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27 abril, 2018

Fashion Revolution: “Revolucionar la moda tiene que ser un estilo de vida”

Lo dice Carry Somers, fundadora del movimiento que, desde hace cinco años, busca promover una mayor transparencia social, económica y ambiental en la industria que nos viste. En la Semana de Revolución de la Moda, la diseñadora charló desde Reino Unido con Sophia para hacer llegar su mensaje: más que un día o una semana, el compromiso debe estar activo siempre.


Por Tais Gadea Lara

Las páginas de los diarios recuerdan lo ocurrido hace cinco años, con el desplome del complejo fabril de Rana Plaza, Bangladesh, que dejó más de 1.100 víctimas fatales y más de 2.000 heridos. Los portales y blogs ofrecen información sobre las actividades que se realizarán en los distintos países para celebrar una nueva semana de acción. Incluso, las actualmente conocidas como “influencers” realizan posteos sobre la temática, para luego seguir publicitando a esas mismas marcas que el movimiento pone en la mira el resto de los 364 días del año. Lo que preoucupa es el después. Cuando concluye esa semana, cuando el hashtag del #quienhizomiropa se deja de usar y la acción parece continuar sólo en manos, boca y brazos en alto de quienes llevan la causa, no como “algo de moda”, sino con la convicción de la necesidad de una moda ética.

¿Cómo revolucionar la moda todo el año?

• Comprar sólo lo necesario, no lo que impone la moda.
• Optar por tiendas de ropa usada o de segunda mano.
• Elegir diseñadores independientes y locales.
• Optar por opciones amigables con el ambiente, como zapatos veganos.
• Arreglar las prendas con fallas o roturas.
• Cuidar las prendas para que sean sostenibles en el tiempo y duren más.
• Buscar información en redes sociales sobre las características de las marcas.
• Si no encontrás la información, subí una foto y preguntale a esa marca: “¿Quién hizo mi ropa?”.

Todo es celebrado, pero asistimos ante una industria que debe cambiar sus características cuanto antes. Así lo consideró la diseñadora británica Carry Somers cuando, lejos de quedarse de brazos cruzados ante la tragedia (evitable) de Rana Plaza, decidió impulsar la iniciativa Fashion Revolution (“Revolución de la moda”, en su traducción al español). Y lo que comenzó siendo un día (el 24 de abril, en conmemoración de lo ocurrido en Bangladesh) destinado a brindar actividades, concientización y talleres para invitar a la gente a preguntarles a las marcas “¿Quién hizo mi ropa?”, rápidamente pasó a ser toda una semana donde las posibilidades de impacto se multiplicaron.

Este 2018 no fue un año más para el movimiento. Se cumplieron cinco años de acción, de información, de mensaje; de hacer sentir oír las voces y dar visibilidad a las personas detrás de las prendas que vestimos. Desde Reino Unido, Carry Somers volvió a compartir una cálida conversación con Sophia vía Skype, con un objetivo contundente: instalar la idea de que la revolución de la moda debe ser constante. Aquí, en estos cinco años de iniciativa, cinco reflexiones claves, en palabras de su impulsora:

Carry Somers

Leé también “La moda puede ser una fuerza para el bien”.

1. Cifras que alarman

Hace unas semanas, Naciones Unidas evaluó la situación en la que se encuentra el denominado “fast-fashion” o sistema de moda de producir mucho a bajo costo sin importar las condiciones sociales y ambientales que hay en su proceso. ¿Su calificación? “La ‘fast-fashion’ está en situación de emergencia ambiental”. La tragedia de Rana Plaza no sólo dio a conocer al mundo las preocupantes condiciones en las que grandes compañías de ropa hacían trabajar a sus empleados, también visibilizó el impacto ambiental que hay detrás de esa producción: la moda es la segunda industria más contaminante del mundo.

Desde los productos que emplea hasta los residuos que genera, el impacto negativo sobre el ambiente de esta industria preocupa. Sólo basta considerar la cuestión del agua: es la segunda industria que más agua necesita a lo largo de todo su proceso de producción. Se estima que en el mundo requiere de 79.000 millones de metros cúbicos para poder confeccionar sus prendas y llevarlas a las vidrieras. ¡Un solo jean consume 10.000 litros de este preciado recurso a lo largo de todo su proceso de producción! Somers se expresa al respecto: “Conforme el último Índice de Transparencia de la Moda, sólo el 55% de las marcas consultadas publican sus objetivos ambientales. Sólo la mitad de las marcas están reportando acerca de sus progresos en materia ambiental y, entre quienes lo hacen, muy pocas han registrado progreso alguno. Y ese tipo de información es muy importante porque nos permite darnos cuenta si las políticas que aplican están siendo efectivas o no para las condiciones de los trabajadores y del ambiente”.

