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26 febrero, 2019 | Por

María Luque: «Dibujo para poner en marcha mis deseos»

La dibujante rosarina, ganadora del Premio Internacional de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas, dedicó su arte y muchas horas de investigación a crear Vida de pintores, un libro de biografías de artistas que salió al ruedo este mes. En esta charla, la influencia que tuvo la historia del arte en su vida y su compromiso a la hora de reflejar la realidad de las mujeres.

 

Rodeada por sus dibujos, retrato de una artista singular. Foto: Mariano Sanjiao.

Por Agustina Rabaini

Era de esperar que, en algún momento, la rosarina María Luque (35) se demorara largamente en investigar la vida de los artistas que la inspiran y a los que ya homenajeaba antes en sus dibujos. Claro que, muy a su estilo intenso y personal, en Noticias de pintores decidió rescatar las biografías de ¡101! pintores de todos los tiempos.

El libro, coloreado en rojos y azules, es el tercer título de la dibujante luego de la novelas gráficas La mano del pintor −sobre Cándido López− y Casa transparente, trabajo que le valió el Premio Internacional de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas en 2017.

Desde su cuenta en Instagram, María Luque comparte tanto sus dibujos y preferencias artísticas, como pistas sobre  su vida personal. Puede buscar datos para conseguir una casa en Italia durante sus viajes, hasta escribir al pasar que “en Roma pintan las casas de rosa y los gatos no se dejan acariciar”, o contar que “cuando me crezca el pelo voy a conocer un gato de ojos amarillos”. Otros días, informa sobre la inauguración de una muestra o publicación como la más reciente, el  libro para niños El jardín de Lili, que ilustró y que escribió Cristina Macjus.

Cuando ella era chica vivía en Rosario, cuna de grandes dibujantes (Max Cachimba, entre otros), muy cerca de una madre que tenía un conocido negocio de ropa para niños y de los discos de música que sonaban en el living de tarde y de noche. Los diseños, los mundos imaginarios y la belleza de algunos objetos elegidos la atraían y se reflejaban en sus cuadernos. Ya entonces dibujaba series y elegía temas: “Hoy, vestidos”, podía escribir antes de empezar a hacer sus propias versiones de las damas antiguas de los manuales del colegio y de otras heroínas de infancia.

Al terminar el secundario, se inscribió en la carrera de Bellas Artes, lugar del que más tarde salió porque sentía que “ahí no estaba lo que andaba buscando”. Entonces se puso a tomar clases con otros y a viajar: el gusto por la vida nómade y por descubrir lugares, personas y estímulos nuevos, no la abandonó más.  

–Seguís moviéndote de un lugar al otro. ¿Qué hay de cierto en eso en que no tenés casa fija?

Vino a vivir a Buenos Aires desde Rosario en 2005 y hoy pasa parte del año viajando por el mundo, entre exposiciones y residencias de artistas. Toma inspiración de los maestros, pero sus dibujos tienen un trazo y una impronta moderna, contemporánea.

–Bueno, me sigue gustando la vida nómade. En realidad, llegué a tener una casa dos años seguidos en Buenos Aires, pero a principios del año pasado la dejé y volví a esta vida más libre, otra vez. El año pasado estuve casi todo el año viajando, después volví a la casa de mis padres en Rosario por unas semanas, pasé un tiempo en Buenos Aires y ahora estaré seis meses en Suiza, en una residencia de artistas. Cuando estoy en Argentina paro un tiempo en las casas de amigos que me las dejan cuando se van de viaje.

–En esos momentos, tu lugar de trabajo puede ser la mesa de un bar o las bibliotecas más que un estudio o un taller propio…  

–Sí, vengo mucho al Varela Varelita (N: de la R: el bar de Palermo donde transcurrió esta nota). Como suelo trabajar en formato pequeño, puedo estar acá y no estoy sola. También voy bastante a bibliotecas y a museos. Me gusta más el resultado de los dibujos cuando trabajo en lugares con interrupciones o encontrándome con amigos. Cuando tengo que escribir textos y necesito una concentración diferente, trabajo sola. Pero el ruido de alrededor y las conversaciones me encantan. Acá hay mucha creatividad dando vueltas: vienen escritores, dibujantes, gente del teatro y el cine; verlos trabajar es estimulante. Hoy, por ejemplo, están la Watson, Giulia Baratta y a veces vengo con Power Paola.

