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16 octubre, 2015

La cuna cerca del corazón


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La doctora Nathalie Charpak es una gran impulsora del método Madre Canguro, que promueve el contacto piel a piel de los bebés prematuros con sus mamás: un milagro de amor y sabiduría. Por Cecilia Mosconi. Fotos de Mariana Ruddock y Daniel Herard.

Hay que tener entre los brazos un bebé de  700 gramos para comprender la dimensión de la palabra “pequeño”. Incluso, la expresión “tener en los brazos” es una utopía para estos bebitos diminutos, que nacieron antes de tiempo y que apenas superan en tamaño la palma de la mano de sus padres. ¿Qué se puede sentir frente a una vida tan frágil, sino un torbellino de emociones: amor, incertidumbre, temor, esperanza?

Cuando somos mamás, abuelas o tías de un bebé prematuro, conocemos como nadie esos días de angustia y de expectativa al lado de la incubadora, con los ojos repartidos entre el bebé y el monitor, y el alma en vilo. Recordamos la ansiedad por llevarlo a casa, a su cuarto lleno de peluches, con aroma a perfume para bebés. En cambio, a tu pequeño valiente le tocó llegar al mundo en medio de una vorágine de aparatos, luz artificial, bips, tubos y sondas.

Hay quienes están trasnformando el universo de los cuidados intensivos neonatales en un mundo que gire alrededor de la presencia de las mamás, un factor fundamental en el desarrollo de los prematuros. El desafío de este enfoque reside en ponerle alma, vida y corazón a la ciencia y en rescatar el valor del vínculo madre-hijo.

La doctora Nathalie Charpak es una pediatra nacida en Francia, colombiana por elección, y una gran impulsora del método Madre Canguro. Este promueve el contacto piel a piel con sus mamás de los bebés nacidos antes de término o que tienen bajo peso, para favorecer su desarrollo. Los resultados de este método –que se aplica en Colombia desde hace treinta años y que también existe en la Argentina– son maravillosos: gracias a él, la mortalidad de los bebés prematuros disminuye, tienen menor riesgo de sufrir infecciones intrahospitalarias, controlan mejor el dolor, crean un apego excelente con sus mamás, y su desarrollo neurológico, fisiológico y psicológico es mejor.

“No sé por qué el Método Canguro no se aplica en todo el mundo”, dice la doctora Charpak. Ella se sigue asombrando de que un método de eficacia tan probada siga generando resistencia todavía en la comunidad médica.

Casada con un ingeniero colombiano, la doctora Charpak llegó a Colombia en 1986. Allí tuvo que revalidar su título, obtenido en la Universidad de París, y decidió hacerlo con una residencia de un año en el Programa Canguro. Desde entonces, es una de sus mayores impulsoras. En 1994 creó la Fundación Canguro, desde la cual realiza una intensa actividad de formación y difusión.

Podemos intuir que esta pasión por el conocimiento es, en buena medida, hereditaria: la doctora Charpak es hija de George Charpak, Premio Nobel de Física en 1992.

No es una experiencia frecuente tener un Nobel en casa, pero ella lo toma con sencillez y con humor: “Papá falleció hace dos años. Me entendía muy bien con él. Vino varias veces a Colombia. Mi padre tenía un compromiso total con la educación en ciencias en la escuela primaria, a través de un programa que se llama “Pequeños Científicos”, y yo, con el Canguro. Disfrutábamos mucho. Papá me decía que si se cree en algo, hay que hacerlo con rigor, pasión y terquedad. Era un muy buen cangurólogo”.

Madre de tres varones, de 25, 22 y 16 años, vive y trabaja en Bogotá. Estuvo en Buenos Aires para presentar los logros del Método Canguro en la Jornada Pre-Simposio “Cuidado para el Neurodesarrollo”, que precedió al VI Simposio Internacional “El pulmón del recién nacido”, organizado por el Hospital Fernández de Buenos Aires.

