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Educación

14 Septiembre, 2013

Escuelas alternativas


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¿Qué nos impide cambiar?

Escuchamos hablar de ellas cada vez más. Tienen adeptos y desertores, críticos y admiradores. Las pensamos como una posibilidad de cambio para nuestros hijos, en especial cuando vemos que “no enganchan” con la escuela clásica, pero no nos animamos. Montessori, Waldorf, Reggio Emilia, logosófica: un  informe completo para conocer de qué se trata cada una de estas corrientes. Informe: Ana Roberts. Ilustracion: Mónica Andino.

Muchos padres nos quejamos hoy de la educación que reciben nuestros hijos. Frases como “Estudian todo de memoria”, “Siento que los llenan de información, pero no retienen nada”, “Qué pena que aún hoy en la escuela clásica no les generen a los chicos el entusiasmo por aprender” están al orden del día. Los chicos, por su parte, también muchas veces dicen lo suyo: “Me aburro, mamá”, “Se me hace largo”. La cultura del esfuerzo es importante a la hora de estudiar, pero pareciera que el despertar de la curiosidad y el interés de nuestros hijos es todavía una deuda pendiente de la escuela clásica. A la hora de hacer un cambio, muchas veces dudamos y nos preguntamos: “¿Lo mando al mismo colegio que fui yo y sigo con la tradición, o me animo a un cambio? Pero si lo paso a una escuela alternativa, ¿estará preparado para el mundo laboral del futuro? ¿Tendrá la base académica necesaria?

Elegir un colegio no es fácil, y a la mayoría de los padres nos genera mucho estrés. Sin embargo, todos los expertos en educación y pedagogos insisten en un punto fundamental: “Hay que mirar al hijo, observar cuáles son sus posibilidades e intereses y elegir en función de ese chico y no del niño que uno fue, porque este es uno de los errores más comunes en los que solemos incurrir los adultos”.

La educación es la base que siembra el futuro de nuestros hijos y su relación con la comunidad.

Hoy los chicos se desenvuelven en un mundo totalmente diferente al nuestro, global, y digital. En un universo de cambios acelerados, los lugares de aprendizaje de los niños siglo XXI no son los tradicionales; ellos aprenden por su lado, queramos o no: de los medios, las pantallas, los iPods, Internet en general, las redes sociales. El resultado es chicos con estructuras mentales diferentes que buscan nuevas formas de aprender y que se resisten a verse encorsetados en las estructuras antiguas de aprendizaje; y muchas veces se resienten a causa de ellas.

Seguramente sea por eso que, día a día,  van apareciendo en nuestro país otras escuelas que, de alguna manera, tratan de acompañar este cambio y que, en definitiva, cada una con su sistema propio, cumple con los requisitos necesarios para poder ingresar a la universidad en el futuro. Aquí, una pequeña guía, con las principales tendencias no tradicionales en educación que ya tienen algunos años de experiencia comprobada.

La pedagogía Waldorf

Iniciada por el filósofo alemán Rudolf Steiner a principios del siglo XX, esta pedagogía busca el desarrollo de los chicos en un ambiente libre y cooperativo, sin exámenes y con un fuerte apoyo en el arte y los trabajos manuales. La educación Waldorf considera que los hijos necesitan naturaleza y tiempo. En un mundo donde una de las palabras que más escuchan es “corré”, este sistema no apura: respeta los tiempos individuales de cada chico en el proceso de aprendizaje. “La Waldorf”, como suelen llamarla, considera que para lograr un buen desarrollo intelectual, todo alumno necesita tener una  base emocional sólida, y el aprendizaje deber ser una experiencia alegre. Se intenta que compitan consigo mismos en vez de con sus compañeros. Para lograrlo se trabaja mucho la autoestima y la capacidad de colaboración. A diferencia de otros colegios, en una escuela Waldorf, un mismo docente acompaña al grupo desde primero hasta séptimo grado. ¿La razón? De esta manera puede conocer al chico en profundidad y ver qué necesita pedagógicamente en cada momento. Los contenidos que se aprenden en la Waldorf no solo abarcan a los de la enseñanza oficial, sino que también agregan lo artístico, lo artesanal y lo técnico

La enseñanza se divide en ciclos de siete años. En el primero, que abarca de los cero a los 6 años, se aprende a través del juego, intentando estimular los sentidos, con lo que se desarrolla la imaginación y la voluntad de los chicos. Según la pedagogía Waldorf, los niños necesitan sentirse cuidados, contenidos y seguros para poder después dar rienda suelta a sus talentos.

