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Sustentabilidad

21 abril, 2016

Fashion Revolution: ¿Quién hace tu ropa?

Este domingo 24 de abril se celebra en todo el planeta el Fashion Revolution Day, en respuesta a la pregunta que instaló la diseñadora de moda británica Carry Somers para generar acciones que mejoren las condiciones de trabajo del mundo textil. ¡Vos también podés participar!


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Sumáte el próximo 24 de abril al Fashion Revolution Day vistiendo una prenda de la cual seas consciente de su origen y publicá la foto en tus redes sociales con el hashtag #QuiénHizoMiRopa. Informate sobre ésta y otras iniciativas en el sitio web delmovimiento internacional.

Un vestido vintage negro de los setenta o una chaqueta hecha a mano no son prendas comunes: detrás de ellas hubo varias personas trabajando, y hay mucho para contar. La diseñadora de moda británica Carry Somers lo sabe bien y, movida por una tragedia que afectó la industria textil en 2013, fundó Fashion Revolution, movimiento al que se refirió durante su exposición en el Foro de Innovación Social y Ética Global (SIGEF por su sigla en inglés), en Ginebra, Suiza, en octubre pasado.

Sophia estuvo allí y pudimos conversar con Carry, quien recordó el evento ocurrido en Dhaka, Bangladesh. “Durante abril de 2013, en el complejo fabril de Rana Plaza, se fabricaban prendas para cinco marcas de ropa. En un momento, el lugar –que no cumplía con las condiciones necesarias para la realización de trabajo industrial y que excedía la cantidad de personal permitido– se desplomó y murieron 1133 personas, la mayoría de ellas mujeres jóvenes. También hubo más de 2500 heridos. Ese evento me conmocionó y me puse a investigar sobre un tema que ya me preocupaba”. Antes, en 1992, Somers había fundado Pachacuti, una empresa de sombreros y una de las primeras en el mundo en recibir la certificación en comercio justo por su triple impacto: inclusión social de mujeres que estaban excluidas, uso de materiales amigables con el ambiente y garantía de un precio justo, con una retribución mínima del 50% de la ganancia para las mujeres latinoamericanas, de Ecuador, más precisamente, que trabajaban en sus talleres.

Lo cierto es que lo ocurrido en Bangladesh en 2013 sacudió a Somers y ese acontecimiento que quedaría en la historia como “el peor desastre industrial en el mundo textil y de la moda”, puso foco sobre un problema muy vigente: la precarización y las condiciones indignas de trabajo que existen en las fábricas y talleres de una de las industrias más exitosas. “La industria de la moda es muy grande y es normal que no se tenga una mirada completa de lo que ocurre. Pero, justamente por eso, necesitamos visibilizarlo, saber más, sumergirnos en ese mundo y reclamar una mayor transparencia”, asegura.

Moda sustentable, lo que tenés que saber

Conocé más sobre los proyectos y las distintas campañas que buscan generar un consumo más responsable en sus sitios web:

Fashion Revolution
www.fashionrevolution.org

Slowmotiv
www.slowmotiv.com

Ropa limpia
laalameda.wordpress.com

Desde 2014, el 23 de abril quedó instaurado como el Fashion Revolution Day y, desde ese día, el movimiento de Carry Somers busca generar conciencia para “trabajar con las personas de las diferentes áreas de la industria y generar conciencia entre los consumidores”. Así, una vez por año miles de personas suben a las redes sociales fotos vistiendo prendas de ropa de marcas que respetan las condiciones de trabajo y el cuidado ambiental. Y se viralizan imágenes de los empleados de las fábricas que confeccionan las prendas, como puede verse en las fotos que acompañan esta nota.

El lema que acompaña la campaña es “¿Quién hizo mi ropa?”. “La elegimos porque es una simple pregunta que ilustra una realidad y que las empresas deberían poder responder fácilmente”, explicó Somers.

“El primer año de campaña, las compañías estaban sorprendidas al ver que miles de personas preguntaban e indagaban en sus modos de producción”, recuerda Somers. Pero a partir del llamado de conciencia en más de ochenta países, se comenzó a ingresar a los talleres y fábricas, se empezaron a activar los controles y hoy se busca que los empresarios asuman un mayor compromiso hacia sus empleados, hacia sus clientes, hacia el ambiente.

“Como los diseñadores fueron formados de una manera no sustentable, la idea es que puedan ser entrenados para diseñar no solo una primera vez, sino también para saber qué hacer luego con eso, cómo se descartan los géneros o  cómo se pueden reutilizar”, dice Somers. Hoy grandes diseñadores del mundo, como Stella Mc Cartney y Livia Giuggioli –la esposa del actor Colin Firth–, adhieren con entusiasmo al movimiento de Fashion Revolution y visibilizan su lema en los principales desfiles de moda y eventos culturales del mundo.

