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Hijos

8 julio, 2008

Los hijos y el pudor. ¿Hasta cuándo estar desnudos?


¿Los hermanos pueden bañarse juntos? ¿Hasta que edad pueden vernos sin ropa? La relación de nuestros hijos con el pudor es un tema que nos llena de dudas. Reflexiones y la opinión de especialistas. Por Isabel Martínez de Campos. Fotos: Getty Images.

A muchos de nosotros nos toma desprevenidos la situación en que un hijo nuestro se acerca y nos dice que quiere ver alguna parte de nuestro cuerpo. Si nos bañamos en familia cuando es bebé, ¿cuál es la edad justa en la que esa práctica ya no es conveniente. ¿Pudor? ¿Sexualidad? ¿Erotismo? Son muchas las cuestiones que entran en juego, porque al tratar estos temas en nuestros hijos, de alguna manera revivimos nuestra propia relación con el cuerpo.

Pocas son las investigaciones sobre la conveniencia o no de mostrarse desnudo frente a los hijos. La mayoría no tiene bases científicas y se sostiene en recuerdos de adultos sobre experiencias de la niñez. Además, son teorías que muchas veces están más atadas a ideologías –como el nudismo o una religión– que a demostraciones empíricas reales.

En 1995, luego de una larga investigación, Paul Okami, el célebre psicólogo de la Universidad de California, llegó a la conclusión de que “los chicos cuyos padres se muestran desnudos con toda naturalidad en casa suelen tener la autoestima más alta, ya que viven su relación con el cuerpo con absoluta naturalidad”. Bonner, otro investigador, asegura que el nudismo de los padres puede provocar confusión en los hijos. Los chicos no saben qué hacer con eso. Es demasiado para ellos. Según el Journal of Pediatrics, una de las publicaciones más respetados en el mundo de la pediatría, “los hijos cuyos padres dan piedra libre a dormir en la misma cama, a bañarse juntos o a mostrarse desnudos suelen tener mayores niveles de conductas sexuales”.

Gordon y Schroeder , dos investigadores de trayectoria, opinan que no hay nada inherentemente malo en bañarse con los chicos o aparecer desnudos frente a ellos. De hecho, esto puede convertirse en la oportunidad de brindar información importante. Pero a partir de los 5 o 6 años, los hijos empiezan a manifestar el sentido del pudor y, por lo tanto, es recomendable empezar a disminuir estas prácticas.

En definitiva, la polémica está centrada en una definición. Para un grupo, la desnudez no es sinónimo de sexualidad; para otros, sí: el cuerpo desnudo puede erotizar.

A la hora de mirar el pasado, existen numerosas obras de arte –de diversas culturas y períodos históricos– que muestran a adultos y niños desnudos juntos con absoluta naturalidad. Estas actitudes han cambiado a lo largo del tiempo. La pornografía infantil es tema de preocupación en nuestros días, incluso en el arte. En mayo de 2008 la policía de Sidney, Australia, levantó una exhibición del fotógrafo Hill Henson donde se mostraban retratos de chicos desnudos. La razón esgrimida fue que existía una sospecha de pornografía infantil.

Obviamente, el asunto tiene muchas aristas. A veces, el tema no es un cuerpo desnudo en sí, sino la carga que tiene para un chico, según la etapa evolutiva que esté viviendo. Estos tiempos de desarrollo son dignos de ser considerados y, sobre todo, respetados, para que nuestros hijos crezcan sanos y felices.

Los tiempos del crecer

En primer lugar, es necesario destacar que cada cultura tiene sus propias costumbres. Para algunos pueblos indígenas, el nudismo es algo natural, y eso no se cuestiona: es cultura y se respeta. “La desnudez es un tema cultural que cada familia resuelve a su manera. En otros países, todos andan desnudos en familia y, como están acostumbrados, nadie se ríe, nadie tiene vergüenza, nadie se incomoda. En nuestro medio, es habitual que las madres no nos mostremos desnudas, aunque los padres se muestran un poco más con sus hijos varones”, dice Maritchu Seitún de Chas.