2. Escasos avances que necesitan mayor transparencia

Para modificar hay que tener información. Para cuidar el ambiente se necesitan esos datos estadísticos. Y no sólo para lo que refiere a la cuestión ambiental, sino también a la social; esas personas que se encuentran detrás de cada remera, cada pantalón, cada campera que lucimos. Por eso, cada año el movimiento Fashion Revolution publica su Índice de Transparencia de la Moda. ¿El objetivo? Impulsar a que las marcas den a conocer información sobre sus proceso de producción, sobre los actores con los cuales trabajan, sobre las condiciones que garantizan (o no) en cada eslabón de la cadena.

“Hay ciertos progresos −asegura Somers al ver nuevamente los resultados de la edición 2018− pero aún hay mucho por cambiar y tanta información que no están brindando las compañías y que impacta sobre la vida de los trabajadores a lo largo de toda la cadena de suministro y sobre el ambiente”. El reporte de este año dio a conocer que el puntaje promedio alcanzado por las 150 marcas de moda más grandes a nivel global fue de 52 sobre 250, es decir, representa sólo el 21% del total de los puntos posibles; por lo que se ubica en un crecimiento del 5% respecto del año anterior. Hay un dato adicional: individualmente, ninguna de las marcas de la lista obtuvo más del 60%. Somers insiste en seguir trabajando para que las empresas den a conocer la información y sean más transparentes. ¿El motivo? “La transparencia es la clave para poder transformar toda la industria de la moda”, asegura.

¿Por qué tantas marcas se niegan a dar a conocer las características de sus procesos? Para la fundadora de Fashion Revolution hay una combinación de dos factores: no se tiene esa información, es decir, se desconoce, por ejemplo, quiénes son sus proveedores y, por otro lado, se sabe la información, pero hay una clara intención desde las compañías de no mostrarla. Si bien faltan aún muchos datos, otros que se vislumbran en el índice son alentadores. En 2016, sólo 12.5% de las 40 empresas analizadas publicaban información sobre sus fabricantes. Esa cifra llegó al 37% en 2018, sobre un total de 150 marcas evaluadas.

3. Seguir preguntando: “¿Quién hizo mi ropa?”

Visibilizar a las personas detrás de cada prenda garantizando sus condiciones de empleo, ése es el propósito de la campaña mundial que el movimiento ha impulsado invitando a niños, jóvenes y adultos a que se animen a preguntarles a las marcas “¿Quién hizo mi ropa?”. Las redes sociales aparecen como la principal herramienta de manifiestación para ese propósito.

“En los últimos cinco años hubo un montón de avances, especialmente en Bangladesh, en términos de seguridad, es decir que los trabajadores puedan trabajar bajo condiciones más seguras, como debería ser”, explica Somers en un balance por estos cinco años desde aquél hecho que marcó un antes y un después en la industria, y agrega: “Aún queda muchísimo por hacer. Hoy el movimiento por supuesto va más allá de sólo la pregunta ‘¿Quién hizo mi ropa?’, se trata de garantizar la transparencia en la industria impulsado por ese interrogante”.

4. Los diseñadores independientes como motor de cambio

Somers siempre disfruta de sus pasos por América Latina. En especial porque allí fue donde desarrolló uno de sus proyectos más queridos: Pachacuti, una empresa que empodera a mujeres excluidas de Ecuador, a través de la fabricación de sombreros y según los principios de comercio justo. Recientemente volvió a visitar la región y así la analiza: “Cuando observamos el trabajo de los diseñadores independientes en América Latina, se percibe que tienen mucho más clara cuál es su cadena de suministro y, por lo tanto, tienen mayores posibilidades de gestionar esa cadena, de ser más transparentes. ¡Hay tantos materiales fascinantes en Latinoamérica! Y la gente lo sabe”.

Respecto de las nuevas tendencias hacia una moda más sustentable, hace referencia a nuestro país: “En Argentina, como en otros países de la región, comienzan a verse proyectos de upcycling, gracias a que es más fácil también saber de dónde provienen los materiales”.

5. Más que un día o una semana, un estilo de vida

Somers no se detiene en dar entrevistas, en televisión, en radio, para diarios o revistas. Ella sabe que esta semana del año la agenda es apretada, que hay que aprovechar el momentum para visibilizar la causa, que hay que expandir el mensaje por las redes sociales para que más personas se sumen. Pero ella, mejor que nadie, sabe que revolucionar la moda es una cuestión que se debe considerar los 365 días del año: “Tiene que ser más de un día, tiene que ser más de la expansión a una semana. Tenemos que hacer que la Revolución de la Moda sea un estilo de vida cada vez que compras una prenda, cada vez que le preguntás a una marca quién hizo tu ropa, cada vez que hacés sentir tu voz en las redes sociales. Tenemos que seguir trabajando para que Fashion Revolution sea un estilo de vida”.

Inspirador y emotivo video para la edición 2018 de Fashion Revolution:

 

Pueden encontrar más información sobre el movimiento y cómo involucrarse en www.fashionrevolution.org

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