Desde Sophia quisimos conocer mejor a esta mujer que lucha para que una cultura médica cientificista redescubra un método que rescata una sabiduría esencial y que tiene todo para ser un complemento invalorable en neonatología: es eficiente, sano, natural, económico, y pone a las mamás en primer plano.

–¿Por qué comenzó con este método?

–Lo que más me impresionó la primera vez que vi a un bebé canguro fue el bienestar del bebé –increíble– y el fortalecimiento de estas mamás, pobres pero orgullosas de hacer lo que hacían. También me impresionó ver que estaban completamente piel a piel: no había ciencia detrás. Entonces, me dio ganas de evaluarlo, ya que si este método mostraba beneficios, valía la pena difundirlo.

Por eso, con un grupo de médicos, el mismo grupo con el que creé la Fundación Canguro, empecé una primera evaluación del método y publicamos los resultados en la revista Pediatrics. Lo que demostramos es que con el Canguro los bebés no morían más, pero quedaban un poco más chiquitos. A raíz de este trabajo, otra institución nos propuso hacer un verdadero estudio experimental, eligiendo al azar niños canguro y no canguro, y fue entonces cuando mostramos que el método tiene muchísimos beneficios y que no había riesgo de aplicarlo. Esa es la razón por la que empecé con el Canguro. El que lo creó se llamaba Edgar Rey Sanabria y dos colegas lo difundieron: el doctor Héctor Martínez Gómez y el doctor Navarrete Pérez. Ellos fueron los pioneros. Lo que yo hice fue evaluar el método, ponerle reglas y difundirlo.

–¿Cómo lo recibió la comunidad?

–Al principio, les parecía muy folclórico. Además, se le pegaba una etiqueta: que si se hacía Canguro, era porque no había incubadoras. Cuando se creó el método, había incubadoras, pero no las suficientes para responder a la demanda. Pero el Canguro no es una alternativa al cuidado intensivo neonatal, sino un complemento. En la actualidad, se hace porque tiene unos beneficios espectaculares y no porque no hay incubadoras. Beneficios por los cuales es una rutina en Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega; en Bélgica y en España hay bastantes centros donde se hace.

–¿En qué consiste exactamente el Método Canguro?

–Para la gente, el Canguro es la posición y nada más, pero esto es solo uno de los componentes del método. Se trata de una posición derecha, de piel a piel, directa, para asegurar la regulación térmica del bebé sobre su mamá, su papá o la abuela; sobre una piel. ¿Cuánto tiempo? Aquí se hace dos o tres horas, pero no es así. Cuando yo pongo un bebé en la incubadora, lo pongo veinticuatro horas. Piel a piel, la regulación térmica es tan buena como en la incubadora, pero tengo que ponerlo veinticuatro horas.

Lo más notable de la posición canguro es que nosotros nunca sacamos al bebé; él sale solo. Cuando regula la temperatura, le resulta completamente incómodo y pide salir. Y eso es alrededor del momento en que debía haber nacido. La fisiología es maravillosa. Hacer Canguro implica pocas semanas, pero este tiempo resulta fundamental para el desarrollo de este bebé. La meta es no separar a la madre del hijo. ¿Qué significa eso? Ponerle una cama al lado del bebé, darle el almuerzo, brindarle facilidades a la mamá para que se quede.

–¿Y cuáles son los otros componentes?

–El otro componente es la nutrición canguro. Alimentar al bebé prematuro con leche materna es difícil. Al principio, como el bebé no puede comer, le pasan una sonda, para la que se necesita el calostro de la mamá; eso es lo mejor. Además, la mamá, al tener a su bebé aquí (se señala el pecho), empieza a producir leche. Es impresionante. El bebé empieza poco a poco con la succión no nutritiva, porque tiene la sonda, hasta que logra succionar del pecho de su mamá.

El tercer componente es la salida precoz en posición canguro con seguimiento estricto. Nosotros entrenamos a la mamá para cargar a su bebé y darle de comer, y los mandamos a casa antes de que regule su temperatura, en posición canguro veinticuatro horas. La mamá regresa al programa primero todos los días y luego cada semana. Después se hace un seguimiento hasta el año.

