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28 Julio, 2017 | Por

Luly Dietrich: “Siempre podemos ponernos al volante de nuestras vidas”

Una charla con una mujer que eligió conducir mucho más que vehículos: trabaja en la empresa familiar que lleva su apellido y su amor por los motores la llevó a construir una comunidad donde impulsa a otras mujeres a manejar, pero sobre todo a dejar atrás los temores.

 

Luly Dietrich, heredera de un sueño familiar que se convirtió en su gran pasión.

“Desde muy chica los autos son parte de mi vida. En la mesa familiar una de las temáticas que se repetía estaba relacionada al mundo de los motores”, arranca Luly Dietrich, directora de Mujeres al Volante y Coordinadora del Consejo de Familia Grupo Dietrich. La heredera de una pasión donde el apellido, más que un peso, fue el combustible necesario para andar un camino lleno de desafíos: de la mano de su padre nació una compañía destacada del mercado automotriz local, donde se forjó una estirpe de profesionales a la medida de las circunstancias: su hermano Guillermo es el actual Ministro de Transporte de la Nación y Coni, que es fotógrafa, también comenzó trabajando en el seno de la empresa familiar.

Así que a los 13 años Luly dio sus primeros pasos al volante. “Mi papá me enseñó a manejar en un Mehari, ¡casi no llegaba a los pedales! También desde muy chica, observar a mi mamá manejar y ver todo lo que podía hacer gracias a saber hacerlo, hizo que tenga muy en claro que una de las herramientas que me iba a dar libertad cuando fuera más grande era el auto”, resume a la hora de explicar el por qué de su elección. Y claro: lo primero que hizo cuando cumplió 18 años fue ir raudamente a sacar la licencia de conducir. El auto vino después: “Cuando ya trabajaba y ya tenía unos pesos para poder mantenerlo, mis papás me regalaron un Fiat 125 con motor Tempra, aclaro lo del motor porque era una nave como andaba”, explica entre risas.

Alegre y creativa, decidió licenciarse en Publicidad. Y dice que aunque el negocio familiar ya era próspero, la condición para poder trabajar ahí era seguir una carrera universitaria: “Mis padres siempre nos inculcaron que debíamos combinar el estudio con el trabajo. No era negociable. Y luego mi papá nos abrió las puertas para trabajar en la empresa. Arranqué vendiendo planes de ahorro y me metí en todo lo relacionado a las comunicaciones”, destaca.

−¿Cómo recordás aquella primera experiencia laboral?

−Bueno, tuve una jefa que no fue el tipo de líder que había soñado. Llegué buscando un equilibrio entre lo que me gustaba y mis propias competencias, aquello que yo creía que podía aportar a la empresa. Crecí desde lo personal y desde lo profesional y al recibirme fui tomando mayores responsabilidades siempre relacionadas a las comunicaciones internas y externas. Luego de armar las áreas de RRHH, publicidad y atención al cliente, empecé a buscar un nuevo lugar. Fue, al mismo tiempo, cuando mi padre comenzó con el trabajo del Protocolo de Familia y reorganizamos los órganos de gobierno de la empresa creando el Consejo de Familia, un órgano que relaciona los accionistas de la empresa con la dirección de la misma dónde hoy soy la Responsable.

−Es fuerte trabajar con la familia. ¿Cómo lograste encontrar tu espacio?

−En todo ese proceso inicial, hice un viaje interior sin ir a la India, pero tomándome el tiempo necesario para ver dónde quería estar y dónde la empresa me necesitaba. Esa búsqueda también estuvo 100% relacionada con el lugar que siempre quise darle a la mujer dentro de un mercado tradicionalmente masculino, y ahí fundé “Mujeres al volante”, la primera comunidad de mujeres en el mundo de la movilidad.

−Eso: siendo que el de los autos fue, históricamente, un mundo vinculado a los varones, ¿de qué manera lograste abrir puertas y derribar prejuicios?

−El mundo de los autos siempre estuvo relacionado a lo masculino y, en algunas, cosas sigue siendo así. Desde nuestra empresa, mi papá fue el primero en tratar de derivar esa vinculación, poniendo a la primer vendedora mujer del mercado. ¡Siempre recuerda la cara del primer cliente que atendió! En mi gestión de RRHH continué con ese desafío, incorporando mujeres mecánicas y asesoras de servicio. Hoy, un 50% del equipo comercial son mujeres.

−Y de pronto nació Mujeres al volante…

−Cuando arranqué, nadie imaginaba que las marcas me darían sus autos para realizar un test drive. ¡Tampoco que un diario como La Nación me pudiera invitar a escribir en su suplemento de autos! Los cambios son graduales, pero a veces lo que sucede en el mercado hace que todo se acelere. Las marcas comprendieron que el rol de la mujer había cambiado. Las estadísticas confirmaron que los patentamientos a nombre de mujeres iban creciendo año a año, y lo mismo las licencias de conducir, ¡incluso las de motos! Si a esto le sumamos que el 80% de las decisiones está directamente influida por las mujeres, es imposible que el mundo de la movilidad no gire la mirada hacia nosotras.

−¿Te pasó alguna vez algo desagradable por ser mujer, tanto al volante como en tu trabajo?

