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Sophia - Despliega el Alma

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Pareja

3 noviembre, 2016

Eso que sabemos hoy del amor (y nos habría gustado aprender un poquito antes)

Tuvimos que enamorarnos, desesperarnos, atravesar alegrías y penas. Recorrimos kilómetros y horas de vuelo para aprender algo sobre la vida de a dos. Por eso, convocamos a un grupo de amigos de espíritu sensible, para reflexionar sobre qué le pasó a cada uno de ellos. ¿El resultado? Un puñado de miradas e impresiones sobre eso que siempre nos ocupa y nos fascina: el amor de pareja.


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Ilustración: Mónica Andino.

De repente estás parada frente a una verdad revelada. Y no se trata de una experiencia fuera de lo común, sino de algo simple, sencillo. El escenario podría ser perfectamente la cocina de tu casa, en el momento mismo en que preparás el desayuno de todos los días. Entonces, mientras mirás extrañada tu propia escena conyugal, te das cuenta de que el amor no era lo que imaginabas. Que el amor, en realidad, es otra cosa.

Un rozar de dedos al compartir el mate. El silencio de leer, cada uno, una sección diferente del mismo diario. Ese olor de las tostadas que se adivinan crujientes. La charla sin trascendencia pero fundamental. Las miradas y los corazones que se hablan sin pronunciar una sola palabra.

O la ausencia. La sensación de una foto mal sacada, que congeló el instante equivocado. Las ganas de salir, como sea, de ese espacio que se ha vuelto insoportable. Y que hace que todo parezca no solo trabajoso, sino dolorosamente trabajoso.

Para bien o para mal, ese tipo de certeza nos rescata de rutinas imposibles o nos da el ímpetu necesario para seguir adelante cuando soplan fuerte los vientos de la adversidad. ¿Pero cómo no salir a caminar en medio de la tormenta y capear el temporal, atravesarlo, si existe la posibilidad de ir juntos, de la mano? Porque ya nada será lo que era una vez que el verdadero significado del amor –tan único, tan personal– nos encuentre, por fin, una mañana cualquiera.

“Por mi profesión, he escuchado muchas historias de amor de un modo u otro y he dado talleres sobre lo que es el amor consciente; el amor como alianza hacia la evolución, que implica que dos personas hagan lo posible recíprocamente para que el otro despliegue todo su potencial. Esto implica tratar de ver al otro, verlo de verdad, porque la cotidianidad hace que muchas veces las parejas se den por conocidas, lo cual es irreal: somos impermanentes, vamos cambiando y lo que tiende el puente es lo mismo que funciona con nuestros amigos: el diálogo, el hablar sin máscaras, la veracidad total”, explica la psicóloga y docente Virginia Gawel, y destaca que lo importante es trabajar en vínculos asimétricos, de esos en los que alguien siempre da y el otro siempre recibe.

“Por eso es tan importante la palabra ‘reciprocidad’ y resaltaría también la palabra ‘alianza’, que por algo se lleva en los dedos de la mano. La alianza significa, como en los metales, que uno va a aliar dos metales diferentes para que conformen un tercer metal con las mejores características de cada uno. La pareja de hoy como alianza evolutiva –sean cuales fueren las creencias que cultive– se sostiene, en el fondo, porque cada uno se sabe nacido para formar parte de un plan mayor, para que a partir del vínculo se irradie algo bello y bueno hacia los demás: la familia extendida, el barrio, el planeta, los más vulnerables”.

Según Virginia, el momento para afrontar el desafío de aprender a amar es inmejorable: “Hoy no hay modelos a seguir porque estamos ante un paradigma nuevo: es la primera vez en la historia de la humanidad en la que el hombre y la mujer pueden ser pares. Esto implica ver qué funciona para cada vínculo en sí porque, si no tenemos hacia dónde mirar, necesitamos darnos cuenta de qué nos ayuda a consolidar un vínculo sano a lo que llamamos ‘nosotros’. Para algunos, hará falta dormir en cuartos separados. En otros casos, será necesario vivir en casas separadas o convivir. Pero en la convivencia de hoy, si esa es la opción, suele no existir más la idea de que frente a las cosas que hay que hacer en la casa el varón ‘ayuda’ (secando los platos, tendiendo la cama, etcétera), sino que las tareas son comunitarias y corresponden a los dos”.

Sin duda, lo que Gawel quiere decirnos es que hoy no sabemos lo mismo que ayer del amor. Y que el aprendizaje es, por cierto, una cuestión de tiempo, de ganas, de esfuerzo, y en él se pone a prueba, todos los días, la capacidad de dar.

En el libro Amores posibles (Ediciones B), la psicóloga Patricia Faur explica que cada pareja es un complejo entramado de realidades que van cambiando con los años, tanto como cambia cada uno de los miembros de la pareja. “Lejos de la idealización de que el amor puede superar cualquier barrera, las parejas posibles se construyen con trabajo y con voluntad de vivir mejor. Quieren seguir juntos y ensayan la manera en que se sienten más confortables”, destaca, al tiempo que echa por tierra la concepción de que las relaciones deben tener finales felices.

“Nuestra mirada romántica y exaltada del amor de pareja es, muchas veces, fuente de grandes decepciones. Le pedimos mucho al amor y hacemos muy poco por él. Nos creímos que el amor debía ser espontáneo y que, si era verdadero, se sostendría en el tiempo (…) Los años y la madurez nos van a acercando a una concepción más profunda, menos cinematográfica, pero no por ello menos placentera (…) El buen amor, el amor que nos enriquece, tiene que ver con nosotros, con nuestra forma de amar, con la entrega. Es el amor que se construye al sentir la alegría y el júbilo de dar. Dar buen amor, dar sin esperar el reconocimiento o la aceptación, dar porque da satisfacción. Dar sin miedo al mañana. Solo hay que saber en qué lugar y a quién”, escribe en su nuevo libro.

