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21 noviembre, 2016 | Por

MARWAN: “Si mostráramos más los sentimientos, y menos los dientes, nos entenderíamos mejor”

Desde que su video “Compañeras” se viralizó y se convirtió en un fenómeno en nuestra página de Facebook, quisimos conocer mejor a este cantautor y poeta que, desde España, demuestra talento a la hora de tocar la cuerda de las emociones.


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“Soy Marwan, se dice Marwan –aclara, acentuando la segunda a–. Vengo de padre palestino y madre española, de familias muy humildes, pero muy buena gente, y he consagrado mi vida a hacer poemas y canciones, y a tratar de hacer el bien en la medida de lo posible”. Así se presenta, a través de Skype, el cantautor y poeta español Marwan Abu-Tahoun Recio, pocos meses después del aluvión de comentarios y Me gusta que causó en la fan page de Sophia en Facebook la publicación de su videopoema “Compañeras”. Tuvo casi 6 millones de reproducciones y fue compartido 197.553 veces: hasta hoy, las cifras de lo que generó aquel posteo no han parado de crecer.

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Quisimos descubrir qué había detrás del autor de esas palabras y de esas imágenes que tanto conmovieron en la Red, y lo que descubrimos fue a un hombre que se describió así, con esa sencillez apabullante.

“Lo mejor que puede hacer un hombre cuando ve a una mujer besar a su hijo, cuando ve a una mujer romperle la cara al invierno y partirse la espalda por el resto es apartarse, observar atentamente, ponerse en pie. Decía Escandar que mirara donde mirara solo veía mujeres luchando. Mujeres cargando, mujeres abriendo, mujeres curando. Madres que se crujen el alma agachándose para quitar las piedras que le salieron a tu camino, para que yo no tropiece”. Las primeras frases del poema “Compañeras” se oyen recitadas por su autor, que lo reza con voz en off, mientras en la pantalla se suceden imágenes de mujeres de todas las edades llevando a cabo distintas acciones, acompañadas por una bella sinfonía interpretada al piano. Con todo, el videopoema no es un homenaje a ninguna mujer en particular, sino, quizás, a todas.

“Es un poema que, desde que lo hice, tocó mucho a la gente. Me acuerdo de que lo escribí de una sentada, en julio de 2014. Tenía miedo, porque no sabía si daba una imagen un poco débil sobre la mujer. Se lo enseñé a mi chica y me dijo que quizá sí, pero luego se lo enseñé a mi madre y se emocionó muchísimo. Y dije: ‘Si a mi madre le gusta, esto está bien’. Es un texto que me emociona mucho leer. Es uno de mis poemas favoritos”.

–¿Te inspiraste en alguien en particular?

–No. Más que en una mujer en particular, me inspiré en el maltrato invisible que siento que la mujer sufre en la sociedad occidental. Criticamos el tema del burka y muchos maltratos que sufren en otras sociedades, pero lo cierto es que en la sociedad occidental, aunque la mujer está mucho más dentro del sistema laboral y a priori hay igualdad de derechos, luego esos derechos están más en la ley que en la realidad. Además me conmueve ver cómo la publicidad machaca a las mujeres: para ser una buena mujer hay que ser, como decimos aquí, un pivón brutal, despampanante. Incluso para muchas revistas de mujeres, en las que siento que del principio a la mitad de la revista intentan elevarle la autoestima hasta límites insospechados, y de la mitad hasta el final, se la hunden diciéndole cómo hay que ser exactamente, siguiendo unos determinados cánones de belleza o comprando ciertos productos.

“He consagrado mi vida a hacer poemas y canciones, y a tratar de hacer el bien en todo lo posible”.

–El poema no cae en golpes bajos ni en el enfrentamiento de géneros. ¿Lo abordaste así de manera intuitiva?

–Vivimos en un mundo donde para prestigiar algo, se trata de desprestigiar lo contrario. Yo busco la conciliación, por encima de todo. Hombre y mujer no son contrarios, son complementarios, coexisten. Creo que, de resaltar las diferencias, debemos hacerlo para bien; por eso lo escribí desde este lugar. Si seguimos fomentando el enfrentamiento y viviendo dentro de nuestro ego, tratando de dominar al otro, no estamos haciendo otra cosa que incrementar la locura de este mundo. Por eso, trato siempre de hacerlo desde una perspectiva del razonamiento y desde el corazón. Creo que desde ahí nadie se va a sentir agraviado.

