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29 marzo, 2019

María Zambrano: filosofía de vida

Nacida en el pueblo andaluz de Vélez, en Málaga, esta pensadora libre y de mente lúcida y poética es recordada como una de las filósofas más importantes del siglo XX. ¿Te gustaría descubrirla?


Por Soledad Costantini

Ella era la vida misma”, decían sus amigos sobre María Zambrano, notable filósofa y ensayista andaluza (1904-1991) que llenó su vida de estudio y reflexión dejándonos una obra fundamental, capaz de revolucionar el pensamiento.

«La luz del pensamiento filosófico no es la luz viviente del sol, sino la claridad, principio de la vida según Platón, el teólogo de esta luz«.

María Zambrano

La obra de María Zambrano resulta, de principio a fin, una indagación espiritual y filosófica acerca del alma perdida en Occidente. A lo largo de su vida, se destacó por escritos que sorprendían por su originalidad y fuerza poética.

Discípula de Ortega y Gasset, Zubiri y García Morente, se la recuerda por haber sido la única mujer en ser aceptada en las tertulias del Pombo organizadas por Gómez de la Serna y por ser la primera en recibir el Premio Cervantes, además de obtener el Príncipe de Asturias en 1981.

Hoja de ruta

María Zambrano ejerció como profesora de Metafísica en la Universidad Central de Madrid, el mismo lugar donde había cursado sus estudios, y en 1939, por razones políticas, partió a un largo exilio de más de cuatro décadas. Durante esos años, vivió en Cuba, México, Italia, Francia y Suiza, un tiempo junto a su marido y luego, ya separada, con su hermana Araceli.

Muchas son las anécdotas de los años mexicanos de la autora en los que, mientras dictaba clases de Filosofía en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo de Morelia, se codeaba con autores como Octavio Paz, quien dijo: “Poesía y filosofía son actividades autónomas, pero que tienen corredores y pasajes secretos por los que algunos pasan… uno de esos privilegiados, uno de esos videntes, ha sido María Zambrano”.

En ese tiempo, la filósofa tuvo un período de intensa actividad literaria y publicó Pensamiento y poesía en la vida española y Filosofía y poesía. A la hora de rescatar su aporte para acercar culturas y mundos, Sergio Pitol sostuvo que “ella fue uno de los nuevos puentes que se establecieron, después de una larga ruptura, entre las sensibilidades mexicana y española”, para agregar que “tanto ella como Alfonso Reyes fueron dialogantes ideales para subsanar viejas heridas y eliminar viejas asperezas y establecer un tono nuevo”.

Luego de pasar por la Universidad de Puerto Rico, en 1946, la ensayista viajó a París, donde conoció a la intelectualidad francesa (Albert Camus, Malraux, Simone de Beauvoir, Sartre y René Char, entre otros). De 1948 a 1953, vivió en La Habana y luego se mudó a Roma, donde escribió obras como El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo, y Persona y democracia.

En Italia entabló relación con los intelectuales Elena Croce y Victoria Guerrini, y con sus compatriotas exiliados: Ramón Gaya, Rafael Alberti y Jorge Guillén. Finalmente, en 1964, abandonó Roma para instalarse en Francia en la casa de campo La Piéce, junto a un bosque.

Fue en esos años de vida de retiro en compañía de su hermana Araceli –y veintisiete gatos– cuando la propuesta filosófica de Zambrano adquirió el tono místico que reflejan las obras Claros del bosque y De la Aurora. En María Zambrano. Desde la sombra llameante, Clara Janés rescata sus líneas: “Y el hombre, ¿no es acaso también una caja de música? Mientras vive se puede oír su corazón”. De ahí que parte del libro se titule “La metáfora del corazón”, órgano de nuestro cuerpo que –en palabras de Zambrano– está a punto de romper a hablar”.

«Cuando me di cuenta de que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo que sigo llamando, la filosofía».

María Zambrano

Luego de una vida errante que la llevó a sufrir penurias económicas, en 1984 Zambrano regresó a España, donde vivió hasta su muerte, en 1991.

Años antes, en una entrevista con el diario El País, en 1984, ante la pregunta de cómo había mantenido en el exilio la capacidad de crear, contó: “Quizá la capacidad de crear se dé mejor en un desierto, en un exilio. La creación proviene de la revelación y las revelaciones se han dado siempre en el desierto (…) Yo creo que eso va en la capacidad o en esa riqueza que se paga también, todo se paga, para que se consiga una especie de desierto de soledad sin nombre; y esa soledad aparece quizá en los momentos en que se tiene todo, como también sucede que en el momento en que todo es desagradable llega una onda de felicidad”.

Finalmente, en a modo de autobiografía, María Zambrano quiso ponerle palabras a su elección de vida, a su poesía de la razón: “¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser centinela, porque cerca de mi casa se oía llamarse y responderse ‘Centinela alerta’, ‘Alerta está’. Y así yo quería ser un centinela de noche. Y entonces yo volvía a preguntar si las mujeres podían ser soldados solamente para ser centinela. Y mi padre que no, que no podía ser. Y así cuando me di cuenta de que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo que sigo llamando, la filosofía”.

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