A los 7 años (y hasta los 14) se desarrolla la segunda etapa. Los chicos ya tienen la autoestima y la confianza necesarias para comenzar a leer y escribir, e incluso sienten la curiosidad de hacerlo. La lectura, por ejemplo, se estimula por medio de fábulas, estudios y dibujos, se vivencia y se recrea con el cuerpo. También los chicos aprenden Lengua, Matemática y Geometría. La tarea del maestro es que estas materias “no artísticas” se enseñen de una forma artística e imaginativa. Por ejemplo, si se estudia el descubrimiento de América, es más importante que el alumno sienta curiosidad, observe y hasta vivencie como propia la sorpresa de los aborígenes al ver las carabelas, que recordar de memoria las fechas importantes.

En el tercer septenio (secundaria) se fomentan la responsabilidad y la autonomía. Los chicos ya no tienen un solo profesor, sino varios, que los acompañan desde sus diferentes especialidades.

Hoy en día hay más de ochocientas escuelas Waldorf en el mundo. Doce de ellas están en la Argentina.

Las escuelas Montessori

Este método fue creado hace más de cien años por la educadora, fílósofa, científica y médica italiana María Montessori, cuando con su método logró que ocho chicos con problemas mentales aprobaran un examen de lectura y escritura al igual que los chicos de la misma edad sin ese tipo de trastornos.

La idea es que cada chico construye su propio aprendizaje a través de materiales didácticos (científicos). “El niño es el padre del hombre, se crea a sí mismo revelando a la persona en la que puede transformarse”, decía la educadora. Esa transformación, intensa e incesante, es su tarea más importante, y debe llevarse a cabo con naturalidad e inmensa felicidad. “La alegría del niño debe tomarse como un indicador de los aciertos del sistema educativo”, insistía Montessori. Y agregaba: “El niño aprende a hablar, a escribir y a leer de la misma manera en que aprende a gatear, caminar y correr”. En este método, respaldado por la investigación científica, existen reglas y límites claros que se les explican a los chicos desde el principio, y se respetan. Cada niño decide si quiere trabajar solo o con sus compañeros, salvo en algunos momentos en que se los alienta a trabajar de manera colectiva cuando se toca un tema de interés general. El ambiente Montessori no incita a la competencia entre compañeros. Se respeta y valora el logro de cada alumno. El silencio y la movilidad son elementos indispensables, y las manos son las herramientas de exploración. El error es considerado parte del aprendizaje. Los principios fundamentales de la pedagogía Montessori son la autonomía, la independencia, la iniciativa, la capacidad de elegir, el desarrollo de la voluntad y la autodisciplina.

Este método acerca las letras y los números a los 3 años. En torno a los 4 o 5, se aprende a leer y escribir. La propia motivación es el desencadenante de este aprendizaje. El profesor es un guía que proporciona el material al chico de acuerdo con sus intereses. Con ese material, el alumno adquiere una habilidad. Aprende, practica, y cuando siente que está listo o ya es suficiente, pasa a otra actividad con completa autonomía. En definitiva, actúa en función de sus necesidades y capacidad individual. El alumno tiene libertad para levantarse cuando así lo desee y puede mover los muebles de lugar. Las aulas son ordenadas, alegres y están llenas de materiales. Los chicos aprenden tocando, haciendo, sintiendo, experimentando, probando una y otra vez.

En un aula Montessori, al alumno no se lo interrumpe mientras trabaja con los materiales. Completar la tarea le causa una gran satisfacción.

