Sophia - Despliega el Alma

15 mayo, 2019 | Por

Karen Bruck: «La mujeres tenemos que aprender a poner límites claros»

En esta charla con la VP Marketplace de Mercado Libre, una invitación a pensar por qué a veces a nosotras nos cuesta tanto recibir o aceptar cargos de liderazgo y cómo hacer para que la carrera no haga tambalear el equilibrio de nuestra vida familiar.

Por María Eugenia Sidoti. Fotos: Camila Miyazono. 

Edificio vidriado en Vicente López, piso 17. La luz entra con fuerza: el reflejo del sol de la mañana sobre el río de La Plata regala destellos que encandilan; la postal es hermosa. Esa vista de aguas plateadas y mansas traza el viaje de orilla a orilla que hace dos años y medio emprendió Karen Bruck (38) —VP Marketplace de Mercado Libre para Sudamérica— desde Uruguay, su tierra natal, hacia la Argentina.

«Montevido es hermoso, pero no me gusta quedarme mucho tiempo en un mismo lugar«, dice Karen. Un dato: desde que comenzó a trabajar tiene una garantía de libertad: alquilar, no comprar. «Eso me permite no quedar atada. Además, con lo que está el dólar…», se ríe. Otro dato: es fanática de la murga uruguaya, al punto de buscar el más mínimo pretexto para ir siempre en Carnaval.

«Disculpá, ¿puedo hablar con el country manager?, preguntó el enviado del ente público a nuestras oficinas de MercadoLibre en Aguada Park.
—Sí, soy yo, respondí
— Ahhh disculpá, es que pensé que eras la secretaria.
Este diálogo, involuntariamente discriminatorio, nos sucede muy frecuentemente a quienes somos mujeres líderes. No es nocivo ni agresivo, pero nos recuerda la percepción que todos tenemos del lugar que históricamente hemos ocupado en el mundo empresarial y no, por el contrario, del que cada vez más aspiramos a tener. Por suerte, la tendencia es positiva», escribió Karen recientemente en un artículo donde además celebra que la respeten cuando sale temprano para llevar a sus hijas al pediatra y no la critiquen si llega media hora tarde por ir a la peluquería. «Es parte del combo de ser mujer», señala. 

Antes de instalarse en estas tierras junto a su marido y sus dos hijas, vivió diez años junto a su marido en Boston, Estados Unidos, donde realizó un MBA. No le resultó fácil conseguir trabajo: «Ni siquiera sabían pronunciar el nombre de mi nacionalidad«, cuenta. Así que se puso a vender cortinas los fines de semana y fue un cliente italiano el que notó en ella el diferencial: compromiso, eficiencia, una energía poderosa. Y la llevó a trabajar al área de comercio electrónico de su empresa.

Es que aunque Karen es pura sonrisa y ganas de compartir unos mates, durante el trajín diario no hay en ella vestigio de la idílica calma uruguaya: sus ojos chispean en pos de nuevos proyectos y es de las que no descansan hasta ver cumplido el objetivo.  «A veces tengo que ponerme límites, porque si no me quedo hasta cualquier hora«, confiesa. Cuando eso pasa, son sus nenas (de 6 y 7 años) quienes la impulsan a entrar en modo exit. La misma razón por la que decidió volver de Estados Unidos. «Cuando tuve a mi segunda hija todo se convirtió en un caos, necesitaba abuelos y tíos cerca. Pensaba volver a Montevideo y ayudar en la empresa familiar, pero enseguida me contactaron de Mercado Libre por LinkedIn. ¡Estaba dándole de mamar cuando llegó el mensaje!«, relata.

—¿Te resulta difícil conciliar la vida laboral con la maternidad?

—No, porque tengo suerte de laburar en una empresa que me da flexibilidad, aunque también me exige un montón. Si tengo que salir para ir al médico con mi hija no le pido permiso a nadie, porque a la noche me voy a conectar para terminar los pendientes. Es una empresa absolutamente orientada a resultados y, si sos eficiente, lo podés manejar.

—¿Qué es entonces lo más complicado?

—Lo más difícil para mí es cortar. Me encanta lo que hago y soy ambiciosa, quiero que me vaya bien y también quiero que a mi empresa le vaya bien. Pero también quiero disfrutar de mi vida familiar. Cuando llego a casa ayudo a mis hijas con la tarea, preparo la vianda, juego y charlo con ellas… Todo eso lleva tiempo y mucho foco. A veces son demasiadas cosas, por eso creo que las mujeres tenemos que aprender a poner límites claros.

Con B de Bruck: crónica de una mujer que supo encontrar su lugar en el mundo.

