Sophia - Despliega el Alma

Artes

14 mayo, 2013

“Hace tiempo que perdí el miedo a volverme loca”


138_3_1

Antes de su visita a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la española Rosa Montero nos habla de su última novela, donde parte del duelo tras la muerte de su marido, Pablo, para celebrar el valor de la vida. Por Agustina Rabaini.

El arte en general, y la literatura en particular, son armas poderosas contra el Mal y el Dolor. Las novelas no los vencen (son invencibles), pero nos consuelan del espanto. En primer lugar, porque nos unen al resto de los humanos: la literatura nos hace formar parte del todo y, en el todo, el dolor individual parece que duele un poco menos. Pero además, el sortilegio funciona porque, cuando el sufrimiento nos quiebra el espinazo, el arte consigue convertir ese feo y sucio daño en algo bello”.

Este fragmento, tomado de la más reciente incursión literaria de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte, fue escrito por la española en una etapa en la que venía de vivir una pérdida profunda. En esta mezcla de ensayo, diario íntimo y novela en la que consigue traducir el peso y las heridas en ideas o en belleza pura, Rosa le escapa a un género estándar.

Por primera vez desde el tono autobiográfico de La loca de la casa (2003), se anima a compartir pensamientos y momentos de su propia experiencia. Y vuelve sobre su propio duelo tres años después de la muerte de su marido, Pablo Lizcano. A lo largo de doscientas páginas, se presta a hurgar en la pena, no le huye al dolor y así logra celebrar nada menos que la propia vida, los placeres cotidianos; la gracia y la complejidad de la existencia.

Vidas cruzadas

El origen de La ridícula idea de no volver a verte no surgió de la propia Rosa Montero. Esta vez, todo comenzó cuando Elena Ramírez, editora de Seix Barral, le hizo llegar el diario que Marie Curie escribió luego de la partida de su marido, Pierre. Junto con el envío, la invitaba a escribir un prólogo, o lo que quisiera, dejándose llevar. Cuando leyó el texto, Rosa no solo se sintió impactada por completo, sino que quiso saber mucho más sobre aquella polaca a quien admiraba desde hacía mucho tiempo.

“Me puse a comprar libros: leí media docena de biografías de Madame Curie, y poco a poco empezó a crecer algo informe en mi cabeza. Sentí ganas de contar su historia a mi manera y tuve ganas de usar su vida como vara de medir para entender la mía”, explica la autora, quien admite haberle “huido con ahínco a lo autobiográfico” durante mucho tiempo, aunque en sus novelas ha estado “siempre lamiendo las heridas más profundas”.

En su última aventura literaria, deja saber que, a través de la vida de una mujer extraordinaria, pudo meterse en sus propios estados de ánimo y echó a andar reflexiones y pensamientos: “He utilizado a la gran Madame Curie como un paradigma, un arquetipo de referencia con el que poder reflexionar sobre los temas que me rondan insistentemente por la cabeza”, explicó.

Antes de su visita a la Feria Internacional del Libro, el próximo 4 de mayo, en Sophia pudimos conversar con ella. Una tarde, el otoño entraba por las ventanas de nuestra redacción y Rosa nos escribía desde el teclado de una pantalla del otro lado del mundo, en un avión, de viaje entre Nueva York y España. Sobre la mujer que inspiró su libro, nos dijo: “Madame Curie fue una mujer increíble, una pionera en todo: la primera en licenciarse en Ciencias en la Sorbona, la primera en doctorarse en Ciencias en Francia, la primera en tener una cátedra. Ganó dos premios Nobel y tenía una gran determinación; era valiente, tenaz”.

–¿Qué te deparó a  vos la experiencia de recorrer su vida y escribir este libro?

–Con todos los libros se aprende algo. Uno no escribe para enseñar, sino para aprender. Con este libro he aprendido que estaba buscando la serenidad, algo que no sabía, o al menos no era consciente de ello. Hoy creo que La ridícula idea de no volver a verte me ha quitado cierto peso de encima. Ahora estoy intentando aprender a tener una vida plena y serena, una vida razonablemente feliz, capaz de vivirse en el aquí y el ahora. Tengo que confesar que no siempre lo consigo. Me sé la teoría, pero la práctica resulta difícil (se ríe).

–En el libro explorás el dolor ante una pérdida profunda. ¿Qué más sacás afuera o curás cuando escribís?

