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14 diciembre, 2011

La erotización temprana de las chicas


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Tienen 7, 8, 9 o 10 años y ya quieren vestirse como si fuesen grandes, imitar a las celebrities y subir fotos con mirada seductora a Facebook. Las niñas son hoy el blanco del marketing y los medios, que las empujan a mundo de seducción cuyos códigos no entienden ni pueden entender. ¿Cuáles son las consecuencias de quemar etapas? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué podemos hacer para cuidar a nuestras hijas? Por Ana Roberts.

Juana tiene 10 años y está enojada con su mamá porque no la va a llevar al recital de Katy Perry, una joven cantante inglesa que enloquece a los adolescentes. Juana dice que ya se perdió el recital de los Jonas Brothers y el de Miley Cirus, la protagonista de Hanna Montana, su serie preferida. Además, se queja de que no la dejan tener Facebook ni vestirse como sus amigas, con minis, remeritas con un hombro al aire, shorts ajustados y vestiditos negros. Marcela, que tiene 36 años, le explica a su hija una y otra vez que esa música no es para su edad, que no le parece que deba vestirse como una cantante de 23 años y mucho menos adoptar las poses de las modelos de publicidades o las actrices de televisión.

Pero Juana no entiende ni quiere entender; está bombardeada por el marketing, la televisión, las redes sociales, el cine y las revistas. En lugar de jugar al dominó, pintar, leer cuentos o andar en bicicleta, ella, como muchas de sus amigas, quiere bailar como Shakira, vestirse como una adolescente y hacerse producciones de fotos para subir a Facebook. Juana, y muchísimas chicas de su generación, quieren imitar a modelos, actrices o cantantes, y adoptan, sin saber demasiado qué están haciendo, una actitud seductora que nada tiene que ver con su edad.

Sin darse cuenta, entran en un juego montado por la enorme maquinaria del marketing y el consumo, que afecta su desarrollo psicosocial y las empuja con violencia a un mundo que no manejan, porque no conocen sus claves ni sus códigos. Las chicas no están en condiciones de entender cuál es el mensaje que están dando, y los varones de su edad no pueden procesar ese mensaje que reciben.

La erotización infantil es un fenómeno que avanza. Los chicos de entre 5 y 12 años son arrastrados hacia un consumo de productos inadecuados para su edad. Las “mini-teens” –estas adolescentes en miniatura– arrasan, y las ventas crecen sin parar… La ropa, los juguetes, los juegos de la computadora, las películas, los personajes de ficción y hasta los dibujos animados empiezan a hacer hincapié en los atributos eróticos, sobre todo de las mujeres, y en el rédito personal que se le puede sacar al atractivo sexual.

Además, la industria de la moda las busca cada vez más chicas. Este año, sólo para dar un ejemplo, la revista Vogue desató la polémica con una campaña en la que una chica de 10 años posaba como si fuese una modelo de 20 (ver recuadro). Desde todos lados, las impulsan a querer vestirse como grandes, moverse como grandes y divertirse como grandes. No quieren jugar a la mamá ni a la doctora, sino a ser la celebrity que despierta suspiros en la multitud.

Se trata de un negocio redondo que en la población infantil puede tener consecuencias graves; una de ellas, impedirles que vayan descubriendo el universo adulto, el de la sexualidad y la sensualidad, a su propio ritmo.

Pero este fenómeno no es exclusivo de la Argentina, sino que se da en todo el mundo y ya despertó fuertes reacciones de varias organizaciones internacionales que dan la voz de alerta ante lo que llaman la “sexualización precoz de la infancia” o la “erotización temprana”. Entre otras organizaciones, la American Psychological Association –Asociación Americana de Psicología (APA)–, de Estados Unidos, llamó la atención sobre los riesgos de empujar a los chicos a un mundo para el que todavía no están preparados, y la británica Mumsnet (Red de madres) lanzó el año pasado una campaña cuyo eslogan era “Let Girls be Girls”: dejen que las niñas sean niñas.

A ellos se sumó The Australia Institute, una organización de mucho prestigio que difundió un informe llamado “Pedofilia corporativa”, el cual alerta sobre este marketing erotizador que tiene a los niños como target de consumo.

Las mujeres son usadas como objeto sexual desde cada vez más chicas, por lo que varias organizaciones advierten sobre los riesgos de crear un ambiente propicio para la pedofilia. Las redes sociales son hoy un espacio en el que los pedófilos encuentran fácilmente lo que buscan y se ponen en contacto con chicas que ni siquiera sospechan de sus intenciones.

