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Género

4 septiembre, 2018

Maluma, tres pasos atrás

El último video del popularísimo cantante colombiano volvió a encender la polémica por su contenido, que fue tildado de machista desde distintos ámbitos. Consultamos a especialistas en medios de comunicación para entender qué representan las escenas de la canción Mala Mía en tiempos en que se buscan derribar los estereotipos patriarcales.


Foto: Instagram.

Volvió a ocurrir. El cantante y compositor Maluma, uno de las más populares artistas de reguetón y trap de América latina, levantó, hace unos días, el polvo de la polémica: su último single, Mala Mía, fue promocionado con una imagen en la que se lo ve en una cama rodeado de mujeres en ropa interior. Las voces feministas se alzaron de inmediato en su contra y se hicieron oír rápidamente a través de los medios y las redes, tanto como los halagos y las manifestaciones de afecto hacia este colombiano de 24 años.

Con más de sesenta millones de vistas, el video oficial de la canción empieza con un paneo de chicas durmiendo en sillones, en el piso y entrelazadas entre sí en una inmensa cama en cuyo centro duerme el muchacho. El argumento consiste en que el cantante, luego de una noche de fiesta, es despertado por su equipo de producción, que lo va a buscar por la mañana para una jornada de rodaje. El hombre, con dificultad, despierta luego de varios timbrazos, abre los ojos, mira a las chicas alrededor y sonríe, luego se levanta para abrir la puerta esquivando muchachas delgadas, algunas de pechos voluptuosos, pieles doradas, cabellos moldeados. El clip incluye, también, escenas donde se ve, por ejemplo, al artista manejando un auto de alta gama descapotable, al artista dándoles de beber bebidas blancas a las mujeres del pico de una botella, al artista bailando en una pileta acompañado de las damas en bikini. Primeros planos de colas, de caderas, de piernas y bustos. Todo es fiesta y alegría, no hay llantos, disturbios, ni violencia física. Sin embargo, el músico que recibió la bendición de Madonna en la entrega de los Premios MTV Video Music Awards 2018, volvió a recibir una lluvia de críticas que argüían que el contenido del video era machista.

“La mujer no es un instrumento del hombre y no hay que utilizarla y menos denigrarla como tal”, “Lo más misógino y asqueroso del planeta”, “No entiendo cómo la gente puede tolerar este comportamiento hoy en día. Deberías buscar una manera más inteligente de hacerte famoso”. Con frases como estas, gran parte del público (tal vez no sus seguidores), dejaron bien claro, en este caso en su cuenta de Instagram, que el contenido del video no se muestra acorde al clima de época que  busca cuestionar los modelos patriarcales, empoderar a las mujeres y alcanzar la igualdad de derechos. Entonces surge la pregunta: Este tipo de manifestaciones artísticas, ¿retrasan? ¿Son un paso para atrás en los avances que se han dado en la sociedad en materia de feminismo o son también un retrato del presente? ¿Hay varias aristas desde las cuales analizar el contenido o solo puede ser estudiado desde una única perspectiva? Y además, ¿cuánto hay de provocación?

Para responder a esas preguntas, Sophia convocó a mujeres que, desde hace tiempo, estudian a los contenidos de los medios de comunicación y los tamizan con ojo crítico para separar lo superficial de lo profundo y descubrir qué dicen más allá de lo que nos dicen.

Dónde empiezan o dónde se gestan los mensajes es una de las primeras preguntas que se hace Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales y autora del libro Política pop: de líderes populistas a telepresidentes (Paidós, 2016). Ella analiza la cuestión y dice: “Cada generación trata de escandalizar a la anterior porque es la forma más directa de diferenciarse. Si los hippies de los setenta hablaban de la liberación sexual y Madonna fue más lejos en los ochenta al fusionar pop con erotismo, las músicas de estos tiempos superan todo eso al celebrar el sexo explícitamente al ritmo del hip hop, la cumbia o el reguetón. Ese desenfado no es muy distinto al que los jóvenes despliegan en la calle o en los boliches, y en la libertad que exigen para vestir y mostrar sus cuerpos sin restricciones, como delatan los mohines y posturas en sus cuentas de Instagram o en sus actividades de Tinder. Cómo saber qué copia la música y qué copia la vida”.

Foto: captura Youtube.

Maluma, que es el seudónimo de Juan Luis Londoño Arias, ya había encendido la polémica con su canción Cuatro babies, en la que se lo oye cantar: “Estoy enamorado de cuatro babies / Siempre me dan lo que quiero / Chingan cuando yo les digo / Ninguna me pone pero”. En  el video clip de Mala Mía, vuelve a provocar a la audiencia con la escena de un hombre rodeado de un grupo de chicas bellas, jóvenes y en ropa interior. “Allí vemos a mujeres cosificadas y sexualizadas, a un varón en un rol activo mientras que a ellas las vemos en una situación que no podemos develar: no sabemos si están dormidas o narcotizadas. Son mujeres con cuerpos que encarnan el estándar de belleza, dispuestas a acudir a las necesidades del hombre, que además tiene acceso a sus cuerpos”, dice Lala Pasquinelli, creadora de Mujeres que no fueron tapa, un proyecto que pretende mostrar los estereotipos reproducidos por los medios y desnaturalizarlos.

Jorgelina Albano es mentora del proyecto Alabadas, una serie de videos online con testimonios de mujeres de distintos ámbitos que, a través de relatos personales, buscan desafiar las creencias que mujeres y hombres han construido sobre lo que significa ser mujer. Desde su punto de vista, “el video alimenta la noción del patriarcado y del hombre como rey, de la mujer mirando siempre al hombre, rindiéndole pleitesía. A ella la muestra como objeto sexual, con un estereotipo de flacura y en pose sexy. Reafirma la idea de que la potencia del macho se da por su fortaleza sexual, donde está puesta su autoestima. Todas representaciones que retrasan, porque justamente es lo que, como sociedad, estamos tratando de revertir”.

¿Qué pasa con la figura del varón protagonista? ¿Qué modelo encarna Maluma mientras canta “Aquí estoy yo, yo para darte lo que tú quieras beber”? Adriana Amado retoma la pregunta de cómo saber qué copia la música y qué copia la vida, y reflexiona: “Los videos de Maluma responden, a primera vista, a esta estética desenfadada de los tiempos, pero desde una mirada más detenida se revelan bastante conservadores en el modelo de la masculinidad que el cantante elige para sus canciones y para dramatizarlas. El macho potente, rodeado de lujos y símbolos de poder como autos caros y joyas excesivas. Y con una sexualidad crecientemente exagerada, que pasó de Felices los cuatro al harem que despliega en el video de Mala mía”. Para Amado, este estereotipo del poder masculino puede parecer más ventajoso que el de la mujer objeto. “Pero es su contracara -dice-. Y es poco probable desarmar los mandatos femeninos que nos atan al pasado sin cuestionar los preceptos masculinos de los que dependen. Pero también porque ese modelo de masculinidad es una carga pesada, que impone exigencias desmesuradas en cuanto a poder, dinero y sexo que resultan a la mayoría de los hombres tan inalcanzables como son los cánones de belleza y disponibilidad que esas estéticas nos proponen a las mujeres”.

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