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Artes

13 septiembre, 2018

La vuelta al grabado, de la mano de Delfina Estrada

Desde Fábrica de Estampas, la artista argentina integra un colectivo que produce e investiga con la técnica del grabado calcográfico. Da workshops y talleres, participa en muestras y ferias e impulsa proyectos en plena calle, en escuelas, en centro culturales y en la cárcel.


Por Agustina Rabaini. Foto: Gustavo Sancricca y Facebook Fábrica de Estampas.

“Desde el año 2008 me dedico al grabado de aguafuerte y cada vez voy investigando más. Me interesa indagar en las posibilidades de la técnica y entrelazarla con cierto imaginario poético”, dice Delfina Estrada, artista y difusora del arte del grabado como integrante de Fábrica de Estampas, un colectivo gráfico que trabaja en un lindo taller de Saavedra, con ventana a la calle.

La técnica que utilizaron antes los grandes maestros de la Argentina, a lo largo de doscientos años, se ha ido aggiornando gracias a las nuevas tecnologías, y Delfina honra sus posibilidades y se alegra al enumerar las obras de artistas que, por estos días, pueden verse en los grandes museos, entre ellos el de Tigre.

Justamente en esa ciudad a orillas del río creció ella y ahora que ya cumplió 31 años y lleva un hijo de la mano, Antonio, de 8, cuenta que para ella todo empezó cuando aún era una estudiante de  la carrera de Bellas Artes en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Una vez por semana, se reunía con su amiga y actual socia, Victoria Volpini, y juntas “tomaban” el garaje de la casa familiar de una de ellas. “Teníamos un taller desmontable y cuando entraban el auto había que desarmar todo. Ahí tuvimos nuestra primera “banda” de garaje pero, en lugar de un instrumento musical, usábamos la prensa calcográfica. Salían cosas lindas y otros desastres. ¡Nos equivocábamos mucho!”, recuerda, y se ríe todavía.

Con unos pocos recursos y el bagaje que traían de Bellas Artes, las chicas combinaban aguarrás con tinta, ácidos, figuras, frases, símbolos y sueños. De esa alquimia surgieron obras únicas y series sobre papeles o chapas que hoy se ven reflejadas en las paredes o mesas del lugar, y también en galerías, tiendas y ferias de arte gráfico. Acá y allá asoman grabados y afiches, series y fanzines, en los que utilizaron técnicas de aguafuerte, xilografía, linóleo y monocopia… Al verlos es evidente que Delfina pudo anclar por fin en el oficio hasta lograr un estilo propio, un canal expresivo unido a un rigor que la llevó a habitar este espacio donde sostiene la rutina y la producción.

Algunos días, en su afán por difundir la práctica, dicta clases de grabado en el taller y otros espacios culturales y es docente de dibujo en la Unidad Penitenciaria Nº 47 de José León Suárez. “Haber cometido errores al principio fue importante, porque después de eso no podés ser soberbio”, dice Delfina, que desde que decidió concentrarse en el grabado, se perfeccionó en talleres de maestros como Eduardo Stupía y en el programa de artistas del Di Tella. Además, ilustró el libro No muy lejos, de Mercedes Villalba (Periplo), y sigue abriendo su propia ruta: “Dar clases me gusta porque puedo salir de mí, entrar en la cabeza de otros, mientras que el taller de Fábrica de Estampas nos permite movernos en un circuito abierto, más allá del mundo del arte. Esto es más libre, puro capricho. Trabajamos pero también nos divertimos mucho”.

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