Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

5 febrero, 2019

La escritura, ese camino hacia adentro

El acto de escribir proviene de un fondo profundo y se alimenta de la más pura esencia humana, a la vez que nos conecta con algo superior a nosotros mismos. ¿Qué piden las palabras cuando piden salir a la superficie?


«Lo que se necesita para escribir«, le aconsejó por carta el gran poeta Rainer María Rilke a un joven con aspiraciones literarias, es “soledad, gran soledad interior. Entrar en sí y no encontrarse con nadie durante horas y horas”. Durante una de sus clases en la Universidad de Berkley, el escritor argentino Julio Cortázar le dijo a sus alumnos que él escribía sin saber demasiado por qué: “Las cosas me llegan como un pájaro que puede pasar por la ventana”. Referente del periodismo narrativo en América Latina, Leila Guerriero comentó en una entrevista con Sophia que ella escribía “con la voluntad de organizar un mundo que me resulta fascinante”.

La escritura, con o sin pretensiones de ser compartida ni publicada, surge de espacios recóndito, se nutre de la más auténtica naturaleza humana y, a la vez, la alimenta de extrañas maneras. Quienes escriben lo hacen motivados por distintas razones, razones que a veces no son del todo evidentes o que responden a alguna necesidad poco concreta, al llamado de algo oculto que pide salir a luz.

Hay quienes creen que el acto de escribir y la vida espiritual se encuentran en el camino. Thomas Moore, psicoterapeuta y ex monje, dice: “El arte de escribir puede ser un medio para aprender las lecciones de la vida espiritual. En cuanto a mí, cuando la gente me pregunta qué tipo de meditación ejercito, no sé qué decir, porque sé que esperan que les diga que estudié con maestros de la India o del Tíbet y que mi práctica es ceremoniosa y tradicional. Pero la realidad es que mi ejercicio de contemplación principal es la escritura, mi trabajo diario de poner palabras sobre una página (…) el trabajo y la práctica espiritual van de la mano en la actividad con la que me gano el pan”, describe en “The Re-Enchantment of Everyday Life”.

Mientras se sienta en su computadora y entra en lo que llama el «estado de escritura», las palabras -asegura- provienen de un tiempo diferente, de ese tiempo del que se pierde noción a medida que una letra se va hilvanando con la otra, y de a poco todo va cobrando sentidos inesperados.

Una búsqueda con lápiz y papel

Al taller de escritura que dará durante febrero en la Fundación Vocación Humana -donde suele coordinar este tipo de actividades-, la poeta argentina María Eugenia Olenka lo bautizó “La palabra como símbolo”. Y, tal como como se promociona en el folleto institucional, se trata de un espacio donde se busca “abordar a la escritura como un acto sagrado que nos conecta con nuestra interioridad más profunda”. En un intercambio por escrito con Sophia, Eugenia nos acompañó a descubrir esos aspectos que ella considera sagrados.

­“Desde mi mirada, la escritura es una búsqueda de lo Eterno, y por eso la considero como un acto sagrado. Me refiero a lo Eterno como aquello que nos excede y, a su vez, nos incluye en su redondez, así lo imagino, como con una forma redonda que va haciendo un todo con cada una de sus partes: palabras, sentimientos, sueños. Aquello que está más allá de lo conocido, de lo visible… ‘infinito en lo grande e infinito en lo pequeño’, como hace referencia la Upanishad Mundaka”.

La escritura siempre estuvo presente en la vida de Eugenia Olenka, de alguna forma u otra. «Desde la lectura, el interés que siempre me generó la expresión artística y las palabras que quedaban resonando en mí desde esa inspiración”, dice. Después de que asistió a un taller literario, comenzó a inclinarse hacia la poesía: «La escritura se tornó expresión de lo profundo. Un camino que crece día a día, como elección, como aquello que vine a hacer”, cuenta.

María Eugenia Olenka es Licenciada en Economía y encontró en la poesía una forma de expresión.

Hay unas palabras de Wisława Szymborska que la inspiran y la conmueven. Dice la ganadora del Premio Nobel de Literatura: “¿Qué es lo que cuenta para escribir? Lo que más cuenta e importa tiene que ver con una actitud ante la vida y ante la realidad no tanto vigilante como despierta, curiosa, que suele enriquecerse visiblemente cuando además es alegre y positiva, incluso al enfrentarse a las zonas de sombra”.

–Eugenia, ¿qué te pasa a vos cuando escribís?

–El alma se hace presente cuando comienzo a escribir y así poco a poco su presencia es tan fuerte que comienza a guiar la escritura, como una musa que va soplando las palabras.  A través de la escritura, el alma, lo sagrado en cada uno, se va vislumbrando. Y ese también es un momento de inspiración, de escuchar ese susurro que viene de lo Alto.

–¿Cuál es la actitud que nos hace vivenciar la escritura como algo sagrado?

–Requiere de una actitud interna silente, receptiva –más cóncava-, y de esa mirada “como niños”, como decía San Pablo, que es una mirada de asombro, de ver las cosas como si las viéramos por primera vez. También requiere de una actitud de entrega. Todas las palabras que vienen en ese estado son muy valiosas, son un tesoro. Hay algo desde la profundidad que pide ser puesto en palabras. Y desde el momento en que se comienza a escribir, hay algo cercano al misterio que empieza a sanarse. Clarice Lispector dice: “Mis intuiciones se vuelven más claras con el esfuerzo de trasladarlas a palabras. Esto escribí cierta vez. Pero está equivocado, pues, al escribir, pegoteada y pegada, va la intuición. […] El corazón tiene que estar puro para que se presente la intuición».


La piedad
Adentro de la piel
una niña se aloja
descansa protegida
Dejalo morir, una voz con entidad propia
recuerda
que si algo no muere
la  mujer no puede vivir

María Eugenia Olenka

–¿Qué nos posibilita la escritura en relación con nosotros mismos y con los demás?

–La escritura permite sanar, coser la herida – la separación interna-, permite también acercarnos a lo lúdico, al juego. A veces la siento como una ofrenda que uno se da a sí mismo y a los otros. Y también está el dar y recibir, porque hay un momento en el que las palabras ya no son solo nuestras. Son nuestras, de otros, de todos.  Eso se ve en el trabajo en grupos, en los espacios de escritura. Se comienza a trabajar con una palabra que quizás la persona trajo o se sintió inspirada y, luego, al momento de compartir, la palabra de uno coincide con la de otros. Es un hecho sincronístico, una coincidencia significativa. Algo que nos abraza como seres humanos.

–¿Qué ejercicios recomendás para quienes quieren escribir? 

–Utilizar disparadores, como la música, los poemas, la escucha de lecturas de otros –en el caso de los talleres, las palabras que nos acompañan en el día –como una observación de las que forman parte de los pensamientos, como un “pescarlas”; y otras veces como esas palabras que llegan no sabemos de dónde. Las imágenes oníricas también son disparadores creativos, propios e internos.

–¿Qué otras cosa no tenemos que pasar por alto si queremos escribir?

–El respeto de las palabras que nacen de lo profundo y los textos que se van creando, para evitar que ese tesoro se eche a perder. Todo es valioso y si luego consideramos que literariamente no expresa lo que quisimos transmitir, será otro paso el de la corrección o el de volver a encontrarse con ese texto, desde otro lugar. Ya más como un observador que elige qué palabra conservar y qué palabra cambiar, o reubicar en el texto. Aquí también opera lo lúdico, una actitud de juego frente al propio texto, desde la libertad.

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