Las escuelas reggianas

Esta corriente nació luego de la Segunda Guerra Mundial en la comuna de Reggio Emilia, Italia. Considera que los chicos son creadores de su propio aprendizaje y que forman una comprensión de sí mismos y su lugar en el mundo a través de la interacción con los demás. Se pone el acento en la cooperación, el trabajo en grupo y en la búsqueda del conocimiento por medio de la investigación. También se valora mucho la comunicación. Los chicos preguntan para conocer, y utilizan el lenguaje como un juego, con rimas, sonidos y ritmos. Se intenta que el lugar donde desarrollan el aprendizaje sea inspirador, con mucha luz, organización y belleza. Esta corriente se construye sobre la base de proyectos, dirigidos por los chicos, y que nacen según sus propios intereses. También se utiliza mucho todo lo visual y se intenta documentar los pensamientos de los alumnos y lo que van aprendiendo mediante, por ejemplo, fotografías, videos, dibujos, esculturas. El concepto fundamental de las escuelas Reggio es que los niños tienen cien lenguajes. Esto quiere decir que usan muchas formas diferentes para mostrar su comprensión y expresar aquello que sienten, piensan o descubren. Ya sea por medio del baile y el movimiento, el dibujo y la escultura, la música y muchas expresiones más, cada uno de los cien lenguajes se tienen en cuenta.

La propuesta de la escuela logosófica

Esta pedagogía, creada en 1930 por el educador argentino Carlos González Pecotche, concibe al hombre como un ser “bio-psico-espiritual”. La idea es cultivar, con el aprendizaje, valores humanos para la vida, y seres comprometidos con su propia existencia y con la de los demás. El objetivo es que los chicos puedan vivenciar, sentir y convertir en acción aquello que van aprendiendo. Tanto docentes como alumnos trabajan en equipo e interpretan los contenidos curriculares con conceptos como la tolerancia, la alegría y la libertad, entre otros. El objetivo, a la hora de estudiar, es el diálogo reflexivo, la resolución de conflictos y el desarrollo de la creatividad en todas sus dimensiones. Se propicia un ambiente apto para el ensayo de conductas sanas, nobles, cordiales y respetuosas. Esta corriente pone énfasis en preparar a los chicos para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones como ciudadanos, fomentándoles que sean agentes de cambio positivos que busquen el bien común. Se estimula la cultura del esfuerzo y la voluntad, y se incentiva al alumno a potenciar su inteligencia y su sensibilidad. Esta educación está comprometida con la realidad y desarrolla las funciones de estudiar, aprender, enseñar, pensar y poner las ideas en acción.

Coincidencias entre estas pedagogías

  • Ante todo, buscan el respeto a los niños. Consideran que tienen un enorme potencial y que son la base de un futuro mejor.
  • Para respetar al niño, este debe gozar de una gran libertad.
  •  Las actividades artísticas tienen un peso importante en las escuelas.
  • Critican las calificaciones; las ven como algo inútil y dañino para el desarrollo del niño.
  • Proponen que el entorno escolar esté hecho a la medida de los alumnos.

La escuela pública en la Ciudad

La escuela pública en la Argentina tiene una larga historia y tradición. Históricamente, su nivel académico se consideraba excelente. Sin embargo, los distintos conflictos políticos y gremiales le fueron quitando prestigio y alumnos. Este año, después de trabajar duramente para lograrlo, se registra por primera vez desde 2003 un incremento en la matrícula de alumnos en las primarias estatales de la Ciudad de Buenos Aires. Según datos del Gobierno porteño, en 2013 hay 141.912 alumnos en ese nivel, mientras que en 2012 había 141.335. Aunque se trata de un incremento de solo el 0,4%, resulta significativo porque revierte –por primera vez en una década– la tendencia a la baja en la cantidad de estudiantes de 6 a 12 años en escuelas públicas.

Testimonio – Marcial Peroti (25 años)

Tuve la oportunidad de estudiar en una escuela Waldorf y me encantó. Siempre sentí que era un individuo respetado en su propia naturaleza y no parte de una masa. Te ayudan a sacar afuera tus propios talentos y eso es un placer, porque te alimenta la autoestima, te da seguridad y saca el verdadero ser que hay en tu interior. En cuanto a la capacitación para el futuro, tanto a mí como a mis amigos nos va muy bien en la universidad. Estudio economía, pero la mayoría de mis amigos estudian música, filosofía, cine y otras carreras relacionadas con el arte. Si tuviera que hacer una crítica a este sistema es que cuando llegás a la universidad sentís que te falta método de estudio, pero no es grave porque después lo aprendés. En resumen, creo que es una buena escuela que concibe al ser humano como algo integral y te da una base emocional sólida para ir seguro por la vida.

