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Sophia - Despliega el Alma

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Sabiduría

3 Abril, 2017

“La armonía nos espera en el nuevo milenio”

Analista jungiana y autora canadiense, Marion Woodman –nacida en Londres, en 1928– explora el llamado del alma en la vida de hombres y mujeres, la importancia de enraizar el espíritu en el cuerpo, y la urgencia por reinstalar lo sagrado femenino en nuestras sociedades. Los siguientes fragmentos permiten descubrir sus intuiciones profundas y las causas que inspiraron su vida.


Producción periodística: Marina Do Pico.

El principio femenino y el amor

“Cuando hablo de lo femenino, no me refiero al género. Me refiero al principio femenino que vive –o es reprimido– en hombres y mujeres. El principio femenino busca relacionarse. En vez de separar las cosas en diferentes partes, dice: ‘¿En qué somos parecidos? ¿Cómo nos conectamos? ¿Dónde está el amor? ¿Me puedes escuchar? ¿Puedes escuchar lo que realmente digo? ¿Puedes verme? ¿Te importo o no te importo?’.

Estas son preguntas muy serias. Y es difícil hablar de lo femenino cuando tan pocas personas lo han experimentado. Lo femenino es presencia, es conexión, y es un corazón que está tan abierto que cuando conoces a otra persona lo que estás viendo es realmente el yo auténtico de esa persona. ¿Qué sentido tiene la vida humana si nadie te ha visto jamás?

No imaginarían la cantidad de personas –hombres y mujeres– que han llorado en mi consultorio, diciendo: ‘Nadie me vio jamás. Nadie tuvo tiempo de escucharme. Soy indigna de amor’. No hay término más triste en un idioma. Algunas veces he sentido una ternura profunda hacia una persona y cuando he estirado mi brazo para tocarlos me han dicho: ‘No me toques. Soy indigna de amor’. Y lo dicen de verdad. De niños, esas personas fueron criadas en un ambiente en el que lo femenino estaba ausente. Tienes que haber experimentado lo femenino para comprenderlo.

Pregúntate: de niño, ¿quién te veía? ¿Quién te escuchaba? ¿Había alguien ahí con quien pudieras ser completamente tú misma y a quien pudieses confiar tu corazón y las respuestas de tu alma? Alguien que te hiciera pensar: ‘Dios mío, soy alguien. Están felices de que esté acá’.

El gran trabajo de nuestra era es recuperar lo femenino en la cultura. No es un camino fácil. ¿En qué puede contribuir cada uno? Aunque no lo crean, la forma de hacerlo es muy personal. Tomarse tiempo para escuchar los propios sueños y anotarlos. Tomarse tiempo para reconocer que hay cosas en tu interior que necesitan ser sentidas, dichas, vividas o lloradas. Prestarles atención a estas cosas en uno mismo y en nuestros seres amados. Prestarle atención a nuestro yo auténtico.

Respecto de la palabra ‘auténtico’: se relaciona con la palabra ‘autor’ –podemos pensarlo como ‘ser autores de nuestras propias vidas’. Cuando estás viviendo tu propia realidad, te conviertes en el soberano de tu vida. Sabes quién eres, dices lo que crees. Esto despierta orgullo: ‘Esto es lo que soy, te guste o no te guste’. Pensemos, por ejemplo, en Michelle Obama: ella no le tiene miedo a su propia fuerza. Y como su fuerza no le quita nada a los demás –porque la da con amor–, es libre de ser auténtica.

Para mí, el verdadero poder es la presencia. Es la energía de saber quiénes somos y, por lo tanto, de actuar y hablar desde nuestro yo auténtico. No importa qué es lo que uno haga –si eres una maestra o una enfermera o lo que sea–, tu presencia contiene poder. No es poder sobre otra persona; es solo la expresión de la persona que eres.

El poder que habla de controlar a otra persona es muy distinto al poder que emana de la propia presencia. Esa clase de poder –el poder patriarcal– no valora a los demás (…). El amor, la energía amorosa, es el verdadero poder. Cuanto más expreses esa energía, más verás cuánto responden las personas a él y más querrás usarlo. Esta energía saca a la superficie tu creatividad y ayuda a que los que te rodean florezcan: tus hijos, las personas con las que trabajas… todos florecen”.

Del discurso “Conscious Femininity”, que pronunció Woodman en la 3a Conferencia Anual de Las Mujeres y el Poder, organizada por el Omega Institute, en Nueva York.

