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4 febrero, 2019 | Por

Margherita Pagani: «Si la sociedad no funciona, nadie puede brillar»

“Impacto, bien hecho”, se lee al entrar a la página de la empresa social liderada por esta joven emprendedora italiana radicada en Córdoba. Con tan solo 29 años creó Impacton, un modelo para el desarrollo sostenible que une tecnología, sociología e inversiones destinado a expandir proyectos sociales en la Argentina y en el mundo.

Por Agustina Rabaini

El impacto social no debe ser solo justo, también debe ser efectivo”, es la frase a la que apela Margherita Pagani (Milán, 29 años) para sintetizar el sentido y el alcance de la empresa social que lleva adelante. Eligiendo como sede la capital cordobesa, decidió darle el nombre Impacton. La frase que la inspiró para arrancar es de Vincenzo Linarello, referente europeo de la llamada economía de la ética, un líder italiano que, al igual que ella, cruzó las fronteras de su país para propagar ideas y proyectos alrededor del mundo.

Antes de dedicarse al desarrollo sustentable, Meg –como la conocen todos- se formó en Bellas Artes. Su espíritu inquieto y energía parecen imparables. Durante la conversación sus idean se agolpan una tras otras, mientras cuenta que decidió lanzar su proyecto desde la ciudad de Córdoba siguiendo una convicción profunda.

Si diseñamos y desarrollamos soluciones para el desarrollo sostenible solo desde las principales capitales, jamás podremos salir adelante. En el mundo hay más ciudades de la escala de Córdoba que de Buenos Aires”, explica la emprendedora, que fue elegida entre las mujeres más destacadas de menos de 30 años por Forbes y participó junto a otros jóvenes de las reuniones del Youth 20.

Meg reparte su tiempo entre la empresa, la investigación y otra gran pasión, el deporte. “En otro tiempo fui jugadora profesional de vóleibol”, agrega para sumar un dato a un recorrido singular.

−¿Cómo llegaste al mundo social, viniendo de las artes y del deporte?

−Tuve una infancia difícil. Papá murió cuando era pequeña y en un momento mamá se enfermó, por lo que fui desarrollando una gran sensibilidad por temas relacionados con la psicología y la justicia social. También me interesaban la comunicación y el arte, los códigos del lenguaje en sus diversas formas, y las bellas artes me brindaron la oportunidad de ver otras cosas. En Italia hubo dos grandes crisis económicas que obligaron a los más jóvenes a replantearnos qué hacer. Y yo elegí no ir a lo seguro para hacer algo que me apasione profundamente.

−Pareciera haber un mundo más individualista y otro más sensible a las necesidades de los sectores vulnerables. Frente a eso, la pregunta es dónde se ubica cada uno. ¿Qué respondés vos?  

«Elegí no ir a lo seguro para hacer algo que me apasione profundamente».

−Siempre tuve la idea de que no soy el otro, pero tampoco puedo ser sin él. Si la sociedad no funciona, nadie puede brillar ni ser plenamente sí mismo. Cada uno desde su lugar (una madre, un trabajador, un empresario), tiene la responsabilidad de hacer que esto suceda. A partir de 2011 empecé a ocuparme más de los temas sociales, inspirada en el movimiento Occupy Wall Street que daba visibilidad a la disparidad económica y a la importancia de replantearnos el modelo socioeconómico en el que están basadas nuestras sociedades. Me acerqué al movimiento, ya no desde una mirada típica de ONG y asistencialista, esa ayuda al prójimo que doy “porque el otro no puede y yo sí”. Soy muy crítica de eso, considero que es una narrativa que debemos trascender y superar.

−¿Cómo trabajan y qué los diferencia desde Impacton?   

−No somos una ONG, no brindamos ayuda económica y en cambio, venimos a traer modelos alternativos.  En 2014, con mi primera empresa social gané un concurso, Start Up, pasé un tiempo el Latinoamérica y cuando volví a Europa en 2015 me involucré con la crisis de refugiados. Tras esa experiencia enriquecedora, en 2016 regresé a la Argentina con la idea de analizar proyectos de impacto social que ya estuvieran funcionando alrededor del mundo, para difundirlos y ponerlos a disposición del resto de la sociedad.

Soluciones sostenibles

«Después de décadas de proyectos asistencialistas, vemos cómo las comunidades locales no tuvieron oportunidades de hacer cosas por sí mismas. Gran parte del trabajo no sirvió para para empoderar ni desarrollar comunidades sino solo para emparchar problemas de manera temporaria. Por eso quise buscar una alternativa. Las personas de las comunidades buscan ayudarse a sí mismas y desarrollarse en plena libertad; lo que no quieren es que les digan que no pueden«, comparte Meg.

−¿Podrías explicarlo con ejemplos de acciones concretas?

«Las personas de las comunidades buscan ayudarse a sí mismas y desarrollarse en plena libertad; lo que no quieren es que les digan que no pueden».

−Sí. En un ambiente rural, por ejemplo, detectamos los proyectos que pueden mejorar esa comunidad. En un lugar como Jesús María, en Córdoba, al haber un ambiente menos competitivo que en una gran ciudad y menos prisa, se puede trabajar muy bien. Hay un proyecto en Córdoba llamado “Tres construcciones” que trabaja con comunidades vulnerables. Les muestran una forma de recolectar plástico y de prensarlo para hacer módulos de construcción y levantar casas plenamente eficaces, hasta de dos o tres plantas. Desde el punto de vista operativo, no tiene ninguna limitación y es un proyecto que se puede realizar en cualquier otra ciudad o comunidad.

