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Inspiración

1 febrero, 2019

Las enseñanzas de las plantas

Producen el oxígeno que respiramos y hasta nos proveen de alimentos y medicinas. Sin embargo, gracias a su ejemplo, estos seres vivos tienen mucho más para compartir, y nosotros todavía más para aprender, con el fin de mejorar nuestra calidad de vida y alegrar nuestro espíritu.


Por Carmen Ochoa

Cuando era chica, María Celeste Buscarini vivió una infancia solitaria y silenciosa, a pesar de tener tres hermanos. Pero, como era la menor y entre ellos existía una gran diferencia de edad, nunca los percibió como compañeros de juegos, vivencias ni travesuras, y esto la llevó a forjar una perspectiva diferente de la vida.

Se sentía perdida y sin nada ni nadie con quien sentirse identificada, hasta que inocentemente encontró su lugar entre las plantas y las adoptó como una gran familia. “Ellas también eran muy solitarias, silenciosas y disímiles entre sí. Venían de distintos lugares y vivían en un hábitat que no era el nativo ni el ideal, pero aún así se mostraban orgullosamente exuberantes y crecían sin preocuparse por la aceptación externa. Sentía que las plantas cambiaban el entorno que habitaban y hasta influenciaban a los humanos que las admirábamos. A partir de esta concepción, mi vínculo con las plantas fue como la vida misma” afirma María Celeste.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “la mitad de los alimentos que consume la humanidad procede de sólo tres especies de plantas: el trigo, el arroz y el maíz; mientras que más del 40% de las medicinas derivan de otras plantas”.



Hoy, reconocida como María de las Plantas, esta joven de 28 años comparte enseñanzas y secretos en las redes sociales, con el fin de que todos logremos transformar nuestros hogares en verdaderas selvas urbanas pero, sobre todo, para descubrir esa conexión natural que a ella le salvó la vida.

Las plantas pueblan toda la Tierra. Producen el oxígeno que respiramos, contribuyen a la estabilidad del clima y controlan la erosión de los suelos. Y, como si esto no alcanzara, también nos proporcionan alimentos, medicina, madera, combustible y fibras naturales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “la mitad de los alimentos que consume la humanidad procede de sólo tres especies de plantas: el trigo, el arroz y el maíz; mientras que más del 40% de las medicinas derivan de otras plantas”.

“Sentía que las plantas cambiaban el entorno que habitaban y hasta influenciaban a los humanos que las admirábamos. A partir de esta concepción, mi vínculo con las plantas fue como la vida misma”.
María Celeste Buscarini

Igual que María Celeste, más allá de lo tangible, muchas culturas antiguas creían que las plantas eran dueñas de una energía mística que las unía con los humanos. Además de contar con un rol fundamental en la naturaleza, estos seres vivos eran considerados como intermediarios entre el mundo real y el espiritual.

Actualmente, en plena urbe, las plantas son casi el único indicio que nos permite conectarnos con ese mundo energético y natural, incluso desde nuestro propio patio o balcón.

Verdes y espirituales

Dice en el Génesis que, al tercer día de la creación, Dios colmó la Tierra de vegetación. “Toda clase de plantas con semillas y árboles que den frutos con semillas. Estas semillas producirán, a su vez, las mismas clases de plantas y árboles de los que provinieron”.

Sin embargo, esta no será la única mención de la Biblia sobre algunas plantas, enalteciendo con nuevos significados su representación. Desde su nacimiento, el mismo Jesús se relacionó con las plantas, cuando incienso y mirra fueron parte de los presentes que recibió de los Magos llegados de Oriente.

Mística y apasionante, la naturaleza de las plantas nos lleva por caminos impensados, nos inspira a buscar respuestas cuando las necesitamos o nos motiva a recuperar la libertad y esperanza, casi sin darnos cuenta.

En el año 2000, la floricultora y jardinera Mariela Schaer comenzó a viajar por el mundo para responder una reiterada pregunta que rondaba su cabeza: “¿cómo crecerán en sus hábitats naturales las plantas que utilizo para diseñar jardines urbanos?”.

Su inquietud la llevó a visitar extraordinarios espacios floridos y exuberantes, hasta que el destino puso su curiosidad botánica en pausa. “Perdí un hijo en el 2004 y eso me hizo repensar mi actividad laboral, con la necesidad de un cambio” cuenta Mariela, recordando el origen de su emprendimiento: Entreplantas Viajes.

María Celeste Buscarino (izquierda) y Mariela Schaer (derecha), felices entre plantas.

Símbolo nacional de la India y de Vietnam, la flor de loto se relaciona con la diosa de la abundancia, Maha Lakshmi, que representa todo lo bueno: la generosidad, prosperidad, belleza y pureza. La semilla de Loto puede germinar hasta 30 siglos después, sin perder su fertilidad; mientras que su hermosa flor surge de los sombríos pantanos, nutriéndose hasta del mismo barro.

En su empresa, no solo se conecta con el verde que siempre eligió, sino que también diseña y coordina travesías para otros viajeros, por los cinco continentes, con la mirada puesta en la jardinería, la horticultura, el paisajismo y el diseño. “Necesitaba una transformación y la encontré. En un mundo donde todo es inmediato, las plantas te enseñan a esperar. Por eso hay que darles el tiempo para crecer, verlas florecer y esperar el fruto. La jardinería y el contacto con la naturaleza ayudan a atravesar duelos, pérdidas, momentos difíciles, y lo digo con conocimiento de causa. Siempre que un jardín es azotado por una tormenta, al salir el sol, parece ponerse en movimiento para recuperarse… y eso es una enseñanza”, afirma Mariela.

