Sophia - Despliega el Alma

IMAGENES | Por Manuel Cuffoni

La vida que late en la madera

19 febrero, 2021

Las obras de este artista argentino autodidacta reivindican el paso del tiempo y enaltecen la belleza de la fauna patagónica.

Todo parece haber comenzado un día de limpieza en la casa. Manuel Cuffoni salió al patio dispuesto a hacer orden y encontró tirada una vieja hamaca de madera con la que sus hijos ya no jugaban. Cubierta de hojas secas y barro, con los rastros del otoño y del invierno sobre su superficie, algo en la madera le llamó la atención. En una de sus caras, entre las vetas, aparecía ante su mirada desprevenida el rostro de un águila. Pensó que sería bueno sacarlo de ahí de algún modo, quizás siquiera sin saber muy bien qué significaba “sacarlo de ahí”.

Así, de manera inesperada y autodidacta, me lancé a un intento de tallarla con herramientas caseras, muy improvisadas”, cuenta este artista argentino de 39 años, padre de tres hijos. Y aunque todo parece haber comenzado un día de limpieza en la casa, tal vez no fue tan así, porque esos rostros y figuras que empezaban a aparecer entre las vetas de viejos maderos habían existido siempre en el escenario en el que transcurrieron los primeros años de su vida.

Nacido en San Martín de los Andes, provincia de Neuquén, Manuel Cuffoni creció entre montañas, ríos y lagos, allí donde la naturaleza se abre paso entre nevadas y bosques. Así, ciervos y truchas, águilas, búhos y pumas, personajes fundamentales del ecosistema patagónico, pasaron a protagonizar su obra escultórica.

Después del rostro de aquel águila que supo ver en una hamaca olvidada, de un año de trabajar con sus manos y herramientas rudimentarias, de tallar troncos y terminar de dibujar esos trazos que en borrador dejaba el tiempo sobre los maderos, Manuel y su familia dejaron San Luis, donde estaban viviendo, y volvieron a la Patagonia.

El reencuentro con los paisajes primigenios, dice, fue un llamado a vincularse definitivamente con la generosidad de toda esa naturaleza indómita y dedicarse a la escultura.

Actualmente vivo en Villa Traful, una aldea muy chiquita que conserva la tranquilidad del lugar y me permite conectarme al ciento por ciento con el entorno que me rodea, el de los Siete Lagos”, cuenta a Sophia. Allí, en ese pueblo turístico al sur de Neuquén, Manuel se abocó no ya a tallar, sino a hacer esculturas impresionistas sobre maderas que erran entre las corrientes de lagos y ríos, de una costa a otra costa, empujadas por el viento, entibiadas por los rayos del sol y labradas por la lluvia, la nieve o la ceniza volcánica, yendo y viniendo sin prisa y buscando el mejor sitio donde anclar para siempre.

Al recorrer las costas de estos ríos y lagos comencé a descubrir que algunos de los fragmentos de madera flotada tenían una historia que contarme, las grietas y matices generados por el transcurso de los años más la influencia del clima y sus factores naturales eran testigos de un tiempo sin tiempo, de un mensaje a descifrar. Sus formas y texturas me cautivan, me invitan a recorrer nuevos horizontes. Y de pronto como si se tratara de un diálogo entre la madera y mi espíritu interior, surge de manera espontánea la obra, cómo un intento de descubrir el personaje pero con mucho cuidado, sin invadir la madera. Cómo invitándolos a despertar de su sueño”.

Buscar la pieza y encontrarla se complementa con la observación detenida de las distintas especies que habitan al pie de la cordillera. Manuel Cuffoni las conoce desde niño, las vio posarse cerca, correr, volar, atacar a una presa. Aún hoy tiene la fortuna de verlas en libertad y, a veces, las observa de más cerca cuando, por caso, las encuentra en su lecho de muerte, ya sin vida. Se ayuda con fotografías para completar ese registro de la memoria que a veces puede no ser suficiente. Luego viene la tarea de esculpir, su empeño en el detalle, el trabajo con las luces y las sombras y la concentración para conseguir realismo en la escultura, punto que, dice, lo focaliza siempre en la mirada del animal representado.

Desde los comienzos, el móvil que alimentó mi producción artística fue honrar al Creador, procurando respetar las leyes de armonía que es de este universo la ‘obra maestra’, a la que humildemente procuro re-crear”, asegura.

Aunque también recoge su materia prima en los bosques, Manuel cuenta que suele quedarse con la madera que flota en lagos como el Lácar, Falkner, Correntoso, Espejo, Meliquina, Hermoso o Traful. “Tienen muchos afluentes que vienen enriquecidos con fragmentos de lenga o ciprés que bajan de la cordillera de los Andes. Cuando te encontrás con una pieza así, es increíble tenerla en tus manos y observar detenidamente el recorrido histórico que hizo. Hay algunas que llevan no menos de 70 años flotando en el lago, desde una creciente que se la lleva a una costa, luego al año siguiente la trae a esta, y así va recorriendo lagos hasta que tenés la suerte de encontrarla”. Esas travesías, dice, quedan plasmadas en los orificios, en el recorrido de las grietas, en los colores y en la pigmentación que toman ramas y troncos que navegan silenciosas buscando el sitio donde atracar.

Esculturas en madera de animales que habitan los paisajes de la Patagonia componen la obra de este artista argentino nacido en San Martín de los Andes.

Esa madera que encuentro tiene un mensaje dentro. Creo que eso ya es una obra de arte. Complementar flora y fauna en una sola pieza en un concepto artístico terminó de definir mi rumbo hacia la escultura impresionista”, dice. La obra, el trabajo que él realiza y las figuras que consigue reivindican el paso del tiempo y, a la vez, transmiten un mensaje conservacionista. El resultado son asombrosas piezas de animales en cuya mirada la vida y la muerte dialogan y se funden en una sola voz que dice sin decir. No hace falta que lo haga, reverbera allí, en ese aspecto humano tan misterioso que, como un viejo madero, navega siempre en silencio hacia su destino.

Manuel Cuffoni lleva creadas unas 150 obras en madera, desde que comenzó, hace cuatro años, a tallar con herramientas caseras y guiado por la intuición. Luego vinieron las esculturas. Este mes presenta en San Martín de los Andes y Villa Traful la obra Siete lagos, una mirada, que comprende siete esculturas de siete animales diferentes. Esas piezas, que representan cada una un lago de la región, conforman una misma colección, la mayor realizada hasta el momento.

Texto: Carolina Cattaneo. Fotos: Gentileza Manuel Cuffoni.

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