Desde Sophia quisimos analizar el fenómeno y preguntarnos no sólo por qué ocurre y qué papel desempeña el mercado, sino también cuáles son las consecuencias de adelantar el desarrollo sexual de los chicos, qué responsabilidad nos cabe a los padres, qué podemos hacer para proteger a nuestros hijos de esta tendencia y cómo podemos ayudarlos a respetar sus tiempos y su desarrollo físico, psíquico y emocional.

¿Qué pasa cuando los adelantamos?

“En la niñez existe la sexualidad, pero se manifiesta de una manera muy distinta a la que muestran los medios hoy. Los chicos descubren a qué género pertenecen, si son varones o mujeres, y hay una curiosidad por indagar qué significa eso, por conocer el propio cuerpo y el del otro, por jugar otros roles. Pero no hay erotización en eso, porque no hay una elección de un objeto sexual ni un enamoramiento”, explica Marcela Larraguibel, una psiquiatra infanto-juvenil chilena que, junto con la Universidad Católica de Chile, elaboró un informe en el que denuncian que se les está quitando a los niños una etapa crucial de su desarrollo psicológico.

La psiquiatra dice que en los adultos hay una búsqueda sexual por atraer al otro, por gustar, y que esa búsqueda se ve en la manera en que se comportan, en que se visten, en que se mueven o seducen. El problema es que, como los niños no tienen esa búsqueda sexual, se produce un desfasaje cuando imitan lo que ven en la televisión o lo que les muestra la publicidad. Y esto tiene consecuencias: “La erotización infantil eleva el riesgo de problemas psíquicos y físicos a medio y largo plazo –señala el informe que preparó con sus colegas–. Los trastornos de la conducta alimentaria y los complejos estéticos debutan antes, y las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados están repuntando debido a conductas inmaduras”.

En ese sentido, la psicóloga argentina Andrea Saporiti, especialista en niños y adolescentes, dice que en los últimos diez años se han producido cambios por factores culturales y sociales. “Esto hace que los chicos estén expuestos desde muy temprana edad a una profunda sobreestimulación, que muchas veces hace que no se respeten los procesos internos necesarios para un desarrollo adecuado. Impulsar a los niños a dejar de serlo los lleva a situaciones que emocionalmente no pueden sostener. Saltear etapas genera síntomas que cada vez se observan más: estrés, cansancio, baja tolerancia a la frustración, falta de atención o descontrol.

En su documento Report on the Sexualization of Girls (Informe sobre la sexualización de las niñas), la APA dice que los chicos de hoy en día corren un grave peligro: “La sociedad los está bombardeando con mensajes que tienden a erotizarlos precozmente, en especial a las niñas. Un claro ejemplo es la publicidad de las zapatillas en la que la cantante Cristina Aguilera viste como colegiala, con su blusa desabotonada y lamiendo un chupetín. Las niñas se comportan como mujeres adultas; pero por muy insinuante o sexies que sean las frases que exhiban en su remera, no tienen la madurez suficiente para asumir las consecuencias de este tipo de comportamiento”.

El peligro de esta sexualización precoz, según la psicóloga argentina Dolores Young, es que los chicos adoptan conductas para las que todavía no tienen desarrollada su capacidad madurativa: “Y tampoco saben evaluar lo que es bueno, o no, para ellos. Todas las etapas tienen su razón de ser y la niñez es muy importante: es el tiempo del ‘como si’, el tiempo de aprender los vínculos, de los juegos con los pares, de la imaginación o de la aventura…”.

Así, los especialistas coinciden en que el interés principal de la erotización infantil es explotar  el atractivo sexual de los niños a través de la moda, el baile, los personajes de ficción o la música, para convertirlos en perfectos sujetos de consumo. “El niño no debería ocupar su tiempo en bailar de la manera más atractiva posible, sino en aprender habilidades sociales, como solucionar problemas, esperar su turno, trabajar en grupo o ser menos egocéntrico. Todo esto, a través del juego. El baile sólo puede ayudarlos a mejorar destrezas motoras gruesas y nada más”, explicó Larraguibel.

Y los padres… ¿dónde están?

Aunque a muchos les cueste aceptarlo, varios padres contribuyen a profundizar esta tendencia. Lo hacen con su actitud y con hechos aparentemente inofensivos, como vestir a sus hijas como grandes o promover que se maquillen o se pongan tacos, botas de caña alta, remeritas con un solo hombro o que dejen el ombligo al aire… aunque sea para jugar.

