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Sustentabilidad

24 Abril, 2017

Fashion Revolution Day: poner de moda la responsabilidad

Un nuevo informe del movimiento internacional Fashion Revolution demuestra que falta transparencia sobre el impacto social y ambiental de nuestra ropa. Y busca analizar cuánta información ofrecen las grandes empresas de moda sobre las condiciones de trabajo de sus empleados y las consecuencias de sus procesos productivos para el ambiente. Los resultados del reporte, en la voz de su fundadora, Carry Somers.


fashion revolution day
Carry Somers generando impacto en Perú. Foto: Miguel López.

Por Tais Gadea Lara

Un 24 de abril de 2013, el mundo se paralizó ante una tragedia: el complejo fabril de Rana Plaza en Dhaka, Bangladesh, donde se fabricaban las prendas para cinco marcas de ropa, se desplomó. Murieron 1133 personas. Hubo más de 2500 heridos. La mayoría de las víctimas: jóvenes mujeres. Como tragedia del siglo XXI, en la que la responsabilidad humana es la que prima, era evitable. El dramático hecho desenmascaró las precarias condiciones en la que las millonarias marcas de la industria de la moda hacen su ropa. El acontecimiento marcó un antes y un después.

Preocupada y dolida por lo ocurrido, la diseñadora británica Carry Somers dio vida al movimiento internacional Fashion Revolution con el propósito de incentivar a que las empresas ofrezcan información sobre las características y los impactos de sus procesos de producción. Es decir: transparencia. Para ello, impulsó que cada 24 de abril se celebre el Fashion Revolution Day, una fecha para que los consumidores alrededor del mundo se animen a preguntarles a las marcas una simple y compleja pregunta: ¿Quién hizo mi ropa?

En noviembre de 2015 conversamos con Carry Somers, fundadora del movimiento Fashion Revolution, en Ginebra, Suiza. Allí nos confesó: “Las mujeres tenemos un gran poder como consumidoras: todas podemos ser revolucionarias de la moda y cambiar la industria de la moda”. Reviví la entrevista haciendo clic en este enlace: www.sophiaonline.com.ar/carry-somers-moda-fuerza-para-el-bien

Hoy, 24 de abril de 2017, estamos ante el marco de esa fecha. Para contribuir a ese propósito, el movimiento dio a conocer la segunda edición de su Índice de Transparencia de la Moda y sus resultados no parecen muy prometedores. La conclusión inicial general es contundente: aún tenemos un largo camino por recorrer para alcanzar la transparencia en la industria de la moda. En diálogo con Revista Sophia, Somers explica: “La gente tiene el derecho a saber que su dinero no está apoyando la explotación, los abusos frente a derechos humanos y la destrucción del ambiente. No hay forma de responsabilizar a las empresas y los gobiernos si no vemos lo que realmente sucede en el detrás de escena. La transparencia es esencial”.

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El reporte es el resultado de un análisis de la información provista por parte de 100 marcas de moda de reconocimiento internacional (de rubros de lujo, ropa deportiva, accesorios, calzado y denim) a quienes se consultó sobre política y compromisos, gobernanza, trazabilidad, evaluación y remediación de proveedores, salarios y negociación colectiva, innovación de los modelos de negocio. Pero también considera los silencios, es decir, aquello que aún las empresas no informan, no se animan a decir. “Nuestro encontró que las marcas estaban compartiendo muy poca información sobre los resultados de sus evaluaciones de proveedores y no publican mucho sobre los resultados de los esfuerzos realizados para solucionar problemas en las fábricas. Nos gustaría ver una mayor divulgación de los resultados de la evaluación y los esfuerzos de remediación”, confiesa la diseñadora.

Los ejes centrales de análisis fueron dos: el impacto en la vida de los trabajadores y sus condiciones, y el impacto en el ambiente. La nota final no parece buena: el puntaje promedio de las marcas analizadas fue de 49 sobre 250, es decir, menos del 20% del total de puntos posibles. El informe sostiene que, incluso las marcas con puntajes más altos, aún tienen mucho trabajo por hacer para mejorar la calidad de sus procesos productivos. Ninguna de las empresas de la lista superó el 50% del puntaje final. 

“La gente tiene el derecho a saber que su dinero no está apoyando la explotación, los abusos frente a derechos humanos y la destrucción del ambiente. No hay forma de responsabilizar a las empresas y los gobiernos si no vemos lo que realmente sucede en el detrás de escena. La transparencia es esencial”.

Al respecto, Somers subraya el interés de los consumidores por acceder a este tipo de información: “La generación de los millennials, en particular, busca la autenticidad y las conexiones, porque quieren participar de la marca en lugar de simplemente comprar un producto. Quieren saber quién hizo su ropa”.

Un elemento optimista se desprende del análisis: 31 marcas están publicando listados con información sobre quiénes son sus proveedores de contacto directo, frente a las apenas cinco que lo hacían hasta el año anterior. ¿Por qué es importante este punto? Cuando ocurrió la tragedia de Bangladesh, muchas de las empresas para las cuales allí se fabricaban prendas, se defendieron alegando no conocer que sus productos se realizaban allí y en esas condiciones. Conocer a los distintos actores involucrados en la cadena de valor es clave no sólo para el consumidor que elige, sino también para la propia responsabilidad de la empresa. Al momento, ninguna de las compañías consultadas publica información sobre sus proveedores de materias primas.

Los resultados se muestran algo preocupantes en lo que a mejora en salarios, negociación colectiva y condiciones de los trabajadores se refiere. O no hay suficiente información o la que hay es escasa y sólo corresponde a unas pocas empresas. Sólo 34 marcas hicieron compromisos públicos de pagar salarios dignos a sus empleados.

¿Qué hacemos a partir de esta información? A diferencia de otros reportes que sólo ofrecen un escenario de situación, el Índice de Transparencia de Fashion Revolution concluye con una serie de consejos a modo de recomendación para que cada actor involucrado comience a actuar. A los ciudadanos, los invita a animarse a preguntarles a las marcas quién hace su ropa a través de las redes sociales y a contactar a sus representantes políticos para construir las normativas necesarias para la industria. A las marcas, las insta a responder dichas inquietudes de los consumidores, dar a conocer la información sobre sus proveedores, mejorar la sostenibilidad de sus procesos y comunicar sus ejes de responsabilidad de un modo entendible para todos. A las organizaciones y trabajadores, los convoca a apoyar la iniciativa. Y a los gobernantes y representantes del sector público, les demanda garantizar la transparencia en los procesos productivos de la industria de la moda.

“Los trabajadores y el ambiente están sufriendo como resultado de la forma en que se hace, se obtiene y se consume la moda. Es hora de una revolución en la moda y el primer paso en este proceso es una mayor transparencia”, sostiene la fundadora del movimiento. Con mucho aún por hacer, el espíritu de Fashion Revolution no se encuentra en una denuncia negativa, sino en una invitación positiva para que las empresas sean más responsables en sus procesos y los consumidores sean más responsables en sus decisiones de compras. Así lo explica Somers: “Con este informe, esperamos que las marcas vayan hacia una dirección más positiva de cambio de la forma en la que funciona el sistema, empezando por ser más transparentes”.

Podés acceder al informe completo de forma online a través de este link Fashion Transparency Index Al momento, el reporte se presenta en inglés, pero en los próximos meses habrá una versión traducida al español.

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