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Sociedad

12 Julio, 2017

Macroeconomía: claves para decidir mejor

La economía no es más una disciplina reservada a los académicos y a los empresarios; incide en nuestra vida diaria y en las decisiones que tomamos. Por eso, es importante comprender conceptos básicos y así poder leer las fuerzas que mueven el mundo. El rol de las mujeres y las expectativas para 2017.


Por Mónica Yemayel. Ilustración: Mónica Andino.

¿Recuerdan el eslogan de la publicidad de Virginia Slim? “Has recorrido un largo camino, muchacha”. Eran los años setenta y la frase quedó grabada en el imaginario femenino con fuerza reivindicatoria. Aquellos largos y finísimos cigarrillos asomaban a la mujer a un mundo reservado para hombres. Medio siglo después, los especialistas coinciden en afirmar que, si de economía y finanzas se trata, todavía tenemos por delante un largo trecho por andar.

María Laura Tramezzani –directora ejecutiva de AdCap, ex ejecutiva del banco JP Morgan y experta en administración de inversiones– dice que “la actitud de los hombres en contraposición a la de las mujeres es bien diferente. Los hombres difícilmente dicen: ‘De eso no entiendo. ¿Me lo podés explicar?’. Pareciera que decir ‘no sé’ los hiciera menos poderosos, más vulnerables. Paradójicamente, las mujeres argentinas no dejan de preguntar y se animan a repetir ‘no entiendo’ las veces que haga falta”. Sin embargo, esa valentía no tiene su correlato a la hora de tomar las decisiones. Quien dice en qué invertir el dinero es el hombre de la casa. “Lo insólito es que ese comportamiento aún persiste en las mujeres jóvenes, que siguen delegando en los maridos la administración de la liquidez”.

Las que se ocupan de su dinero son minoría y suelen tener una conducta tan conservadora como la mayoría de los argentinos. La especialista opina que el perfil del inversor en nuestro país está íntimamente ligado al contexto político y macroeconómico, y agrega: “Los argentinos asumen tanto riesgo con sus propias vidas que, a medida que adquieren capacidad de ahorro, buscan que la inversión compense el riesgo y preserve la riqueza construida. De ahí que ‘los ladrillos’ sean el activo más popular donde refugiarse, sacrificando disponibilidad para otras inversiones más rentables”.

“Lo insólito es que ese comportamiento aún persiste en las mujeres jóvenes, que siguen delegando en los maridos la administración de la liquidez”, María Laura Tramezzani.

Un fantasma siempre al acecho es el temor a tomar decisiones erróneas. ¿Pero acaso los hombres no se equivocan? Una crónica visual, publicada en el blog Brokers with hands on their faces, los muestra –a ellos– sumidos en la desesperación frente a un crac de mercado. En la muestra fotográfica, que data de 2008, las mujeres se cuentan con los dedos de una mano. Primera conclusión: la participación femenina en el mundo del dinero era muy baja. Una década después, aunque sigan siendo minoría, la sensación empieza a cambiar y las mujeres se interesan más, participan y lo hacen muy bien. Segunda conclusión: los hombres no son infalibles. Aquellas fotografías, que merecieron una nota en The New York Times, eran el resultado de la crisis internacional que comenzaba a expandir sobre la economía mundial los efectos nocivos de los llamados “activos tóxicos” –en su origen, hipotecas sin respaldo suficiente– que se habían comercializado a uno y otro lado del océano Atlántico en un entorno de exacerbada globalización.

Por estos días, el mundo tiembla al revés. Y algunos ya hablan del comienzo de una nueva era política con consecuencias económicas aún difíciles de prever: la “des-globalización”. Los líderes políticos necesitan mostrar resultados: hacer crecer la economía y el empleo. Deben, imperativamente, satisfacer las demandas de ciudadanos con una tolerancia cada vez menor a medidas que reducen sus ingresos. Sin embargo, la estrategia para el éxito –que antes tenía como principio fundamental el comercio internacional y la libre circulación de los capitales y las fuerzas laborales entre distintos países– parece tomar otro rumbo en las principales potencias y girar hacia un proteccionismo que era inimaginable meses atrás.  Pocos previeron la salida de Inglaterra de la Unión Europea (el Brexit) y pocos previeron el triunfo de Donald Trump. “Cisnes negros”, explicaron los analistas: eventos altamente improbables que, de tan potentes y cruciales, son capaces de modificar el modo en que podía ser imaginado el futuro del mundo. El abrumador deterioro de Brasil –sumido en tensiones políticas y económicas después de la salida de Dilma Rousseff del gobierno–, más la desaceleración del consumo de la gran aspiradora China, completan las piezas de un rompecabezas internacional perturbador.