La APA, en su informe, se muestra preocupada por esto: “Si las niñas compran productos y ropa diseñados para lucir atractivas y sexies, y si moldean sus identidades siguiendo a las celebridades más seductoras, están sexualizándose. Sin embargo, los mensajes que contribuyen a la erotización infantil no vienen sólo de los medios o del mercado; son los padres quienes, a veces sin notarlo, insisten en que mantener una apariencia física atractiva es una meta esencial para las niñas. Y algunos incluso permiten y fomentan la cirugía plástica a muy corta edad”.

Andrea Saporiti señala que hay padres que no intentan revertir este bombardeo erótico y que argumentan que los chicos de hoy nada tienen que ver con los de antes. “Eso no es así, están equivocados, porque los juegos tradicionales siguen teniendo la misma importancia. Para que un niño se desarrolle de la manera adecuada, es necesario que se sienta emocionalmente bien, sin que nadie le imponga modelos de adultos”.

Por eso, es bastante corriente ver a madres que sucumben a la tentación y convierten a sus hijas, de cualquier edad, en compañeras de compras o en diminutos maniquíes de pasarela a quienes visten como su versión reducida. “Creo que, en realidad, hay una especie de fascinación en los adultos frente a dos factores: la manipulación (con la que pueden moldear a los niños) y la inocencia (de los niños) –explica la psicóloga–. Muchos padres depositan sus propios deseos en los chicos y esto genera en algunos adultos una relación de poder que, de alguna manera, los gratifica. Pero esto no contribuye a una relación sana, ya que la función del adulto es proteger a los niños, cuidarlos, mostrarles aquello que es bueno para su crecimiento y su desarrollo integral como personas. Y, sobre todo, respetar su condición de niños”.

Aunque a una madre le parezca divertido vestir a su hija con minifalda, leggins o botitas de caña alta, hay que evaluar si con estos complementos se la está ayudando a construir una imagen positiva de sí misma o si estamos siguiendo a ciegas el dictamen de un marketing al que sólo le interesa vender más. Los especialistas sostienen que bastan algunas preguntas para saber si estamos haciendo las cosas bien: ¿Le aporto algo a mi  hija vistiéndola así? ¿Acompaño su crecimiento real: afectivo, psíquico, físico y emocional? ¿Fortalezco su autoestima? ¿Me estoy proyectando en mi hija? ¿Le impongo sutilmente un estilo de vestir que es un reflejo de lo que yo quisiera ponerme?

“La infancia se caracteriza, sobre todo, por el juego de imitación y de roles. Una cosa es jugar a la mamá y al papá, donde el proceso de identificación comienza su desarrollo en varios aspectos relacionados con el cuidado o la maternidad-paternidad, y otra cosa es estimular un juego que no entienden. Recordemos que a los 7 años, los chicos se encuentran en una etapa del desarrollo psicosexual de latencia; es decir, su foco no esta centrado en la sexualidad, sino que es una etapa que se caracteriza por el juego entre pares, su pensamiento sigue siendo concreto y su cuerpo es un cuerpo infantil. Si lo vestimos como un cuerpo adulto, los empujamos a un proceso que emocionalmente no pueden asimilar”, concluye Saporiti.

¿Cómo contrarrestar el bombardeo?

Contraatacar el marketing no es sencillo, pero es posible y necesario ayudar a los chicos para que crezcan sin quemar etapas. Hay que formar el gusto de las chicas mostrándoles que las creaciones de moda infantil (realmente infantil), además de ser lindas, son cómodas y van de acuerdo con la etapa que están viviendo; relacionarlas con actividades para niñas; incentivar su aspecto lúdico y verificar que todo el entretenimiento que consuman sea el adecuado para su edad. Los especialistas dan algunas recomendaciones.

Acompañarlos. “Es muy importante acompañar a los hijos en cada una de las etapas de su evolución. Acompañar implica involucrarnos, escucharlos, no tener miedo, ni conformarnos con el ‘Bueno, si a todos los dejan…’. Debemos tomarnos el trabajo de sentarnos con ellos para ayudarlos a saber elegir, seleccionar y explicar –dice Dolores Young–. A veces, nos da temor enfrentarnos; no sólo con nuestros hijos, sino también con los otros padres, porque tememos su mirada reprobadora”.