–¿Cuáles son los principales beneficios para el bebé?

–Menor mortalidad. No mueren más bebés, sino menos. ¿Y por qué mueren menos? Porque contraen menos infecciones intrahospitalarias. Al acortarse la estancia en el hospital, contraen menos infecciones y mejora la relación entre madre e hijo. El hecho de que el bebé esté en posición canguro hace que el bebé esté menos estresado, la calidad del sueño sea mejor, engorde más rápido y salga antes.

–¿Cómo van creciendo estos bebés? ¿Cómo están en relación con los bebés prematuros que no hicieron Canguro?

–Entre los bebés frágiles, encontramos un mayor coeficiente intelectual en los niños que fueron cargados.

Entre esos niños que elegimos al azar para el estudio grande que hicimos en 1993, hace dos años realizamos un estudio piloto. Recuperamos a los más chiquitos y les hicimos un estudio muy particular que se llama “estimulación magnética trascraneana”. Este mide la conexión entre los dos hemisferios cerebrales, porque esta conexión se hace al final del embarazo, cuando se aplica el Canguro. Nuestra teoría es que cuando usted pone a un bebé aquí (se señala el pecho), el bebé está menos estresado, reconoce la voz de la mamá, reconoce el corazón… No puedo volver a ponerlo en el útero, pero lo pongo del otro lado del útero, y allá lo mando veinticuatro horas con su mamá para que crezca el cerebro. Nuestra hipótesis es que las conexiones se hacen mejor, y podemos mostrar que es así. Esta mejoría en las conexiones solo la puedo lograr si se hace Canguro las veinticuatro horas.

–¿Y por qué, si el método demuestra ser tan bueno, sigue habiendo resistencia en la comunidad médica?

–Lo que pasa es que se le pega al canguro una etiqueta: que es un método para pobres. El segundo aspecto, que los médicos detestan, es que no parece tecnología. No es un nuevo antibiótico, ni una nueva máquina: es una mamá.

Una vez inauguré una conferencia en Quebec, diciendo: “Los quiero convencer de comprar una incubadora muy buena. Cuando hay corte de electricidad, sigue funcionando, y tiene todas las baterías antiestrés: ¡es una mamá!”. ¡Se me quedaron mirando boquiabiertos! A veces, ellos lo sienten como una carga de trabajo, pero una mamá es una persona especialista, que puede encargarse de su bebé. No parece tecnología, pero es la tecnología más sofisticada que uno podría tener.

La otra resistencia es que para este niño es un derecho estar con su mamá, y es un derecho de la mamá estar con su bebé. ¿Cómo se explica que un médico pueda decir: “Ahora tiene que salir porque vamos a revisar a su bebé”? ¡Es inaceptable! En los países nórdicos, ni se les pasa por la cabeza hacer eso. Nadie reemplaza a los papás. Ellos tienen el derecho de estar al lado de su bebé.

–En esta resistencia al método, ¿vio alguna diferencia entre la actitud de médicos varones y médicas mujeres?

–No. Pero la resistencia es por cultura: tienen que desaprender lo que aprendieron. ¿Desde dónde, por ejemplo, se puede pensar que los papás van a infectar a sus bebés por estar en contacto con ellos? A los papás se les enseña a lavarse las manos, a tener las uñas cortas y el pelo recogido. ¡Ellos nunca olvidan lavarse las manos; lo olvida el personal de salud! Las infecciones terribles se dan en los sitios cerrados, nunca con los papás. Hay que luchar contra este tipo de conceptos.

–¿Recuerda algún caso de un bebé canguro que quiera compartir con nosotras?

–Tengo muchos… tengo muchas anécdotas de papás varones. En los países machistas, el papá no se encarga del bebé, pero uno se da cuenta de que es la mujer la que no lo deja. Eso lo descubrí en la Fundación. Nosotros entrenamos a sesenta equipos de veinticinco países… países católicos, países musulmanes, y pienso que muchas veces es la mujer la que no deja al hombre ocuparse del bebé.

