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26 septiembre, 2018 | Por

Lola Arias: recuerdos de Malvinas, con ojos de mujer

La escritora, directora de cine, dramaturga y performer argentina cuenta cómo fue dirigir a veteranos argentinos e ingleses de la Guerra de Malvinas en una película y una obra de teatro que rastrean las huellas que les dejó la experiencia. Un experimento artístico que los llevó a convivir y a colaborar unos con otros, aún con ideas y posiciones enfrentadas.

Por Agustina Rabaini

Si tuvieras que elegir un momento de la guerra que quedó marcado en tu cabeza hasta el día de hoy, ¿cuál sería?“. Esa pregunta le hizo Lola Arias a los veteranos de la Guerra de Malvinas a los que entrevistó durante la pre-producción de su película, Teatro de guerra. Tanto en el film como en Campo minado, la obra de teatro que dirige sobre el mismo tema (en cartel en el Teatro San Martín, ver recuadro), los protagonistas −argentinos e ingleses de 60 años y más− se prestan a reconstruir sus recuerdos de Malvinas desde sus lugares y vidas actuales.

El viaje o puesta final supone tanto para ellos como para la directora argentina, una revisión de la memoria que no apunta a la reconstrucción en un sentido histórico o militar ni a recordar escenas en el campo de batalla, sino a una dimensión más humana y psicológica: en el escenario vemos a los protagonistas transitar las marcas y las huellas que les dejó la guerra, o en palabras de la directora, “todo eso que la guerra hizo con ellos”.

Lola Arias (Buenos Aires, 1976) es escritora, directora de teatro y realiza proyectos de artes visuales, música y cine en colaboración con otros artistas. Sus obras transitan la frontera entre la ficción y lo real. Algunas de sus obras son Mi vida después, Familienbande, El año en que nací, Melancolía y manifestaciones, The art of making money, The art of arriving, Campo Minado/Minefield y Atlas del comunismo. También ha creado varios proyectos de intervención urbana con Stefan Kaegi. Ha publicado libros de poesía, ficción y obras de teatro. Su obra fue presentada en festivales internacionales, entre los que se destacan Lift Festival, Theater Spektakel; Under the radar NY; Wiener Festwochen; Spielart Festival; Sterischer Herbst; y en espacios como Theatre de la Ville, Red Cat LA, Walker Art Centre, Parque de la memoria, Museum of Contemporary Art de Chicago.

–¿Por qué filmar a los veteranos de la guerra de Malvinas 35 años después?

–Creo que una película y una obra de este tipo solo pueden hacerse muchos años después, porque los efectos de la guerra no se ven tan nítidamente cuando los soldados llegan, sino diez o veinte años más tarde. Una vez que pasó tiempo suficiente y en forma de estrés postraumático de manera impredecible. La semana pasada, sin ir más lejos, se suicidó un ex combatiente de Malvinas. ¿Qué hizo con ellos la guerra y cuáles son esas imágenes que vuelven, como pesadillas? Los protagonistas se encuentran en un momento muy diferente de sus vidas. Estuvieron en Malvinas cuando recién salían al mundo y  ahora están en el final de un ciclo, que no es lo mismo que decir al final de la vida. Durante todos estos años fue destilando algo en ellos y quedó en alguna parte. De eso quería ocuparme: de las imágenes, de los momentos, de lo que queda en la memoria.

–Ver el encuentro entre ex combatientes que hasta hoy tienen un punto de vista diferente sobre el conflicto y que fueron enemigos de guerra, genera emoción y preguntas en los espectadores, en especial en el teatro…

–Sí, la emoción con la obra es diferente de la que posibilita el cine y tiene que ver con la presencia en vivo de estas personas que no son actores y que estuvieron en el lugar de los hechos. El teatro es presente puro y ver a los veteranos juntos sobre el escenario acá, en el teatro público argentino, ver sus reconstrucciones y cómo se van conociendo, cómo se miran y se ayudan, cómo colaboran unos con otros y comparten documentos, habilita otro tipo de emoción.

Mucho más que memorias

“La película documenta el experimento social de hacer un proyecto artístico con antiguos enemigos de guerra”, dice Lola Arias que llegó a entrevistar a 70 veteranos de guerra de los dos países. Tiempo después, comparte detalles sobre el detrás de escena y la intimidad de la intensa convivencia y trabajo en equipo: “Desde hace dos años ensayamos y conversamos con los protagonistas sobre sus memorias de guerra. Discutimos sobre política, arte y todo lo demás. Bailamos juntos, cenamos, compartimos charlas con público y visitas a memoriales. Hoy seguimos recorriendo el mundo con la obra”.

–Que puedan hacer algo juntos aun sin estar de acuerdo. Mantener su posición sobre la soberanía de las islas y sin embargo, crear juntos una obra de arte. ¿Cómo fue el desafío en términos de tolerancia y convivencia?