A la espera de nuevos consensos, la estrategia de los agentes económicos suele ser “Wait and see”, esperar y ver, dicen. Hasta que fluya mayor y mejor información y se pueda predecir con cierto grado de acierto el escenario de los próximos años. ¿Hacia dónde irá Trump? Y el resto del mundo ¿cómo responderá?

“No me apuraría a tomar ninguna decisión –dice el experto en mercado de capitales Claudio Zucovichi–. El mundo está recalculando su situación: Brexit, Trump, Le Pen… Si de algo estoy seguro es de que las cosas van a ser diferentes el próximo año. Entonces, no me arriesgaría a posicionarme en inversiones de más largo plazo o que impliquen un riesgo que hoy no se puede cuantificar”. Sin señales consistentes, muchos optan por una estrategia defensiva que llaman fly to quality: venden activos de riesgo y alta volatilidad de precios, y compran activos de máxima calidad crediticia que suponen un riesgo menor: los llamados “activos refugio”. Por ejemplo, venden acciones, que suelen variar de precio según las expectativas de ganancias de las empresas, y el problema es que, cuando no se puede predecir con claridad el rumbo de la economía, el precio sube y baja según la nueva información disponible o los rumores que corren. Entonces “se pasan” de acciones a bonos soberanos. Cambian de estrategia, se refugian del riesgo. Dejan de ser socios de una empresa –por ejemplo, venden sus acciones en YPF o en Apple o en cualquier otra compañía que cotice en la Bolsa– y se convierten en prestamistas de los Estados nacionales. Compran bonos de deuda; los bonos de Estados Unidos son los preferidos por la sencilla razón de que, en toda su historia, no se observa ni un solo incumplimiento de pago.

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¿Y con la economía doméstica cómo andamos?

Saber qué ocurre en el mundo para desentrañar el posible impacto sobre la economía doméstica es una buena manera de ordenar la información. Cuando María Laura Tramezzani llega a su oficina, su equipo ya tiene preparado el view del día: qué está pasando y cuál será la mejor estrategia para posicionar las carteras que administran. “Lo primero que miro es el comportamiento del mercado americano: sigue siendo el que mueve el mundo. El fenómeno político actual tiene una repercusión brutal sobre la política económica. Son tiempos de altísima volatilidad”.

Este tipo de análisis, ir de lo general a lo particular, se denomina top-down. Un efecto cascada que derrama consecuencias de arriba abajo. Qué puede suceder en el mundo, cómo impactará en la Argentina, qué sectores serán favorecidos y cuáles no, cuál será la tendencia del dólar y las tasas de interés, de los precios de las acciones y los bonos del gobierno, y –en ese contexto– qué hacer con el dinero.

Un resumen simplificado de ese universo de indicadores, con sus proyecciones y combinaciones casi infinitas –piensen en un castillo hecho de naipes, o en el efecto mariposa–, señalaría como preocupantes la debilidad de Brasil y China, por ser los principales compradores de las exportaciones argentinas, y el encarecimiento del financiamiento internacional para el sector público y las empresas. Si Estados Unidos crece fuerte, si las tasas de interés siguen subiendo en ese país, explica Tramezzani, los mercados emergentes sentirán el impacto y se volverán más vulnerables. La Argentina podría ser uno de ellos. Aun así es optimista: “Sigue habiendo oportunidades de inversión. Hay activos que tienen valuaciones muy retrasadas si se piensa que la Argentina va a retomar la senda de crecimiento”. Por ahora, las señales de recuperación, los “brotes verdes” de la economía que se esperaba fueran motorizados por las compras e inversiones extranjeras, aparecen demoradas.

Fronteras adentro, el sinceramiento de las variables económicas –dólar, tarifas, subsidios– aún impacta sobre los niveles de inflación y el consumo interno, y pone tensión en un año electoral. No son pocos los que le piden al gobierno una política más dura con una reducción del gasto público más contundente, y no son pocos los que piden lo contrario: más gradualismo en el sendero hacia el equilibrio fiscal. Tomando como ejemplo el tema de las tarifas de los servicios públicos, serían las posiciones antagónicas que dividieron las opiniones a lo largo de la discusión: un ajuste de shock versus un ajuste en etapas.