Marwan lleva dieciséis años de carrera como cantautor. Tiene cinco discos editados en forma independiente y una masa de seguidores por las redes sociales. Compartió escenario con artistas como Ismael Serrano y Jorge Drexler, y una periodista española, en el diario El Mundo, ha llegado a escribir de él: “El Serrat de hoy se llama Marwan”. En la Argentina, adonde ya ha venido siete veces, y el resto de América latina, también tiene público cautivo. Sus libros, ambos editados por Planeta, tanto aquí como en su tierra, también son masivos. En España, La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, el primero de ellos, va por la décima edición y permaneció sesenta semanas entre los títulos de poesía más vendidos. Todos mis futuros son contigo, el segundo, superó los 40.000 ejemplares vendidos. Los textos de Marwan hablan de amor, de desamor, de encuentros, de soledad; también del dolor de los refugiados o del espanto de la guerra, de España o de su madre.

–¿Por qué pensás que tienen esa llegada?

–Creo que responde a que cuentan cosas cotidianas, y que hablan de las emociones, o de cosas que le pasan a cualquiera, de un modo cercano y poético. Pero también porque en España se ha puesto un poco de moda la poesía de ciertos poetas, una poesía clara, de la calle, coloquial, que transmite emociones de un modo sencillo y a la vez profundo. No soy el único; tengo unos cuantos compañeros  a los que también les está yendo bien. 

“La poesía y las canciones son un modo de sentirme acompañado y de contar cosas en las que nos reflejamos”.

–¿Será que necesitamos ese tipo de estímulos?

–Sí, supongo que sí: no solo hablamos del amor, también de la temática social, de nuestra infancia, de nuestros traumas, y yo creo que la gente está ávida de leer cosas en las que pueda sentirse reflejada. A todos nos gustan Joaquín Sabina e Ismael Serrano porque nos cuentan nuestra vida; pues yo aspiro a que mis poemas cuenten eso. Mi búsqueda es utilizar la belleza para hablar de sentimientos y hacerlo de un modo bonito. Más emocionante que eso, hay pocas cosas.

–A propósito del nombre de uno de tus discos, Las cosas que no pude responder, ¿la poesía y las  canciones para vos son una manera de encontrar respuestas?

–Sí, la psicoterapia también me ha ayudado mucho, pero incluso lo que aprendo en psicoterapia lo acabo volcando en forma de poema. Siempre ha sido un mecanismo a través del cual encontrar belleza en cualquier faceta de mi vida, incluso en emociones feas. Cosas como que te rompan el corazón, o la falta de autoestima, o estar pasando un mal momento, o la muerte de un ser querido pueden ser convertidas en canción o en poema. Es un modo de sentirme acompañado por la gente, de contar cosas en las que me veo reflejado y donde el otro se ve reflejado, es un modo de compartir y, sobre todo, es un modo de expresión.

–Tu poema “El tesoro” habla de una búsqueda interna y de “dar con uno mismo”. ¿Cómo conseguís dar con vos mismo cuando la fama y el dinero lo vuelven todo más vertiginoso?

–Mi padre es un refugiado palestino, y mi madre también viene de una familia muy humilde. Han sido un ejemplo. Mi hermano, mi novia y mis amigos se ponen contentos porque me vaya bien, pero les da absolutamente igual mi fama, y eso está muy bien. Todo esto me ha pillado a una edad –ya tengo 37 años– en la que ya no estoy tan joven. Si me hubiese pillado hace doce años, no habría sido lo mismo, es difícil de gestionar este tipo de cosas, a cualquiera se le puede ir la cabeza con el ego, con el éxito o con el dinero, como dices tú. Pero cuando me salgo de mi camino, siempre hay gente que me lo dice y también me ayuda.

–A veces, entre los varones, tiene mala prensa hablar de las emociones. ¿Cómo es en tu caso?

–No me importa nada. Todos los hombres buscamos el amor; lo que pasa es que a muchos les cuesta mostrarlo. A mí no solo no me da vergüenza, sino que lo hago con orgullo, porque creo que esto convierte a las personas en mejores. Si la gente sacara más sus sentimientos, y menos los dientes, nos entenderíamos mejor. Siempre he estado muy cerquita de mis emociones, solo que ahora, por suerte, las voy entendiendo.

Mirá el video de Marwan, el homenaje a todas las mujeres que se convirtió en un himno contra la violencia:

 

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