta actividad que genera un probado estado de bienestar y felicidad, pero en movimiento. Experimentando, haciendo, sintiendo”, explica en la introducción del libro.

En 2017, Luján publicó El alma de los objetos (Paidós). “Es que el trabajo con las manos relaja y sana –continúa-.  Siento que a mi don lo tengo de mi abuelo y puedo decir por experiencia propia que cuando amás lo que hacés, podés tener problemas, pero todo se ecualiza. Es tan sano poder tener esa posibilidad”, agradece mientras no para de mover las manos y de saludar a las alumnas que se acercan a su escuela cerca del río; un lugar de formación donde se aprenden muchas de las técnicas que ahora aparecen en el libro, es decir, los secretos y el paso a paso del shibori, la cianotipia, el paper cut y otras técnicas dentro de una zona de creación que ha dado en llamar “neo craft”.

–¿Qué te llevó a escribir este segundo libro?

–De chica fui siempre más por el lado de lo intelectual y me gustaba leer y escribir. Por eso, cuando elegí mi carrera me incliné por la comunicación. Tuvo que pasar tiempo para que valorara el deporte o el disfrute con el baile, que me encanta, y dejarme llevar por el cuerpo. Más adelante descubrí el trabajo con las manos. En los últimos quince años pude trabajar paralelamente en diseño y periodismo, y así descubrí no solo que las dos áreas me fascinaban sino que se complementaban y me hacían bien.

–En algunos ámbitos más intelectuales llega menospreciarse el trabajo con las manos…  

–Sí, por eso yo quiero reivindicarlo y transmitir que este tipo de actividades otorgan otro tipo de inteligencia y sumergen al que las hace en momentos súper creativos e intuitivos. En el libro quise que hubiera distintos materiales, un poco de todo, desde estampa, que son lindas y fáciles de hacer, hasta textil, madera, metales, y diseño de lámparas a partir de un workshop que hice sobre luminarias. Además de los textos, contenidos y los tutoriales, quería asesorar también acercar de cómo ubicar o mostrar el objeto final en la casa, la idea es que los materiales estén al alcance de la mano o sean reutilizables y que puedan aplicar las técnicas en el día a día de la casa.

¿Qué balance hacés hasta aquí de la experiencia en tu escuela, Ático de diseño?

–Ático me da pura felicidad porque durante años tuve talleres para diseñadores industriales, pero con este espacio pude democratizar mi trabajo y llegar a una mayor cantidad de gente, abrirlo a personas que no son especialistas. Como curadora, convoco a los diseñadores y juntos armamos propuestas para todo el año. Busco hacer propuestas que tengan un distintivo y en todos los casos el mensaje es el mismo y está dicho en el libro. La idea más importante en relación a volver al craft, es la de rescatarse. Recuperar lo humano, al ser, el alma de los procesos y las cosas, pero fundamentalmente de nosotros, las personas.

Trabajar con las manos

Por Luján Cambariere

“Hay un saber más intuitivo, visceral, que surge en esa danza que bailan las manos cuando cosen, bordan, tejen, hilan, tallan. Y que se relaciona, despliega y gesta, como en un juego de naipes o más gráfico aún, caída de dominó, todo otro tipo de relaciones y experiencias ligadas al bienestar, la salud, la creatividad, otro manejo del tiempo que en definitiva hacen a la mayor aspiración universal: la felicidad.  

Volver a conectar con el trabajo manual, los oficios y los saberes ancestrales que exigen de nuestra presencia –el anhelado aquí y ahora-, disfrutando de la propia experimentación y experiencia, del proceso y del camino más que de la meta, genera un estado de felicidad y alegría que definitivamente no se consigue con otras actividades. Y mucho menos con la enajenación y falta de contacto con uno mismo y la materia que producen las nuevas tecnologías y las redes, el paradigma que domina estos tiempos.

Está probado y es casi una obviedad, que la dinámica frenética, por ejemplo, de los dispositivos móviles genera muchas veces insatisfacción y ansiedad, altas dosis de tensión y estrés. Enfermedades psíquicas y hasta físicas como atrofias en las manos y dedos y contracturas de espalda. Hasta se ha modificado nuestra escritura, las forma en que escribimos ya que no la ejercitamos de un modo convencional, a través de la sensual danza del lápiz y el papel.

Por el contrario, volver al trabajo con las manos, nos conecta con todos los sentidos y con nuestro ser más esencial. Otras voces empiezan a aflorar y el trabajo no sólo produce resultados materiales, sino una gran riqueza espiritual”.

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