En ese sentido, es bueno conocer las etapas que los chicos están viviendo: no es lo mismo un bebé que un chico de 6 años. “La sexualidad empieza desde el nacimiento, pero no la erotización. Hasta los 2 años no hay problema en mostrarse desnudos, pero después de esta etapa la desnudez de los padres puede excitar en exceso a los chicos y no es conveniente. Los padres tienen que explicar a los hijos que hay zonas que son privadas de cada uno, que uno tiene que mostrarse de acuerdo con su deseo, pero que no es lo habitual mostrarse como uno vino al mundo, porque cada uno tiene su intimidad y sus momentos personales para la desnudez”, explica Angela Nakab, médica pediatra y secretaria del Comité de Familia y Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Los padres sabemos, y sobre todo las madres, porque son las protagonistas en esta etapa, que en los primeros meses de vida el contacto corporal es fundamental, cuando el bebé todavía no se da cuenta de que es un cuerpo diferenciado de la madre. Son tiempos de arrumacos, de proximidades indispensables. Pero a medida que pasan los meses, las fronteras entre los cuerpos comienzan a dibujarse hasta que quedan establecidas para siempre. Tomar esa distancia es parte de crecer. Sin embargo, la pregunta es ésta: ¿cuál es el grado apropiado de intimidad entre esa madre y ese hijo?

Dicen los expertos que la señal del límite es la incomodidad: de la madre, cuando siente que le resulta incómodo que su hijo de 3 años le quiera meter la mano dentro del corpiño; de la hija, cuando le dice al padre: “Papá, no me mires”, a la típica edad de 6 años, cuando el pudor asoma.

“Es muy habitual que cuando los chicos están en la etapa de amamantamiento le toquen las mamas a la madre; es parte del juego oral. Cuando se supera esta etapa, la madre tiene que poner claramente las normas y decir qué parte del cuerpo se puede tocar y cuál no, de manera cariñosa y amable. Esto se da aproximadamente a partir del año y ocho meses”, dice la especialista.

Los chicos siempre tienen sexualidad; sienten placer ante el tacto desde que nacen. “En cuanto a las caricias, no tienen porque erotizar al niño si son maternales, espontáneas y amorosas. En definitiva, la carga la da el adulto al tocar. Los dos primeros años de los chicos son a través del placer, de la boca, del chupar. Ésta es la manera que tiene el niño de conocer el mundo que lo rodea. Pero a medida que va creciendo, es función del padre y de la madre decir hasta dónde se puede”, insiste la doctora Angela Nakab.

Establecer la diferencia

El primer contacto con el hijo es corporal; es una prolongación de los cuerpos, y sólo cuando se van diferenciando empieza a registrarse la desnudez. “La desnudez tiene que ver con la intimidad, con el propio cuerpo. Algunos espacios se comparten sólo con la pareja y otros ni siquiera con la pareja. La relación desnudez-erotismo-placer entre padres e hijos está vedada. Así como hay caricias que se dejan de hacer, también hay cosas que se dejan de mostrar. Y el exceso se presenta cuando no hay diferenciación, cuando no aparece el pudor, que es el reconocimiento del otro como otro distinto de mí. Cuando falla el límite ante la desnudez, eso puede traer dificultades. Si se trata de fijar una edad en la que los espacios de intimidad ya deben estar incorporados, ésta ronda los 6 o 7 años. No sólo es importante ser fiel al sentimiento de pudor de los adultos. También es pertinente respetar los límites que van expresando los chicos. Cuando comienza el período de latencia, comprendido entre la declinación de la sexualidad infantil y el comienzo de la pubertad (ver recuadros), surge el pudor en el chico; podríamos decir que ya están atravesados por la cultura. Y una de las normas de la cultura impide que la gente ande desnuda delante de todo el mundo… ni siquiera andamos desnudos en nuestra casa. Eso se reproduce ante los chicos. No respetar su intimidad es infantilizarlos, y es una falta de respeto a su crecimiento”, afirma la psicoanalista Cristina de Marco.

Es importante que los padres empiecen a mostrar el límite de lo que es el cuerpo de uno y el cuerpo del otro. Ésta es la mejor manera de abrir la puerta del cuidarse, ser respetado y tener autoestima positiva. “De la misma manera que la madre respeta el cuerpo del hijo, el hijo tiene que respetar el cuerpo de la madre. Se empieza desde que son chiquitos, cuando la mamá le dice ‘ahora te voy a cambiar’, ‘ahora te voy a lavar el pito’, y cuando a medida que van creciendo los va dejando que lo hagan solos. Vale la pena, entonces, que los padres anticipen lo que van haciendo, como pidiendo permiso, porque el cuerpo es personal. Hay padres nudistas que lo consideran normal –son posturas ideológicas–, pero la mayor parte de la sociedad tiene que mostrar el concepto de privacidad dentro de la familia: golpear la puerta para entrar en el cuarto, no interrumpir un momento íntimo. Cuando los padres muestran respeto hacia el espacio personal del otro, el niño lo aprende, y es una manera de prevenir el abuso, el maltrato, el poder de uno sobre otro”, explica Angela Nakab. Según el diccionario la palabra pudor designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Preserva la intimidad de la persona. “Respetemos el pudor y la intimidad de nuestros hijos”, concluye Seitún de Chas.

