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23 enero, 2018 | Por

Luciana Reznik: “Para mejorar, la clave es no temer al fracaso ni al error”

Con solo 27 años dirige Wolox, una empresa tecnológica en pleno desarrollo y se proyecta desde un nuevo modelo de liderazgo femenino: a puro entusiasmo, se muestra dispuesta a compartir sus conocimientos, agradecida y con espíritu emprendedor.

 

Por Carmen Ochoa. Fotos: Gustavo Sancricca.

A los 5 años, la pequeña Luciana Reznik decidió abandonar el jardín de infantes. En su casa, nadie cuestionó la elección, así que, durante los siguientes seis meses, la niña no regresó a la sala. Seis años después, y cansada de que la maestra la retara por no querer atarse el pelo, nuevamente decidió modificar su vida y cambiarse al colegio de sus amigos en lugar de seguir cursando con su hermana. Ante su entereza, sus padres nunca la juzgaron ni limitaron. Y esto le permitió crecer con libertad, sin coartarse la posibilidad de atreverse a vivir nuevas experiencias y desafíos, a lo largo de toda su vida. “Por suerte, crecí en un ambiente donde mis decisiones se respetaban y esto contribuyó a formar mi espíritu rebelde y emprendedor. Sin embargo, también me choqué contra las paredes, porque si uno actúa con libertad, también debe hacerse cargo de las consecuencias”, confiesa Luciana.

Hoy, con 27 años, la joven es CEO de Wolox, la empresa argentina que desarrolla soluciones tecnológicas para emprendedores, está en expansión en Latinoamérica y Estados Unidos, y cuenta con 150 empleados en su haber. Pero, además, Luciana puede inspirar a muchas mujeres. ¿Como logró conquistar un espacio de poder en la industria de la tecnología, donde el sexo femenino casi brilla por su ausencia? Quizás el destino tuvo que ver, o sus ganas de animarse siempre a más sin temer a los cambios. “Cuando terminé el secundario, no tenía idea de lo que iba a estudiar y fue tal el desconcierto, que me tomé seis meses sabáticos para decidirlo. A mi regreso, me anoté en Economía, pero a las dos semanas me di cuenta de que no era lo que buscaba y cambié por Ingeniería Industrial, hasta que dos años después descubrí la Ingeniería Informática. Cambié sin saber muy bien de qué se trataba, a pesar de que no es muy habitual que las chicas elijan esa carrera”, cuenta Luciana.

–¿Cómo llegaste a ser CEO?

–Mis primeros pasos profesionales los di como parte del South American Business Forum (SABF), la conferencia internacional que reúne a estudiantes universitarios de todo el mundo junto con líderes políticos, económicos y académicos. Pero, cuando cursaba el cuarto año de mi carrera en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), nació Wolox, gracias a la unión de alumnos y profesores. Aquí primero fui programadora, después formé parte del área de Procesos y Calidad, y luego lideré Innovación. Una de las particularidades de Wolox es rotar los cargos, incluido el de CEO, porque eso te forma como profesional y como persona, ya que el tipo de liderazgo puede variar según las circunstancias y no siempre se tienen todas las aptitudes para ejercer el rol. Así que mi designación al cargo llegó cuando mi perfil y mis capacidades fueron las apropiadas. Por otro lado, deseaba ser CEO, pero no trabajé para lograrlo. Mis objetivos siempre fueron hacer lo mejor que pudiera en cada momento, buscar nuevas ideas, ser crítica y tener una posición formada.

–¿Sentiste temor frente a la responsabilidad del cargo?

–Sí, porque es enorme. No se trata solo de tomar decisiones y pensar en los 150 empleados de Wolox, sino en cada una de sus familias. Es todo un desafío, pero cuento con un gran equipo y me encanta. Para mejorar cada día, la clave es no tener miedo al fracaso ni al error. Busco maestros permanentemente y me entrego a esas experiencias, incluso en el trabajo, donde tengo mentores con los cuales me junto porque tienen mucho para enseñarme. Por mi parte, también trato de devolver y compartir mis conocimientos, colaborando aunque sea con una hora de mi vida, para ayudar a los que están en mi mismo camino o quieren comenzar a transitarlo.

–¿Tu espacio laboral es muy competitivo?

–Creo que no, porque una de las cosas maravillosas que tiene mi generación es que entendimos que, en el mundo emprendedor y en el de la tecnología, colaborar entre nosotros trae buenos resultados, y que si uno da, eso después vuelve. Si somos mejores, el mundo también mejorará y habrá más oportunidades para todos. A pesar de que se critica tanto a los millennials, somos una generación más consciente, con una visión del mundo y de la gente que va más allá de uno mismo.

