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Mujer y trabajo

25 enero, 2019

Los maravillosos puentes de Lee Franck

Es ingeniera estructural y reparte sus días entre el trabajo en grandes empresas y su tarea dentro de la ONG Bridges to Prosperity, que posibilitó que se levantaran puentes en aldeas rurales aisladas de Panamá y Ruanda.


«Quise estudiar una carrera en la que también pudiera poner en juego la creatividad y la imaginación, algo que la gente pudiera disfrutar. Por eso elegí la ingeniería estructural”.

Con estas palabras, Lee Franck, de 33 años, nacida en Luxemburgo (donde viví hasta que terminé la escuela secundaria), cuenta cómo comenzó su camino hasta graduarse en Suiza primero y unirse más tarde a la prestigiosa International Engineering Consultancy Arup de Londres. En la capital inglesa, se especializó en el diseño de una serie de proyectos fascinantes, desde esculturas y rascacielos hasta puentes, su gran pasión desde entonces.


Mientras vivía en Londres, Lee Franck trabajó en proyectos como la Timber Wave, que presentó en el London Design Festival 2011 y estuvo emplazada en la entrada del Victoria and Albert Museum. 

Mientras vivía en Londres, Lee Franck trabajó en proyectos como la Timber Wave, que presentó en el London Design Festival 2011 y estuvo emplazada en la entrada del Victoria and Albert Museum

Siempre me fascinaron por su elegancia y simbolismo a la hora de crear lazos entre los lugares y las personas. Un día, en 2012, me contaron sobre una ONG llamada Bridges to Prosperity (www.bridgestoprosperity.org) y no lo dudé: comencé a participar de los proyectos de esta organización cuya misión es crear un mundo donde la pobreza que resulta del aislamiento rural no exista más”.

Además de haber construido celebradas obras –como la premiada Timber Wave, que diseñó para el London Design Festival 2011 y que estuvo emplazada frente al Victoria and Albert Museum–, en los últimos cuatro años, Lee recorrió áreas rurales y aldeas del mundo.

Así se fue adentrando en el tema y no solo adquirió conocimientos nuevos, sino que también capacitó a los lugareños para que se levantaran dos puentes: uno en Ruanda, en 2013, y otro Calabase, Panamá, en 2015.

Puentes, para que me encuentres

A través de la experiencia pudo ver con sus propios ojos cómo los puentes en áreas rurales tienen un impacto directo y conmovedor en la vida de las personas.

Ellas nos enseñaron mucho a nosotros también, y es gratificante saber que ahora pueden cruzar de manera segura un río para ir a vender lo que producen a un mercado, asistir a un hospital si están enfermos, o que los chicos puedan llegar a la escuela cuando antes, en época de lluvias, pasaban días sin ir. Sin puentes, algunas aldeas no tienen ninguna posibilidad de prosperar”. 

Inquieta, Lee siguió viajando y, en enero de 2016, decidió dejar Londres para mudarse a Nueva York, donde trabaja desde entonces para la firma Guy Nordenson and Associates. Desde ese otro centro estratégico incomparable, emprendió nuevos desafíos, y sigue con los ojos puestos en el mundo mientras diseña un museo en Estambul y otro dedicado al trabajo de artistas contemporáneos afroamericanos en Harlem.

Además, continúa apoyando el trabajo que Bridges to Prosperity realiza en todo el mundo. “La misión de construir puentes me dio la responsabilidad y a la vez la oportunidad, como ingeniera, de aportar lo mío para crear un mundo mejor”, concluye a orillas del East River, y se despide mientras sigue recordando anécdotas imborrables de sus días en África y en tierras latinoamericanas.

Lee Franck vive actualmente en Nueva York, una ciudad que describe como “inspiradora, intensa, agotadora, y que puede ser incluso frustrante por todo lo que tiene para ofrecer, desde la arquitectura hasta las experiencias culturales y los lugares para pasear y pasar tiempo al aire libre”.

Desde esa ciudad cuenta que a partir del momento en que empezó a trabajar en Nueva York está rodeada de gente talentosa y ambiciosa, lo que la lleva a nuevos desafíos y a explorar sus propios límites. “Vivir un tiempo aquí puede hacerte crecer como persona, siempre y cuando no pierdas la capacidad de detenerte y maravillarte, observar e imaginar, igual que si estuvieras en cualquier lugar de África”.

«Es gratificante saber que ahora pueden cruzar de manera segura un río para ir a vender lo que producen a un mercado, asistir a un hospital si están enfermos, o que los chicos puedan llegar a la escuela cuando antes, en época de lluvias, pasaban días sin ir”. 

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