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Salud

4 julio, 2018

Hábitos: ¿aliados o enemigos?

La incorporación de hábitos positivos es uno de los pilares del bienestar. Para sumarlos a la rutina, el primer paso es reconocer qué necesitamos cambiar. ¿Cómo adquirir recursos para ahorrar tiempo, sentirnos con más energía y mejorar nuestro nivel de bienestar? Las claves, en esta nota.


Candela no se llama Candela, es el seudónimo de una mujer que promedia los treinta años y que, durante la sesión semanal con su terapeuta, cayó en la cuenta de que parte del estrés que atravesaba a diario tenía que ver con un hábito que estaba incorporado con naturalidad a su rutina: hacer todo a último momento. ¿La raíz del problema? Las largas horas de madrugada que pasaba mirando varios capítulos de su serie favorita. ¿La consecuencia? Pocas horas de sueño y días que empezaban demasiado cerca del comienzo de sus compromisos laborales o personales. Llegar con el último aliento a cada reunión, a cada entrega de trabajo, almuerzo familiar o turno con el médico no era gratis para ella: el cúmulo de apuros y llegadas tardes repetidas le generaba un nerviosismo constante que, sumado a la irritación por la falta de horas de descanso, producía un combo explosivo que al final del día la dejaba exhausta. Entonces probó con hacer un ajuste milimétrico en su agenda cotidiana  y tomar la decisión de reducir las maratones de madrugada a uno solo capítulo por noche, irse a dormir más temprano, levantarse descansada y en horario y empezar el día con menos apuro y menos estrés.

“Los hábitos son pensamientos y conductas que se repiten con regularidad. Definen parcialmente cómo nos ven los otros y cómo vemos nosotros a los demás; y pueden tener una enorme influencia en nuestras vidas. Qué desayunamos a la mañana, si hacemos ejercicio o si nos juntamos con nuestros amigos los fines de semana determinan gran parte de nuestro desarrollo personal y de nuestro bienestar”, dice a Sophia el psiquiatra Pablo Hirsch, autor del libro Inteligencia para el bienestar. Vivir mejor tiene su ciencia, publicado el año pasado por editorial Sudamericana.

En él, el especialista en terapia cognitiva y gerente general del Centro Privado de Psicoterapias, presenta el concepto de inteligencia para el bienestar, que es, según su definición, “la capacidad de una persona para mejorar su experiencia de vida presente y futura al gestionar mejor su mundo interno, interpretar adecuadamente las circunstancias del entorno e intervenir directamente en él”.  En ese sentido, la incorporación de hábitos positivos o la eliminación de los hábitos negativos es clave.

“Si una persona no desarrolla hábitos positivos, su vida se vuelve más caótica y errática. Eso tiene varios inconvenientes: uno de ellos es que debe gastar tiempo y energía en pensar qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo. Además de sufrir un costo emocional, le puede resultar más difícil ejercer el autocontrol o tomar decisiones. Por el contrario, si adquiere hábitos como alimentarse mejor, preparar sus clases con anticipación o hacer ejercicio, tiene más recursos para ahorrar tiempo, sentirse con más energía y mejorar su nivel de bienestar”, enumera Hirsch.

El bienestar se sostiene sobre el autoconocimiento de nuestros aspectos positivos, la regulación y el desarrollo emocional, las habilidades interpersonales, la toma de decisiones y el cambio de hábitos. A propósito de esos cambios, hicimos preguntas al especialista para echar luz sobre cómo podemos activar esos pequeños o grandes ajustes que nos ayudarán a inclinar las velas en pos de una mejor calidad de vida.

–¿Qué entiende por bienestar?

–El bienestar es un estado emocional positivo, estable en el tiempo. Tiene fundamentalmente dos componentes. El primero es el aspecto emocional: cómo me siento en este momento. Puede incluir emociones como la alegría y la euforia o estados de calma y relajación. El otro componente es el cognitivo, que conlleva un juicio sobre qué tan satisfecho estoy con mi vida. Para evaluarlo puedo pensar en aspectos tan diversos como mi nivel de satisfacción con el trabajo, mi pareja, mi familia, mi lugar de residencia, mi salud, entre otros.

–¿Por qué habríamos de incorporar o desactivar un hábito?