−En mi trabajo no, pero en la calle sí. Y lamentablemente siguen ocurriendo agresiones machistas al volante, el típico “¡Andá a lavar los platos!”. Me obsesionan las normas de convivencia en las calles. Una de ellas es muy simple, pero no siempre se implementa: ceder el paso al peatón. En cada cruce de esquinas, esté dónde esté, freno para que la gente cruce. En muchas ocasiones, el conductor que está detrás de mí comienza a tocar la bocina y, en vez de entender lo que estoy realizando, me pasa casi atropellando al peatón. Ahí, generalmente, surge el comentario machista. He llegado a poner un cartel en la luneta de mi auto con la siguiente leyenda: “Si freno es porque estoy cediendo el paso a un peatón, no me toques la bocina”.

Mujeres al volante, una comunidad dedicada a derribar miedos y prejuicios.

−En tiempo donde el empoderamiento femenino es una realidad, ¿cuál te parece que es la clave para acercar a más mujeres a lugares que antes estaban vedados?

−La clave está en nosotras. Si tenemos claro el lugar que queremos ocupar, somos quienes podemos plantearlo y demostrarlo. Luego, por supuesto, está el trabajo de la empresa, organización, entidad u organismo, para no generar diferencias por una cuestión de género. Recuerdo que mi primer reunión de directorio me puse en una esquina de la mesa, y le serví uno a uno el café a mis socios varones. Hoy trato de ubicarme en el centro y el café lo servimos entre todos.

−¿Creés que el hecho de manejar es, para muchas de nosotras, una forma de ganar confianza para empezar un viaje hacia la libertad y la independencia?

−El manejar está ciento por ciento relacionado con la confianza y seguridad personal. Hay personas a las que no les interesa, pero en general quienes no manejan es porque sienten miedo. Y te puedo asegurar que cuando logran la confianza y la seguridad que necesitan, se ponen al volante. Me llegan muchos mensajes que dicen, textualmente, “Ahora sé lo que es la libertad”. El saber manejar te lleva a lugares que no imaginás, a sensaciones únicas. Siempre digo que es parte de una responsabilidad, porque el saber manejar también puede salvar vidas.

−¿Qué ha sido lo más enriquecedor de emprender creando nada menos que una comunidad?

−Mujeres al volante fue la mejor experiencia para conocerme y entender qué era lo que me enriquecía desde lo personal. A través de ese encuentro, encontré la combinación perfecta entre mi rol de empresaria, dando lugar a mi faceta creativa y a mi interés por ayudar al otro. Acompañar a mujeres de todas las edades me llena el alma de energía. Ver el antes y el después de una persona que aprende a manejar es emocionante. Sentir que las ganas, la necesidad y el coraje son más fuertes que los miedos, logran en mí un aprendizaje enorme.

−¿Cuáles de esas experiencias podés compartirnos?

−Tengo historias increíbles. Mujeres que necesitan aprender a manejar por algo muy triste que le está sucediendo a un familiar; mujeres que deben lograrlo para ganar confianza y seguridad; mujeres que desean sorprender a sus parejas o sus hijos y terminan sorprendiéndose a ellas mismas; mujeres mayores que pensaban que nunca más iban a poder aprender algo nuevo y no solo lograron aprender a manejar, si no que también descubrieron lo que es la libertad de irse de viaje con amigas… Tengo infinidad de relatos y ejemplos de mujeres maravillosas. Emprendiendo descubrí que el recorrido es infinito, y eso me hace muy feliz.

−¿Cuál es tu momento mejor momento en el auto?

−A veces mi marido se ríe de mí porque disfruto de los embotellamientos. En vez de ponerme tensa ante la demora, trato de escuchar buena música y pensar, como así también observar lo que pasa a mi alrededor. Miro las conductas de conductores, peatones, ciclistas, motoqueros y observo modelos de autos, me inspiro y siempre surgen cosas nuevas en mí. Debo reconocer que mi momento más placentero al volante fue cuando por primera vez agarré el auto y me fui a Pinamar con mis amigas. ¡Guau, estaba manejando en la ruta! Por supuesto tuve que rendir un examen previo ante mi viejo y él me dio el ok  recién cuando vio que estaba preparada. Siempre digo que el manejo es como un trabajo, hay que capacitarse. Entrenarse. Saber las distintas técnicas de manejo y qué hacer ante una eventualidad. También disfruto de estar al volante de la bici o de una moto. Es una experiencia que, realizada responsablemente, puede llegar a ser única.

−¿Qué le dirías a una mujer que quiere aprender algo, ya sea manejar o cualquier otra cosa, pero no se anima?

−La única forma de vencer los miedos es la práctica y el conocimiento. Cuando sabemos, nos sentimos más seguras. Y la seguridad hace al disfrute. La neurociencia descubrió que aprender algo nuevo después de determinada edad rejuvenece. El proceso de aprendizaje requiere nuevas habilidades tanto emocionales como físicas y esto genera, automáticamente, un nuevo grado de confianza en nosotras mismas, confirmándonos que podemos. ¡Una especie de lifting cerebral! Eso es lo que pasa también a la hora de aprender a manejar. Siempre recomiendo, en la medida posible, buscar un buen instructor de manejo, ¡hay mujeres que son increíbles! Leer historias de mujeres que logran algo que nosotras queremos hacer, es la mejor forma de contagiarnos de energía positiva. Y tener en claro que nunca importa la edad que tengamos para ponernos al volante de nuestras vidas, siempre podemos hacerlo.

Al infinito… y más allá. Solo es cuestión de animarse.

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