–Eso denota una mentalidad muy abierta…

–Creo que eso es importante para poder adaptarse, crecer y entender a cada una de las personas con las que trabajás. De cada situación, por más chiquita que sea, se puede aprender algo. Por eso, el primer motor para que las cosas sucedan, para que puedas comenzar a tener oportunidades y proyectos, tiene que ver con la forma en que enfrentás la vida. No podés encararla con resentimiento, con bronca o con mala energía, sino con ganas de aprender, de compartir, de llevarte algo bueno y agradecer. De transformar y transformarte.

“Para mejorar cada día, la clave es no tener miedo al fracaso ni al error. Busco maestros permanentemente y me entrego a esas experiencias, incluso en el trabajo, donde tengo mentores con los cuales me junto porque tienen mucho para enseñarme”.

Tecnología y conexión interior

A pesar de que la presencia femenina avanza para derribar estereotipos y preconceptos, todavía no es muy habitual ver mujeres trabajando en el rubro tecnológico, y menos ocupando los cargos de CEO. “Esto tiene que ver con los modelos y los roles que nos imponen desde chicas, de forma consciente o inconsciente. ¿Cuando viste a una madre decirle a su hijita que puede ser ingeniera? No suele ocurrir. Solo le dice: ‘Vos sos una princesa’”, sostiene Luciana. El comentario confirma las últimas cifras de la Secretaría de Políticas Universitarias, que revelan que las mujeres no llegan a constituir el 20% del total de los estudiantes de Informática, mientras que en la licenciatura en Informática de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) el porcentaje solo llega al 10%.

–¿En el ámbito del trabajo, tu visión es muy distinta a la de los hombres?

–Sí, totalmente. Sin embargo, para mí, todos tenemos un lado femenino y otro masculino que se desarrolla en mayor o menor medida, según las circunstancias. En mi equipo, por ejemplo, la energía femenina muchas veces viene de la mano de los hombres, para tratar los temas más humanos. Por eso, encasillarnos a nosotros mismos en A o B ya es un problema, porque también está lo que el resto pretende de cada uno de nosotros.

–¿Y que se pretende de una mujer CEO?

–Que las líderes siempre sean maternales, por ejemplo. Puede ser que tengas esa cualidad, o no, pero lo más importante es entender a las personas de forma íntegra, con sus carencias, ya que por eso también trabajamos en equipo. Además, lo más importante para una empresa y su éxito es armar grupos sólidos, coherentes y equilibrados, donde cada uno de los miembros pueda complementar al otro y así formar una unidad armónica, entre lo femenino y lo masculino, entre lo analítico y lo sensible, o entre alguien que posee mucha experiencia laboral con alguien que recién se inicia. Ahora, en Wolox, queremos incorporar a personas con más experiencia y edad, mayores de 50 años, porque creemos que nos va a nutrir trabajar con ellos.

–¿Que te conecta con tu vida interior?

–Tres cosas me conectan y me armonizan, sobre todo cuando estoy expuesta a situaciones de estrés y presión. Una es la meditación, un espacio que me doy y respeto. Medito todos los días y eso me equilibra para llevar mi jornada adelante de forma más calmada, y así poder tomar decisiones menos apresuradas e impulsivas. Otra es la música. Toda la vida toqué instrumentos: aprendí guitarra, piano, hice canto desde los 4 años y es lo que más me conecta con mi sensibilidad. También me encanta ir a escuchar bandas; tengo amigos músicos. Y la tercera es mi familia y mis amigos; ellos ocupan un lugar importante en mi vida que no quiero perder, a pesar de que mi tiempo sea acotado. Ellos me cuidan, me dan amor y eso me hace muy bien.

–¿Te imaginas formando tu propia familia?

–Sí, pero más adelante. Todavía necesito experimentar y crecer más como persona, y no estoy dispuesta a formar una familia a cualquier costo. No estaría con un hombre que no amase ni admirase, por el simple hecho de tener un hijo. Ojalá algún día pueda encontrar una pareja a quien amar, y para formar también una familia, algo superimportante. Pero, si no se da, también creo en el concepto de la familia no tradicional. Hoy mis amigos también forman parte de mi familia.

–¿Ser tecnológicos nos vuelve, en alguna medida, antisociables?

–No, todo cambia y uno tiene que adaptarse a este cambio para no perderse lo que más le importa, disfruta o le gusta. Inclusive, para no perdernos como sociedad y lo que nos hace humanos.

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