Próximas funciones

• Teatro de Guerra: sábado 29 de septiembre de 2018 a las 20:00 en el MALBA. Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA.
• Campo Minado: 26, 27, 28, 29 y 30 de septiembre a las 20:30, Teatro San Martín, Sala Casacuberta, Av. Corrientes 1530, CABA. 

–El desafío de la obra era justamente crear un objeto artístico a partir del disenso, porque acá hay un disenso ideológico básico: los argentinos dicen que las Malvinas son argentinas y los ingleses dicen que las Falklands y los isleños son ingleses; una diferencia fundamental en la disputa por Malvinas. Los protagonistas cuentan dos historias sobre las islas distintas y a partir de eso, decidí empezar por no negar estas diferencias, sino partir de la aceptación de eso. Los ingleses no hubieran aceptado participar del proyecto si su posición no era respetada y siendo yo, además, argentina: no era una persona neutral. Afortunadamente lo entendieron y confiaron en que la película y la obra iban a hablar de otra cosa. Lo que se muestra ahí excede el contexto particular de esta guerra y habla de la guerra como tal y del trauma posterior. Ese trauma, en sus diferentes formas o manifestaciones, los atravesó y los reúne a todos. De alguna manera, pueden entender el dolor del otro.

–¿Y cómo fue entrar en este mundo intensamente masculino?

–Me pareció atractivo hacerlo porque cuando se habla de feminismo pareciera que solo es hablar de la condición de la mujer, pero es también apropiarnos de narrativas masculinas. A la guerra la hacen y la cuentan los hombres, pero acá el narrador es una mujer, yo soy la que narro la historia de estos tres hombres. Es mi mirada sobre sus vidas, lo que yo quería contar sobre su experiencia, y también hay algo en relación al trabajo de escritura: al ver la película o la obra uno tiene la ilusión de que ellos hablaban así, pero hay un trabajo de escritura atrás. Una decisión sobre las palabras y sobre las imágenes para lograr condensar la historia. Lo que se ve es una narración no épica de la guerra, porque acá no hay héroes sino vulnerabilidad, fracaso y dolor. No hay ningún momento donde ellos aparezcan como héroes o como vencedores y vencidos, y no porque eso no lo hayan sido, sino porque eso no era lo que quería retratar.

–Hoy las mujeres van a la guerra, pero en Malvinas no hubo mujeres en combate. En una obra anterior te preguntaste: ¿cómo sería el mundo si solo ellas fueran a la guerra?

–Bueno, esa sigue siendo, para mí, una pregunta. Hay un libro muy hermoso de Svetlana Alexievich (N. de la R: Premio Nobel de Literatura 2015) que cuenta las historias de las mujeres que, en la Segunda Guerra Mundial, fueron parte del ejército rojo y habla de la suciedad de la guerra, de la mierda de la guerra y también del deseo de matar. Hay un testimonio de una francotiradora que habla del dolor y de la culpa, pero también de la satisfacción de acertar con el disparo. El texto logra reflejar ese nivel de carnalidad, terrenalidad y suciedad. Es muy interesante ver las preguntas que llegan a hacerse las mujeres porque son diferentes de las de los hombres. Entre otras cosas, aparece la emocionalidad.

–¿Qué más te queda o qué aprendiste después de escribir y dirigir esta obra y esta película?

–Hay muchas cosas que quedan, porque para mí no está terminado: la obra y la película siguen exhibiéndose. En el cine puede haber una sensación de final cuando todo termina, pero la obra sigue y yo sigo inmersa en este proceso de entender quiénes son estas personas. El proyecto social que fue juntarlas, porque sigue habiendo peleas, problemas y relaciones de amor dentro del grupo, y está también lo que ocurre con el público. Las cosas que dice la gente y lo que cuentan sobre Malvinas. Dónde estaban, quiénes eran en ese momento. Hace unos días, por ejemplo, vino una mujer que fue enfermera durante la guerra. Todas las personas de cierta edad tienen su propio recuerdo. Es un episodio de nuestra historia con un peso emotivo muy fuerte.

Palabras de la directora

 “Los veteranos de Malvinas fueron a la guerra cuando tenían entre dieciocho o veinte años, y ahora tienen más de cincuenta. Transcurridos treinta y seis años de estos episodios, puede verse lo que la guerra hizo con ellos. Cuando regresaron de las islas, la dictadura argentina forzó a los jóvenes conscriptos a firmar una declaración jurada donde se comprometían a no hablar sobre sus experiencias de guerra. Y la sociedad tampoco quiso escucharlos. Eran los perdedores. Cuando comencé a encontrarme con veteranos británicos, descubrí que, aunque fuesen mayores y estuviesen mejor entrenados, también estaban llenos de secretos y mucho dolor…”.

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