Analizar los contenidos. Marcela Larraguibel dice que tenemos que estar al tanto de las revistas que leen los chicos, de los programas que ven, de la música que escuchan y de los sitios web que visitan. No sólo para chequear que no haya violencia, sexo y otros temas inapropiados para los niños, sino para buscar aquellos contenidos pensados para fortalecer valores, potenciar la autoestima de los chicos y contribuir a que disfruten esta etapa tan linda de su vida.

Destacar una imagen positiva. Hay que ser claro y explicar por qué ciertos programas, prendas de vestir o complementos no son adecuados para su edad. Y, según la APA, hay que ser igual de concreto al proponer alternativas que contribuyan a destacar una imagen femenina positiva: “Qué lindo te queda eso que te pusiste; eso sí es lindo para una chica como vos”.

Entenderlos. Hay que comprender que es normal que los chicos, sobre todo los preadolescentes, se sientan presionados por la moda, por los medios de comunicación o por los amigos. Hay que ayudarlos a elegir de manera acertada dentro de las tendencias y recordarles que ellos serán lo que quieran ser y que eso es más importante que su aspecto.

Hablar de sexualidad. Muchos sentimos que hablar de sexualidad con los hijos es una tarea incómoda, pero es necesario abordarla con naturalidad, sin tabúes y encuadrando la sexualidad dentro de una vida saludable, íntima y, sobre todo, madura y satisfactoria. Los mensajes que reciben de nuestra parte deben contrarrestar los que les llegan desde el mercado.

Bajarlas a la realidad. Andrea Saporiti subraya que es necesario que las chicas sepan que los personajes de las novelas, los dibujos animados, los videojuegos, las películas o las publicidades no son reales. Muchas veces, las historias, las medidas o el aspecto de estos personajes no pueden trasladarse a una persona. Por ejemplo, las medidas desproporcionadas de la Barbie, con unas piernas eternas que no se condicen con el tronco.

¡Animarlas! Es recomendable tratar de encauzar a las chicas hacia actividades que hagan hincapié en el talento y en otras habilidades diferentes a la mera estética. En este sentido, el deporte y las artes plásticas son una alternativa muy buena para sacar el foco del aspecto físico.

Lo mejor es enseñarles a nuestros hijos a encontrar dentro de ellos lo que los hace auténticos y valiosos. Esto actúa en contra de la erotización masiva, porque en lugar de copiar lo que ven, forjan su personalidad y se definen como seres individuales, con características propias. Por eso, los especialistas ponen el énfasis en los padres, especialmente en las madres, que al fin y a l cabo son el primer modelo de las chicas. Es el ejemplo que les damos el que, finalmente, logrará protegerlos del bombardeo erótico al que están hoy sometidos.

Campañas polémicas

En diciembre del año pasado, la revista Vogue París realizó una campaña fotográfica que desató la polémica en todo el mundo. Tres chiquitas de 5 años posaron como adultas para el fotógrafo Sharif Hamza. Vestidas de Versace, con joyas de Bvlgari, tacos increíbles de Balmain y maquilladas como para salir a romper la noche, estas tres “modelitos” hicieron estallar todos los códigos del mundo de la moda. Las críticas no se hicieron esperar: muchos son los que creen que es completamente inadecuado utilizar a menores en actitudes adultas, sensuales y provocativas para vender productos nada apropiados para su corta edad. No contentos con la primera experiencia, este año hicieron una producción sexy con una chica de 10 años que ya se perfila como “la” modelo de los próximos años.

Pero Vogue no fue la única que desató la polémica. La cadena de ropa Primark fue denunciada en Inglaterra por comercializar unos bikinis con relleno para chicas de 7 y 8 años. Incluso, algunos acusaron a la marca de incitar a la pedofilia con la venta de estos trajes de baño. Tras conocerse la noticia y las duras acusaciones, la firma optó por retirar de sus estanterías el controvertido producto. Los conjuntos, de color rosa con estrellas de oro, o negros con lunares en blanco, se vendían junto con el resto de los trajes de baño para chicas no mayores de 8 años. Armani, por su parte, también fue denunciado por una campaña gráfica en la que su línea de ropa junior era presentada por dos niñas de 5 y 6 años con rasgos orientales, vestidas con poca ropa. La publicidad fue denunciada porque se estimó que este aviso “fomentaba el turismo sexual”.