Principios de una moda consciente

→Condiciones dignas de trabajo.

→Cero esclavitud y trabajo infantil.

→Respeto por la cantidad de horas de trabajo.

→Salario digno, a partir del comercio justo y precios competitivos en el mercado.

→Igualdad de condiciones para hombres y mujeres.

→Procesos de producción amigables con el ambiente; menos químicos, más telas y productos naturales.

→Producción y consumo local.

→Intercambio de prendas, trueque y reutilización.

El impacto local, en la Argentina

El colapso de Bangladesh tuvo su espejo en nuestro país, y en 2015 ocurrió un episodio que despertó el alerta por la situación en la Argentina. Aquel incendio en el barrio porteño de Flores que muchos recordamos costó la muerte de dos niños y el lugar resultó ser un taller clandestino que funcionaba en una casa tomada. Hubo denuncias y expresiones frente al trabajo esclavo. Las consultas de los consumidores y el interés de los medios se expandieron. “Recibíamos consultas de la gente, preocupada por saber qué podían comprar que no hubiera salido de los talleres clandestinos y no podíamos darle una respuesta”, recuerda Tamara Rosenberg, responsable del emprendimiento textil de la cooperativa de la Fundación Alameda.

Ante esta situación, y conscientes del movimiento internacional de Fashion Revolution, los integrantes de la fundación decidieron actuar e investigaron a las marcas, para poder diferenciar entre las que trabajaban en condiciones precarias y las que no. Así se confeccionó un listado y la iniciativa adoptó el nombre de “Ropa limpia”. Más tarde hubo un desfile con los productos de esas marcas, y se conformó una red de trabajo que incluye tanto a emprendedores y diseñadores de moda como a consumidores interesados en mejorar el sector.

Volviendo a Somers, ella es contundente respecto del rol fundamental de las mujeres como consumidoras: “Es importante recordar que en cada compra que realizamos estamos rediseñando el mundo de la moda; lo hacemos cada vez que nos preguntamos que hay detrás de una prenda, cómo se hizo y quién hizo esa ropa. Como consumidoras, tenemos un poder y somos capaces de lograr que las empresas nos escuchen. Todas podemos ser revolucionarias de la moda y así darle una nueva forma a la industria”.

Por eso, lejos de limitarse a la denuncia, Fashion Revolution busca generar una actitud propositiva, comunicando qué se puede hacer y por qué. La idea no es decir que “ya no hay que producir más ropa ni comprarla más”, sino  invitar a quienes la fabrican a generar un impacto positivo. Somers lo expresa mejor: “No queremos realizar una campaña negativa. Amamos la moda y la aplaudimos, pero creemos que puede ser una fuerza para hacer el bien. Brindamos información y celebramos la producción ética y responsable con quienes trabajan en la industria; incluimos a los trabajadores en nuestras acciones en lugar de esconderlos”. La próxima vez que elijamos qué vestir, recordemos la pregunta de “¿Quién hizo mi ropa?” ya que, en definitiva, como apunta la diseñadora “cada prenda tiene su historia detrás; una vida, personas de todo el mundo, y vale la pena conocer cuál es esa historia”.

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Moda sustentable latinoamericana

La iniciativa de Carry Somers para generar conciencia también tiene sus adeptos en América Latina. Previo al surgimiento de Fashion Revolution, la colombiana Patricia Rincón ya advertía que algo no funcionaba bien en el mundo de la moda que tanto la apasionaba. Inspirada en una madre que confeccionaba prendas en su propia casa y reutilizaba cada retazo de tela para no generar desechos, Rincón sufrió la invasión de productos chinos que acechó al mercado colombiano de vestimenta en 2009.

“Me puse a investigar cuál era la procedencia de esos productos y me dije que no podía seguir generando prendas. ¡El mundo ya estaba lleno de ropa!”, explicó la diseñadora y agregó: “Más que a hacer prendas, me dediqué a comunicar vestimenta”.

Con ese propósito, su movimiento, Slowmotiv, revoluciona el mercado de Colombia y Chile con una mirada diferente sobre el mundo textil, basándose en el diseño y la comunicación, y dando visibilidad a diseñadores latinoamericanos que están trabajando de una manera más ética y responsable. Enmarcado en el movimiento de alimentación Slow Food, creado por el italiano Carlo Petrini, la movida de Rincón busca promover “un estilo de vida basado en la idea de que cada cosa que hacemos tiene un impacto”.

 Leé también la entrevista a Carry Somers: “La moda puede ser una fuerza para el bien” 

Por Tais Gadea Lara

ETIQUETAS carry sommers fashion revolution medioambiente moda sustentable

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