Con todo, una vez que comprendamos que el amor es un proceso y un estado del alma, un círculo concéntrico que merece ir abriéndose y expandiéndose en algo más grande, en un plan más amplio y extendido, todo podrá ser visto y vivido con una mayor plenitud, en otra dimensión. 

Sergio Sinay – Escritor, periodista y experto en vínculos. En pareja desde hace veintitrés años.

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Foto: Alejandra López

“El amor es una construcción”

“Sé hoy, en carne y alma propias, que el amor es una construcción y no una declaración. Que no viene dado, sino que se cimienta cada día (en los días buenos y malos) a través de acciones amorosas. Una acción amorosa es aquella por la cual el amor llega a la persona amada del modo en que lo necesita. Para esto hay que verla, escucharla, usar muchas veces sus zapatos. Es una avenida de doble mano y un trabajo fecundo. De la misma manera en que no se puede habitar una casa antes de edificarla, no se puede saber sobre el amor antes de haberlo construido con la guía de un proyecto común. Por eso, esto es algo que sé ahora y que no podría haber entendido allá y entonces”.

María Victoria Menis – Directora de cine. Casada desde hace cuarenta años. Cuatro hijos.

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“Aprendí a esperar para hablar”

“A lo largo de los años, siento que pude disfrutar cada momento, y que si lo disfruté o lo padecí, pude aprender cosas y eso es lo que hace que hoy sea la persona que soy y sienta lo que siento respecto al amor. Con el tiempo fui valorando guardarme algunas cosas y no gritárselas a mi pareja en medio de una discusión, porque esas mismas cosas se pueden decir en un momento de tranquilidad, sabiendo esperar una situación más oportuna. Algunos lo llaman saber negociar, yo lo llamaría aprender a amar. Ese aprendizaje que no termina nunca”.

Gabriela Radice – Locutora y periodista. Separada, con una hija, y en pareja otra vez.

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“La felicidad es ahora, acá”

“Me habría servido saber de entrada que era normal que los cuentos no tuvieran un final feliz y que es dañina la idea del amor eterno. Además de ser mentirosa, implica soportar, y el ‘en las buenas y en las malas’ a veces se torna asimétrico. También creo que en el amor la joggineta no suma. Que hay una línea muy finita entre relajarse y descuidarse. Miro fotos y siempre veo que uno se pone más lindo cuando está solo. Hay que proteger a la pareja, guardar siempre un rinconcito de misterio. Y desterrar el concepto de “La Felicidad”. La felicidad en el amor es lo más chiquito: una sonrisa al llegar, el masaje en el cuello cansado; delicadeza y detalle. Es ‘mientras tanto’, transcurrir, no un lugar adonde llegar. Es ahora, acá, y dura un ratito”.

Regina Kuligovski – Maquilladora y empresaria. Casada desde hace trece años, un hijo.

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“El amor es compañerismo”

“El amor es, para mí, puro compañerismo. Agradezco que podamos compartir, de a dos, las cosas de todos los días; en las buenas y en las malas. El amor es poder seguir acompañándote después de hacer el amor. Desde que conocí a quien hoy es mi marido, nada fue difícil, porque me enamoré de la persona que se enamoró de mí. Y él ha sabido ser un compañero de verdad. Me aconseja cuando lo necesito y, si me desvelo en medio de la noche, se desvela conmigo. Cuando uno es joven, quizá la búsqueda es más superficial pero, a la larga, lo que importa es conectarte con lo verdadero. No podría haberme enamorado jamás de un tipo que solo se mirara a sí mismo”.

Clara Ibarguren – Diseñadora de indumentaria y empresaria. Casada desde hace más de treina años.

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“Si hay amor, lo malo va a pasar”

“Con los años aprendí que, después del deslumbramiento inicial, las relaciones tienen altos y bajos. Que el amor es, sobre todo, tolerancia, comprensión, generosidad y compañerismo. Que no se puede pretender estar siempre bien. Y que el enamoramiento, generador de ese amor, con el tiempo cede espacio a otras cosas. Para mí lo importante es que te siga gustando estar con el otro, divertirte en pareja. Muchas mujeres dicen: ‘¡Qué suerte que mi marido se va por trabajo!’. Es importante generar espacios juntos que llenen, aunque no se compartan los mismos gustos. A nosotros nos encanta viajar, comer rico y estar con amigos en común. Pero también vemos a amigos por separado; es importante respetar el mundo del otro. No hay que ser mezquino con el sentimiento, ni invadir. Hoy sé que si hay amor, lo malo va a pasar”.

Boy Olmi – Actor y director. En pareja desde hace más de veinte años con la actriz Carola Reyna.

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Foto: MALBA

“Ya no pretendo cambiar al otro”

“El amor es una fuerza que nos mueve. Creo que hoy acepto más a lo que amo sin pretender cambiarlo ni adaptarlo a mis deseos. Amo, acepto, me muevo y me conmuevo. Me reconozco igual y diferente a todo lo que amo. El mundo va a cambiar cuando seamos capaces de amar a aquello y aquellos que no conocemos, aquello y aquellos que creemos lejos. El mundo va a cambiar cuando nos demos cuenta de que todos somos uno, que habitamos la misma casa y navegamos en el mismo barco”.

Primera publicación: edición impresa diciembre 2013.

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