Finlandia, la escuela que mira el mundo

No son los que más invierten en educación (menos del 7% del PIB) ni los que imponen la mayor carga horaria a los chicos. Tampoco se inclinan por dar cantidades excesivas de tarea para la casa, y, a la hora de evaluar formalmente el éxito del proceso de aprendizaje, un par de exámenes nacionales, a los 18 años, les basta.

Entonces, ¿cómo es posible que los alumnos finlandeses siempre ocupen los primeros puestos en las listas internacionales que evalúan los niveles educativos?

En el informe más reciente de PISA –sigla en inglés del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos)–, de 2009, Finlandia ocupa el puesto número dos en ciencia, el número tres en lectura y el número seis en matemática. Esta evaluación se realiza cada tres años y los resultados de los exámenes de 2012 se publicarán en diciembre de 2013. Los secretos del sistema finlandés son los siguientes:

  • Los docentes son evaluados todo el tiempo y tienen la responsabilidad de que “todos” los alumnos aprendan.
  • El promedio de alumnos por clase es 23, las clases son mixtas y se intenta mezclar grados de capacidad.
  • Todas las escuelas son públicas.
  •  Los maestros deben tener una maestría para ejercer la docencia. El profesorado tiene un nivel de formación extraordinaria, con una selección previa tan exigente que no se compara con ninguna otra en el mundo. En consecuencia, las universidades solo reclutan a un 10% de los estudiantes que se presentan para estudiar magisterio. Esta profesión atrae a una gran cantidad de gente porque ser maestro es un honor en Finlandia. Tal vez sea la profesión más valorada.
  • Harri Skog, secretario de Estado de Educación de Finlandia desde 2006, resumía en una frase la importancia de la educación en su país: “La educación es la llave para el desarrollo de un país, una política inteligente que está dando sus frutos”.

Las nuevas maneras de aprender

Según la socióloga Inés Aguerrondo, especialista en educación, consultora de la Unesco, OCDE y Unicef: “La mayoría de estas escuelas alternativas surgieron en las primeras décadas del siglo XX como reacción a la educación clásica, que lamentablemente se centra en lo que debe hacer el maestro (el método), pero que no mira cuánto ni cómo aprende el alumno. Por eso hay tanta cantidad de chicos que no aprenden, repiten o incluso se aburren. Las escuelas Montessori, Waldorf y otras surgen como respuesta alternativa. Se centran, en cambio, en lo que le pasa al alumno (cómo y cuánto aprende) y direccionan al maestro en relación con eso.

Estas corrientes se expandieron por el mundo porque en todos lados ya se veía que la educación clásica tenía fallas. Sin embargo, no pudieron entrar en el mainstream porque las representaciones sociales acerca de lo que es la escuela (fuera del sistema educativo) no son flexibles. No aceptan que no haya clase, pizarrón y cuadernos. En la sociedad, en los políticos y en el sistema educativo, aprender es sinónimo de ir a la escuela, no de saber pensar y tener más conocimientos; es como si en medicina no se diferenciara entre tomar un remedio y curarse”.

Aguerrondo opina que hoy la tendencia mundial de la educación es centrarse más en el alumno. Se dice que el maestro no debe “dar clase”, sino ser un “organizador de las experiencias de aprendizaje” de los alumnos. La idea es fomentar un mayor desarrollo de competencias complejas (implica saber usar el conocimiento que se adquiere) y menos repetición de memoria. “El objetivo, además de ‘aprender’ es ‘comprender’, o sea, lograr un saber profundo (deep learning) que me permita seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida”, concluye la especialista.

Links de interés

www.elegircolegio.com/colegios/ar www.cuartocreciente.edu.ar (todo sobre las escuelas Waldorf)

www.fundacionmontessori.org www.logosofia.org.ar   www.redsolareargentina.com (escuelas Reggio Emilia)

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