Sophia - Despliega el Alma

27 noviembre, 2018 | Por

Sandra Meyer: “Me sentía perdida en el dolor, pero algo sucedió en mí”

Cuando su hijo murió en un accidente callejero que podría haberse evitado, la cordobesa decidió crear y dedicar sus días a Relevando Peligros, una ONG que promueve y reclama una vía pública más segura. Conversamos con ella -café y corazón en mano- en su ciudad natal.

 

Foto: Julieta Cormenzana y Constanza Martínez, voluntarias de Relevando Peligros.

Por Agustina Rabaini

Durante años trabajé como profe de educación física y mi pasión era la escuela, el patio y mis alumnos. Pero todo cambió el 24 de diciembre de 2009. Ese día mi hijo Juan tuvo un accidente que le costó la vida y toda mi energía se trasladó a la vía pública, a ver cómo podía evitar que ocurriera una sola tragedia más”, cuenta Sandra Meyer (53),  presidenta de la Fundación Relevando Peligros al recordar el momento en que su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Hasta entonces, Sandra trabajaba y, recién separada, criaba sola a sus tres hijos: Juan (que falleció a los 13 años), María Pía y Valentina, que hoy tienen 27 y 18, respectivamente.

Pero pasó lo que pasó y ahí supe que Juan no se iba a ir de esta vida en vano”, contó la cordobesa en una charla TED en la que cientos de jóvenes la aplaudieron de pie y algunos de ellos decidieron más tarde acompañarla como voluntarios de una ONG que lleva ocho años relevando peligros para promover una vía publica más segura, una ciudad donde se pueda transitar libre de riesgos.

“Mi hijo Juan tenía una manera especial de estar atento a las necesidades de los demás, su mirada estaba puesta en los otros y eso mismo, esa actitud, es la que yo me propuse honrar y continuar”.

Ese día, Juancito intentaba ayudar a un anciano a cruzar la calle en el barrio Jardín de la ciudad de Córdoba. En eso tocó un cesto de basura electrificado por un cartel fuera de norma en la vía pública y ahí nomás ocurrió el accidente. Mi hijo Juan tenía una manera especial de estar atento a las necesidades de los demás, su mirada estaba puesta en los otros y eso mismo, esa actitud, es la que yo me propuse honrar y continuar”.

Luego de la muerte de Juan Aciar, fueron varias las personas que se acercaron a Sandra para contarle que habían visto el lugar del peligro. Al escucharlos, ella se preguntaba  una y otra vez: ¿por qué, sabiendo lo que pasaba, no habían hecho nada?

Ahora Sandra pide un café y, en medio de la ciudad universitaria cordobesa donde se encuentra difundiendo la acción de la ONG que preside, respira hondo y mueve las manos, para volver a mostrar una sonrisa enorme y a conversar animadamente: su energía positiva, aun cuando vuelva al momento más triste de su vida, levanta barreras, contagia y refleja su orgullo de saber que el esfuerzo invertido, su trabajo y su causa ayudan nada menos que a salvar vidas. Una certeza íntima que la vuelve perseverante, aguerrida en el mejor sentido. Imparable.

–¿Cómo recordás ahora los primeros tiempos y cómo fue creciendo la organización?

–Cuando uno vive estas situaciones, que te parten como persona, no visualizás nunca el camino. Me sentía perdida en el dolor, pero algo sucedió en mí, porque me puse a averiguar y a trabajar. A los pocos días ya estaba llevando notas para encontrar respuestas. Imaginate irte a tomar un helado con tus hijos y volver sin uno de ellos. Necesitaba que alguien me respondiera por qué había sucedido. En un primer momento hay algo en la cabeza que no cierra, no encaja…

–Y vos necesitabas entender…

–Sí, aunque nada te tranquiliza, yo necesitaba moverme, y el camino desde el 2009 hasta la fecha no fue pensado. Todo fue surgiendo, se hizo al andar. Primero diseñé un folleto e iba a escuelas para que el mensaje llegara y se dispersara. Hasta que alguien me dijo que podía crear una página web, y así empezaron a entrar los reclamos  de la gente por peligros y yo fui viendo cómo solucionarlos con ayuda de las instituciones que trabajan en la vía pública. Se fueron sumando personas y voluntarios, y en 2010 creamos la fundación Relevando peligros que tiene el compromiso de gestionar los riesgos de la vida pública.

Madre de todos

“Mi hijo nació el 20 de junio y falleció el 24 de diciembre. La ley se sancionó en el mes de junio y entró en  vigencia en diciembre de 2017. Esa coincidencia significó mucho para mí. Siempre sentí su compañía en lo que hacemos. Juancito ahora nos ayuda desde otro lugar para unir voluntades colectivas a través de acciones concretas para que su historia no se vuelva a repetir”.

Yo que siempre les decía a mis hijos: ‘Cuando estén conmigo no les va a pasar nada’. Pero con lo de Juan no pude… Cuando sos mamá  creés que podés con todo, pero las cosas pasan igual. Y hubo que afrontarlo“, cuenta Sandra, quien a partir de la difícil experiencia que le tocó vivir, supo reciclar su dolor en amor y cuidado para los demás. Luego de que su hijo perdiera la vida accedió a un registro que revelaba que existían 20 electrocutados por año solo en la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba. Desde entonces creó un sistema de gestión de reclamos y relevo de cifras y peligros para evitar nuevos accidentes.

–¿Qué fue lo que te dio fuerzas para seguir adelante?

