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Vivir bien

29 agosto, 2017

La sociedad del dolor

¿Es el dolor un hecho fisiológico o existencial? ¿Cuánto influyen las emociones a la hora de padecerlo? Una guía para comprender por qué nos duele y, de ese modo, comenzar a trabajar en pos de alcanzar un mayor bienestar físico y mental.


Por Santiago Buompadre *

El dolor es la principal causa de consulta médica en el mundo. Se calcula que alrededor de un 30% de la población mundial padece dolor crónico y un 80% de dolores agudos. El dolor de espalda, particularmente el lumbar, es el de mayor prevalencia.

Si a todos nos duele algo vale la pena preguntarse si el dolor es un problema o es esa parte de la vida que nos negamos a aceptar y con la cual deberíamos reconciliarnos para poder, no ya vivir sin dolor, sino transitar ese dolor con menos sufrimiento.

“Ante todo, yo soy aquello que el dolor hizo de mi cuerpo; solamente después, lejos detrás y mucho tiempo después, soy lo que pienso. Veo lo que sufres y cómo te las arreglas para soportar el dolor, y puedo decirte quién eres; lo que tú piensas raramente lo confiesas, y lo que dices es una mentira infinita”.

Michel Serres

El modo en que uno piensa sobre el dolor puede aliviarlo: la educación y la comprensión de su funcionamiento es fundamental para poder superarlo, el conocimiento es el gran aliado del tratamiento, reduce el valor de amenaza del dolor. Se trata de una experiencia sensorial y emocional compleja que varía según la época, cultura, condición social, historia personal, contexto, estado psíquico y, fundamentalmente, del significado que se le atribuye.

Lo primero que hay que sacarse de la cabeza es la idea, antigua y errónea, de que una herida específica genera una determinada cantidad de dolor, y de que la existencia de dolor implica la existencia de una herida: no hay una relación necesaria entre daño y dolor, y esto es una excelente noticia.

El dolor no es un hecho fisiológico sino existencial.

El cuerpo humano no cuenta con un sistema de percepción del dolor. No existen ni receptores para el dolor, ni nervios que conduzcan señales dolorosas, ni centros cerebrales específicos para el dolor. Lo que existe es lo que se denomina nocicepción, que es el procesamiento de la información en tanto peligro potencial para el organismo.

Los nociceptores son receptores sensibles a estímulos mecánicos, térmicos y químicos, y esa información, que circula casi todo el tiempo, puede, o no, generar dolor. La nocicepción no es el único camino hacia la generación de dolor, los pensamientos pueden, por sí mismos, activar señales de alarma que causen dolor. Los mensajes que circulan por los nervios solo indican peligro potencial, la experiencia de dolor es el resultado del proceso de múltiples factores, es un hecho pleno de significados y sentidos.

Se trata de un sistema múltiple reactivo que informa sobre los eventos que ocurren en los tejidos y que se conjuga con los pensamientos y emociones para emitir una respuesta; la percepción de un estímulo en tanto doloroso está fuertemente influida por factores emocionales y cognitivos. Lo que hace que el dolor “duela” es, generalmente, el componente afectivo de la experiencia: lo desagradable que es. Lo que transforma al dolor en sufrimiento es el significado que se le atribuye, el sentido que adquiere, y eso varía de persona a persona.

La experiencia del dolor, y la carga de sufrimiento que pueda implicar, es una construcción en la que intervienen muchas señales sensoriales en una interacción compleja entre diversas partes del cerebro: no se trata solamente de terminaciones nerviosas que se activan sino, fundamentalmente, de una vivencia creada por las zonas cerebrales generadoras de significado.

Veamos algunos hechos significativos revelados por la investigación científica:

Alrededor de un 70% de las personas que han perdido una parte del cuerpo sienten dolor posterior en esa parte que ya no existe.

La ubicación del dolor puede diferir de la de la herida.

 La expectativa de dolor (imaginar o anticipar), genera dolor.

 La expectativa de alivio es un componente importante en la analgesia producida por placebos. Alrededor de un 35% de los pacientes declara sentir un evidente alivio después de ingerir un placebo.

 La distracción tiene un efecto poderoso en la percepción del dolor, mientras que concentrarse en él lo incrementa.

Los estados emocionales negativos aumentan el dolor, mientras que los positivos lo disminuyen.

La observación de otro individuo con dolor activa algunas regiones cerebrales relacionadas con el dolor, y si existe empatía positiva con el individuo dolorido, la propia experiencia de dolor se refuerza.

Existen diferencias en los umbrales de dolor y en el tipo de respuesta entre personas de culturas diferentes.

Las personas aquejadas de dolor crónico se quejan más de su dolor si se saben observadas u oídas por su cónyuge.

El dolor depende de cómo se percibe su causa: puede generarse, o incrementarse, por la falta de conocimiento y comprensión de lo que sucede.

¿Que sabemos acerca del dolor?

Bibliografía recomendada

  • Pain: The science of suffering (Patrick Wall)
  • The body in pain (Elaine Scarry).
  • Las crónicas del dolor (Melanie Thernstrom).
  • 8 Steps to a pain-free back (Esther Gokhale).
  • Explain pain (David Butler).
  • Antropología del dolor (David Le Breton).
  • Cognitive and emotional control of pain and its disruption in chronic pain (M. Catherine Bushnell, Marta Čeko, and Lucie A. Low).

Que los pensamientos, la atención y las emociones forman parte de múltiples circuitos descendentes que modulan la experiencia del dolor, que pueden mejorarlo y reducirlo, y sobre los cuales podemos trabajar.

Dice el filósofo alemán Peter Sloterdijk que no se te ayuda sino en el instante en que comprendes que nadie puede ayudarte.

La próxima vez que te duela, podés intentar pensar que no necesariamente ese dolor implica que tenés una herida, y entonces, con menos miedo, podés tratar de realizar alguna actividad que te guste (el movimiento es fundamental), que te genere emociones positivas y en la que puedas concentrarte durante un rato, quitando el foco de tu atención del dolor, porque ya sabés que si tu atención permanece constantemente en el dolor, en lo único que vas a pensar es en que deje de dolerte y, entonces, el círculo vicioso no se acabará jamás.

*Licenciado en Psicología e instructor de yoga. Actualmente cursa la Maestría en Psiconeuroinmunoendocrinología en la Universidad Favaloro. Desde 2011 enseña diferentes técnicas de medicina mente-cuerpo, yoga y meditación antropotecnica.com

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