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Mujer y política

17 mayo, 2018

Julieta Lanteri: pionera de la lucha feminista en nuestro país

Hoy se inauguró una nueva estación de la línea H del subte y por primera vez lleva el nombre de una mujer. Conocé la historia de esta luchadora incansable por los derechos femeninos que debió enfrentar prejuicios y hacer de sus propias conquistas una bandera para todas.


Mujer, médica, madre, activista política. Luchadora incansable cuyo nombre es una estación de subte de la línea H. 

Fue la primera mujer argentina en votar y lo logró cuarenta años antes de que Eva Perón proclamara el voto femenino. Es más: lo hizo antes aún de que ella naciera. Luchó para que los derechos no fueran solo para los hombres ni tampoco para algunas mujeres. Fundó un partido político y, a través de una activa militancia fue parte de congresos feministas y participó de huelgas, apoyando diversas causas.

Si bien fue en noviembre 1951 que el voto femenino comenzó a ser una realidad en la Argentina, el 26 de noviembre de 1911 ella se presentó a sufragar, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo de toda Sudamérica. ¿Cómo lo consiguió? Respondiendo a una convocatoria a actualizar el padrón de la ciudad de Buenos Aires, donde instaban a presentarse a los ciudadanos “que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y que pagaran impuestos”. Ella asumió que, si no había una aclaración acerca de si el llamado era para hombres o mujeres, podía presentarse como cualquier otro residente de la ciudad. Y así lo hizo.

El 26 de noviembre de 1911 se convirtió en la primera mujer en sufragar de Argentina y Latinoamérica.

Nacida en 1873 con el nombre de Julia Magdalena Ángela Lanteri
en Briga Marittima, Italia, llegó a la Argentina seis años después, junto a sus padres y su hermana. En 1886, ingresó al Colegio Nacional de La Plata, que por aquella época era la llave de ingreso a la universidad. Su vocación estaba clara: estudiaría para ser médica. Pero como para hacerlo necesitaba un permiso especial por ser mujer, el doctor Leopoldo Montes de Oca firmó su carta de autorización. Una vez recibida, fundó junto con la doctora Cecilia Grierson, primera egresada mujer de esa carrera, la Asociación Universitaria Argentina.

Dispuesta a luchar por los derechos femeninos, fundó el Centro Feminista junto a la socialista Alicia Moreau, la primera organización que peleó para concretar ese sueño: conseguir un un mundo más justo para las mujeres. Y tal fue su compromiso que, en 1910, se convirtió en la secretaria general del Congreso Femenino Internacional.

Durante su vida, que terminó muy pronto, debió enfrentar prejuicios y hacer frente a lo que se esperaba socialmente de una mujer. Así que no le importó cuando los rumores y las críticas se ensañaron con ella y otra vez. Se casó (y luego se divorció) de Alberto Renshaw, trece años menor que ella, quien acompañó su lucha y trabajó a la par en sus reclamos. Tuvo dos hijos: María del Carmen y Juan Bautista.

Dispuesta siempre a dar pelea, con la reforma electoral de 1912 (conocida como ley Sáenz Peña), consiguió por fin la ciudadanía argentina y exigió para sí todos los derechos consagrados por la Constitución. El juez que atendió su reclamo entendió que debía dar curso a ese pedido, ya que el texto no excluía expresamente a las mujeres. Esa fue una de sus grandes victorias.

Fue pionera y emblema de la lucha de género, en un tiempo en que la mayoría quedaba afuera de la toma de decisiones y debía recluir sus sueños al ámbito doméstico. No solo exigió derechos para todas, sino que además denunció las condiciones inhumanas de las obreras y la existencia de proxenetas y funcionarios que se enriquecían con la explotación sexual. Exigió el derecho al divorcio y el fin del poder de la Iglesia a la hora de decidir sobre las personas. Perseguía la igualdad de derechos en todos los planos: político, legal, laboral y civil.

En 1919, se postuló como diputada nacional (las mujeres no podían votar, pero sí ser candidatas) con el lema “En el Parlamento, una banca me espera, llevadme a ella”, por el Partido Feminista Nacional. Otra vez marcó un hito: fue la primera mujer en aspirar a un cargo de ese tipo. Luego fundó el Partido Feminista Nacional, por el que se postuló a legisladora en varias oportunidades más.

El 23 de febrero de 1932, mientras caminaba por la Diagonal Norte, en pleno microcentro porteño, un automovilista la atropelló marcha atrás y huyó, en circunstancias poco claras que despertaron las suspicacias de su círculo íntimo y la prensa internacional: por su lucha, Julieta había ganado varios enemigos. Murió días después en el hospital y a su funeral asistieron más de mil personas, mujeres y hombres, de distintos pensamientos políticos.

“Arden fogatas de emancipación femenina, venciendo rancios prejuicios y dejando de implorar sus derechos. Éstos no se mendigan, se conquistan”, escribió en 1922. Y entonces su pensamiento se convirtió en un emblema de todas, todas las demás. Desde hoy, la estación de la línea H que llega a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, llevará su nombre. Merecido homenaje para su vida y su lucha.

“Mis actos son una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber: una afirmación de mi independencia que satisface mi espíritu y no se somete a falsas cadenas de esclavitud moral e intelectual, y una afirmación de mi sexo, del cual estoy orgullosa y para el cual quiero luchar”.

Julieta Lanteri

 

Fuente: La Izquierda Diario

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