Para el papá es un gran placer hacer Canguro. Si usted los ve, cuando hacen Canguro, caminan como si estuvieran embarazados. ¡Es muy simpático! 

En el estudio que hicimos, descubrimos que los papás que han cargado a sus hijos, al año están más presentes, más en relación con el desarrollo del niño, y esto es un factor protector de la mortalidad durante los tres primeros meses. Mi interpretación es que cuando el papá carga al bebé, abre un canal de comunicación que tiene gran impacto. A menor educación, mayor impacto. El mapa de la prematurez es mapa de la pobreza; se superponen uno con el otro en todo el mundo, salvo en los casos de fertilización in vitro. El papá que cargó a su bebé es el que vemos en la consulta durante el primer año.

–¿Encontró alguna diferencia en la aplicación del programa según los países?

–No. En la India descubrimos que hay que entrenar a la suegra, porque la mujer que acaba de ser mamá no vuelve con su propia mamá, sino con su suegra. Y en lo de su suegra, ella trabaja. Por eso, hay que entrenar a la familia para que la dejen cargar al bebé.

En muchos países de África, si los papás viven muy lejos, usted no los puede dejar salir. Entonces, lo que se hace son unos alojamientos conjuntos para que los papás puedan estar durante el período frágil del bebé.

–¿Cómo reciben las mamás el método? ¿Lo aceptan, o ellas también demandan, como muchos médicos, algo más “tecnológico” para tratar a sus bebés?

–Nunca hay problema con ellas, una vez que se les explica. 

El bebé Canguro responde mejor a los signos de la mamá, y la mamá responde mejor a los signos del bebé. Hay estudios que muestran que, al año, la relación de ese hijo con su mamá es más fuerte que la del que no fue cargado. En la primera institución colombiana en la que se aplicó el programa, se observó que disminuyó el abandono, porque una madre que cargó a su bebé no lo suelta.

–¿Recuerda algún caso en especial?

–Cuando hicimos el estudio grande del que le hablé, había una bebita abandonada, de mil gramos. Como no engordaba, la jefa de servicio comenzó a cargarla, y la bebé empezó a engordar. Cuando llegó el momento de mandarla a una institución para adopción, esta mujer decidió adoptarla, porque se había creado un vínculo muy fuerte. Es hermoso, ¿no?

–¿Qué necesitan las mamás para hacer Canguro en su casa. ¿Tienen alguna limitación?

–No. La mamá tiene la faja que sostiene a su bebé y, tradicionalmente, durante el primer mes la ayuda su mamá; además, hay un papá que colabora. El único inconveniente es para dormir, pero todos están alrededor de este niño frágil durante unas semanas; no es el fin del mundo.

Le cuento que en Colombia estamos más adelantados que la Argentina en un aspecto: por ley, en Colombia se dan catorce semanas de licencia por maternidad, y si el bebé es prematuro, se cuentan las semanas que le faltaron a la madre de embarazo y se suman a la licencia. Eso es chévere.

–¿A la hora de aplicar el Método Canguro, hay algún obstáculo relacionado con la pobreza de los papás?

–No. Los papás nunca son el problema. Si usted tiene papás poco educados y debe explicar las cosas diez veces, las explica diez veces. Si la casa es muy pobre, aquí (se señala el pecho) el bebé está protegido.

Antes de despedirse, la doctora Charpak subraya: “El Canguro tiene que ser un derecho, hay que lograr que sea un derecho. ¿Cuál es el costo del Canguro? Una silla confortable, ver cómo darles las comidas a los papás, la faja… Nada más. El Canguro es una excusa para humanizar la neonatología, para abrir las unidades de cuidado intensivo neonatal. Usted no puede hacer Canguro si no tiene escrito en las puertas de las unidades: “No hay horario de visita. Abierto 24 horas”. ¿Cuánto tiempo nos va a tocar luchar contra eso? Hay que quitarle la etiqueta de subdesarrollo al Canguro”.

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