 

Preguntas frecuentes

1) María tiene 5 años y le dice a su papá que quiere conocer su pene. ¿Qué hacer?

Responde Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres: Considero que no hay que mostrarlo porque lo que la nena quiere es entender algo acerca de la diferencia sexual y esto no se aprende viendo al padre desnudo, ya que su cuerpo es muy diferente del de los varoncitos de su edad; si lo mostrara, se estaría trasgrediendo el respeto por la diferencia generacional y se favorecería un vínculo “demasiado” próximo.

2) ¿Hasta cuándo podemos bañarnos con los chicos en la bañadera?

Responde la psicóloga Maritchu Seitún de Chas: Hasta que aparezcan las risitas curiosas, lo que suele ocurrir a partir de los 2 años. En familias donde el desnudo es habitual esto quizá no suceda nunca. Los órganos sexuales de los padres (que son enormes para los chicos) están justo a la altura de los ojos de los más chiquitos. No hay que horrorizarse si los chicos entran en el baño, pero tampoco favorecerlo. Lo mejor es enseñarles desde chiquitos a golpear puertas y a pedir permiso.

3) Muchos padres se dan besos en la boca con sus hijos. ¿Está bien? ¿Hasta cuándo?

Responde la psicóloga Maritchu Seitún de Chas: Son costumbres. A mí me parece confuso e innecesario, porque pueden confundirse y sentir cosas que los asusten, pero en las familias en que ocurre suelen ser piquitos sin connotaciones eróticas, y nada excitantes. Yo prefiero dejar los besos en la boca para los adultos, explicándoles a los chicos que ellos también van a crecer y se los van a dar con sus novios/as o cónyuges, que sepan esperar y que disfruten la vida y la infancia sin apuro.

 

 

Desarrollo de la sexualidad de los hijos

Según Maritchu Seitún de Chas existen las siguientes etapas

  • Los primeros dos años son de investigación: Tocan y miran, sin connotaciones sexuales, salvo que los padres pongamos las nuestras, por nuestra incomodidad o vergüenza.
  • Hasta los 3 años debemos intentar no darles información negativa sobre la sexualidad (“No te toques, chancho”): A partir de esa edad comienza la educación sexual positiva. Hay curiosidad, descubrimientos casuales, placer parecido a cosquillas al tocarse.
  • Entre los 4 y los 5: Aparece el interés por las diferencias entre varón y mujer, los deseos de identificación con su mismo sexo, la rivalidad con el progenitor del mismo sexo; empiezan a jugar varones con varones y nenas con nenas, y se acentúan las investigaciones relacionadas con la sexualidad. Aparecen las primeras manifestaciones de pudor, en especial con los extraños. No se dejan ver desnudos ante ellos, y menos aún permiten que los examinen o pregunten por sus genitales.
  • La curiosidad lleva a veces a juegos sexualizados (doctor, papá y mamá, comparar sus órganos sexuales): El juego y la investigación de los órganos sexuales forma parte del desarrollo normal de los preescolares. La tarea de los adultos es no facilitar las oportunidades, cuidando que las puertas permanezcan abiertas, que no se queden solos y juntos mucho rato, para que el juego siga siendo juego. Adultos en vigilia (despiertos y atentos), no vigilantes y controladores.
  • Alrededor de los 6 empieza la latencia: El interés por la sexualidad entra en reposo. Para que esto ocurra, tienen que haber entendido y elaborado estos temas. Quieren ser independientes en los hábitos de higiene que tienen que ver con sus genitales. Ya hay un completo control de esfínteres.
  • Pubertad: Aparece desde los 10 u 11 años en adelante. Les molesta ser vistos desnudos, incluso por personas de confianza, como sus padres; deciden bañarse solos. Esta conducta se ve más temprano en los varones que en las chicas.

ETIQUETAS desnudez hijos padres pudor sexualidad

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