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Deco

11 febrero, 2019

Leticia Churba: carácter emprendedor

En su casa de Vicente López, la diseñadora expresa sus pasiones –la pintura, la moda, la cocina– y también comenzó a idear su emprendimiento: un bar y pequeño restaurante donde entra el sol y los aromas se complementan con la decoración.


Texto: Ana Wajszczuk. Fotos: Martín Pisotti.

Quien conoce a Leticia Churba sabe, al entrar a su casa, que todo ahí habla de ella. Como en cada cosa que emprende, en esas dos plantas que recicló a nuevo pone su corazón, su impulso creativo, su gusto por la simplicidad y su pasión por transformar con sus manos materiales nobles.

Madre + diseñadora + pintora + cocinera + … proyectos en construcción!”, se define en su cuenta de Instagram una de las fundadoras de la marca de accesorios Perfectos Dragones y el alma máter del café Très, el último de sus proyectos, que acaba de cumplir un año desde su apertura en una cuadra casi oculta del barrio de Núñez.

La casa de Leticia da a las vías del tren Mitre, en una calle cortada en Vicente López: un oasis de tranquilidad y verde con atmósfera de siesta permanente. La diseñadora lo define como “un hallazgo hermoso, un lugar cerca de todo y a la vez aislado, un poco fuera del mundo”.

Hace años, cuando su tía –la diseñadora Graciela Churba– le avisó que la casa al lado de la suya se vendía, Leticia, embarazada de su primera hija, no dudó a pesar de que era oscura, húmeda, y estaba muy deteriorada. “Entré y dije: ‘¡Me encanta!’. Ya me la podía imaginar transformada. Respetamos su estructura pero cambiamos su estética y su lenguaje”, cuenta sobre lo que con el tiempo se transformó en esta casa hoy luminosa y llena de vida, donde se recuperaron las aberturas y se mantuvieron los radiadores originales.

Un instinto para la creación, para ver en lo dado una nueva forma que, artista por naturaleza, también le viene de familia: los Churba son una estirpe de diseñadores y arquitectos cuyas huellas están diseminadas sutilmente en la casa de Leticia: en la segunda planta, está el piso de lapacho original de una casa antigua que su padre León –arquitecto y dueño de una legendaria casa de muebles– rescató para ella; las alfombras tejidas en telar con el sello de su tía dan calidez a los pisos de cemento alisado; los muebles que diseña su hermano y también su prima aparecen aquí y allá; la mano de su madre se ve en una silla restaurada que mira al balcón desde el dormitorio principal, así como en el cuarto de sus dos hijas: un respaldar color fucsia tras una de las camas, con el clásico estampado de flores pop de Marimekko, la casa textil finlandesa de la cual Leticia se declara fan.


TRÈS: CALIDEZ Y PICOTEO

En la  familia de Leticia siempre se cocinó rico y abundante. “Mi apellido es sirio y significa ‘sopa de lentejas’, así que algo en mí ya había…”, revela divertida. Pero pasaron muchos años, algunos cursos de cocina con expertos como Pedro Lambertini o la arquitecta y chef Marcia Krygier y, sobre todo, un encuentro muy especial, para que viera la luz Très–Café & Picoteo. “Con Fernando, mi novio, desde que nos conocimos empezamos a pensar en un emprendimiento gastronómico como alternativa a nuestro trabajo, en hacer algo paralelo y probar, sacarnos la duda si esta fantasía era posible o no. La idea era hacer algo chico, un café con pastelería y algunos platos para el mediodía”. Una vez que encontraron el local, un cubo de 25 metros cuadrados que los enamoró por su carpintería y su persiana metálica original, juntos lo transformaron en una caja llena de luz, con mucha madera y decoración en blanco y negro. Rescataron los calcáreos originales, aprovecharon cada centímetro  y sumaron una repisa para vender libros, cerámicas y sus productos de cocina favoritos. Así nació este café cuyo movimiento superó sus expectativas. “Hoy es un sueño hecho realidad y, como los dos somos diseñadores y tenemos un estilo parecido, nos resultó simple idearlo: queríamos algo que fuese moderno y a la vez cálido”. Con un menú adaptado a la estación, nunca faltan las especialidades de la casa, como el budín de banana, los muffins veganos y la ciabatta de carne braseada.


Gran parte de la vida hogareña de esta diseñadora transcurre en el living con chimenea que da al jardín y en el comedor con mesa de mármol y sillas Panton, –donde el desayuno es un ritual importante en la vida familiar–, pero hasta hace poco discurría en su taller, que está separado de la casa por una escalera externa. Allí creó varias de sus series de pinturas al acrílico, inspiradas en su gusto por el expresionismo, el arte brutal y artistas de pincelada firme y colores fuertes como Jean-Michel Basquiat.

Sus cuadros cuelgan en todos los ambientes, aportan el color y son casi el único adorno para la sobriedad de los espacios, con paredes que viran del gris al beige, y la madera y el cemento como protagonistas principales.

Espacios personales

La casa es como yo soy también con mi look, austera, de líneas simples”, dice Leticia. “Me representa bastante en ese sentido, es sobria pero a la vez tiene calidez en los detalles. Hay pocos objetos. Soy cero consumista y todo me gusta intervenirlo con mis manos. Y tiene mucha luz, que para mí es fundamental”. 

La última serie de cuadros que pintó, Cactus, se apoya en el recibidor de entrada, como esperando encontrar su lugar. Es que ahora, Leticia, formada en la Universidad de Buenos Aires como diseñadora gráfica y en distintos talleres como pintora, encontró en la cocina el nuevo corazón de su casa: de las hornallas prendidas cada tarde salen las tartas integrales, las cookies y otras exquisiteces que alimentan a los comensales de Très.

Para mí la cocina es otra expresión artística, siempre fui de manifestarme a través de la pintura, el diseño, la cerámica, y la cocina me llegó mucho después”, explica. “Me di cuenta de que es un espacio superlúdico, donde las cosas se transforman, donde podés combinar elementos y sabores de distintas maneras, mezclar texturas y materiales… Es el disfrute del proceso mismo, lo que hacemos también en Perfectos Dragones, donde trabajamos con materiales base a los cuales transformamos con distintas técnicas, por ejemplo con foils metalizados, o con calor”, agrega, trazando un paralelo entre el emprendimiento que junto a dos socias lleva adelante hace más de dieciséis años –acaban de lanzar la colección Salvaje-Verano 2018– y el restaurante, proyecto que creó junto a su novio, Fernando Castañares, también diseñador y tan gourmet como ella.

La tarde cae sobre el jardín trasero de la casa, que en este momento del año se disfruta a pleno: el limonero da frutos, los cactus que están en las macetas pintadas por Leticia hacen de centinela en el espacio de relax con bancos rústicos que mira a la pileta, las plantas están más verdes que nunca, la parrilla se enciende y se disfruta los fines de semana: verduras, hamburguesas hechas a mano y pan casero para agasajarse entre todos, en familia.

Ningún plan, para Leticia, más simple ni más acogedor que ese.

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