Otro ejemplo que se multiplica es el de los certámenes musicales en los que los chicos bailan, cantan y se expresan como si fueran estrellas en miniatura. La televisión europea, estadounidense y latinoamericana está llena de programas del estilo de Bailando Kids. Pero no se trata de chicos que muestran sus habilidades artísticas, sino de niños que cantan y bailan desplegando una sensualidad que intenta atraer y seducir, sin saber qué provocan en los espectadores. Oceane Scharre es un ejemplo de este fenómeno. Con sólo 11 años, la niña ya sabe lo que es competir por ser la más linda. Fue elegida Mini Miss Francia en 2010, y desfila, posa y luce como las grandes, pero la diferencia es que todavía tiene edad para estar jugando en lugar de representar a su país como la chica más bella.

Dejen que las niñas sean niñas

En enero de 2010, el sitio de Internet Mumsnet, muy influyente en Inglaterra y con 1,35 millones de visitantes mensuales, lanzó la campaña “Let Girls Be Girls” (Dejen que las niñas sean niñas) y pidió retirar de la venta los artículos demasiado sexies destinados a los menores. A través de esta campaña, miles de padres británicos expresaron su preocupación con respecto a este tema.

Mumsnet también solicitó que las revistas para hombres estuvieran fuera de la vista de los menores, algo a lo que se comprometieron los distribuidores de diarios. La fuerte repercusión de la movida de Mumsnet llegó hasta el primer ministro británico, David Cameron, que se encargó de reunir a todos los sectores relacionados con el tema (distribuidores, publicistas, editores, canales de televisión, industrias del video y del disco) para discutir el asunto.

Respaldado por la iniciativa de diversas asociaciones de padres británicos, Cameron mandó elaborar además un documento, el informe Bailey, que fue publicado en los medios en junio de 2011 y sugiere la necesidad de “crear un escudo para proteger a los niños de convertirse en precoces consumidores de sexualidad”. Aunque por el momento se trata sólo de un informe con advertencias y recomendaciones, el gobierno británico parece decidido a endurecer las leyes de protección al menor. Sin ninguna duda, el tema va a molestar a algunos, sobre todo a publicistas e industrias que lucran con la venta de determinados productos para la infancia.

Por otra parte, y en señal de buena voluntad, la Federación de Comerciantes Británicos (BRC) publicó una declaración que condena los eslóganes e imágenes “sugestivas” y que promueve los colores y cortes “apropiados” para la edad de los niños: el negro y los cola-less, por ejemplo, quedan prohibidos para la ropa interior infantil. Nueve cadenas firmaron la declaración; pero otras, las que venden la mayoría de artículos sensuales para niños (Primark, BHS y Topshop, por ejemplo) no la firmaron porque no están dispuestos a que se reduzcan sus ventas.

Pedofilia corporativa

“Pedofilia corporativa” es un término acuñado por el escritor y pensador australiano Philip Adams, que lo definió así: “La venta de productos a niños antes de que estén listos para entender lo que realmente significa la publicidad y, en consecuencia, antes de que estén preparados para aportar su consentimiento al proceso de consumo al que esa publicidad los conduce”.

The Australia Institute es el think tank (la usina de ideas) más prestigioso de Australia; está ubicado en Canberra y dirige investigaciones en diferentes ámbitos para mantener al público informado y estimular así el debate y el intercambio de ideas. En octubre de 2006, el instituto publicó un extenso informe en el que adoptó el término de Adams: “pedofilia corporativa”, una metáfora comparativa entre la palabra “pedofilia”, como el placer sexual que un adulto obtiene del abuso de los niños, y los beneficios financieros que una corporación obtiene a través de la utilización de menores como principales objetivos de sus ventas.

En este informe, la metáfora se aplica  específicamente a la publicidad o al marketing que busca presentar a los niños  menores de 12 años de forma sexualizada y sugestiva, o que pretende vender productos a los niños recurriendo deliberada y abiertamente a actitudes y conductas de sexualidad adulta.

El informe dice que este tipo de marketing y publicidad es en sí mismo un abuso de menores y considera que hay tres tipos de materiales que son los responsables de exacerbar la erotización infantil: la publicidad televisiva y gráfica, las revistas para chicas y los programas de televisión.

“Las niñas y las adolescentes están siendo forzadas a crecer de un modo demasiado rápido y antinatural en una sociedad que nosotros, como adultos, somos responsables de haber creado. Esta sociedad está dañando su bienestar emocional. Estamos creando una generación que crece bajo un nivel de estrés al que ninguno de nosotros hemos sido sometidos antes”, dice el informe, que puede consultarse en www.tai.org.au.

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