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Inspiración

18 febrero, 2016

ABUELA MARGARITA: “Es una bella locura la risa”

En el Día de la Mujer de las Américas, celebramos a esta mujer sabia que nos habla del sentido más profundo y simple de la existencia. “¿Y qué es lo que vale la pena en esta vida?”, le preguntamos. Ella nos habla de la importancia de disfrutar, agradecer y reír mientras se pueda.


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Soy el poder dentro de mí /soy el amor del sol y la tierra / soy gran espíritu y soy eterna /mi vida está llena de amor y alegría’, cantas, y cuando lo haces muchas veces, pues mira, te la crees”, dice la Abuela Margarita, y hay que verla, escucharla y dejarse llevar por su alegría contagiosa… Esa certeza que le brota de adentro de que todo puede ser mejor y más sencillo si nos animamos a aunar mente y corazón.

Abuela de muchos y anciana sabia con alma de niña, Margarita puede hablar, contar y recordar, pero cada dos por tres, lo que más hace es cantar. Prefiere cantar para ponerles música y gracia inconfundible a montones de palabras que hace sonar con sentido: “Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra madre y el Sol es nuestro padre. Tenemos que amarnos y valorarnos, porque nadie da lo que no tiene. Sabiendo eso, la felicidad es deleite”, dice.

La Abuela Margarita cumplió 81 años y nos habla desde su casa en la montaña, cerca de Guadalajara, en México. Esta mañana está cocinando tamales y viene de hacer sus ejercicios donde honra y agradece el hecho de estar viva. En unas horas más, volverá a adentrarse en el monte para comenzar un retiro y acompañar a otros “a encontrarse consigo mismos y con el gran misterio”. “Yo digo que a la montaña vienes a sembrarte, para encontrarte contigo y luego bajar y servir a tu gente”, explica, y revela, como al pasar, algo de todo lo que ha aprendido con los años. La experiencia que la Abuela trae lleva a muchos a acercarse; ella, que hace tiempo ya no es solo madre de sus hijos, sino de todo aquel que se arrime a oírla y abrazarla.

“Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y hace más de veinte años que vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego”, dice. Desde hace muchos años, Margarita integra el Consejo de Ancianos Indígenas, una reunión de personalidades a nivel internacional que tendrá una nueva edición en abril, en Arizona. “Se ve a mucha gente mayorcita en esos encuentros, gente que se dedica a recuperar algo de la cultura del mundo. En el círculo pasado hubo gente de China, de la India, de todas partes”.

–Margarita, este fin de año pensábamos reflexionar sobre la alegría y la felicidad, y apareció su rostro, su canto y sus oraciones. ¿Qué es la alegría para usted?

(Ríe fuerte). A mí me da alegría todo, aunque a veces en el momento en que pasan las cosas, no haya tanta alegría. En la vida todo es experiencia, y las experiencias son necesarias. Habrá que preguntarse: “¿Por qué está uno luchando?”. Una vez que las cosas suceden, pasado un tiempo hay que aceptarlas. Y seguir siendo felices. Disfrutar de lo que se pueda. Nuestros pensamientos tienen el poder de cambiar nuestra realidad.

–¿Cómo es una vida con sentido?

–Una que esté llena de amor y alegría. En el plexo solar está la alegría, y después pasas al corazón y a los pulmones y está el amor; si no hay alegría, no hay amor. Y pasas por el cuello, hasta la cavidad bucal, y traes el poder de la palabra, el “Yo soy”, y pasas a tu nuca y a tu frente que se hace un infinito. Fíjate que la ciencia dice que la alegría da endorfinas y que son muy buenas para la salud; por eso hay que sonreír y, en lo posible, reír. Es una bella locura la risa.

–¿Qué le falta a este mundo para que sea un mejor lugar donde vivir?

–Lo que necesitamos es amar, pero para poder amar y ser felices, primero tenemos que cultivar la felicidad. Lo que hacemos que no nos gusta no nos da felicidad; por eso hay que cuidar lo que hacemos. Tenemos que meternos en menos líos, aunque nos guste meternos en líos. Nosotros mañana salimos a llevar gente a la montaña para encontrarse a sí misma. Y tú dirás, ¿para qué vivimos frente a la montaña? Y yo digo (y alza el canto, alza la voz la Abuela Margarita): “Montañas de madre tierra para encontrarse a sí mismo y luego servir a tu gente”. Es muy importante no estar desocupado; nunca mano sobre mano.

–Margarita, ¿cómo es un día para usted? ¿Qué llena sus días?

–Un día para mí empieza con levantarme y hacer mis ejercicios. Muevo los pies, los brazos, me digo que soy gran espíritu y me doy cuenta de que lo soy. Les agradezco a mi papá y a mi mamá por haberme concebido, y agradezco con otro ejercicio las experiencias de la vida. Termino ese ejercicio diciendo: “Esto soy el día de hoy, uno con el universo”. Luego hago otro ejercicio para abrir el pericardio, reviso las partes de mi cuerpo y hago un poco de respiración. Luego sigo. Sé comer bien y tomo algunas pastillas que me han recetado. También hago mis tortillas y mi leche de almendras.