−¿Qué otras áreas abarcan y qué son los blueprints que ofrecen desde la organización?

−En el lugar de darle a las personas un manual para que hagan las cosas, la idea es mostrarles los procesos como si fueran recetas, de manera que puedas entender cómo hacerla vos. Adaptarlo al contexto particular es muy necesario, porque de esta manera se respetan las culturas locales y las necesidades de cada región.

−¿Podrías dar otros ejemplos de proyectos que brinden respuestas a problemáticas puntuales?

−Hay un proyecto que buscaremos expandir en toda Latinoamérica para mejorar la inclusión social de personas que han estado privadas de su libertad, o que han tenido algún trauma particular, ya sea por haber vivido una guerra o por haber sufrido violencia familiar. El proyecto une a una cárcel local con una “casa de animales” y posibilita que aquellos que están a punto de salir de la cárcel, sumen a su recuperación psicológica y reinserción social un acompañamiento especial desde el punto de vista socio emocional. A cada uno de los reclusos se les asigna un perro, que va una vez por semana al patio de la cárcel y es notable ver cómo empiezan a tener una catarsis emocional, y pueden demostrar afecto y recibir ese cariño de vuelta. Al cabo de un tiempo, la casa de perros se vacía porque al salir, la mayoría se lleva su perro a su casa, y de esta manera el lugar puede seguir asistiendo otros perros de la ciudad que no reciben atención. El proyecto existe solo en tres o cuatro ciudades del mundo, y queremos replicarlo en la Argentina.

−¿Seguís formándote e investigando? ¿Tenés maestros o mentores?

−Me vinculo con personas de las que puedo aprender alrededor del mundo e investigo sobre temas de psicología, sociología y desarrollo sostenible. El año que viene queremos abriremos oficinas en Brasil y en Portugal, la idea es seguir la expansión y para eso continuamos actualizándonos. Hoy en Córdoba somos un equipo de cuatro personas y hay 38 embajadores de Impacton alrededor del mundo.

−¿Qué te inspira fuera del trabajo específico, todos los días?

−Lo que más me inspiran son las mujeres de mi edad o mayores que yo, que decidieron cambiar la forma de actuar en la sociedad desde un feminismo que ya no es solo reinvindicación. Mujeres que buscan liderar con el ejemplo y mostrar que somos la fuerza emprendedora de este país y de muchos otros. La mejor forma de que lograr un verdadero cambio es inspirar a otras mujeres y a otros hombres. Liderar con el ejemplo y transmitiendo valores, nuevos pilares.

−¿El feminismo con los varones al lado, como pares y ya no a la distancia, rivalizando entre géneros?

−Estoy convencida de que, si las mujeres queremos tener nuestro rol en la sociedad, será al lado del hombre, ni adelante ni atrás. Tenemos que aceptar que las mujeres y los hombres tenemos aspectos femeninos y masculinos. Las mujeres como yo, deportistas, tenemos una energía masculina desarrollada y esto no tiene nada que ver con la orientación sexual. La energía femenina escucha, crea y entiende la perspectiva del otro; la fuerza masculina es la del hacer, ir a la acción. No podemos construir una sociedad nueva, más sana, sin la suma de las dos cosas.

−¿Qué aporte hace Impacton desde el punto de vista espiritual? ¿Hay algún interés particular en este sentido?

“Mantener el asistencialismo como modelo significa perpetuar un paradigma que hay que dejar atrás”.

−Absolutamente. Crecí en el interior de una familia italiana, en el país más católico del mundo, pero mis padres decidieron no bautizarme ni a mí ni a mis hermanas. Nos criaron con apertura en la educación hacia todas las religiones y nos enseñaron que, al tener raíces en común, todos los credos tienen más acuerdos que diferencias. Luego de miles de años basados en guerras y en el “yo contra vos”, hoy tenemos la oportunidad de crear una sociedad donde la unidad vaya de la mano de la diversidad, y que eso sea un pilar fundamental: la piedra angular. Ojalá lo espiritual pueda convertirse en la fuerza capaz de animarnos e inspirarnos a ir hacia adelante en una misma dirección.

−¿Qué le dirías a los jóvenes que, como vos, buscan ser protagonistas y generar cambios?

−Todos queremos un futuro mejor y en las manos de los jóvenes hay una gran oportunidad. Antes, si eras joven, había cosas que no se podían hacer, pero eso ya no va más. Es muy importante que la nueva generación se involucre. Ya no se trata de responsabilidad social sino de desarrollar nuestro potencial y una oportunidad social, de darnos cuenta que tenemos los medios y debemos enfocar nuestro talento y energía para generar ideas, para seguir construyendo comunidad.

Impacton.org es una organización que utiliza la tecnología y el big data para seleccionar, analizar y difundir soluciones efectivas a los desafíos sociales y ambientales, haciéndolos disponibles para luego adaptarlos y replicarlos en otros contextos. Trabajan con empresas sociales y ONGs interesadas en replicar sus fórmulas en otros lugares y se vinculan con fundaciones, organizaciones y fondos interesados ​​en analizar el impacto de su portafolio e identificar los proyectos que podrían estar creciendo y escalando con una estrategia basada en la replicación. Para lograrlo, buscan hacer foco en soluciones ya existentes y exitosas para los desafíos sociales y ambientales. Meg Pagani es miembro activo de Sandbox, la comunidad Global Shapers del Foro Económico Mundial. Para más información: www.impacton.org

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