–¿Tu producción es distinta cuando vivís en las residencias artísticas?

–Sí, suelo concentrarme más en el trabajo. El año pasado hice una en Río de Janeiro, São João, que es hermosa. Después pasé un tiempo en Roma, alquilé una habitación y me quedé tres meses trabajando. Luego en Kaunas, una ciudad chiquita de Lituania y también en San Petersburgo, Rusia. Estar en movimiento, buscando lugares nuevos, renueva mis ideas y así voy descubriendo referencias, imágenes, deseos. Es como una sobredosis de estímulos y hay un momento en el que tengo que frenar, porque todo eso necesita decantar.

–El mundo del arte aparece en tu obra de manera recurrente. ¿Cómo nació Vida de pintores?

–La historia del arte es la fuente más inagotable de inspiración. No puedo evitar volver ahí, me aporta ideas para los proyectos. El libro al principio iba a ser una publicación cortita, un fanzine de 16 páginas, pero había un potencial enorme y cada historia me generaba la necesidad de leer más. Un nombre me iba llevando a otro, y en un momento no pude parar. Partí de algunos libros, pasé meses juntando historias y después leía y dibujaba al mismo tiempo, porque un pintor nombraba a un colega que yo no conocía, y así se iba armando todo un recorrido.

–En el libro hay una gran cantidad de mujeres…

–Sí, muchas, y eso fue una parte importante del trabajo, porque lo primero que aparecía es lo que todos conocemos, la historia del arte donde los hombres son los protagonistas absolutos, salvo casos aislados como pueden ser Frida Kahlo o Georgia o Keefe. Para una de las primeras historias que dibujé, vi un video donde salían a hacer una encuesta en la puerta de los museos de Inglaterra y le pedían a las personas que nombraran a tres artistas. Todos mencionaban hombres, como Pablo Picasso, Salvador Dalí o Max Ernst. Para encontrar a las mujeres hay que bucear mucho más profundo, estaban invisibilizadas. En un momento me dediqué a buscar solamente a mujeres y así descubrí historias increíbles de autoras que no conocía.

–Esta forma que adoptó el feminismo se refleja en tu trabajo…

–El reclamo nos está atravesando a todas, se ha ido transformando con el tiempo y los últimos años fueron súper fuertes en este país, del Ni una menos para acá. Se abrió el debate y la necesidad de repensarnos y replantearnos muchísimas cosas. Desde el dibujo yo ya venía cuestionándome, pero las preguntas siguieron y todo se potenció. Pasamos de un momento en el que te pedían que nombraras a chicas que hacían historietas y no se te ocurría ni una, a ser tantas que es imposible acordarse los nombres de todas.

Las mujeres de María: una explosión de color y sentido para plasmar una época.

Rumbos se buscan

María dice que a la hora de elegir sus temas va variando y que, por ahí, salen de algo que le da vueltas en la cabeza. «El dibujo me ayuda a transitar cosas que no termino de entender o que no sé cómo resolver de la vida cotidiana. Si necesito un lugar donde vivir, por ejemplo, puedo pintar casas y trato de imaginarme cómo me gustaría que sea el lugar donde podría ser feliz y, a veces, después se cumple. Me gusta pensar al dibujo como una manera de poner en marcha mis deseos y ver qué pasa«, cuenta. Desde hace un tiempo también pinta fotos y dice que les pide deseos a los artistas que le gustan: Marina Abramovic, Henri Rousseau, David Hockney, Malevich, entre otros.

–Hace unos días un nene de siete años me dijo: “Lo que me gusta de dibujar es que ahí puede pasar cualquier cosa”. Al rato, leo una entrevista y decís exactamente lo mismo…  

–Me encanta que pase eso con los niños y que uno pueda recuperar ese hábito al dibujar. Cuando somos chicos todos dibujamos, pero un día nos dicen que eso está mal, que el pasto no es rojo y que lo tenés que pintar verde, y dejamos de hacerlo. Es triste cuando pasa: uno pierde el impulso de dibujar por remitirse a lo verosímil, a que todo sea exactamente igual al mundo… Lo lindo del dibujo es que no hay ninguna regla y que no dependés de nadie más. Tenés esa libertad y, a su vez, puede ser una tarea muy solitaria también.