–¿Cuál es el lugar y la importancia de las mujeres?

–El cambio viene por la mujer y esto es muy importante, pero no se trata de quitarle poder al hombre, sino de enseñarle a amar. Como mujeres concebimos a hombres y mujeres por igual; los tenemos en el sagrado vientre, los amamantamos y los hacemos crecer contra nosotros. Una vez escuché que en un tiempo, cuando la mujer fue tomada en cuenta igual que el hombre, durante millones de años no se ensució la tierra. ¿Cuándo se empezó a ensuciar la tierra y el agua? Cuando la mujer fue sacada o cayó de su puesto. Los hombres tienen responsabilidad pero también nosotras la tenemos, porque a veces nos hacemos a un lado. A mí me ha tocado hacer presencia y decir abiertamente: “Aquí estoy yo”. Una vez asistí a una reunión donde había puros hombres fumando la sagrada pipa con sus altarcitos. Yo era la primera mujer que iba y me senté con ellos a fumar la sagrada pipa. No me corrieron. Al contrario: me dieron la pluma de la palabra. Somos nosotras las que tenemos que empezar a amarnos y valorarnos.

–¿Cuál sería nuestra misión como mujeres en este mundo?

–Pues enseñar a amar, porque esta es nuestra principal cualidad, el saber amar. El hombre sabe usar la cabeza y las mujeres tenemos que usar el corazón, junto con la cabeza. El hombre va de la cabeza al poder, la mujer va de la cabeza al amor y luego al poder. Es más fácil para nosotras.

–¿Más fácil?

–Sí. Mira tus pechos y fíjate que ahí damos leche a los bebés, cerquita del corazón. Nuestras manos y nuestros brazos son extensiones del corazón. ¿Y quiénes abrazan a los bebés de chiquitos más que el hombre? Las mujeres. Nuestro cuerpo también habla. La mujer es la educadora de la humanidad; cuando la mujer coja de nuevo su lugar, cuando encuentre su sitio, el hombre ocupará el suyo.

–¿Qué comparte con sus hijos y nietos?

–Los hijos ya son mayores, tienen su camino y su libertad. Yo les comparto mis cosas, igual que a los nietos, pero ellos tienen su camino. Que no es el mío. Y qué problema a veces… Por eso te decía que cuando uno cumple 52 años, cierra un círculo de experiencia. Hay diferentes etapas: cuando eres niño, hasta el despertar hormonal a los 13 años, de los 26 a los 39 años, que es la etapa de la juventud. Y de los 39 a los 52, la edad adulta. Ahí alcanzas la madurez y cierras el círculo para abrirte a la maternidad universal. Piensas que no solo eres mamá de los hijos que engendraste, sino de la humanidad. A los 68 años, te transformas en la nana de la humanidad y estás para servirla. Ese es mi trabajo hasta los 91. Ya les platicaré a los 91 que pasó (vuelve a reír).

–Usted vive y transmite las enseñanzas que le transmitieron sus antepasados. ¿Qué les diría a los hombres de hoy desde su lugar?

–¿Qué le quiero decir a la gente de este tiempo? Primero que nos han catalogado como Consejo de los Ancianos, pero yo diría que somos juventud perpetua porque ya, de cuando en cuando, podemos darnos la oportunidad de portarnos como niños y hasta de ser caprichudos; de cuando en vez, podemos portarnos como adolescentes y vivir esa locura, ponernos flores en la cabeza, bailar coqueteando. A cierta edad se da uno la oportunidad de tener madurez, y sabe digerir mejor y modificar. A esta edad debemos decirnos muchas cosas bonitas. Puedes decirte: “Estoy feliz, llena de salud y abundancia”. Vivir en la abundancia es tener lo necesario, ni de más ni de menos.

–Y cuando uno se siente cansado o desanimado, ¿qué recomienda?

–Cuando estés cansada, puedes decirte que eres Dios (y empieza a cantar otra vez la nana Margarita): “Yo soy Dios, yo soy Dios / en mí está Dios, en mí está Dios / Desde la eternidad, desde mi concepción / Gracias, gracias, gracias doy / por recordar de manera tan bonita esa gran verdad, esa realidad…”. Y fortalecerla, platicando contigo. Después sigues cantando: “Recuerda, la vida es preciosa / la más grande tarea es amar y ser amada / Recuerda, la vida es preciosa, la más grande tarea es amar y valorar todo lo que me rodea / Y ser feliz, feliz, feliz”. Y bueno, yo digo que si te repites cien veces eso mismo, el cansancio se va a acabar.

–¿Usted es descendiente del pueblo maya?

–Ya no me preocupo en ser descendiente de ninguno. Lo importante es que somos seres humanos. Antes me interesaba la lengua maya, la náhuatl y muchas cosas, pero hoy me interesan la intuición y la clarividencia. Ahora toda lengua es una pobreza porque no la puede leer toda la gente. Quitémonos de dónde venimos y sintámonos felices porque somos seres humanos. El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos; basta tomarlo.

Por Agustina Rabaini. 

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Nota de la edición impresa de otoño, marzo de 2015. 

ETIQUETAS Abuela Margarita amor México sol vida

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