–Estaban mis hijas, que seguían creciendo y que tuvieron que compartir la casa con el trabajo de la fundación durante años, pero además soy creyente y sigo pensando, o más bien sé fehacientemente, que Juan ha sido elegido y que a mí como mamá también me tocó estar acá. Al principio, lo que yo hacía parecía no tener sentido incluso para muchas personas allegadas que no me entendían. Pero yo nunca dudé, seguía sin preguntarme muy bien hacia dónde iba, por qué ni para qué. Nada me detenía.

A través de los años y el trabajo por los hijos de todos, Sandra supo recuperar la sonrisa.

–¿Cómo hacías para relevar los peligros y gestionar los reclamos?

–Empezamos a ocuparnos de los temas que tuvieran que ver con la cartelería y la electricidad, los dos ejes que tuvieron que ver con el fallecimiento de Juan. Con el tiempo se fueron acercando técnicos de distintos rubros y hoy somos un equipo de 20 personas.

Relevar para sanar

Sandra dice que su mayor logro fue la Ley de Seguridad eléctrica 10.281, que entró en vigencia a nivel provincial en 2017 y que garantiza que el quehacer eléctrico esté regulado. “Buscamos la participación ciudadana y tenemos una aplicación móvil que permite que  cualquier ciudadano a lo largo del país pueda informar en el momento sobre peligros en la vía pública”, señala. La aplicación se llama Relevando peligros, se puede bajar desde Play Store y los mensajes que llegan se redireccionan al ente que pueda dar una solución al problema.

–¿Qué otros logros o satisfacciones tuvieron con el trabajo de la fundación en estos años?

–Todas las satisfacciones. Lo que nos dice la gente nos llena el alma cada día. Eso, además de lo concreto de saber que la ley se puede replicar en otros lados. En Buenos Aires, hace unas semanas, tuve un reconocimiento muy importante de parte del  Foro de Seguridad eléctrica a nivel nacional. Por ahí, eminencias de la ingeniería eléctrica me dicen: “Lo que no pudimos hacer nosotros, lo hiciste vos”. No quiero quitar mérito a todos los profesionales que han trabajado en esto, pero sí puedo decir que hemos luchado mucho. La Ley de Seguridad Eléctrica implica un cambio sociocultural que tenemos que hacer entre todos. Hemos podido crear una figura no contemplada antes: el electricista habilitado, que es el responsable de certificar, previamente a ponerlo en funcionamiento, el circuito eléctrico de un hogar, comercio o instalación en la vía pública.

–Antes decías que Dios te puso en este camino y te dio la oportunidad de hacer algo por los otros, pero que no sabías por qué lo hacías. ¿Ya lo sabés?

–Sí, yo tenía una voz interior que me decía: “Lo hacés sí o sí“, y como soy tan tozuda, seguí tomando decisiones, como cuando decidí comprar una plataforma online sin saber si la íbamos a necesitar y eso después nos facilitó mucho el trabajo. ¿Y para qué? Para salvar vidas. No sabemos si son diez, veinte o quinientas. Lo que sabemos es que trabajamos para eso y seguiremos pidiendo más control y seguridad adentro y afuera de las casas, tanto como en los espacios de acceso público.

–¿Hubo obstáculos y momentos difíciles también a lo largo de los años?

–Muchísimos, pero en los momentos en los que estoy desilusionada o desencantada, también van apareciendo lo que yo llamo “lianas”. Cada vez que estuve bajoneada o cansada, siempre llegaba una.  A través de la computadora, en personas conocidas o desconocidas, siempre aparecía la liana justa que me indicaba por dónde seguir. Por eso soy tan creyente y no creo solo en Dios, sino también en la energía de las personas, en el universo y en que todo se confabula u ocurre por algo, con un sentido.

–¿Y en eso de que Dios los cría y el viento los amontona, verdad?

–¡Sí! Siempre digo esa frase porque es muy cierta. En la fundación hay gente hermosa, con valores, que da su tiempo cuando, en el mundo en que vivimos, el tiempo parece lo más sagrado para todos. Ninguno de ellos perdió a un ser querido como me tocó a mí, y entonces lo valoro el doble, porque yo tuve un motor para empezar, pero ellos lo hacen por este rédito para el corazón del que hablaba antes. Todos buscamos lo mismo: cuidar la vida de otras personas.

Fuera de  las horas en la escuela, donde seguís trabajando por las mañanas, del trabajo en la fundación y la maternidad, ¿hay espacio para el esparcimiento o para salir a tomar aire de vez en cuando?

–En estos años, y mis hijas lo saben bien, he relegado un poco mi parte personal y puse todo en la ONG, pero últimamente decidí tomármelo con más calma. Empecé el gimnasio y me puse a cantar; voy a una escuela de canto en una galería de acá, de Córdoba, y es una expresión hermosa, otro ámbito. Además, empecé clases de batería y me compré una batería, ya me van a escuchar (se ríe).

¿Hay algo más que quieras compartir de los aprendizajes que te dejaron estos años?

–Sí. Quiero decir que de las experiencias complicadas de la vida se puede aprender mucho y que a veces, cuando te suceden cosas no tan buenas (no digo malas), es porque necesitabas entender algo y tal vez a la distancia, puedas recordar eso mismo como una hermosa oportunidad.

Foto: Álvaro Corral.

Desde 2007, Sandra Meyer recibe miles de denuncias que busca gestionar y derivar a los sectores que puedan brindar una respuesta a cada caso particular. Hoy trabaja junto a un equipo de 20 personas que, mayormente, colabora ad honorem. “Ni yo ni la gente que trabaja conmigo tiene un rédito económico. Es solamente un rédito para el corazón. Ojalá pudiéramos tener un mayor apoyo para remunerar a las áreas técnicas. Por ahora, las personas que están en la fundación lo hacen con el propósito de cuidar la vida de las personas, nada más”. 

Conocé más sobre su proyecto en www.relevandopeligros.org

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