–Vos defendés o practicás esto de dejar salir el dibujo como sale,  la improvisación y no bocetar o corregir mucho. Hay algo desprolijo o chueco, como dijiste alguna vez, en tus dibujos…

–Por suerte. Creo que lo elijo porque disfruto de ver eso en el trabajo de otros. Los artistas que me conmueven suelen ser los que no dibujan hiperrealista, sino que tienen una visión más personal y no tan perfecta de cómo es el mundo. También lo hago porque no tengo la destreza suficiente para dibujar de otra forma: lo intenté en el paso que hice por la facultad, cuando me tocaba hacer modelo vivo o dibujar lugares. La técnica se puede adquirir, pero nunca me interesó demasiado ese camino.

–Hiciste colaboraciones con marcas de indumentaria como Celia B. ¿La ropa te interesa especialmente?

«En los viajes siempre hay cosas que me llaman la atención y algo de eso aparece después en los dibujos: los boletos del transporte público en Rusia, que son hermosos, chiquitos y coloridos, o las obras de arte que veo en los museos y tanto me gustan…».

–Me gusta y tengo vínculo con eso a través de mi familia materna, que tenía un negocio de ropa para chicos que se llamaba Mamina; yo me la pasaba en el taller (mientras habla, en una tarde de calor intenso, mueve un abanico de colores) . Veía a mi tía cortar las telas, ayudaba a mi mamá a vender en el negocio, revoloteaba por ahí. Pasaron los años y Celia me contactó para hacer una colaboración. Me dio una libertad enorme para trabajar y ahora es hermoso ver que hay gente que anda por el mundo con mis dibujos en la ropa.

Noticias de pintores se llama su nuevo libro. Una búsqueda personal que nunca termina.

–Una de las muestras que hiciste se tituló Lejos de Internet y alguna vez dijiste que, aunque participes de ella, “la vida virtual no es tan interesante”. ¿Cómo es eso?

–Bueno, lo sigo pensando. Internet es una especie de espejismo donde todos nos sentimos acompañados, pero a la vez es un lugar de soledad grande, porque mostramos y espiamos la vida de los otros, pero desde la oscuridad de nuestras habitaciones, haciendo scroll. Las redes nos sirven un montón y disfruto del tiempo que paso ahí, pero también sé que es un espacio difícil para generar un vínculo real o intenso con alguien que exceda la virtualidad. Tener una conversación real o poder tomar contacto con una obra de cerca, en un museo o una muestra, no se compara con nada.

Dibujo, dibujo, dibujo

María describe su tarea como «una disciplina muy gentil» y celebra, más que nada, la versatilidad. «Digo que soy dibujante, pero hago cosas que se pueden aplicar a otras disciplinas. El dibujo es esta caja grande donde todo puede convivir y donde no hay límites porque ahí puede pasar lo que sea que yo imagine«. El resultado puede un original, un libro, un fanzine, una película animada o una prenda de ropa.

–Hay que poder convivir con esa libertad…

–Sí, intento ser responsable. Me siento una afortunada de poder pasarme el día dibujando. Pasé un montón de años haciendo otros trabajos y dibujaba cuando volvía, a la noche. Hasta que tomé valor y quise arriesgarme.

«El dibujo es esta caja grande donde todo puede convivir y donde no hay límites, porque ahí puede pasar lo que sea que yo imagine«.

–¿Ahora vivís del dibujo? Durante un tiempo hiciste colaboraciones para Lenny, el newsletter de Lena Dunham…

–Sí, el proyecto terminó, pero me encantó. Me permitió conocer a un montón de autoras y los textos eran muy interesantes, sobre temas súper diversos. Ahora trabajo como ilustradora editorial para revistas y libros, en su mayoría, de afuera. Esto es bastante cambiante o inestable pero eso me sirve también; me hace estar en movimiento, seguir buscando.

–Última pregunta: ¿hay algún un propósito de comienzo de año que nos quieras compartir?

–Sí, muchos. Me propuse aprender una receta de cocina cada mes y para eso, cuando estuve en Rosario, me traje algunas de mamá. También tengo la inquietud de saber más sobre flores y me gustaría aprender a acepta la ayuda de los demás, entre otras cosas.

Una de sus deseos, aparece en su cuenta de Instagram y se lo pidió a su admirada Marina Abramovic: “Marina Abramovic, por favor dame paciencia para permanecer quieta y disfrutar del silencio. Enseñame a mirar adentro de los ojos de otras personas. A encontrarme en ellos y a sentarme derecha”. Así es el mundo de María Luque. Interior, explorador, en expansión.

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