Un claro ejemplo de fortaleza es la flor de loto, símbolo nacional de la India y de Vietnam, esta planta se relaciona con la diosa de la abundancia, Maha Lakshmi, que representa todo lo bueno: la generosidad, prosperidad, belleza y pureza. La semilla de Loto puede germinar hasta 30 siglos después, sin perder su fertilidad; mientras que su hermosa flor surge de los sombríos pantanos, nutriéndose hasta del mismo barro. Por la noche, sus pétalos se cierran para sumergirse en la ciénaga, pero al amanecer florece nuevamente sin restos de impureza, debido a la forma cónica de sus pétalos.

“En un mundo donde todo es inmediato, las plantas te enseñan a esperar. Por eso hay que darles el tiempo para crecer, verlas florecer y esperar el fruto”.
Mariela Schaer

Para la religión budista, el loto es uno de los símbolos más antiguos, representante de seres humanos y divinos. Incluso, en muchas imágenes se la observa como trono de Buda, dando origen a su nacimiento. Igual que el hinduismo, el budismo enseña que cada persona atesora dentro de su ser el espíritu sagrado del loto, como una metáfora de la evolución de nuestra alma y de la fuerza que necesitamos para vencer las adversidades de la vida.

Ejemplos a seguir

Como si fuera una metáfora, el ciclo de vida de las plantas, a lo largo de las cuatro estaciones, se relaciona estrechamente con nuestra propia existencia en la Tierra. Incluso, estudios científicos revelaron que no solo eso nos asemeja con la naturaleza.

A fines del siglo XX, la ecóloga forestal Suzanne Simard descubrió que los árboles del bosque lograban conectarse entre ellos, a través de una red de raíces y micorrizas –denominada “Wood Wide Web” o internet del bosque– con el fin de transferir nutrientes.

“Pasan tantas cosas en los bosques, que no somos capaces de entenderlas aplicando las técnicas científicas tradicionales. Así que abrí mi mente y decidí incorporar aspectos humanos para comprender de forma más profunda, más visceral a estas criaturas vivientes, que no son meros objetos inanimados. Además, como seres humanos nos podemos relacionar mejor con estos árboles (humanizados), cuidarlos y gestionar mejor nuestros paisajes”, afirmó Simard sobre su investigación.

Para el escritor, filósofo y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson, el bosque era un espacio de inspiración, que recorría durante largas caminatas solitarias, cargándose de energía. “En los bosques, el hombre se desprende de los años, como la serpiente de la piel mudada, y en cualquier periodo de su vida, es siempre un niño. En los bosques es un joven perpetuo (…). Allí siento que nada puede pasarme en la vida, ninguna desgracia o calamidad (si conservo los ojos) que la naturaleza no pueda reparar”, escribió Emerson.

Convencidos, Gabo Caraballo y Victor Ledesma sostienen que convivir con las plantas provee muchos beneficios emocionales y ambientales, y favorece el bienestar personal. “Nuestro público busca conectarse con la naturaleza de manera cotidiana y denota un compromiso muy fuerte con ella. Las enseñanzas de las plantas pueden inspirarnos diariamente en la vida, ya que están en constante movimiento. Cuanto más se esfuerzan más se fortalecen, buscan siempre el equilibrio, poseen la belleza de lo inexacto y sus transiciones son de manera gradual. Solo hay que perderle el miedo a sus cuidados”, comentan los creadores de Planta, emprendimiento de ambientación, arquitectura, diseño y naturaleza.

Leé también la nota sobre la vida de la gran poeta naturalista Mary Oliver.

Reflejo de fortaleza, perseverancia, grandeza y, sobre todo, paciencia es el bambú. Esta caña larga, resistente y estilizada que crece en zonas húmedas y muy cálidas, es una de las plantas ancestrales y admirada por la cultura de China. Conocido por atraer la energía positiva, el bambú también se destaca por enseñarnos a esperar el tiempo preciso para que sucedan las cosas, ya que su semilla demora hasta siete años en germinar. Sin embargo, cuando la planta se encuentra preparada, su crecimiento es tan vertiginoso que su tallo puede alcanzar los tres metros en un solo mes.


Victor Ledesma y Gabo Carballo en acción para el proyecto que ocupa sus días, su vida.

Una vez más, la naturaleza nos instruye a respetar pacientemente la llegada de cada ciclo de la vida, recordándonos que todo fruto merece su esfuerzo. Y nos conduce a la reflexión: ¿contamos con buenas bases para afrontar nuestro futuro? ¿por qué nos desesperamos si no avanzamos tal como lo esperábamos? ¿somos fuertes para resistir y enfrentar las adversidades?

Abramos nuestros sentidos y dejemos que la energía de las plantas nos nutra, que sus enseñanzas nos acompañen y que su mística nos envuelva, para disfrutar de la naturaleza y así lograr una mejor vida.

Hola, sol en mi cara.
Hola, tú que hiciste la mañana,
y la esparciste sobre los campos,
y en las caras de los tulipanes,
y en las campanas violetas,
de la enredadera que sacuden sus cabezas.
Y en las ventanas, incluso,
de los afligidos y los malhumorados.
Mary Oliver

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