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Inspiración

12 septiembre, 2018

La sabiduría de los sueños

Los sueños son un vehículo para la comunicación auténtica con uno mismo, nos dice la autora de esta nota. Aproximarnos a ellos puede ayudarnos a ver hacia dónde se dirige nuestro proceso interior.


Por María Magdalena Demaría

¿Cuál es el sentido de escuchar mis sueños? ¿Realmente me dicen algo? ¿Por qué me hablan en un lenguaje que no entiendo? ¿Por qué un sueño me da placer y otro, malestar? ¿Por qué se repite uno en particular y otras veces no puedo recordar nada? ¿Son los sueños un vehículo para la comunicación auténtica con uno mismo?

Las preguntas son infinitas si nos adentramos en el territorio misterioso, lleno de paradojas, complejo y simple a la vez de los sueños.

Habría que comenzar por explicar la palabra “sentido”, en el “doble sentido” que le otorga mi maestro, Jorge O. Sergio, quien la define como “dirección” y como “finalidad”.

¿Hacia dónde apuntan nuestros sueños? Aproximarnos a ellos puede ayudarnos a ver hacia dónde se dirige nuestro proceso interior, y para ello habrá que hacer un giro en la mirada y empezar a examinar adentro, allí donde reside lo que la gran discípula del doctor Carl Gustav Jung, Marie-Louise von Franz, definió como “el compositor de los sueños”: aquel que compone la trama de lo que sucede cuando soñamos. Como si dentro de nosotros habitara alguien que nos enseña como un maestro interior y puede, a veces, ser un antídoto, hasta curarnos. Por eso me atrevo a llamar a los sueños “antibióticos naturales del alma”. Si les prestamos atención, pueden ayudarnos a sanar.

“Los sueños buscan nuestra unidad interior, poder percibir con ojos amplios y oídos agudos, y restablecer nuestro equilibrio psíquico”

Aunque no siempre podamos recordarlos, todos tenemos sueños. De ahí que sea necesario conectarnos más profundamente con ellos, comprometernos, y darnos tiempo para, al despertar, anotar lo que recordamos, sin quitar ni agregar nada, a fin de reflexionar sobre el contenido. Y así evitar que el mundo externo nos absorba con sus hechizos y demandas, y nos impida mirar hacia dentro.

Erich Fromm, en su libro El lenguaje olvidado, sostiene: “Si el idioma de los símbolos parece extranjero al ser humano actual, no es sino la consecuencia de haberse este tornado extranjero para su propia esencia desde la cual ha hablado ese idioma desde tiempos inmemoriales”. ¿Y qué sabe este sujeto de mí, que yo ignoro? Será un cambio radical tomar conciencia de que no soy yo quien interpreta el sueño: es el sueño el que me interpreta a mí.

Escuchar implica tomar decisiones y compromisos vitales con tu alma. Por citar un ejemplo, si reconocemos que el típico sueño de ser perseguidos puede estar mostrándonos una actitud huidiza de nosotros mismos –de querer escaparnos y de no mirarnos en nuestro espejo interior–, está en nosotros la actitud activa de decidir no escaparnos más y enfrentar aquello que nos persigue y nos busca.

Ser más conscientes y comprometernos a escuchar lo que los sueños nos dicen es fundamental. También lo es no dejarnos arrastrar por las fuerzas del inconsciente. El alma tiene sus tiempos y poco a poco, sueño tras sueño, se irá revelando. Aunque todo parezca aún muy complejo, los sueños buscan nuestra unidad interior, poder percibir con ojos amplios y oídos agudos, y restablecer nuestro equilibrio psíquico.

María Magdalena Demaría es licenciada en Recursos Humanos por la Universidad del Salvador y analista de Sueños del CEO (Centro de Estudios Onirológicos). Obtuvo un diploma en el Instituto C. G. Jung de Zúrich.

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