Mundo millennial

Las oficinas están llenas de paredes de colores, de ventanas vidriadas y de fruteras con bananas, manzanas, kiwis. La mayor parte de los empleados que transitan por los espacios comunes son jóvenes, van conectados a sus teléfonos y llevan una taza humeante entre las manos. Muchos de ellos, quizás, volarán pronto hacia nuevos desafíos: se estima que los millennials (término que engloba a los nacidos entre 1983 y 1999) tendrán a lo largo de su vida entre 7 y 14 trabajos diferentes. «Para estos jóvenes la gratificación es un fin en sí mismo«, dijo Bruck en un pasaje de su charla TedXMontevideo, donde definió al fenómeno como «síndrome Cabo Polonio»: la idea de que el trabajo es el tiempo que pasa entre cada ida a la playa a surfear. «He tenido que despedir a alguien porque no se toma el trabajo en serio. Yo soy la primera en respetar las vacaciones o el home office, pero después la tenés que romper en tu trabajo«, destaca.

—¿Te da vértigo lo que hacés?

—Me dio vértigo al comienzo, cuando pasé de dirigir un equipo de dos personas a uno de 350. Les dije a mis jefes que si bien me animaba a hacerlo, tal vez era mejor que contrataran a otra persona. Me mareó esa sensación, dudé, pero enseguida me di cuenta de que esto era para mí. Me encanta la tecnología, así que no puedo creer tener tanta suerte.

—¿Cuáles creés que fueron tus fortalezas para lograrlo?

—No lo sé… Pero en general, lo que me dan como feedback acerca de mi trabajo es que soy muy emprendedora y enérgica. ¡Yo voy para adelante! Las capacidades personales y el haber estudiado afuera o tener un master no son excluyentes, muchos los pueden tener. El tema es cómo te involucrás vos. 

—¿Cómo impactó en tu carrera el hecho de ser mujer?

—Durante una entrevista, una persona que me dijo “No te estoy haciendo una oferta por ser mujer, pero que seas mujer me encanta”. Para mí siempre fue un beneficio, pero creo que no se trata de contratar más mujeres bajando la vara, sino de elegir a la gente porque es buena en lo que hace. Claro que hay compañías que no quieren emplear mujeres de 30 porque se van a embarazar, o que te freezan al volver de la licencia por maternidad; eso también pasa.

—Mercado Libre cuenta con la política de brindarle a sus empleadas la chance de congelar óvulos, una medida que da que hablar… 

—Y está bien que se hable, porque es una opción que está bueno tener, pero que no hace falta tomar. Si tenés una cierta edad y estás con un proyecto laboral muy importante o no tenés pareja, pero querés tener hijos más adelante, ¿por qué no? Cada una tiene distintas posibilidades, experiencias e intereses y la medida se tomó pensando en todas las que, en otras condiciones, deberían elegir entre el trabajo y la maternidad. Es solo facilitar que haya cada vez más mujeres líderes. Desde que se implementó, ya hubo varias que tomaron la opción. 

«Las mujeres tenemos que aprender a poner límites claros y es fundamental que nos vayamos apoyando entre todas. El gran desafío es contratar mujeres que quieran tener puestos de responsabilidad y demanda».

—¿Y realmente estamos viendo cada vez más mujeres líderes?

—En el middle managment hay muchas mujeres, pero a medida que vas avanzando somos menos en cantidad, aunque con muchos casos de éxito. Por eso, es fundamental que nos apoyemos entre todas. El gran desafío es contratar mujeres que quieran tener puestos de responsabilidad y demanda.

—¿Creés que en tu caso influyó la forma en que fuiste criada? 

—Sí, porque aunque mi mamá no terminó el secundario, logró hacer una carrera en banca privada con clientes que la siguen desde hace treinta años. Cuando era chica, mis amigas no tenían mamás que trabajaran y para mí era duro que ella volviera a las siete de la tarde. Pero en la adolescencia fue un motivo de orgullo, un ejemplo a seguir. Así que cuando mis viejos se separaron la plata nunca fue un tema, porque los dos eran independientes.

—La importancia de generar recursos propios…

—Es que cuando la mujer no tiene su propio dinero a veces no puede elegir, o le cuesta mucho más. Trabajar es generar ingresos, pero también tener mayor libertad y autoestima. A mí me da una enorme alegría trabajar, aunque todavía me cueste encontrar el equilibrio.

—¿Cómo ves el futuro de las mujeres en las corporaciones?

—Soy optimista por naturaleza y creo que es súper positivo lo que está pasando: hay cada vez más mujeres en las grandes empresas y también en los gobiernos. Lo que falta es que nos apoyen más en la flexibilidad. Si querés mujeres comprometidas, tenés que comprometerte con la necesidad de balance que tienen ellas. Ojo, y lo mismo para los varones: es válido que se quieran ir a las 5 a su casa para estar con los chicos o llevarlos al pediatra. Solo falta que naturalicemos esos nuevos roles que, por suerte, hoy ya tenemos.

—¿Por qué creés que llegaste hasta acá?

—No tengo idea, es increíble que me haya ido tan bien porque yo nunca planifico nada. Me gusta vivir la vida y valoro el esfuerzo, pero no pienso en lo que puede pasar.  

Su entorno de trabajo es amable y luminoso y el team de la compañía lo agradece.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()