Podríamos decir que toda esta nube de datos y expectativas termina plasmándose en números concretos que ayudan a tomar decisiones. La fuente más consultada por los especialistas es el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), una encuesta que realiza el Banco Central de la República Argentina. Cada mes, el BCRA publica en su página un puñado de variables que proyectan el futuro económico de 2017: por estos días, se prevé un crecimiento del producto bruto interno del 3%; una inflación del 21% (por encima del 17% previsto por el gobierno) y un dólar en $18,50 a fin de año.

Ahora bien, no todo es rentabilidad. Y las emociones también cuentan. Por eso, a la hora de decidir qué hacer con el dinero, habría que pensar, en primer lugar, en los objetivos del año y el grado de satisfacción que produce alcanzarlos. Si el plan es realizar un viaje, cambiar el auto o remodelar la casa, es posible que ninguna inversión –por más exitosa que sea– compense el bienestar de ver materializado ese deseo.

En cambio, si la intención es preservar una parte de los ingresos para ahorro, o potenciar la renta o ganancia que están generando los ahorros ya existentes, hay que evaluar las alternativas de inversión sin olvidar ni por un instante que rentabilidad y riesgo se mueven en la misma dirección: a mayor rentabilidad esperada, mayor será el riesgo asumido. Si se cambia un plazo fijo por un bono o acciones se puede ganar más, pero también se asume otro nivel de riesgo. No todos los inversores tienen la misma tolerancia ante las oscilaciones de precios –la “volatilidad”– o la potencial pérdida del capital, y no todos están dispuestos a mantener la inversión por la misma cantidad de tiempo.

Inversor, primeros pasos

En la página web de la Comisión Nacional de Valores, el órgano de control del mercado de capitales, se encuentra disponible un test para conocer el perfil del inversor. ¿Cuál es el grado de aversión al riesgo? ¿Alto, moderado, bajo? ¿El dinero puede permanecer inmovilizado en el corto, mediano o largo plazo? Las respuestas permiten elegir las inversiones que mejor se ajustan a una cartera que, en la combinación de riesgo y rentabilidad, sea cómoda para el inversor. Un principio que enfáticamente recomiendan todos los expertos es el de diversificación, algo tan simple como no poner todos los huevos en la misma canasta. Y mutar en forma lenta y progresiva hacia nuevas inversiones. Para quienes quieran pasar a la acción, la recomendación es prudencia, educación financiera y asesoramiento de expertos.

Para hacer el test del perfil de riesgo

www.invertir.gob.ar

Para conocer las proyecciones del “consenso de mercado”, REM

www.bcra.gob.ar

Participantes del REM

www.bcra.gob.ar

Y para quienes estén pensando en encarar un nuevo proyecto –comprar una propiedad, remodelar la casa, cambiar el auto, hacer un viaje, emprender un negocio–, no cuentan con capital propio y estén pensando en pedir un préstamo, la recomendación es que estén alertas porque, en la medida en que la inflación vaya cediendo, el costo de los créditos tenderá a bajar. Para Claudio Zucovichi las tasas todavía están caras y bajarán significativamente a lo largo del año. “Ahora, solo me endeudaría en el corto plazo. Y esperaría un mejor momento. ¿Cuál es? Lo ideal es que la tasa de interés esté por debajo de lo que espero ganar con el microemprendimiento que voy a encarar, o del aumento de precio de lo que voy a comprar con el dinero prestado. Por eso, las nuevas líneas de créditos que lanzó el Banco Nación son una buena alternativa ya que las tasas de interés son menores a la inflación. El especialista prefiere los créditos a tasa variable para que capturen el beneficio de la tendencia bajista que mostrarán a lo largo del año. En la mirada de este hombre de las finanzas, las mujeres nos mostramos cada vez más involucradas en los temas económicos. “Pero creo que el cambio no es una cuestión de género, sino generacional. La sociedad cambió y las mujeres cumplen un rol diferente y eso hace que su participación en el mundo económico-financiero sea más significativa”. Pero atención. “Entre los millonarios jóvenes no hay mujeres. Los Facebook, los Google, los Twitter, todas las nuevas formas de comunicación, están dominadas por hombres. En tecnología la brecha se está abriendo”.  Habrá que estar atentas.

“El cambio no es una cuestión de género, sino generacional. La sociedad cambió y las mujeres cumplen un rol diferente y eso hace que su participación en el mundo económico-financiero sea más significativa”, Claudio Zucovichi.

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