–¡Todo! Debo decir que escribir no “cura” porque eso sería minimizar un poco todo… La escritura es algo más básico, forma parte de la construcción de lo que eres y es algo que te estructura. Es como el esqueleto exógeno que te mantiene en pie. La mayoría de los novelistas empezamos a escribir de niños y es algo que forma parte esencial de lo que somos. Creo que la mayoría sentimos que, sin la escritura, no soportaríamos la vida, que nos descoseríamos, que nos volveríamos locos. Más que curarme, escribir me permite ser.

–En este último libro también explorás nuestro lugar como mujeres en el mundo. Hablás “del maldito y borroso espacio propio que tenemos que encontrar”. ¿Podrías ampliar ese concepto?

–Las mujeres siempre hemos tenido un espacio muy desdibujado por dos razones; la primera es que, tradicionalmente, la mujer no poseía un lugar propio en el mundo exterior. Fuera de lo doméstico, era una anomalía, una intrusa. Y esto fue así hasta hace muy poco. Recordemos que en tiempos de Marie Curie, a principios del siglo XX, las mujeres incluso tenían prohibido estudiar en las universidades, en la mayoría de los países del mundo. La segunda razón es que las mujeres interiorizaron ese sistema de valores y durante siglos sintieron que sus propios deseos eran secundarios. Es decir, no vivían para sus propios deseos, sino para los de los demás: lo importante era la vida del padre, del marido, de los hermanos. Todo esto hacía que el dibujo de su propia vida fuera muy confuso. Las cosas han cambiado mucho en Occidente, por fortuna, pero aún quedan restos inconscientes de todo esto.

–¿Qué dirías que queda en vos de aquella niña  que empezó a escribir a los 5 años y años después quiso ser psicóloga por temor a volverse un poco loca?

–Muchísimo, o quizá todo; quiero decir que la creatividad reside en la niña interior, y si esa niña desapareciera, estoy segura de que no podría escribir. Pero hace ya mucho que perdí el miedo a volverme loca, por fortuna. Sé convivir con mis rarezas y debilidades, me conozco y me llevo bien.

–En el libro hablás de la importancia de aprender la ligereza, “esa maravillosa virtud existencial que consiste en saber vivir el presente con plenitud serena”. ¿También intentás aprehenderla?

–¡Claro! Lo que más quiero es conquistar esa ligereza que permite sacarle el jugo a la vida… Siempre he sido una persona muy tendiente a la angustia, a la hiperresponsabilidad, a una autoexigencia desaforada. ¡Tengo que aprender a ser más perezosa!

–¿Qué te alegra la vida?

–Mis amigos, mi familia, mis perros, leer y oír música, pasear por las montañas, escribir.

–¿Qué te enoja?

–La crueldad y el dogmatismo.

–¿Y si te preguntara qué te sugiere este momento del mundo?

–Estamos en una crisis espantosa; en España hay mucho desconsuelo, un gran dolor social, la sensación de estar atrapados y sin salida. Aun así, tiendo a ser optimista… Este es un momento duro, pero interesante, y también esto pasará, como pasa todo. El futuro puede deparar cosas mejores.

–¿Sobre qué escribís estos últimos días? ¿Hay un nuevo proyecto?

–Estoy preparando otra novela protagonizada por Bruna Husky (N. de la R: El personaje de su novela Lágrimas en la lluvia), mi detective replicante en Madrid, en el año 2109.

–¿Qué tenemos en común quienes vivimos en Madrid y en Buenos Aires?

–La hospitalidad afectuosa.

–¿Qué esperás de tu próxima visita a Buenos Aires, para la Feria del Libro?

–Amo Buenos Aires, en esa ciudad tengo amigos queridísimos. Llevo más de un año sin ir y para mí ese lugar es casi mi segunda casa, la echo muchísimo de menos. Volver ahora va a ser pura alegría y un reencuentro.

ETIQUETAS literatura

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Artes

Eugenio Cuttica: «El arte es la única salida que...

El artista argentino –radicado en Nueva York– regresó a nuestro país para presentar Serendipia, una muestra donde la mirada sagrada de la vida se hace presente y transforma el alma de todo aquel que se detiene a mirar.

Querían escribir, participaron de nuestro taller...

Silvia Handler, Laura Valbonesi y Rosa Ana Musso tienen varias cosas en común: adoran las palabras, participaron del Taller de Escritura Creativa de Sophia y, luego de la experiencia, se animaron a publicar. Te compartimos sus historias.

María Luisa Bemberg, 100 años de una artista que...

Se cumple el centenario del nacimiento de la gran directora de cine, pionera en los movimientos feministas del país y figura clave en la pantalla grande argentina. Aunque partió hace más de 25 años, conocer su legado es una forma de homenaje y un viaje que será, para quien se atreva a transitarlo, transformador.