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Espiritualidad

4 diciembre, 2018 | Por

La sabiduría de los símbolos

"La mirada simbólica implica tener presente que todo puede ser significativo", señala el estudioso de las tradiciones Marcelo Manetti Lamas, con quien hablamos acerca de la importancia de recuperarla para darle otros sentidos a nuestra vida.


Imagen: Toni Pecoraro, Labirinto VIII, 1997.

Por Carolina Cattaneo

Desde tiempos remotos y a una punta y otra del planeta, el árbol representó, para muchas culturas, la conexión entre el cielo y la tierra. También, el ciclo vital de nacimiento, muerte y resurrección. Y así como la balanza tuvo en distintas civilizaciones el poder de evocar a la idea de justicia, el agua fue, en distintos mitos de la creación del mundo, sinónimo de la fuente de la que emerge la vida y de purificación.

Los símbolos tienen eso: son capaces de hacer visible lo invisible, de hablarnos con sutileza de una verdad profunda e intangible. Nos permiten acceder, desde un lenguaje universal, metafórico, poético o artístico, a un universo de significados que late a la espera de ser descubierto. La Humanidad ha sabido comprenderlos sin notas al pie, por eso un simple árbol significó, aquí y allá, ahora y entonces, la conexión del ser humano con lo sagrado para muchos pueblos de la historia.

Como la brújula señala al norte, los símbolos señalan un todo más grande que captamos intuitivamente. Así ha sido, al menos, durante milenios.

Pero, ¿qué pasa en la era de la información con nuestra capacidad simbólica? ¿La perdimos en el camino o está olvidada en un arcón, esperando ser redescubierta? Y en todo caso, si esa mirada de la vida envejeció y fue quedando atrás en la carrera del progreso y el avance tecnológico, ¿tiene caso recuperarla?

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Marcelo Manetti Lamas es médico, docente y estudioso de las tradiciones de sabiduría.

El valor de los símbolos

Para responder algunas de estas preguntas, convocamos a Marcelo Manetti Lamas, autor del libro La Tradición y Relatos del joven y el anciano (Ediciones del Camino). En esta entrevista, Manetti nos lleva a recorrer un camino que puede enriquecernos y conducirnos a capas poco exploradas de nuestras vidas.

–¿Desde cuándo existen los símbolos?

–Desde siempre, desde tiempos inmemoriales, no tienen fecha de inicio. Ni siquiera en la historia del simbolismo hay datos, así que se podría decir que forman parte de la transmisión oral y de la tradición.

–¿Qué es un símbolo?

–La palabra símbolo, etimológicamente, viene del griego sim, que significa “juntos”, y balón, “lo que se lanza”. Por lo tanto, la palabra símbolo es simbalon, lo que se lanza junto. Y lo que es “lanzado junto” en el símbolo, precisamente, es la multiplicidad de significados posibles. Eso lo diferencia del signo, que tiene un único significado: en la calle, la flecha que indica la dirección del tránsito no admite otra interpretación. En cambio, esa misma flecha, en un templo, puede aludir a la verdad, a la dirección de la vida, al sentido de la vida. Es decir, puede tener multiplicidad de significados independientemente del contexto.

“Es importante recuperar la mirada simbólica no solo desde el punto de vista metafísico, religioso, sino propiamente existencial. ¿Para qué? Para poder darle un sentido a la vida, para preguntarnos por el sentido. Recuperar la mirada simbólica nos permitiría interpretar, comprender, entender”.

–¿Quiénes los crean?
–El símbolo es una creación anónima, no tiene firma y pertenece a la esfera de la filosofía perenne y la tradición, que incluye lo filosófico, lo religioso, la espiritualidad en todos sus ámbitos. ¿Por qué se crean? René Guenon, un estudioso del tema, sostenía que los símbolos no han sido creados por las personas, sino que han sido transmitidos por la divinidad de diferentes maneras. Todos se refieren a una especie de revelación, por eso son universales y por eso hay símbolos que están presentes en todas las culturas. Transmitir cierta información y hacerlo de manera concisa a través de una imagen o un sonido garantiza su perpetuación. Quien no lo entiende, lo subestima y lo deja, quien lo entiende, lo aprovecha.

–¿Qué nos transmiten los símbolos?

–Información condensada, sintética, múltiple e interpretable sobre la existencia, lo existencial, el modo de vivir. Serían como una especie de GPS.

–¿Perdimos las personas la capacidad de leer y producir símbolos?
–Se fue diluyendo, no tanto la capacidad, sino el interés por interpretarlos y estudiarlos. Se instaló la sociedad de lo fácil y los símbolos se transformaron en signos de fácil interpretación, devinieron en amuletos o íconos de los que, de todos los significados posibles, se toma uno solo. La consecuencia es que se lo adora como a un ídolo.

– ¿Es importante recuperar la mirada simbólica?

–Sí, por supuesto. Es importante recuperar la mirada simbólica no solo desde el punto de vista metafísico, religioso, sino propiamente existencial. ¿Para qué? Para poder darle un sentido a la vida, para preguntarnos por el sentido. Recuperar la mirada simbólica nos permitiría interpretar, comprender, entender. Entrenar el discernimiento y profundizar en el estudio de la información contenida de los símbolos enriquece la vida.

–¿Cómo funciona el discernimiento el campo simbólico?

–Discernimiento es la capacidad de diferenciar lo correcto de lo incorrecto, la derecha de la izquierda, adelante y atrás. En el ámbito del simbolismo, el conocimiento de los símbolos y de sus posibles significados nos permite discernir la interpretación y de ese modo resolver preguntas relativas a lo existencial, de manera que uno podría pensar qué dirían los baqueanos de la sabiduría perenne para orientar nuestra existencia, pasando de la idolatría del yo a la empatía e igualdad con respecto al yo de los otros. El discernimiento nos permite, entonces, atravesar la selva de las falacias y orientarnos en medio de ella.

–¿De qué manera podemos recuperar la mirada simbólica?

–La mirada simbólica implica tener presente que todo puede ser significativo, es decir, que todo puede portar un significado o múltiples significados. Si vemos imágenes o representaciones en libros, textos, pinturas, templos, museos y a veces en la calle, podemos analizarlas desde su valor polisémico.

–¿Cómo se entrena la mirada simbólica y el discernimiento?

–La mirada simbólica se ejercita también tomando en cuenta qué palabras se utilizan, por ejemplo, en la publicidad. Cuando Coca-Cola dice “Destapá felicidad”, no es inocente, nadie es tan tonto para pensar que por destapar una botella de gaseosa va a ser feliz. Sin embargo, como la búsqueda del ser humano es la felicidad para alejarse del dolor de la existencia, cuando Coca-Cola incluye esa palabra en el cartel publicitario para que sea fácilmente legible. Y sin que necesariamente esté en el foco de la mirada, ingresa subliminalmente y la imagen sonriente o la imagen que utilicen queda identificada con la felicidad: en nuestro inconsciente, consumir ese producto nos alejará del dolor y nos hará felices. Entonces, la mirada simbólica nos permite discernir los mensajes y decidir si queremos o no abrirles la puerta. Es nuestra decisión y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad la respuesta que brindemos a los mensajes, que nos llegan todo el tiempo y desde todos los lugares.

Leé también la entrevista a Marcelo Manetti Lamas

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