El alma y el hambre espiritual

“Si no tenemos tiempo de escuchar el alma, de escuchar sus valores, de permitirle adentrarse en lo divino femenino que nos conoce desde antes de que naciéramos, de vivir esa realidad, sobreviene la desesperanza. Y cuando se instala la desesperanza, la cultura sufre. Las personas se vuelven hacia las adicciones para intentar vivir. No pueden lidiar con la agonía implícita en la vida real (…) La Gran Madre se convierte en comida, tanta comida como puedan meter en su boca, porque el agujero es muy grande. No se puede alimentar el cuerpo para saciar un hambre espiritual; la adicción es un hambre espiritual. Lo espiritual requiere alimento espiritual. El alcohólico busca el espíritu en una botella. La Gran Madre, a quien todos añoramos, se convierte en comida, en dulzura, en cobijo”.

De Addiction to Perfection. The Still Unravished Bride: A Psychological Study.

Las lecciones de la enfermedad

“Mientras reinstalaba mis tonos rosas y violetas, devolviéndole el color a mi cuarto después del blanco del verano, pensé mucho. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? No por qué yo. No siento vergüenza ni culpa por mi cáncer, pero necesito asumir responsabilidad por un nuevo futuro. ¿Cuál es la lección que tengo que aprender aquí? ¿Qué factores pueden haber contribuido a mi enfermedad?

1. ¿Traicioné mi femineidad por hacer demasiado: demasiados viajes, clases, responder correos. ¿Había una corriente subyacente que susurraba: ‘Esto no es vivir’? Sé que el peso de mi correspondencia era más de lo que podía acarrear, aunque amo escribirles a mis amigos. Aun así, no importa cuánto hiciera, siempre aparecía otra bolsa. La correspondencia me llevaba dos horas todos los días: dos horas de tomar decisiones, dos horas que en algún momento fueron tiempo para el alma, para bailar escribir, jugar.

2. ¿Fui incapaz de acarrear la proyección de la Gran Madre por más tiempo? Maternar no es un impulso primario en mí. Lo hago. Asumo la responsabilidad, el deber, la pesada densidad del cuerpo. Amo cocinar, crear espacios hermosos, pero esa no es mi esencia. No prospero. Me convierto en una masa cargada e hinchada. Mi cuerpo eventualmente dice: ‘No, quiero jugar’. El juego para mí es creatividad. Nunca jugué a la mamá con mis muñecas. Moma y Topsy eran mis alumnas, junto al resto de mi clase imaginaria. En mi vida no me convertí en madre, me convertí en maestra. Tal vez en mi trabajo llevé la proyección más allá del punto donde era creativo para mí.

3. Lo que es esencial en mi vida es la dinámica del arquetipo maestro/estudiante. Cuando vi a Joseph Campbell llenarse de luz y vida mientras enseñaba, vi cómo su energía aumentaba en vez de disminuir, supe que ese arquetipo existía y que la dinámica de maestro/estudiante era la fuente de mi vida. Mi relación primaria con mi padre fue de maestro/estudiante. El pizarrón que usé de los 4 a los 16 años fue el foco de mi constante diálogo interior: pregunta y respuesta. También lo fue el microscopio. Y ahora lo son el rotafolio y los bolígrafos de colores. La idea de no volver a enseñar me marchita. Me desperté temblando en Zúrich ante la idea de no volver a enseñar dramaturgia. ¡El puro placer creativo!”.

De Bone. Dying Into Life, un libro que escribió Woodman al enfrentar un diagnóstico de cáncer de útero del que pudo recuperarse.

Hacia una nueva armonía

“Una cosa ha quedado grabada en mi conciencia. Como sea que llamemos a estas dos polaridades que crean el equilibrio de energías en nuestros cuerpos y en nuestro planeta –masculino/femenino, Shiva/Shakti, yin/yang, espíritu/alma, trascendencia/inmanencia, hacer/ser–, somos hoy responsables de hacer espacio para la sanación del cuerpo, el alma y el espíritu. Nos dirigen en el proceso evolutivo guías divinos a través de nuestros sueños, nuestros síntomas, nuestro planeta. Están emergiendo nuevos valores, valores femeninos y valores masculinos que están libres de abuso patriarcal. Una armonía totalmente nueva nos espera en el nuevo milenio”.

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