–El bienestar no se construye solo de manera consciente. De hecho, durante una buena parte del día, nos dominan los pensamientos y las conductas automáticas. Es fundamental dejarnos tiempo libre para poder tomar distancia de las conductas que queremos cambiar y lograr mirarlas desde otra perspectiva.

Los chicos, los padres y los hábitos

¿Qué rol cumplen los padres en la formación de hábitos saludables en sus hijos?  ¿Cómo pueden ayudarlos a sostener rutinas que los beneficien?

Pablo Hirsch asegura que gran parte de los hábitos que los chicos desarrollan diariamente son determinados por los comportamientos de los adultos. “Los niños actúan frecuentemente por imitación: imitan a sus padres y a las personas que los rodean.  Los primeros años de vida son esenciales en la formación de conductas nuevas y la primera técnica para aprender es simplemente observar”.

Los niños lo registran todo a su alrededor, todo el tiempo. Como pequeñas esponjas, ellos aprenden e incorporan lo que ven en su entorno. “Si ve que sus padres miran el teléfono durante la cena, va a aprender que lo correcto es no estar presente en la conversación durante la comida; si ve que se hablan a gritos e insultos, aprenderá que lo correcto es ese estilo de comunicación; si ve que leen un rato todas las noches, es más probable que, en el futuro, disfrute de la lectura”; enumera Hirsch, y dice que es importante que los padres acuerden qué hábitos saludables se quieren desarrollar y cuidar en la familia.

–¿Cuál es el primer paso que debemos dar para cambiar un hábito?

–Antes de empezar a gestionar un cambio de hábito deberíamos pensar en profundidad para qué queremos cambiar: explorar mentalmente cómo va a afectar nuestra vida y cómo va a cambiar nuestra identidad. Puede ayudar pensar en términos concretos: dónde, cuándo, con quién y cómo voy a implementar ese cambio de conducta.

–Una vez que somos conscientes de la necesidad de cambiar un hábito, ¿cómo lo sostenemos?

–Por repetición. Por ejemplo, cada día que vas a correr o cada vez que practicás otro idioma, tus habilidades mejoran. No todos los hábitos son rígidos ni requieren esfuerzo, pero sí práctica. Y, así como se adquieren, muchos de ellos también se pierden sin regularidad. Podés hablar muy bien inglés, pero si dejás de practicar esa lengua se vuelve menos ágil, menos fluida. Los buenos hábitos requieren capacidad, conocimiento, motivación y disciplina para poder sostenerlos.

–En el libro menciona que a veces es importante acompañarse de personas que colaboren a nuestro cambio de hábito. ¿Cuál es la clave para darnos cuenta que necesitamos un sostén?

–Cambiar o mantener un hábito requiere un enorme esfuerzo. Nuestra motivación es por naturaleza irregular. Es muy probable que, por situaciones de estrés o por un estado emocional particular, retomemos una conducta anterior. Todo este proceso es mucho más fácil si tenemos a alguien que nos apoya, nos orienta y nos motiva. Por ejemplo, para la mayor parte de las personas es más fácil hacer actividad física o dieta si algún integrante de la familia también lo hace. Esto aplica a la red social más amplia.

–¿Cómo identificamos a las personas que nos pueden acompañar en esos cambios?

–A veces tenemos que tomar distancia y reflexionar quiénes pueden enriquecer nuestra experiencia vital y a las que podemos recurrir para recibir apoyo, desarrollar emociones positivas o adquirir conocimiento. Puede ser la familia, los amigos, los maestros o los mentores que consideremos que presenten altos niveles de inteligencia para el bienestar. Estas relaciones pueden inspirarnos, motivarnos y activar una identificación con el otro.

No hay edad ideal para llevar a cabo el propósito de deshacernos de un hábito negativo o de incorporar uno positivo. No importa que se trate de comer sano, caminar algunas cuadras por día para romper con el sedentarismo, leer un poco todas las noches o ser perseverante con una actividad solidaria que nos hace sentir bien. “A través de los años, algunas personas reorganizan sus prioridades vitales y toman conciencia sobre la necesidad de cuidar sus relaciones personales e incorporar hábitos de autocuidado -dice Hirsch-. Lo más importante, independientemente de la edad, es identificar factores que contribuyan a la motivación, la regularidad, la tolerancia a la frustración y la apertura a nuevas experiencias”.

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